Para salir del espejismo

Variación sobre un problema nacional

AMLO no es de izquierda. Para que podamos salir del obradorismo hay que entender qué creen sus devotos y seguidores que es, porque eso es lo que apoyan en primer lugar: su creencia.

Ricardo Salinas Pliego y el presidente.

Ya he hablado del obradorismo como espejismo. Es la ilusión óptica que afecta a los creyentes: a quienes creen que el gobierno de López Obrador es de izquierda. Apareciendo explícita o implícitamente la palabra. Quienes quieren creer —y se les “ayudó” y “ayuda” a creer— que todo lo que hizo y hace AMLO es de izquierda popular, “ven” un gobierno de izquierda buena, y extraordinaria: lo eligió el pueblo, obedece al pueblo y mejora mucho la calidad de vida del pueblo, castigando la corrupción, sin dar a los ricos lo que no merecen y alejándose de las grandes empresas a las que mantiene a raya. Quienes quieren creer que todo lo que fue y está haciendo AMLO es izquierda populista, «ven» un gobierno de izquierda mala, y tan mala que es comunista: se aleja de todas las empresas privadas, quiere estatizar todo, quita a los ricos lo que merecen, castiga con dichos y hechos la riqueza y está empobreciendo a todos los mexicanos, a todos, sin olvidar que lo hace dictatorialmente.

La realidad no es ésa. Eso es un doble espejismo. La realidad es otra: a López Obrador lo eligió presidente una mayoría en una elección democrática y no se ha convertido en un dictador, pero es un presidente autoritario que no obedece al pueblo sino que le hace creer a la mayoría que la obedece para hacer sus proyectos, que no ha creado Desarrollo con políticas públicas y por tanto no ha mejorado la calidad de vida de la mayor porción de mexicanos; que no castiga la corrupción y tampoco la riqueza (ni extrema ni sucia) excepto en dichos (religiosos y moralinos); que no ha separado al poder político del económico, como prometió; que no se aleja de las más grandes empresas privadas si éstas se acercan a él; que quiere un Estado que no extinga todo lo privado sino todo lo antiAndrés Manuel —no le importa que algo sea privado, rico o empresarial si no es antiobradorista—, que no ha empobrecido a nadie que de veras fuera rico y que a los más ricos no les quita lo que es justo quitarles con impuestos.

Si hablamos de estructura económica, no hay ningún cambio, ninguna nueva tendencia en contra de una anterior; ese dato es prácticamente el mismo desde mediados de la década pasada, que viene de una tendencia desigualitaria o pro–ricos extremos que a su vez viene del siglo pasado.

Toda la parte económica de lo que digo se funde en un dato de ejemplo: en el 2021 obradorista, 10% de los más ricos poseía 78% del total de la riqueza de los hogares en México. Si hablamos de estructura económica, no hay ningún cambio, ninguna nueva tendencia en contra de una anterior; ese dato es prácticamente el mismo desde mediados de la década pasada, que viene de una tendencia desigualitaria o pro–ricos extremos que a su vez viene del siglo pasado, y se ve así:

Distribución de la riqueza en México

El espacio entre la línea roja y la azul es la desigualdad. World Inequality Report 2022.

El presidente, su gobierno, sus escoltas y botargas mediáticas defienden lo que han hecho recurriendo a la retórica y las mentiras (sin datos empírico–numéricos) cuando se trata de pobreza y desigualdad y van a unos cuantos datos “duros” u otros más o menos maquillados cuando se trata de lo macroeconómico convencional. Esto último quiere decir que los obradoristas hacen lo mismo que hacían los funcionarios y defensores neoliberales: sostener que “la economía va bien” refiriendo principalmente datos de la estabilidad financiera, la IED y la integración con Estados Unidos, encerezados por la manipulación del dato “remesas”. Algo así está haciendo Jorge Zepeda Patterson. Hacen eso mismo —algún tipo de uso de algún tipo de números sobre esos temas— porque el gobierno obradorista ha causado lo mismo en la economía de fondo: conservar altísimos niveles de pobreza, pobreza extrema, riqueza extrema y desigualdad socioeconómica. Ésa es la realidad. Puede volver a visitarla así y aquí.

Han pasado más de tres años —con todo lo que no pasó en ellos— y muchos siguen simplemente diciendo lo que quieren decir porque es lo que quieren ver. No debería importar que te guste o disguste la izquierda para entender y aceptar los hechos como hechos, sin embargo, una parte de la izquierda mexicana fue cegada por su odio a la derecha en abstracto y se dedica a hacer actos de fe sobre una retórica boba y guanga de un político viejo, y una parte de la derecha está tan hundida en su odio a toda izquierda que la culpa por cada error y mal imaginables. Bajo esas dos visiones, AMLO sólo puede ser defendido o atacado por el mero y simple supuesto de que es de izquierda. No importan los hechos, no importan los proyectos específicos y los resultados reales de gobierno, importa que se cree que gobierna izquierdistamente. Si se atendiera al pensamiento y la evidencia históricos se sabría que, primero, la izquierda es una familia grande con muchos tipos que no siempre se llevan bien; después, que el conjunto izquierdista, cuando está en el poder, puede fracasar de muchas maneras, por lo que la izquierda debe ser criticada y autocrítica, y también que no sólo no es culpable de todas las desgracias del mundo sino que es responsable de no pocos de sus éxitos, de sus mejores casos. Pero el infantilismo izquierdista (o un izquierdismo ramplón, declarativo y emocional, antianalítico, muchas veces aliado al peor pragmatismo) y el derechismo perfumadamente cerril (travestido de realismo científico en pro de la libertad, un cinismo ignorante y necio que es concausa económica de los efectos que políticamente combate), ambas posiciones reduccionistas, impiden entender y aceptar lo que el licenciado López Obrador es y no es. Se lo impiden a quienes los encarnan y a quienes son influidos por éstos.

No es de izquierda buena ni mala, desde cualquier perspectiva realista. Sencillamente, no es de izquierda. Para que podamos salir del obradorismo hay que entender qué creen sus devotos y seguidores que es, porque eso es lo que apoyan en primer lugar: su creencia.

AMLO es un muy mal presidente, que ha empeorado al país en gran cantidad de aspectos, que ciertamente ha cancelado y despedazado aquí y allá pero que bajo su discursito cansino esconde más de una continuidad que no debería existir. Hace mal a México pero no por ser de izquierda. No es de izquierda buena ni mala, desde cualquier perspectiva realista. Sencillamente, no es de izquierda. Para que podamos salir del obradorismo hay que entender qué creen sus devotos y seguidores que es, porque eso es lo que apoyan en primer lugar: su creencia. Para empezar a construir una alternativa, una nueva mayoría de veras nueva y decente y eficaz, capaz de romper el hechizo y desfondar al obradorismo, hay que entender lo que es. Para que podamos salir del espejismo hay que entender primero lo que hace el señor de los espejitos. ®

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Publicado en: Política y sociedad

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