NECEDAD Y TECNOLOGÍAS

Criterios para el uso de la tecnología en la educación

La ausencia de las ciencias humanas en los planes y programas nacionales no ha sido gratuita. Ha costado más que lo que han retribuido las tecnologías. El pragmatismo educativo transformó radicalmente los contenidos curriculares en tan sólo medio siglo, dejando al ejercicio “transversal” la inclusión de las artes y la filosofía.

El trivium de las artes liberales, aún presente en la educación urbana de los años sesenta, se desvaneció ante el prurito por la integración escolar de las tecnologías. Sepsetentas no fue sólo el moderno fondo editorial al servicio docente, auspiciado por la Secretaría de Educación Pública. También fue la expropiación de la facción inasible de la escuela (las habilidades de pensamiento y el desarrollo del talento) y la incorporación de modas pedagógicas (modas que llegan un poco tarde, si se considera que la pedagogía es a la teoría lo que la aritmética es a la ingeniería).

Mientras que en la educación en México —se dice— ha ganado el proyecto tecnocrático, el recurso tecnológico no ha aumentado lo niveles de eficiencia ni la aptitud para el aprendizaje. Proyectada en el capital cultural de la población urbana, la ausencia de desarrollo de las habilidades de pensamiento muestra el fracaso del empleo tecnológico y la enseñanza de las tecnologías. Haría falta distinguir uno de otro (empleo y enseñanza).

Los logros en educación actualmente se contabilizan por el uso de recursos, tan alardoso e inútil como el representado en el costoso desperdicio de la Enciclomedia (o pizarrón electrónico del foxismo). La enseñanza tecnológica, por su parte, ha justificado que las horas curriculares privilegien el uso de recursos tecnológicos —que normalmente es una computadora— en detrimento de actividades como la lectura comprensiva y el uso de otros laboratorios (los de ciencia).

El microcosmos escolar, con sus espejismos multidisciplinares y deficiencias, desembarca en la vida pública (civil, política) donde la promesa tecnológica se tiene por sinónimo de eficiencia. En el discurso de las ciudades vanguardistas se presumen sofisticados sistemas de vigilancia que reclaman la mejor parte del presupuesto y deudas ciudadanos.

Tecnologías sin uso del criterio —sin juicio, sin sentido común, sin nociones elementales de la justicia sino del propio provecho—, mejor serían tecnologías totalmente robotizadas. Las cámaras vigilantes, por ejemplo, cumplen su función de transmitir pero no interpretar sucesos. La indolencia o el cumplimiento de una cuota hace de sus intérpretes (policías) sujetos de necedades.

Asignaturas como “Cultura de la Legalidad” no cuadra en el proyecto político que usa la tecnología como alarde y justificación de sendos presupuestos gubernamentales. La escuela rehuye la formación del pensamiento y se concentra en hablar de competencias. Competencias no para desarrollar ideas, sino para el trabajo barato, propio de peones, de ciudadanos escolarizados sin educación. ®

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Publicado en: Ciencia y tecnología, Mayo 2010

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