DEL AMOR Y OTRAS COSAS QUE SE GASTAN POR EL USO

Brenda Ríos sobre Clarice Lispector

Sorprendente es encontrar que la misma obra pueda ser leída de otra forma, desde una perspectiva diferente a la propia, hasta casi parecer una obra distinta. Durante los últimos cinco años, desde que leí por primera vez A paixão segundo G. H. (1964), no he dejado de convivir con las novelas, los cuentos y las crónicas escritas por Clarice Lispector (1920-1977).

Então escrever é o modo de quem tem a palavra
como isca: a palavra pescando o que não é a palavra.
Quando essa não palavra ─ a entrelinha ─ morde
a isca, alguma coisa se escreveu. Uma vez que se pescou
a  entrelinha, poder-se-ia com alívio jogar a palavra
fora. Mas aí cessa a analogia: a não-palavra, ao morder
a isca, incorporou-a. O que salva então
é escrever distraidamente.
—Clarice Lispector, Água Viva

La primera vez que escuché el título, el subtítulo y los nombres de los capítulos de la tesis de maestría en Letras (Letras Latinoamericanas) de Brenda Ríos me provocó envidia. Me parecen poéticos y provocadores. Es hacia la poesía y la provocación que tiende la literatura, el arte en general. Por ello, en uno de los paréntesis de su conferencia “Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco dificultades)”, el escritor argentino Ricardo Piglia menciona a Clarice Lispector:

Los economistas buscan controlar tanto la circulación de las palabras como el flujo del dinero. Habría que estudiar la relación entre los trascendidos, las medias palabras, las filtraciones, los desmentidos, las versiones por un lado y las fluctuaciones de los valores en el mercado y en la bolsa por el otro. Hay una relación muy fuerte entre lenguaje y economía. En ese contexto escribimos y por lo tanto la literatura lo que hace (en realidad lo que ha hecho siempre) es descontextualizar, borrar la presencia persistente de ese presente y construir una contrarrealidad. Cada vez más los mejores libros actuales (los libros de Roberto Raschella, de Rosa Chacel, de Clarice Lispector o de Juan Gelman) parecen escritos en una lengua privada. Paradójicamente la lengua privada de la literatura es el rastro más vivo del lenguaje social (pp. 38-39, las cursivas son mías).

En nuestro contexto actual de crisis, explica Piglia, el lenguaje es uno de los escenarios, pues ciertos usos del lenguaje sostienen la crisis:

En nuestra sociedad se ha impuesto una lengua técnica, demagógica, publicitaria (y son sinónimos) y todo lo que no está en esa jerga queda fuera de la razón y del entendimiento. Se ha establecido una norma lingüística que impide nombrar amplias zonas de la experiencia social y que deja fuera de la inteligibilidad la reconstrucción de la memoria colectiva (p. 37).

Dentro de este contexto entendemos el desgaste al que alude Brenda Ríos con el muy atractivo título de su ensayo:

Las palabras se desgastan y con ellas las formas culturales, las formas de simbolizar las relaciones, de ir buscando en nuestro interior las formas de autoconocimiento y aproximación a los otros, a las cosas más toscas y elementales, las más intangibles y etéreas del ser humano (p. 91).

Clarice Lispector

Vivimos en una sociedad donde el Estado decreta que está excluido quien no dice lo que todos dicen; donde los medios masivos de comunicación “define[n] los temas y los modos de decir”. Como afirma Piglia, la economía es la jerga mundial y sus metáforas permean nuestra lengua cotidiana (pensemos, por ejemplo, en los usos del verbo “invertir”).

Vivimos en una sociedad donde la realidad consiste en la reproducción de aquello que todos comprenden. En consecuencia, Ricardo Piglia nos propone implícitamente la creación de una lengua privada para confrontar esos usos oficiales del lenguaje, porque en esa confrontación reside la intervención política del escritor, del lector, del crítico y del investigador literario.

Por sí solo el título del ensayo del ensayo, Del amor y otras cosas que se gastan por el uso, nos plantea que en la sociedad actual la reiteración incesante corroe las emociones, los sentimientos, los objetos y las palabras. La reiteración está presente en el nivel estilístico de la escritura de Clarice Lispector.

Las figuras de repetición caracterizan la novela A paixão, lo cual desgasta la palabra. La narradora da distintas y simultáneas connotaciones a las palabras desplazando el significado de una a otra. De este modo el significado es vaciado y este vacío es un indicador, según el crítico brasileño Benedito Nunes, del “esvaziamento” de la narradora, quien ha perdido su identidad, y también muestra el “esvaziamento” del relato (Leitura de Clarice Lispector, pp. 64-65).

Estas características convierten a la obra de Clarice Lispector en un “paradigma do esvaziamiento que se produziu na ficção contemporânea” porque su objeto ha sido vaciado (pp. 153-155). Asimismo concluye que simultáneamente al cuestionamiento sobre  la forma de narrar se despliega “a evasão do sagrado” (p. 155).

Así como en la obra de Clarice Lispector el espacio literario es un espacio donde el sujeto se busca o vaga en errancia, también es el espacio donde se declara el vacío de lo sagrado en el mundo y el vacío del mundo.

El propio Bendito Nunes relaciona el vaciamiento de lo novelesco y la evasión de lo sagrado con la situación general del mundo. Así como en la obra de Clarice Lispector el espacio literario es un espacio donde el sujeto se busca o vaga en errancia, también es el espacio donde se declara el vacío de lo sagrado en el mundo y el vacío del mundo. ¡Donde un sujeto dislocado, disgregado, busca un objeto inaprensible e incomprensible mediante el instrumento poroso de la palabra! Extraño la mención de Benedito Nunes en el ensayo de Brenda Ríos. En mi opinión, su libro Leitura de Clarice Lispector (1973) es un trabajo fundamental e indispensable para analizar la narrativa de la escritora brasileña. Sin embargo, Del amor y otras cosas que se gastan por el uso no se define por esta ausencia.

La experiencia de Brenda Ríos de la narrativa de Clarice Lispector depende de su aguda sensibilidad, de la fascinación (que comparto) ante la cualidad poética de esa escritura y de sus atentas lecturas de Michel Foucault, Emilio Lledó, George Lukács, Alejandra Pizarnick, Paul Ricoeur y María Zambrano. En consonancia con la reflexión de Ricardo Piglia, cuando confiesa su elección, la autora advierte que esa narrativa es provocadora y, como Hélène Cixous, se pregunta por qué la atemoriza una escritora con quien no comparte la lengua materna. Ese primer párrafo de la “Confesión literaria” de la autora me remite a las notas que aparecen en las novelas A paixão como en A hora da estrela, donde la escritora brasileña nos advierte que continuamos leyendo bajo nuestra responsabilidad, que es sólo nuestra la esperanza de encontrar las respuestas a la vuelta de la página.

Brenda Ríos

El ensayo de Brenda Ríos, diríamos también su exorcismo, se concentra en la capacidad de Clarice Lispector para significar algo distinto a lo que ha escrito. Quien pretende capturar ese significado elusivo ha sucumbido ante la tentación, mordió el anzuelo y se interna en el mundo de la “não palavra”. Entonces, los lectores nos parecemos a sus personajes según los describe Brenda Ríos: “Parece haber una idea constante, una especie de fantasma […] el sentido secreto de las cosas al que ella hace tanta alusión, como si éste fuera un descubrimiento que cada personaje tuviera que realizar” [pp.61-62].

Clarice Lispector logra la fuga del significado mediante el uso de la puntuación, las figuras de repetición, el oxímoron, la antítesis, la metáfora, la parodia, la ironía y el silencio.

El silencio no es sólo un tema recurrente en su narrativa, sino que también es una estrategia narrativa —como lo demuestra Brenda Ríos: “Clarice descubre una poética del silencio. Se confiesa en el límite, en el borde de una línea continua: el silencio como una suspensión del texto, como suspensión del tiempo, de la palabra misma, suspensión del ser” [p. 54]. La estrategia consiste en el monólogo, que tiende hacia la narración en primera persona.

Otra presencia del silencio que reconoce Brenda Ríos es la imperiosa tarea, casi vital, que se les plantea a los personajes de “tener palabras y no saber qué hacer con ellas” [p. 81], la distancia entre la experiencia y un lenguaje que no es inédito, plagado de significados que la colectividad le ha acuñado. La autora nos sugiere que Clarice Lispector despoja a las palabras de sus significados para que signifiquen de nuevo, así el silencio nos permitiría nombrar de nuevo al mundo.

En el apartado que le dedica al análisis del cuento “Amor” vincula al silencio con la ironía. Su protagonista, Ana, tiene dos revelaciones del mundo, pero decide no cruzar el umbral y no hablar de ello.

Lo irónico de permanecer en el silencio es que éste se convierte en un mecanismo que choca con las formas de intimidad y crea una ruptura entre el mundo real y el de la ficción; el conflicto produce el resquebrajamiento de la afectividad, con la sorpresa y el enmudecimiento ante la ruptura. La ironía revela la contradicción entre lo que se dice y lo que se piensa, entre lo dicho y lo aludido […] De la contradicción entre lo que se dice y lo que no se dice se abre un espacio vacío como el silencio [p. 122].

La elección de este cuento, que pertenece a Laços de Familia (1960), es interesante e importante. Como Brenda Ríos señala, “Amor” presenta la misma estructura que el cuento “A bela e a besta”, publicado en el libro homónimo. Aunque este último fue editado póstumamente (1979), es un cuento escrito con anterioridad. Además de la importancia intrínseca, ambos cuentos presentan la estructura que Clarice Lispector desarrolla en una de sus novelas más importantes, A paixão.

Después de haber leído Del amor y otras cosas que se gastan por el uso persiste en mí la sorpresa, tristeza de no ser yo original, alegría de coincidir con su autora (que no estar de acuerdo porque creo que G. H. no tiene rostro). A pesar de los aciertos, durante toda la lectura, en mí persistió el deseo de que algo más fuera dicho. Del amor y otras cosas que se gastan por el uso. Ironía y silencio en la narrativa de Clarice Lispector es un ensayo pleno de sugerencias, que me hacen anhelar una profundidad todavía mayor, por ejemplo, requiere una exposición más amplia del contexto de las obras comentadas. Por otra parte, es lamentable el descuido en la edición de las citas en portugués.

Por último, también les advierto que es un libro para lectores de Clarice Lispector, interesado en su obra. Existen comentarios que simplemente emulan la obra; que la desconocen o que carecen de una formación en teoría y crítica literaria o en historia, cultura y literatura brasileña. Otros la presenten como una escritora religiosa, mística o feminista sin mayor justificación. Del ensayo de Brenda Ríos pueden partir interesantes líneas de análisis. ®

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Publicado en: Ensayo, Octubre 2010

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