Lugares comunes y crítica jazzera

Un país con malos gustos musicales

No existe una gran tradición crítica en México, aunque sí existen críticos; afortunadamente muchos de ellos también son músicos, pero en general es un área virgen. No sé si sea una consecuencia por la falta de espacios, pero la crítica de jazz en nuestro país no termina de ser crítica.

Mi primer libro sobre jazz.

Mi primer libro sobre jazz.

Tenía dieciséis o diecisiete años cuando compré mi primer libro sobre jazz. No sabía quién era el autor, no tenía idea de quiénes eran los músicos ni sabía cómo debía escucharse esa música. Sólo sabía que me gustaba la forma en que se escuchaba el contrabajo y que había estado rodeado de jazz toda mi vida hasta entonces.

Ahora ya sé que aquel pianista del disco con una pintura abstracta era Dave Brubeck. O que el que mezclaba a Bach con el jazz se llamaba Jacques Loussier. También supe que ese saxofonista que sonaba extraño y tal vez un poco desafinado para mis oídos rockeros-metaleros era John Coltrane.

Digamos que ese libro, a pesar de su tendencia historicista y científica, me abrió las puertas para comprender esta música tan poco apreciada por la mayoría de este país.

Ahora ya sé que aquel pianista del disco con una pintura abstracta era Dave Brubeck. O que el que mezclaba a Bach con el jazz se llamaba Jacques Loussier. También supe que ese saxofonista que sonaba extraño y tal vez un poco desafinado para mis oídos rockeros-metaleros era John Coltrane.

Ese primer paso, gastarme 75 pesos para comprar mi primer libro sobre jazz, que en esa época y a esa edad eran prácticamente una fortuna, me lleva a este momento, más de quince años después, a escribir sobre jazz de forma periódica y ordenada.

Jazz. La canción tema de los Estados Unidos, en realidad no es un libro tan importante, se trata de una serie de ensayos que, más que analizar, buscan demostrar con argumentos históricos el origen o la calidad del jazz. El autor, James Lincoln Collier, reconoce que no desea tanto dar afirmaciones categóricas sino crear archivos históricos. Aun así, en el capítulo nueve se dedica a recopilar y analizar a los críticos más importantes del jazz en Estados Unidos. Encuentra tres generaciones importantes y los analiza según sus contextos históricos.

¿Se podría hacer lo mismo en México? Un país con malos gustos musicales en general, plagado de baladistas vacíos y música facilona.

Pues sí.

Haciendo un ejercicio mucho más rápido y ligero que el de Collier, en nuestro país podemos enumerar a varios críticos de jazz: Óscar Adad, Gerardo Alejos Victoria, Roberto Aymes, Pedro César Beas, Enrique Blanc, Alain Derbez, Evodio Escalante, Rosa Olivia Hellion Tovar, Antonio Malacara, Sergio Mondragón, Erik Montenegro, Xavier Quirarte y otros más. No es una lista exhaustiva ni mucho menos. Sirve para entender la dimensión de la crítica jazzera en México. Varios de ellos no sólo escriben sobre esta música, por ejemplo Blanc y Mondragón; otros han dedicado su vida a esto, tal es el caso de Antonio Malacara, quien ha publicado varios libros sobre jazz mexicano, muy difíciles de conseguir fuera de la capital, por cierto.

Más allá de si estos autores hicieron una reflexión necesaria del jazz desde una perspectiva distinta a la estadounidense, e incluso tomándolos como ejemplos a seguir, me gustaría ensayar algunos puntos que, según yo, necesita un crítico de jazz nacional.

Al centro, Daniel Herrera con su trío de jazz.

Al centro, Daniel Herrera con su trío de jazz.

El primero tiene que ver con la inhabilidad de los primerizos para describir música. Es más sencillo, especialmente para los estudiantes de letras y similares, criticar las letras de cualquier canción que ponerse a traducir improvisaciones musicales a escritura. Se debe reconocer que no son completamente comparables y que la escritura está limitada para expresar lo que quiere decir el músico.

Como la música le parece incomprensible e intraducible al escritor, entonces se pone a poetizar sobre ella. Eso es, quizá, uno de los errores más detestables en los que puede caer un “crítico” de jazz.

Esta limitante nos envía a un segundo punto, error muy común cuando se quiere escribir sobre jazz: como la música le parece incomprensible e intraducible al escritor, entonces se pone a poetizar sobre ella. Eso es, quizá, uno de los errores más detestables en los que puede caer un “crítico” de jazz. Vamos, que si hace eso ni siquiera es crítico, es un autor pusilánime que “sintió bonito” al escuchar un disco y se dijo a sí mismo: “Sobre esto tengo que escribir”. Hay que recordar que los músicos, para comunicarse entre ellos, utilizan un lenguaje específico, lleno de tecnicismos. Si se va a abordar el jazz hay que tener mínimos conocimientos musicales.

El tercer punto tiene que ver con los lugares comunes. Aunque ese es pecado en casi cualquier crítico, en el jazz parece pasar inadvertido porque en realidad la mayoría de los lectores no tiene conocimientos sobre esta música. Así, muchos que se pusieron a leer sobre la historia del jazz piensan que repitiendo lo que dicen los críticos estadounidenses es suficiente para rellenar página tras página.

Existe un cuarto punto, quizá peliagudo para abordar en este espacio. No existe una gran tradición crítica en México, aunque sí existen críticos; afortunadamente muchos de ellos también son músicos, pero en general es un área virgen. No sé si sea una consecuencia por la falta de espacios, pero la crítica de jazz en nuestro país no termina de ser crítica. Se convierte en una celebración de los buenos discos. Eso no tendría por qué ser malo, pero el asunto sería reseñar por igual buenos y malos discos. Esto, que también me parece que permea otras áreas del arte, mantendrá a la crítica jazzera en la niñez mientras no entendamos que los artistas no son genios infalibles. ®

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Publicado en: Apuntes norteños de jazz, Junio 2013

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