Criadas negras y racismo

The Help (Vidas cruzadas), de Tate Taylor

En Estados Unidos una película de mediano presupuesto se ha convertido en el tema central de programas que ni siquiera son especializados en cine. The Help, rebautizada por nuestros zafios y facilistas traductores como Vidas cruzadas. El filme cuenta la creación de un libro-denuncia en el que las trabajadoras domésticas narran sus vivencias de sumisión frente a sus empleadores blancos.

The Help, el cast

El sustantivo the help hace referencia a la ayuda, el nombre políticamente correcto con el cual llaman los estadounidenses a la servidumbre, y también muchos “pequebús” mexicanos.

De primera impresión, parece ser un recordatorio del racismo que pervive en Estados Unidos a pesar de las libertades civiles conquistadas en los convulsos años sesenta. Kathryn Stockett, la escritora de la novela, se volvió una bestseller de la noche a la mañana cuando decidió narrar a manera de novela de autoayuda y mujeres “empoderadas” sus recuerdos de infancia en un pueblo de Mississipi. Blanca ella, mezcla las historias de desprecio y servidumbre con los recuerdos de pan de maíz y pasteles con crema batida.

Ante el éxito de la novela, que en dos semanas entró a la lista de los veinte libros más vendidos, la película no se hizo esperar. La producción vino por parte de una subsidiaria de Disney, Dreamworks, que antes pertenecía a Spielberg. Por lo cual el diseño de producción recrea ese enducolorado pasado con precisión artificial.

Campos impolutos, ordenados, árboles frondosos, camiones coloridos, fincas llenas de luz, autos enormes y coca-colas frías siempre. El vestuario y los peinados contribuyen a crear esa sensación de que todo tiempo pasado fue mejor. La actriz que encarna a Skeeter, la blanca que de repente se da cuenta de que los negros sufren, lleva siempre el cabello rizado y sus vestidos están siempre planchados con perfección.

La chica, luego de regresar de la universidad, se percata de que los negros son tratados con la punta del pie y que viven en una situación similar a la esclavitud. Entonces decide utilizar sus historias para hacer un libro y mandarlo a una editora de Nueva york —una mujer liberada, que trabaja en lo alto de un rascacielos— para que la gente conozcas las condiciones en las que viven aquellos. Aunque la bisoña periodista no acaba de entender en la que se mete.

Pero, en el mundo ideal de los setenta recreado por el director Tate Taylor, hay racismo, pero nada más poquito. No hay grupos de asesinos que quemen viva a la gente de color, o caras de asco, o insultos terribles o palos, o castigos brutales. No, sólo hay mujeres blancas que hacen colectas de caridad y que corren a sus empleadas sin darles el finiquito. Es más, en el mundo ideal de Taylor-Stockett los hombres ni siquiera aparecen. Son tan sólo una referencia, un deseo distante, una idea. En el mundo maniqueo de la película los negros son buenos y los blancos son malos. Con lo cual perpetran un estereotipo más, el negro que tiene sabiduría y el blanco que es iniciado por él.

Es más, en el mundo ideal de Taylor-Stockett los hombres ni siquiera aparecen. Son tan sólo una referencia, un deseo distante, una idea. En el mundo maniqueo de la película los negros son buenos y los blancos son malos. Con lo cual perpetran un estereotipo más, el negro que tiene sabiduría y el blanco que es iniciado por él.

En la primera aparición, en un flashback, de la criada de Skeeter, ésta sale vestida más como una india sabia que como una negra doméstica. Además, las blancas solamente serán arquetipos vacíos: la blanca-mala, la blanca-tonta, la blanca-pretenciosa y la blanca-buena. Por lo cual Viola Davis y Octavia Spencer, las dos trabajadoras negras, de inmediato le roban el protagónico a Emma Stone y a Bryce Dallas Howard. Sus personajes, igual de estereotipados, son enriquecidos por sus personalidades y sus tablas. En especial Octavia Spencer, quien encarna a Minny Jackson, quien pronto crece de una mujer golpeada a una parte activa y determinante de la vida de las demás.

El libro, a pesar de las trabas, ve la luz y se vuelve un bestseller que afecta la vida de la pequeña comunidad. Final que sabemos sucederá desde los primeros minutos de iniciada la trama, porque estamos ante una de esas historias de éxito, que tanto gustan a nuestros vecinos.

La película ha sido un éxito en taquilla, recaudando hasta este momento 72 millones de dólares sólo en Estados Unidos y Canadá. Y se ha movido en el resto del mundo como una “película de arte”, es decir, en cinetecas, cineclubes y festivales.

En su país las actrices negras protagonistas han sido cuestionadas por perpetrar el estereotipo que los blancos tienen de los negros, es decir, trabajos de servidumbre. En un popular programa de audiencia negra el conductor, de apellido Smile, luego de felicitarlas por sus actuaciones, las cuestionó por haber aceptado el papel en el que salen la mayor parte del tiempo vestidas de sirvientas. A lo que la desfachatada Octavia Spencer, reviró que ellas trabajaban de actrices y que a su edad era difícil encontrarlo.

Sin embargo, lo que hizo esta película con varias candidaturas al Oscar, incluyendo el de mejor película, fue remover algo que se creía superado, el racismo contra los negros (el dirigido a hispanos, árabes y demás es otro cantar). Mientras la parte blanca celebra la cinta como algo ya superado, que aparte te deja con una sonrisa al terminar la función, los activistas negros la ven como una retrato exento de la sangre que se derramó para lograr la igualdad. En nuestro país no pasa de ser un cartel más en las salas especializadas. ®

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Publicado en: Cine, Marzo 2012


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