Cabo Pulmo, el acuario del mundo

Amenazado por desarrollos turísticos

Único en el mar de Cortés, este arrecife de coral hospeda a 26% de las especies referenciadas en el Golfo de California. Forma parte de los tres arrecifes de coral “duros” que habitan en el hemisferio norte y es el único en Norteamérica.

Con apenas 7,111 hectáreas, Cabo Pulmo es el Parque Nacional Marino más pequeño de México, aunque uno de los más importantes por su arrecife de coral y la biodiversidad del mar de Cortés. Aislado al sur de Baja California Sur, a más de una hora de la primera aglomeración, el turismo es hasta este momento tranquilo y controlado. Sin embargo, varios proyectos inmobiliarios multimillonarios de gran escala amenazan con romper el equilibrio de este lugar, al que el comandante Cousteau consideraba “el acuario del mundo”.

Es un simple camino de terracería el que nos lleva a Cabo Pulmo. Este pueblo que le dio nombre al Parque Marino era no hace muchos años un pueblo de pescadores que vivían al ritmo del mar. La creación del parque ha transformado a este lugar y a sus habitantes. El mar sigue siendo el corazón de su trabajo pero ahora se han convertido en buzos, guías, restauranteros y comerciantes para prestar servicio a los turistas que vienen a descubrir el arrecife.

Único en el mar de Cortés, este arrecife de coral hospeda a 26% de las especies referenciadas en el Golfo de California. Forma parte de los tres arrecifes de coral “duros” que habitan en el hemisferio norte y es el único en Norteamérica. Cada año diferentes especies de ballenas, tortugas, tiburones, rayas y varias decenas de peces vienen a alimentarse o reproducirse en sus aguas. Colonias de pelícanos y de lobos marinos toman el sol sobre las rocas mientras que el águila pescadora, solitaria, caza en la puesta de sol. Los habitantes nos informan desde nuestra llegada “no es la claridad del agua lo que caracteriza al parque sino su diversidad y la abundancia de las especies que hacen a este lugar natural y salvaje”.

Cada año diferentes especies de ballenas, tortugas, tiburones, rayas y varias decenas de peces vienen a alimentarse o reproducirse en sus aguas. Colonias de pelícanos y de lobos marinos toman el sol sobre las rocas mientras que el águila pescadora, solitaria, caza en la puesta de sol.

Paco es guía. Su familia es de Cabo Pulmo desde hace varias generaciones. Me explica que su abuelo era pescador y que formó parte de los iniciadores de la reserva: “Ellos estaban conscientes de la riqueza presente en esta bahía y, para hacer frente a sus degradaciones, algunos habitantes se movilizaron en los años noventa para proteger el arrecife”. Pescadores de la bahía pero también del cercano Océano Pacífico, podían observar que el agua de Cabo Pulmo estaba mucho más diversificada y con más peces. “Cuando los años difíciles llegaron ellos fueron los que dieron la llamada de alerta”. Se declaró zona protegida en 1995 y Parque Nacional en el 2000, desde entonces los peces proliferan. Cada vez más especies, como las tortugas, vienen a estas playas a reproducirse. Nuevas etapas se alcanzaron en la década del 2000 con la inscripción del sitio en la lista del Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO, así como en la convención Ramsar para la preservación de humedales. El reconocimiento de este patrimonio es benéfico para la población, nos dice Paco: “El turismo nos da ingresos mucho más estables que antes, para nosotros y también para las generaciones futuras.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), organización gubernamental encargada de los parques nacionales, ha establecido programas de vigilancia para proteger varias especies sensibles y emblemáticas del parque. Se efectúan turnos de observación todas las noches para localizar tortugas laúd y golfina que desovan en las playas de Cabo Pulmo. Una parte de los nidos son desplazados y marcados con el fin de que a la hora de su eclosión las crías estén protegidas contra los depredadores. Los recién nacidos se refugiarán en el arrecife donde podrán crecer y alimentarse. Desde hace poco la Conanp ha llevado a cabo un programa de restauración de arrecife trasplantando corales hacia zonas menos pobladas. Otras especies como el lobo marino y las ballenas son estudiadas con programas de observación particulares para seguir y comprender sus poblaciones.

Dany y José, los guardaparques, se relevan día y noche en sus camionetas o en las pangas para hacer respetar la reglamentación del lugar. Sin embargo, el equipo es escaso para cubrir las siete mil hectáreas del parque y su capacidad de acción está constantemente limitada por los recursos que tienen a su disposición.

Con el fin de proteger sus riquezas, la pesca está ahora prohibida y sólo algunos habitantes pueden pescar desde la costa en zonas delimitadas. Dany y José, los guardaparques, se relevan día y noche en sus camionetas o en las pangas para hacer respetar la reglamentación del lugar. Sin embargo, el equipo es escaso para cubrir las siete mil hectáreas del parque y su capacidad de acción está constantemente limitada por los recursos que tienen a su disposición. Para remediar esta situación, habitantes voluntarios se están movilizado para preservar el parque —al igual que lo hicieron antes sus padres—, creando torres de vigilancia y participando en el programa de vigilancia en conjunto con los empleados de la Conanp y voluntarios mexicanos o internacionales.

A dos horas del primer aeropuerto, Cabo Pulmo no es un destino turístico popular. La plaza principal del pueblo está rodeada de palapas con centros de buceo y de algunas tiendas de renta de kayaks y snorkels. El turismo es calmado y controlado. Cada día, de cuatro a cinco pangas salen para llevar a los turistas a bucear en los diferentes sitios donde se pueden ver rayas, tiburones y grandes bancos de cardumen de jureles, los cuales le dan la reputación al lugar. “Limitado a cuatro buzos por panga el turismo es organizado y respetuoso”, nos dice orgullosamente José, el guardaparque. Además, algunas playas se han arreglado para que los turistas y animales puedan cohabitar sin ningún incidente.

En el 2012 el proyecto de un gran complejo turístico de 30 mil cuartos, dos terrenos de golf y un puerto en pleno desierto a las puertas del parque fue anulado por el gobierno mexicano bajo la presión de los habitantes. Un proyecto de esta índole habría sido catastrófico para Cabo Pulmo puesto que las infraestructuras no habrían soportado a un flujo tal de turistas ni la contaminación que hubieran generado. Actualmente, se están realizando otros tres proyectos de complejos turísticos en la cercanía del parque. El más cercano está a algunos kilómetros en el pueblo La Ribera, donde se está construyendo una marina en el terreno que antes era hogar de manglares, en la embocadura del río. “Una especie endémica de perico desapareció para dar lugar a este complejo”, me cuenta José.

Ahora los habitantes quieren luchar como lo hicieron sus padres para agrandar el área del parque. “Hay partes de arrecife y de playas de nidificación para las tortugas que no se protegen todavía”, explica un representante de la Conanp. El gobierno mexicano quiere hacer pasar las Áreas Naturales Protegidas de 13 a 16% del territorio en los próximos veinte años. Una esperanza para los defensores de Cabo Pulmo. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Marzo 2014


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