CÓMICS ABSTRACTOS Y PALOOKAVILLE

Es difícil comprender lo que significa que exista algo llamado “cómics abstractos”. No puede uno dejar de pensar que le están tomando el pelo. Finalmente, aunque este voluminoso tomo compilado por Andrei Molotiu consta de 208 páginas, se puede revisar en una sentada, hojeándolo. Es un libro muy visual, para mirar imágenes. Es fácil olvidar que lo que se supone que está uno leyendo es cómics.

Partiendo de la concepción tradicional de lo que es un cómic, lo que lo constituye, sus elementos, su lenguaje; es más, teniendo en mente los cómics que uno ha leído, sean novelas gráficas, tiras cómicas o aventuras de superhéroes, ni uno se le parece. ¿Entonces? Echemos un vistazo al preview del libro:

Mi deducción es que estos cómics están más cerca de las artes plásticas que del cómic en sí. La mayoría son, básicamente, pinturas. O bocetos. O collage. No todos los creadores que están incluidos aquí son artistas de cómic, pero sí es evidente que todos parten del layout básico de los cómics: los paneles. Los paneles son uno de los rasgos más distintivos del cómic. Lo mismo que los speech balloons. De tal manera que, por ejemplo, si una agencia publicitaria busca darle un aspecto de “cómic” a un comercial televisivo o una campaña publicitaria, usará uno o ambos, entre otros rasgos provenientes del cómic. Lo mismo hacen varios de los autores que aparecen aquí. Al valerse de ese diseño básico, están entrando en el campo de acción visual de los cómics, aunque, por otro lado, no todos se encuentran encerrados entre líneas. Por ejemplo, a las formas de “Mainstream Blackout”, de Jason T. Miles, las delimita su propia figura.

Habrá a quien no le interese ejercicios así, pero sin duda vale la pena leer cómics desde otra perspectiva. Para acceder a estos cómics hay que encontrarse en el estado de ánimo adecuado. Muchos son trips, y para quien no le interese la cultura de las drogas, no funcionarán. Otros son juegos de colores y formas. Para los academicistas esto no será más que basura.

Algunos cómics son verdaderamente enfadosos. Otros sorprendentes. Unos serían simples ejercicios rápidos de artistas como Dave McKean o Frank Miller. ¿Entonces? El libro cumple varios de sus cometidos: sorprender, molestar, sacar de la jugada. El arte experimental funciona así: el noise es para la música lo que estos cómics abstractos son para el cómic tradicional. Se trata de piezas dirigidas a los sentidos, para provocar reacciones y sensaciones. No existen narrativas, no necesariamente se leen de izquierda a derecha —las transiciones de “Squares in Squares”, de Mark Gonyea, se pueden mirar en sentido contrario, y funcionan igualmente, incluso posibilitando una lectura diferente— y no satisfacen lo mismo que un cómic normal.

Resulta muy interesante ver la propuesta de Patrick McDonnell —creador de la tira cómica Mutts—, o los trabajos de la estrella del cómic indie James Kochalka. El cómic que abre es el clásico “Abstract expressionist ultra super modernistic comics”, de R. Crumb. Hay mucho por explorar, en cuanto a épocas, approaches, estilos y técnicas.

Para darle seguimiento al trabajo de más autores de esta corriente, pueden leer el blog de Abstract Comics, con más cómics, ensayos y disertaciones sobre el tema.

Palookaville 20. Seth. Drawn & Quarterly, 2010

“Bienvenido, lector, al comienzo de una nueva era”. Con estas palabras cierra Gregory Gallant, Seth, su texto introductorio —”Welcome to the new Palookaville”— para el más reciente número de su título, iniciado en 1991. Lo que significan estas palabras es un reflejo de lo que está sucediendo en el medio de los cómics, y en la lectura en general: las plataformas de lectura están cambiando y las publicaciones tienen que adaptarse al estado general de las cosas. Mientras que algunos cómics se están mudando a los novedosos gadgets, hay otros que están optando por soluciones menos modernas, pero igualmente ingeniosas. Es el caso de Palookaville, que al igual que Love and Rockets, de los Hernandez Bros., ahora se edita en forma de libro. El formato de comic book ya no vende, pero al contrario, el público sí está adquiriendo libros. El auge de la novela gráfica y los libros relacionados con el cómic han posibilitado que esto se dé.

Por lo pronto, Seth aprovecha las posibilidades de su libro semestral, incluyendo material que no tenía cabida en una revista tradicional. Por ejemplo, se incluyen fotografías de las maquetas que componen su proyecto “Dominion City”, y del cual sabíamos por la revista Comic Art, pero también de las exposiciones en las que se ha montado su pequeña (pero monumental) ciudad de cartón, en galerías canadienses. También se pueden apreciar imágenes de sus cuadernos de bocetos con la historia de los edificios que conforman Dominion, y páginas selectas de otros sketchbooks que no tienen nada que ver con la miniciudad. Un agasajo para sus lectores, accediendo a material que de otra manera no se podría ver. Sólo un libro podría contener esta selección tan rigurosa, que también incluye un cómic personal —”Calgary festival”—, hecho en un estilo mucho menos cuidado que sus cómics habituales, sobre su experiencia como conferenciante y su timidez patológica.

En este número, también continúa la compleja historia de Clyde Fans, que ya habíamos reseñado en la edición impresa de Replicante, pero cuyo texto rescatamos a continuación.

En fin, una magnífica opción para los autores de cómics: la edición de libros, un poco más lujosos y caros, sí, pero también con mayores posibilidades en cuanto a contenidos. Una cosa más: Seth sigue siendo un dibujante increíble y, sobre todo, un escritor que cuenta historias en un tono bucólico y a veces de plano triste, enclavadas en el pasado. En la página de D&Q se puede bajar un PDF con algunas páginas del capítulo actual de Clyde Fans, para que se den un quemón los que no conocen el trabajo de Seth. ®

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Publicado en: Literatura gráfica, Noviembre 2010


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  • RdAL

    @Hernan Molina. ¡Mira! ¡El número del Hombre Araña donde se casa con el Duende Verde travestido! Consulta en una enciclopedia la palabra abstracto. Regresa y grába mientras te golpeas con ella frente al monitor. Tienes 3 días para subirlo a Youtube.

  • Haciendo alusión al primer libro, Abstract comics, creo que no hay forma de asignarle tal nombre (comics, historietas, tebeos, como quieran) Si, tiene paneles (cuadritos), tiene “speech balloons” (¿tiene?), pero no hay diálogos… carecen de una historia, que es lo esencial de una historieta (guión + dibujos). Quizá parezcan historietas, pero no lo son.