Bitácora de viaje de un ocioso profesional

El editor de su propia vida

Las corrientes de esta cámara, accidentadas, caprichosas, incoherentes en ocasiones pero honestas siempre, no desean sino volver a lo básico abonando la esperanza: quien no vive para servir, no sirve para vivir. Ésta es la entrega no. 25 de esta cámara de las maravillas.

© Austin Kleon

Los números cerrados siempre cargan cierto peso, una especie de aura, acaso algún encanto: las cifras redondas suelen dar la sensación de que algo se ha cumplido o de que hemos llegado a buen puerto. Junto con esta cámara de maravillas, la número XXV de manera ininterrumpida, nos sigue animado un mismo impulso: compartir lecturas, expandir horizontes y trasnochar acompañados sólo para mejor regodearse en la delicia.

En este mundo hiperreferencial donde campea la acumulación acrítica de información sin llegar a producir conocimiento —en tiempos donde el remix es el único evangelio posible y la enciclopedia como la conocíamos ha desaparecido para siempre— es necesario un faro, entre tantísimos otros, para recortar la realidad y sugerirle formas humanas, haciendo navegables esos océanos monstruosos que nos abisman y circundan, es cierto, pero que todavía podemos dominar. Asumirse como el editor de la propia vida es la única manera de seguir capitaneado la Biblioteca de Babel.

Las corrientes de esta cámara, accidentadas, caprichosas, incoherentes en ocasiones pero honestas siempre, no desean sino volver a lo básico abonando la esperanza: quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Seguimos el viaje.

Judith Thurman: una ensayista completa, de las que casi no se ven. Articulista de planta del New Yorker, entre sus dominios se encuentra la moda (esa que tanto escandaliza a Vargas Llosa), los libros y los perfiles de gente famosa. Por acá podrás echarle un lente a algunos de sus artículos. Y por este lado encontrarás charla de viva voce (la verdad es que la dama no es tan buena encantadora de serpientes como Fran Lebowitz pero tampoco importa) sobre su último libro de ensayos: La nariz de Cleopatra.

Open culture, The best free cultural & educational media on the web (si no son los mejores, cosa que dudo, sí cuando menos los más chingones), comparten un link con 475 películas entre westerns, clásicas, negras e indies (si andas con afán exploratorio puedes pasarte un par de días dándole click a las maravillas de su imponente archivo).

Ahora que si lo que buscas es compartir algo especial con ese alguien especial no puedes perderte esta estupenda página de libros, pensada como un portal de películas. Es seductora, atractiva y está bien hecha: hasta ganas dan de leer.

Enrique Serna es uno de los narradores más dotados de México, cultor de la ironía despiadada y un humor cruel que no teme regodearse en lo tabernario y arrieril, rasgo que lo vuelve uno de mis autores predilectos. Por esa razón les comparto una antología de su trabajo, narrativo y ensayístico, compilada por Javier Munguía.

Los números cerrados siempre cargan cierto peso, una especie de aura, acaso algún encanto: las cifras redondas suelen dar la sensación de que algo se ha cumplido o de que hemos llegado a buen puerto. Junto con esta cámara de maravillas, la número XXV de manera ininterrumpida, nos sigue animado un mismo impulso: compartir lecturas, expandir horizontes y trasnochar acompañados sólo para mejor regodearse en la delicia.

Suburbio americano. Un vistazo al mundo fascinante y enfermo de nuestros vecinos del norte. Un compendio de fotos, reportajes, entrevistas y video. Material de primera mano que enloquecerá con honestidad hasta a los snobs más ignorantes. Calidad absoluta.

“As melhores bundas de Playboy Brasil”. Una selección apetitosa que exige su correlato en sitos ensayos. Pura piel.

Tres libros tres para leer en tu soporte portátil predilecto. Modos de ver de John Berger, El congreso de literatura —uno de los pocos títulos no aburridos de César Aira— y, octava maravilla, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento de Mijaíl Bajtín (sin que tengas que pagar la onerosa edición Alianza). Para leer en el metro.

MutiPessoa. O de cómo seguir dialogando en el entramado de la red con el más grande y solitario de todos los poetas tristes.

Los poemas muertos. “No hemos sido felices, es posible que esa sea la única frase que podamos sacar en limpio de la historia y la única razón del porqué se escribe, del porqué de la literatura. Es ese trazo entonces, esa corrección de la muerte, la que le otorga a la poesía su carácter desmesurado y su enloquecedor silencio. Es nuestro silencio”.

¿Es el multitasking una nueva forma de la sinestesia? ¿Verdaderamente la capacidad de hacer varias cosas a la vez está transformando la manera en que percibimos la realidad, volviéndonos más agudos? ¿No será preferible abocarse a realizar una sola actividad a la vez? Una de las ventajas de la red —que también es su punto flaco— es la capacidad de proveer una lectura atmosférica, en dolby surround: la lectura como algo que sucede alrededor nuestro: palpable y tangible, casi amniótico. La desventaja es la capacidad de mantenerse concentrado en una sola actividad como, digamos, la lectura del periódico.

Por lo pronto los enfermos de Google ya le están dando al doble mouse, como para que acabes termines con estrabismo.

La ciudad como abstracción. La ciudad como hipervínculo: la ciudad como una topología espectral que ocurre sobre sí misma, en su representación y en el tiempo; lugares por los que se puede transitar y vivir, territorios que reconocemos con el cuerpo y la mirada: sitios a los que accedemos, fundamentalmente, desde la pantalla. De eso se trata este fascinante proyecto: “HyperCities is a collaborative research platform for traveling back in time to explore city space”.

Y despedimos esta cámara de maravillas con verdaderas maravillas.

Y no se olvide beber y gozar que este mundo decadente y hermoso también se va a acabar. ®

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Publicado en: Abril 2012, Wünderkammern


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