AMOR FRENTE AL TELEVISOR

Del Diccionario apasionado del futbol de Franck Évrard

Aquí, otros desconcertantes fragmentos traducidos y escogidos por Pedro Trujillo del Dictionnaire passioné du football, de Franck Évrard, en torno al sexo y el amor frente a un partido transmitido por televisión.


Se trata de un escenario fantasioso específicamente masculino que sueña con reconciliar el futbol y el sexo, el espectáculo televisivo de un partido y la escena erótica: hacer el amor viendo una retransmisión. La televisión ofrece la posibilidad de hacer entrar al espectáculo deportivo público en la intimidad de un lugar privado, de dejar coexistir en el mismo espacio la violencia de una barrida y la caricia amorosa:
“…permite también ver sin ser visto pero, más sutilmente todavía, de exhibirse a sí mismo, frente a imágenes visibles pero ciegas —las cámaras sólo voltean a un sólo lado y los canales de difusión de las imágenes no fluyen más que en un sentido—, llevar a cabo frente al espectáculo de los cuerpos deportivos les actos de la intimidad, en una confrontación en un sentido único, y visible de un solo lado: el peep-show”.1
La extrañeza de esta construcción viene del hecho de que el objeto apto para permitir la satisfacción es a la vez copartícipe sexual y objeto parcial (la televisión), que la pulsión tiende a satisfacerse en la pasividad del voyeurismo y la actividad del coito. Cómo si el sujeto dudara entre un libido del yo, narcisista y cercano al auto erotismo, y una libido del objeto…
El deseo de remedar el ritmo de la actividad sexual sobre aquel de una partida de futbol se asocia a una utopía ingenua, que no tiene chanza alguna de concretarse en el orden de la vida real como en el espacio literario. En el marco de un fórum sobre el sitio Desinformations.com, un participante comparte estas dudas concernientes al “sexo/tele en directo”:

“En cuanto a la técnica de las posiciones múltiples e idóneas para una visión de la pantalla en el momento de los partidos, he probado todas. Tres veces el telecontrol se encontró acorralado entre las nalgas de mi mujer, dos veces el mismo telecontrol cayó al suelo a punto de romperse. Más tarde, seguido de mi reacción en el momento de una anotación, proyecté mi pelvis un poco demasiado fuertemente hacia el frente gritando: “¡¡¡Gooolll!!!” mientras que practicaba la posición conocida como “perrito”: mi mujer resbaló y cayó de codos en el suelo. Resbalando con ella, colapsé contra una silla: todavía tengo un morete en la pierna derecha y mi mujer raspaduras. En resumidas cuentas, me parece muy acrobático y un poco egoísta (pero no imposible) querer conciliar sexo y fútbol –al menos todo al mismo tiempo”.
Esta fantasía constituye el centro de “Gol asesino”, del escritor surcoreano Kim Young-Ha, un cuento que narra un terrible suceso de nota roja. Mientras que ve de reojo la retransmisión televisada de un partido de Corea del Sur contra Japón, un partido cargado de resentimiento histórico, K. responde sin entusiasmo a los lances eróticos de su mujer. Se deja llevar también por el espectáculo que, sin embargo, juzga “una bandada de idiotas”, una “violencia”, una “expresión de facismo”, al punto que abandona la lectura de su novela —Lolita, de Vladimir Nabokov. A la morosidad de las fases de juego y de los “movimientos aburridos, repetitivos” sexuales, sucede una euforia que ya no releva el deber conyugal después de la igualada del equipo de Corea:
“Al fin, cierto placer comienza a difundirse en el cuerpo de K. Sus gestos devienen más rápidos, más brutales. Los gemidos de su mujer son cada vez más fuertes. Los movimientos de K. se parecen a los de los jugadores”.2
Cuando la victoria de Corea es casi un hecho “siente electricidad correr en su cuerpo” y “alcanza un orgasmo hasta entonces desconocido”. Cuando el partido acaba, el personaje de inicial kafkiana se da cuenta de que ha estrangulado a su mujer con la corbata: “Sí, todo eso, es la causa del fut, pensó K. El fut. La culpa de esta mierda de fut”. Fuera de todo juicio ético que condenaría la utopía en razón de la instrumentalización del otro —la posición del perro para el internauta y la ceguera en el sentido propio y figurado de K. atestiguan en efecto una ausencia de rostro—, la fantasía está condenada al fracaso. Víctima de su razonamiento analógico, adiestrado por la completa equivalencia entre el sexo y el futbol, el hombre cree poder aplicar en el dominio temporal (la simultaneidad perfecta entre el gol y el orgasmo, la coincidencia entre el ritmo de los juegos sexuales y el del encuentro deportivo, la impresión de inmediatez y de directo) un modo de pensamiento que estaba justificado en el plano espacial (la similitud entre las dos partes de placer). La confusión lleva necesariamente a una catástrofe que significa el fin del deseo. Si el desenlace se revela prosaico y burlesco en la vida real, el doble juego conduce a una salida trágica en el relato coreano ya que la confusión de las pulsiones de vida y de muerte llevan a la destrucción del otro. ®

Notas
1 A. Fleischer, Eros/Hercule. Pour une érotique du sport, p. 104. N. del A.
2 K. Young-Ha, “But assasin”, “32 écrivains sur le terrain”, suplemento de Libération, 9 de junio de 1998, p. 16. N. de la A.
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Publicado en: Barra brava, Junio 2010


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