Altar de ánimos

Carlos Jaurena y el dios en desgracia

El mundo de Jaurena era el de la familia, las ilusiones y las realidades, los afectos. Así noveló su historia, a manera de expiación, sacó todo lo que le incomodaba, en lo que no creía, lo que le caló hasta la médula y pudo poco a poco digerir. Ahora el universo de Jaurena es el del hombre, pero en su sentido de héroe.

“La llave perdida” es el título de una obra de Carlos Jaurena, una tela que habla de una pérdida íntima; la llave es un arquetipo interno de apertura, de expansión, de movilidad. Se ha perdido la posibilidad de abrirse, esto es, de conocer y reconocer. Dentro de la misma variación relacionada con la ausencia, a otra la nombra “Intentando recordar”; en ésta lo que se ha extraviado es el rumbo, el personaje quizá no sólo no encuentra su teléfono móvil, lo que no ha comprendido es que su inconsciente le ha dicho que la pérdida es real y que con ésta se está estableciendo una escisión.

Esta búsqueda habla de un mito que nos ha interesado por siglos: el del destino. ¿Cómo se establece el deber ser? Esto es, ¿cuál es nuestra misión como individuos, no la colectiva, sino la propia? Y este servicio ¿está establecido a priori o es uno seleccionado? El acertijo, del que hablaban los místicos griegos, el que nos revelaba el Oráculo para que nos quede claro, eso es lo que se está cuestionando el individuo retratado; el caso es que ya lo ha perdido todo. El arte en la actualidad está en ese punto, ha extraviado la llave.

Las manifestaciones culturales del siglo XX se distinguieron por un juicio muy interesante del concepto que el ser humano ha llamado libertad, esto llenó a esa centuria de una riqueza fuera de lo común, no había modos ni modales. Las vanguardias, desde el impresionismo —como antecedente— hasta el posmodernismo, fueron una erupción de significaciones y particularidades, todos los espacios posibles se analizaron y estuvieron descritos por individuos que no tenían más empeño que hacer una expresión cultural sostenida por una metáfora: arte. Si bien esta idea tenía tendencias políticas, ideológicas, vivenciales y otras muchas, todas estaban fincadas en un entendimiento claro de la existencia: la convicción. Los artistas creían en el discernimiento calológico y dialéctico de lo que hacían, con sus obras se estructuraban propuestas claras de lo que el hombre era y de lo que el ser humano significaba desde cada una de sus visiones.

Las vanguardias, desde el impresionismo —como antecedente— hasta el posmodernismo, fueron una erupción de significaciones y particularidades, todos los espacios posibles se analizaron y estuvieron descritos por individuos que no tenían más empeño que hacer una expresión cultural sostenida por una metáfora: arte.

El arte en ese entonces tenía sus derroteros, llegar a una galería uno, y otro, hacer eco en la crítica. Mas hay cientos de ejemplos en los cuales galeros y críticos se equivocaron. Lo que era indudable es que había una gran pluralidad. Poco a poco otro grupo de conocedores comenzó a aparecer en escena, los curadores. Si bien como trabajo dentro del ámbito de la conservación, la catalogación y el manejo de las colecciones, este cargo, el de curador, existía ya en todos los museos importantes occidentales en los años treinta y cuarenta; fue en la década de los ochenta del pasado siglo cuando tomaron una fuerza inusitada. En estos momentos son un consejo rector para las galerías, ferias de arte, museos y bienales que han constreñido las expresiones estéticas a una franquicia pragmática. El arte ha llegado al concepto que los ingleses utilizaron en el siglo XIX para determinar los procesos fabriles: standard. Los curadores tienen una idea fija de lo que el arte es y por lo tanto de lo que éste debe representar y, lo que resulta increíble, de cómo éste debe estar estructurado, incluso desde su factura misma. Tienen como rehenes a los creadores, lo fantástico es que éstos no se dan cuenta de que son presas.

Sé que un autor, para serlo, lo primero que debe de sentir es una premura por expresar su punto de vista intelectual y estético en relación con lo que ve. No es el éxito ni la fama ni el dinero lo que debe tener como premisa, ésa es sólo una premura —miedo— del ego, a lo que me refiero es que el acto fundacional y ontológico del artista debe ser una necesidad ineludible por crear, de proponer. Carlos Jaurena tiene esta urgencia, por eso creo en lo que hace.

El mundo de Carlos antes era el de la familia, el ámbito de desarrollo, la interacción, las ilusiones y las realidades, los afectos. Así noveló su historia, no en un sentido anecdótico, sino a manera de expiación, sacó todo lo que le incomodaba, en lo que no creía, lo que le caló hasta la médula y pudo poco a poco digerir. Ahora el universo de Jaurena es el del hombre, pero en su sentido de héroe. Desde hace un tiempo en su obra se ha omitido a la mujer de manera obvia, aunque aquí y allá se topa uno con alguna señal femenina, como en su pieza “Solo en casa”, del 2000, ahí uno puede ver a este personaje dando un paso, pero no un movimiento cualquiera, sino uno que marca el instante del cambio; en segundo plano se ve un bolso de mujer, abandonado, el bolso y el hombre. Pero esta ausencia no la veo con un sentido misógino u homoerótico, sino que es la búsqueda del solitario, la exploración trascendental, la del protagonista. Pero Jaurena ha situado a todos sus personajes en el parámetro que en la literatura se ha llamado el antihéroe. Veo a sus personajes perdidos, desilusionados, confundidos; Carlos está haciendo el retrato del dios en desgracia.

El mundo de Carlos antes era el de la familia, el ámbito de desarrollo, la interacción, las ilusiones y las realidades, los afectos. Así noveló su historia, no en un sentido anecdótico, sino a manera de expiación, sacó todo lo que le incomodaba, en lo que no creía, lo que le caló hasta la médula y pudo poco a poco digerir. Ahora el universo de Jaurena es el del hombre, pero en su sentido de héroe.

Un pintor en pleno cutting edge, eso es un arte en resistencia, pues Jaurena, aunque haga performance, arte objeto y divida su tiempo creativo como editor y promotor cultural, su producción es netamente pictórica. Y afirmo esto ya que si vemos sus ensamblajes, éstos tienen siempre un soporte plástico, en su mayor parte su concepto y concepción están sostenidos con un ámbito netamente pintado. Dentro de la pintura, además, Jaurena ha buscado un estilo, no es un pintor que brinca de una visión a otra o que se apropia de cosas de aquí y de allá para establecer una propuesta inmediata, él consiguió tener un lenguaje propio, personal y esto ahora es inusitado. Alguien que se preocupa por tener personalidad en un mundo globalizado. Y no sólo eso, además es un autor que está, dentro de su tiempo, dando una visión de su ámbito cultural. Jaurena, como Francisco Toledo, está describiendo una visión de su país. Que quede claro que son punto y contrapunto, Carlos habla del mundo mestizo y Toledo del indio.

Desde que Jaurena se dedicó a pintar lo asocié con las obras de los autores que en México denominamos contemporáneos, no por estar inscritos en ese tiempo creativo, sino porque son coetáneos de los escritores que se reunieron en la revista de ese nombre. Veo la obra de Carlos y me encuentro sobre todo con Agustín Lazo, pero también con un gusto por el tenebrismo que se ve en Jesús Guerrero Galván, y hay otras piezas que tienen un dramatismo que asocio con Manuel Rodríguez Lozano.

El vestuario es también determinante, porque la mayor parte de los personajes están actuando un papel y para ello se encuentran generalmente enfundados en sendos trajes de tres piezas y corbatas. Aquí Carlos está realizando varias conexiones, por ejemplo con Josef Beuys y su obra Felt Suit de 1970: el traje colgado habla de lo mismo que Jaurena al usar la prenda, esto es, de la ausencia, de la depresión y parodia el sentido del ser humano en relación con lo que denomina confort. También hay que recordar otra obra capital del siglo XX: Man in Poliéster Suit (1980) de Robert Mapplethorpe. Así que cuando vean a Carlos Jaurena caminar enfundado en su traje oscuro no piensen que es un trabajador ejemplar del INBA, sino un homenaje vivo a Beuys y Mapplethorpe. ®

Publicado en: Marzo 2013, Plástica

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  • Felicidades, Carlos, y gracias a Juan Rafael Coronel Rivera, quien me ha llevado de la mano paso a paso por los motivos misteriosos y trascendentes del autor.