Dime qué te metes y te diré quién eres

Persiguiendo al conejo blanco

El debate de las drogas tiene más matices de los que normalmente consideran los legisladores. Habría que comparar, por ejemplo, los efectos y la mercadotecnia del alcohol. También contemplar las dudosas prácticas de la industria farmacéutica en la discusión.

When logic and proportion have fallen sloppy dead
And the white knight is talking backwards
And the red queen’s off with her head
Remember what the dormouse said
Feed your head, feed your head.
—Jefferson Airplane

hermana marihuanaUno de esos vatos estudiosos decía, en plena televisión, que la primera causa de muerte entre los jóvenes de la Ciudad de México es el consumo de alcohol (campechaneado con volante y acelerador). Desenvainaba este argumento fatal como lo más grave que puede sucederle a alguien víctima de estas adicciones, o aficiones alteradoras de la mente que son las drogas y el alcohol. Su esgrima tenía la ingenua intención de sorprender a quienes, como él, miopes, se oponen a la legalización de la marihuana. Y no es que el dato sea falso, ciertamente que la muerte es lo más definitivo que puede sucederle a alguien, pero se ve de lejos que el compa no sabe lo que es lidiar con un junkie desahuciado que no tiene para cuando morir. A más que la mota; legal, ilegal o despenalizada se fumó, se fuma y se fumará siempre. El tema de la marihuana y demás drogas da para más que simplemente pasarle el toletazo al alcohol –que también es una droga. Para la familia de un adicto sin remedio y para el propio adicto, la muerte puede llegar a convertirse en el más acariciado y esperanzador anhelo en comparación con una vida demencial, consecuencia de la destrucción cerebral por el mal consumo de drogas. La primera etapa del consumo, suele ser una fiesta de piñatas para el consumidor y un leve dolor de cabeza para quienes tienen la mala suerte de pagarle las cañas y los tejocotes; pero las etapas siguientes significan para el adicto la posibilidad de padecer alguna enfermedad mental “dual” -como piadosa y evasivamente han dado por llamarlas- y para quienes le rodean significa cargar con un enfermo incapacitado para servirse a sí mismo y a la sociedad. Literalmente a la sociedad, porque cuando el avión se le queda arriba, el adicto frecuentemente queda solo; los amigos y la familia, en la ruina y destrozados, hace rato que pusieron pies en polvorosa. Si bien es cierto que el intelectual de la tele se refería al uso de la mota solamente, y que a la mota no se le achacan tan graves consecuencias, debía saber, si tan investigador es, que cuando de meterse drogas se trata es mejor considerar el paquete completo; rara vez un consumidor le otorga fidelidad matrimonial a una sola droga y, de hecho, la mota es muy comúnmente acompañada de ese mismo alcohol que, según el florete de su índice, es la primera causa de muerte entre los jóvenes del Distrito Federal. Entiéndase pues, que cuando la adicción va de neta la muerte no asusta, asusta la vida.

En términos generales, el avión de las drogas y el alcohol se eleva gracias a sus efectos principalmente en tres de los muchos neurotransmisores que actúan en el cerebro, a saber; la dopamina, la serotonina y la norepinefrina también llamada noradrenalina, algunas drogas, como el alcohol y la mota influyen también en el inhibidor GABA. Para entender el rollo, se pueden ver los neurotransmisores como los encargados transmitir señales en el cerebro, se encargan de ordenar al cuerpo que respire, o digiera, o duerma, pero también transmiten señales de sensaciones, sentimientos, pensamientos e ideas al individuo, a la propia persona, al cada quien que es cada uno y por tanto tienen qué ver con la personalidad, la conducta y la idea del yo que se tiene de sí mismo. Desde el momento en que estas ideas, pensamientos, sentimientos y sensaciones llevan a la toma de decisiones, se espera que en su conjunto finalmente se conviertan en acciones. Dopamina, noradrenalina y serotonina son en buena parte lo mejor de la bestia que nunca dejará de ser el humano, son los neurotransmisores encargados de la parte emocionante de vivir, de que, en estado de emergencia, se genere una emoción de alerta que inste a huir o atacar, de que la bestia domine a su presa, de que busque el alimento y sienta placer al recibirlo, de que el macho ejerza un dominio sobre la manada para elegir hembras y ser aceptado por ellas, y que las hembras seduzcan y subyuguen al macho; es decir, que tienen que ver también con la socialización, apareamiento y perpetuidad de las especies.

La dopamina se encarga de mandar la señal de ánimo, de echarle ganas, de sentirse emocionado por una actividad, de querer obtener. La dopamina pone bien y de buenas, pone alerta, atento, levanta el ritmo cardíaco, da sensación de alivio por castigo o recompensa, sensación de disfrute, de ¡qué chingón!, de pupila abierta y hambrienta de ver, maneja el placer sexual, pone proactivo, en posición de arranque, de listo para el ataque. Normalmente se disparan los niveles de dopamina con el sexo, la comida, o fijando la atención a algo.

La serotonina premia el sostenimiento de la especie mandando la señal de placer cuando explota el orgasmo o cuando se recibe alimento, regula el sueño, el apetito, maneja las contracciones musculares -que tienen que ver con el movimiento intestinal- y motiva para la búsqueda de alimento, por lo que puede despertar agresividad y competencia dentro del clan, lo que se refleja en los modos sociales. Es serotonina lo que se necesita para reclamar tu turno en la cola de los tacos, por ejemplo.

La norepinefrina o noradrenalina inyecta atención a todo el cuerpo, sitúa en posición de análisis de emergencia; huir o pelear. Ese análisis y alerta indispensable en el juego y el deporte, aumenta el flujo de sangre a los músculos, satura el cuerpo de energía, controla el stress-pánico: es esa centésima de segundo en la que analizamos si es momento de apagar el fuego o correr para salvar la vida, que en el devenir cotidiano resulta adictivamente emocionante.

Dime a dónde quieres ir y yo te llevo, dice el conejo blanco; sígueme. Viaja ahora y paga después. La factura llegará según el plazo de la droga y dosis elegidas. Su agencia de viajes trabaja día y noche y a domicilio, excursiones de ida y vuelta, en ocasiones sólo de ida, niños gratis (la primera vez), tacha viaje redondo tres días y dos noches bajón incluido.

El inhibidor o regulador de neurotransmisores GABA básicamente se encarga de administrar los niveles de algunos neurotransmisores en el ambiente sináptico del cerebro según la situación que se esté viviendo, y esto es decir mucho, la clave de la vida es el balance y hay momentos para cada cosa; el cerebro de un antílope, por poner un ejemplo, aumenta los niveles de estos tres neurotransmisores cuando persigue a su presa para dilatar las pupilas y ver mejor, para inyectar sangre y por ende oxígeno a la masa muscular y así correr con mayor velocidad, agudiza su oído y olfato; pero detiene totalmente las funciones sexuales que en ese momento de nada le sirven, o las del sueño que le costarían la vida si se hicieran presentes. Para estar en modo reproducción, serán unas funciones las que se activarán y otras muy diferentes para relajarse y dormir, que es el estado de conciencia en el que el cerebro descansa y baja al mínimo sus funciones; funciones que no consisten en otra cosa que subir, bajar y direccionar niveles de neurotransmisores hacia determinadas áreas del cerebro. Esto significa, sin remedio, que disparar en un sentido las sensaciones de un neurotransmisor, disparará en sentido contrario otras sensaciones y que cuando las reservas de un neurotransmisor se agotan a base de abusar de él, los efectos adversos se harán presentes hasta que se recuperen, así que también para el cerebro aplica aquello de que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, que no hay pedota sin cruda, ni pecado sin rosario. Estos tres neurotransmisores y su justo y celoso administrador GABA, se encargan, para acabar pronto, de dar lo mejor de la vida. Son la onda. Las drogas y estimulantes hacen la labor de alterar los estados de conciencia y elevar sus niveles a potencias extra naturales y crear en la mente lo que no existe, lo más que mejor, el infinito y más allá, la frontera extrema del firmamento de lo chingón. Es entonces cuando empieza la pary. Cuando se han secado los manantiales de estos neurotransmisores se llega al síndrome de abstinencia, se cae al más profundo averno de la chingada con depresiones del más allá, ansiedades convulsivas, paranoias y alucinaciones mefistofélicas y psicosis en möbius. Es entonces cuando termina la pary y en pocas felices ocasiones: la historia.

Para ir más allá del infinito el boleto de ida no es caro, los plazos y enganches son siempre negociables, el conejo blanco tiene opciones para cada bolsillo, estilo o estrato sociocultural y modales, porque hasta para darse un pasón hay Carreño. Dime a dónde quieres ir y yo te llevo, dice el conejo blanco; sígueme. Viaja ahora y paga después. La factura llegará según el plazo de la droga y dosis elegidas. Su agencia de viajes trabaja día y noche y a domicilio, excursiones de ida y vuelta, en ocasiones sólo de ida, niños gratis (la primera vez), tacha viaje redondo tres días y dos noches bajón incluido, pent house con vista padentro a las estrellas y al mar psicodélico del espacio sináptico, paquete mochilazo pal chemito, viaje seguro dosis abierta veinticuatro horas al día trescientos sesenta y cinco días al año de por vida, si de turismo sexual se trata está la opción de una buena hugh-pill que da mejor frote que una porn-star o un stripper. Los viajes son siempre en avión, eligiendo bien el aeropuerto se evita la revisión y el cateo, las aerolíneas son variadas: mota, alcohol, LSD, tachas, hongos, coca, anfetaminas, metanfetaminas, piedra, cristal, chemo, mezcalina o peyote, cada una con un destino definido por la individualidad encefálica y el entorno, con la posibilidad de combinarlas a placer para extender el abanico de destinos. En las playas del amor la tacha te hará creer que te amas y respetas, vivirás que vales, sentirás el amor de papá y mamá por muy hijo de guardería del IMSS que seas, tus amigos te querrán bien y bonito, por lo que tu crees que eres y por seis horas, tendrás la experiencia de que todo Facebook te manda invitaciones, regalos y capuccinos. En los rápidos de la coca, la prendidez y la emoción extrema te convertirán en el ser único que siempre sospechaste ser, poder de no de comer, poder de no dormir, más alerta que Batman, más veloz que Flash, inteligente, sabio, sagaz y simpático como Mr. Bean, más astuto que el chapulín colorado, resistente a las balas como Batfink, más multitareas que INTEL®, más winner que google, más valioso que el papalote de Franklin. Un viaje al I-Max del LSD te hará explotar la mente en colores delirantes que se fugan del monitor de tu mirada, brotarán animaciones fantásticas de anuncio de Seven Up® setentero y serás hermano de todo. Todo es mucho, todo es más cuando sigues al conejo blanco, todo es viaje MDMA de DJ-Dios Jesús-Dios Jockey-Dios Junkie aura conectora luces de amor neón música intravenosa jerínguicamente manante de dedostornamesa lumen hardbeat azul verde BeSt FRiendS 4EVR acaríciame el alma halo de buena onda feliz en beat tum tum tum kada tU ke me rodea me aBrzaMistad aki sabor de luZes por ls ojos que me lenguan a gusto o mota ke flota k-mina no piernas suaaaave de mi risa leve broder peyote estels salen vuelan poros chupando soy árbol venado tierra y pacha mama paz madera tiEEEmpo tieeeempOOOO fuerza sol o coca me la pelas Dios ya ahorita alerta consciente más consciente saber rápido ya ¡¿qué pedo puto!? PodeR atasque coger todo yo y más cacería intenso más ego éxito extremo alfa intenso aquí allá o chispas colores gas cosmos azul y rayas que soy nota tono tempo ojos goma ke bota o arpón jeringa que Trainspotting más kristal roka ideal perfecto si maravilla no ya más no más salida salir salida salida ¡¡¡YA!!! salida salir más no ¿quién? No ¿porqué? Mal pedo mal viaje no ya los veo los siento me ven no me vean ya no ya no ya se fueron váyanse cárcel piel atrapada pacha mierda no odio corre corre corro me miran me ven hablan no me hablan de mi hablan repugno más ya más conejo blanco me voy me voy se me hace tarde hoy otra más conejo más perfecto amor amigo luz paz hermano no otra vez otra vez odio repugno miedo miedo pulmón jadeo no ya no miedo más aire asfixia llanto conejo más conejo más no hay llorar llorando hay si más conejo chingado ya ahora ya dame conejo más dame conejo hijo de puta que te pico alfiler ya más te mato conejo me matas conejo. Mátame conejo.

Las instituciones de salud mental, consultorios psiquiátricos y oficinas de psicólogos no se dan abasto. Todo lo que sube tiene que bajar pero no todo lo que baja tiene que subir, todo lo que estira se afloja, y el brincolín de los neurotransmisores no es la excepción. Las enfermedades mentales asociadas al abuso de drogas rondan entre la depresión severa, síndrome maniaco-depresivo, y esquizofrenia paranoide; amén de tantos desórdenes mentales que pudieran encontrarse entre las páginas que los ficcionan en el DSM IV, con todo y sus psicodélicas controversias. A estas enfermedades mentales se les agrega la palabra “duales” por estar acompañadas -o haber sido provocadas, diría yo- por una adicción. Las bobas recomendaciones de asociaciones de padres de familia, ONGs, ACs, fundaciones antidrogas, etcétera, en ocasiones oscilan entre el ridículo y el absurdo, acusando, en su afán de alertar, a una “juventud” vulnerable, cuando las drogas son tan antiguas como la humanidad misma o tal vez más: no dudo que algún cromañón alguna vez haya decidido finalmente fijar residencia en determinada cueva por su cercanía con una mata de mota. Se habla siempre de los jóvenes cuando los sesentones de hoy, alguna vez se pachequiaron hasta la más puerca de las pálidas en Avándaro o cualquier otro reventón, y nadie nos garantiza que ya no lo hagan. Recomiendan que los padres hablen con los hijos bajo el ingenuo supuesto de que en toda familia hay un padre y una madre, creen que a los padres les importan los hijos y a los hijos los padres, trabajan bajo la premisa de que los padres no se meten alteradores de conciencia como alcohol, mota, antidepresivos, anoréxicos, anfetaminas, o vaya Dios a saber qué. Creen que los hijos ven a los padres como modelo a seguir, cuando en muchos casos es precisamente lo contrario. Da ternura y un poco de náusea ver como alucinan neciamente con la fantasía de que “la familia” es una institución buena y perfecta como Selecciones Del Rader`s Digest® o Disney Channel®. Suponen una familia ideal como tomada del claustro carmelita del imaginario de Emma Godoy, hacen como que ignoran que las drogas ya no son una opción, que ya se dan por hecho, e incluso la adicción se siembra en ocasiones sin que la párvula víctima lo sepa. Se agradece a todos estos pueriles bienintencionados por su ayuda, pero lo están haciendo estrepitosamente mal, sus cuentos de hadas y castillos en el aire están muy lejos de los verídicos anexos que proliferan con aceleración apocalíptica como basureros humanos módica renta mensual, recibiendo junkies sin refacciones, para mantenerlos encarcelados por encargo de esa institución familiar que evidentemente no tiene la perfección sin mácula que las fantasías de la moral y las buenas costumbres fabrican en su repacheca psicosis, pero que en los hechos reales, en muchas ocasiones resulta ser la génesis de problema. Basujunkies hay y seguirá habiendo, de hecho, la creciente demanda los institucionaliza para pasar a ser un costo humano intrínseco de la existencia de una sociedad.

drogas y suicidioCierto que hay una vulnerabilidad especial en la etapa de la juventud que está siempre ávida de vivir experiencias nuevas, dado que, al menos en teoría, acaba de soltar amarras paternales y anhela disfrutar del supuesto océano de libertades que brinda la adultez; cuánto antes y cuánto más, una juventud que intoxicada por la euforia de vivir corre riesgos y cree de más. Pero el tono y las palabras con que se trata el tema antidrogas pone años luz de distancia entre emisor y receptor, entre adultos y jóvenes, entre padres e hijos, no son los jóvenes el único mercado para las drogas: la juventud es sólo una etapa que todos pasamos y otros pasarán, por otra parte, la infancia no está exenta del riesgo de drogas y adicciones. Son cada vez más comunes los casos en que padres, hijos y nietos, se drogan juntos, se roban sus dosis y hasta se matan entre ellos por un pazón o por la falta de él. Es necesario entender que las drogas y sus adicciones no responden a limitaciones por edad, clase socioeconómica, raza o religión. Todo aquel que tenga cerebro y emociones es capaz de caer en el uso de alteradores de conciencia, en sus excesos y adicciones. Se hace necesario aflojar las poses, remojar los cartones, dejar atrás aprendizajes obsoletos, frases hechas, slogans y modos de pensar que están totalmente divorciados de los modos de actuar, para hablar entonces, de lo que es y no de lo que debería de ser, con la voz coloquial, con la neta y así empezar a entenderse mejor.

Sería bueno preguntarnos cuál es el droguímetro con el que se medirán los embrutecedores de esta humanidad adicta. Si tenemos una sola especie humana en el mundo por qué tener miles de regulaciones, legislaciones y valorizaciones para cada una de las tantísimas drogas que existen, es fecha que no se puede llegar a un acuerdo. La forma de juzgar cada droga depende de una cantidad inmensa de factores, la gran mayoría de ellos muy subjetivos, van desde el daño físico, el daño mental, el daño social, y desde luego, el daño económico, todos ellos tanto a corto como a largo plazo. No son menos influyentes otros factores como la dureza o poder adictivo, popularidad, tabús, asociación religiosa, costumbres, antigüedad de su uso, look, estrato socioeconómico, cantidad de usuarios, moralidad, miedos, demagogia política, tradiciones, etc. Cada país, sector social, organización antidrogas, o servicio de salud tiene un diferente enfoque de los porqués y paraqués de las drogas y las acciones que deben tomarse en el tema. Algunos ven el asunto como una guerra, otros como un problema de educación; algunos como cuestión de valores, otros como cuestión de salud; algunos como un asunto de libertad, otros como un asunto de vida comunitaria, y aunque rara vez se menciona, es principalmente un asunto de intereses, economía, poder y mercados. Existen también variantes en cuanto a las costumbres y capacidades económicas de cada zona o país y algo muy importante: que los estudios que se realizan se ven sesgados porque no pueden ser realizados en el campo real debido a la naturaleza informal, ilegal o subterránea del asunto. Evidentemente los resultados que arrojan estos estudios son muy distorsionados y en muchos casos muestran incongruencias.

Entre tantas voces se escuchan las del Dr. Jack E. Henningfield del Instituto Nacional para el Abuso de las Drogas y el Dr. Neal L. Benowitz de la Universidad de California en San Francisco, quienes se basan en 5 factores para definir la adicción y determinar las que, según ellos, son las 6 drogas más adictivas. Los cinco factores son:

· Abandono: Es decir, qué tan agresivo es el síndrome de abstinencia, qué tan agresivas son las reacciones del cuerpo al suspender la droga.
· Refuerzo: La tendencia de la droga a causar que los usuarios la tomen una y otra vez.
Tolerancia: La necesidad del usuario por tener dosis cada vez más grandes para obtener un mismo efecto.
· Dependencia: La dificultad en dejar, abandonar o mantenerse alejado de la droga. También el número de usuarios que se vuelven dependientes.
· Intoxicación: El grado de intoxicación causado por la droga cuando se usa a menudo.

Aunque habrá otros estudios que opinen distinto, el criterio de estos doctores resulta en que las seis drogas más adictivas, independientemente de su legalidad, popularidad, mortalidad, etc., son: la nicotina, la heroína, la cocaína, el alcohol, la cafeína y la marihuana. ¡En ese orden!

El Reino Unido clasifica las drogas en tres grados de daño y de ahí define su ilegalidad, siendo la clase A la más dañina e ilegal y la clase C la menos dañina y menos ilegal. Algunas de las drogas incluidas en estas tres categorías son drogas que pueden ser legales si su consumo es clínico indistintamente a la clase a la que pertenezcan. Las drogas que no están clasificadas se consideran legales aunque pueden estar reguladas o restringidas. Este parámetro Británico se ha hecho muy popular y es muy común que al hablar de una droga se mencione a qué clase pertenece.

En 2006, el Comité de Ciencia y Tecnología del Reino Unido publicó una lista de las 20 drogas más peligrosas. En orden de más a menos la lista es como va:
Heroína, clase A; Cocaína, clase A; Barbitúricos, clase B; Metadona artesanal, clase A; Alcohol, legal; Ketamina, clase C; Benzodiazepinas, clase C; Anfetaminas, clase B; Nicotina, legal; Buprenorfina, clase C; Cannabis, clase B; Solventes, legales; 4MTA, clase A; LSD, clase A; Metilfenidato, clase B; Esteroides anbólicos, clase C; GBH éxtasis líquido, clase C; Éxtasis, clase A; Poppers, legales; Khat, legal.

Desde la imprecisión de la información pizcada del campo científico, destacan 10 drogas como las más sonadas en México, sin ningún orden especial son: marihuana, cocaína crack, solventes, nicotina, alcohol, éxtasis, benzodiazepinas, anfetaminas y metanfetaminas.

El psiquiatra como dealer de diseño y los laboratorios como el narco de cuello blanco harán lo que puedan para estabilizar el efecto bimbalete post o supra abuso de drogas, o para satisfacer el gusto light de quienes deciden, desde el inicio, tomar el camino de la drogadicción legal consumiendo drogas pasadas por la aprobación de su majestad: La Administración Federal de Drogas.

El caso del tabaco es, tal vez, el más paradójico y controversial. Se le acusa de dañar arterias y pulmones, se dice que podría, tal vez, ser causa de cáncer, pero el problema no es propiamente la droga en sí, muy probablemente el consumo de Coca de dieta sea más adictivo y nocivo. El problema verdadero es la popularidad de la que goza el tabaco, es la cantidad de consumidores y la dosis la que infla las cuentas del gasto público haciendo notorios los daños físicos a causa de la nicotina. Sin embargo viéndolo desde otro punto de vista, muy válido por cierto, podría decirse que el tabaco es una de las drogas menos dañinas, porque no es incapacitante, sus efectos no disminuyen las capacidades laborales, no tiene consecuencias en la salud mental, incluso el daño que provoca a largo plazo, se dice, acorta la vida, pero no inutiliza al usuario. Jamás veremos a un adicto a la nicotina en un anexo o sufriendo de esquizofrenia en un hospital mental. Tal vez sean estas precisamente las razones por las cuales se volvió una droga tan popular: por ser la droga más funcional. De las 20 mencionadas como las más dañinas, la única droga que no embrutece la mente es la nicotina. Sólo por ejercicio imaginemos que tuviéramos tantos adictos a la heroína o a las anfetaminas, como adictos hay al tabaco; sencillamente este mundo no podría funcionar. Digo que las obsesiones una vez creadas no se destruyen, sólo se transforman, muy pocos logran trascender esta regla, y de ahí me pregunto: cuándo se le amputa la obsesión al tabaco a media humanidad ¿qué nueva obsesión la reemplazará?.

Entre las tantas imperfecciones que podemos encontrar en las diferentes evaluaciones y mediciones que se hacen de las drogas, podemos mencionar que rara vez se toman en cuenta otros elementos alteradores de la consciencia, explico: si bien existen estudios de las drogas y su relación con las religiones, poco se habla de las religiones como drogas en sí, es decir, no sabemos el grado de tolerancia, dependencia o intoxicación de las religiones dominantes en México. Sin temor a caer en exageraciones se puede decir que el fanatismo religioso altera la consciencia cuando se entra en trance, se habla en lenguas o hasta se convulsiona. Qué decir de sustancias como las bebidas energizantes, o las sodas que con la cantidad de azúcar que contienen son causa de un nivel de obesidad en la población que probablemente cause más muertes y resulte en un gasto mayor en salud pública que la satanizadísima nicotina. Enfrentémoslo, vivimos atascándonos de sustancias nocivas. Fuera poses y morales que sólo ayudan a que el mundo se haga tarugo solo; mientras el MDMA está clasificado como clase A sin que hasta el momento se haya podido claramente comprobar que es dañina, el éxtasis líquido está clasificado como clase C a pesar de que tiene clara relación con abusos sexuales y muertes cuando se combina con alcohol. El alcohol se considera como la quinta droga más dañina, sin embargo aún este dato habrá que tomarlo con cuidado porque ya se dijo que es lógico que entre más usuarios tenga una sustancia más afectados tendrá, sin que eso indique necesariamente que sea más dañina; la heroína es muchísimo más dañina que el tabaco, sin embargo la cantidad de afectados por el tabaco es abismalmente superior: debiera medirse el porcentaje de afectados y no la cantidad. Se han invertido muchos años de estudio sobre los efectos y consecuencias de la tacha sin que le puedan comprobar nada grave, sin embargo esta droga es satanizada al grado de que, en algunos estados,podría valerle la cárcel a aquel que la porte en a billetera. Todo esto mientras seguimos engullendo Sabritas® rebosantes de colesterol, Gansitos® embrutecedores de hígados, mientras el ambiente está saturado de tanta toxina flotante, seguimos respirando. Quiero decir, que en la vida cotidiana, si un padre se entera que su hijo se chupa un six durante la reunión futbolera semanal no hay pedo, de hecho muy probablemente lo aliente o de plano lo eduque para hacerlo, pero si ese mismo padre se entera de que su hijo se mete dos tachas al año pega el grito en el cielo, tan sólo por el hecho de que la chela es la chela y el éxtasis es una droga, dejándose llevar por ideas fijas, preconcebidas, estúpidamente aprendidas. Aun considerando las discrepancias, todos los estudios coinciden en que el caso del six es muchísimo más dañino, en todas dimensiones, que el de la tacha.

Así que, viva el optimismo, la cosa no está tan mal. Hechos demuestran que las drogas no destruyen, o al menos no al grado basujunkie que tanto espanto causa. Mientras las voces maternales de campañas bondadosas tercamente satanizan las drogas, Sir Mick Jagger se empeña en ser Sir Dios Mick Jagger contra todo pronóstico y por los siglos de los siglos resistiendo supermánicamente a cuanta sustancia exista o esté por existir, nomás pa joderles la vida a las angustiadas almas antidrogas. Pero no sentirse mal mis señores, nadie puede contra el orgasmo de seis horas que regala una tacha o el primer lugar en ventas nacionales con el que premia la cocaína, al menos en el fantástico mental. Es de preguntase, a qué narices van a parar todas las toneladas de cocaína que se producen, cuántos hígados se embrutecen por los millones de pastas de anfetaminas, metanfetaminas y metilendioximetanfetaminas que se distribuyen en las calles. Definitivamente la relación entre producción-consumo y desecho humano deja un margen de posibilidad, entiéndase: un margen de si se puede, que contradice la imagen de las drogas que míticamente crean los actores del bando antidrogas y su instinto de supervivencia que, también hay que decirlo, es noble. Pero para no ir muy lejos, pongamos el ejemplo de la entrañable y placentera compañía de un cigarro de tabaco y su dosis de nicotina, más adictiva que la misma heroína, que supera por mucho el efecto de la imagen de un feto repugnante sacada de algún archivo fotográfico que nada tiene que ver con la realidad cotidiana. El tabaco se seguirá consumiendo con imágenes repugnantes o sin ellas. Aceptar humanos que las drogas llegaron para quedarse, llegaron hace mucho y habéis sido vosotros quienes las habéis traído. Sería momento de apagar los aspavientos y saber qué hacer con el asunto real, que no el mítico. Las drogas y sus consumidores aumentan demostrando que sí se puede, habrá entonces que ver cómo y con qué consecuencias se vive cuando se consumen drogas. La humanidad, es un hecho, vive con drogas y seguramente sería revelador analizar cómo es que lo está haciendo.

Existe una red de salvación para esos equilibristas a los que ya se les reventó la cuerda floja y cayeron al vacío de las enfermedades mentales duales, diagnosticadas o no. Se trata de un espacio de tolerancia que con gran rapidez se ha convertido en el espacio hegemónico por excelencia en donde se crea un lugar para cada uno. El psiquiatra como dealer de diseño y los laboratorios como el narco de cuello blanco harán lo que puedan para estabilizar el efecto bimbalete post o supra abuso de drogas, o para satisfacer el gusto light de quienes deciden, desde el inicio, tomar el camino de la drogadicción legal consumiendo drogas pasadas por la aprobación de su majestad: La Administración Federal de Drogas.

Y entonces, de la barbie a Lilly®, de Quintero a MERCK®, de güero Palma a Pfizer®, y más prestigiadas marcas de respeto y poder chamánicos tendrán la droga indicada, controlada, probada y comprobada. Mismos opioides, mismos cannabinoides, mismas anfetaminas y metanfetaminas, mismos efectos, y mismos neurotransmisores; pero light, adicción controlada para garantizar la perpetuidad del consumidor hasta cierto punto productivo, funcional y capaz de pagar la renta mensual de su dosis de vida feliz a secas. Dealer y productor tendrán la droga necesaria y a la medida para esos miles de millones que no soportamos la vida como es, para aquel que conoció la explosión del orgasmo atómico y el amor psicoplatónico hiperfeliz de la tacha y ya nada de la vida real le puede parecer más que aburrido y deprimente, para la doña que no encuentra espejo que la haga feliz, o para el asalariado que vive del mínimo de lunes a viernes, y busca un máximo de sábado a domingo, existe la sintonía fina neurotransmisional adecuada para la visión del mundo que cada individuo desee tener, el cristal para la ventana personal por la que cada uno quiera ver su mundo, la sensación de completud que llenará el vacío de los objetos no comprados, de las marcas registradas no alcanzadas, del desempleo agobiante, y entonces a falta de NIKE®; Prozac®, para el trabajo no encontrado Rivotril®, y para encontrarlo Red Bull® porque te da alas, para la soledad y la sociofobia; Aurorex®, o Marlboro® te ofrece la compañía de una fiel droga dura, para el desamor; un buen tinto. ¿Y tu, has probado ver la vida con un Nescafé® normal?. La glucosa de Cocacola® es la chispa de la vida, aunque la diabetes sea el incendio de la muerte. Todos corremos tras el conejo blanco y caemos en su madriguera, todos vivimos el sinsentido del país de las maravillas para olvidar el sinsentido de la vida pesadilla. En lo que se refiere a drogas, vicios o adicciones, pocos, muy pocos pueden lanzar la primera piedra.

El aparato, sistema o entidad creado por las drogas, el narco y las adicciones tiene vida propia y no quiere cambiar: productores, distribuidores, autoridades, políticos, usuarios y adictos, como órganos vitales de esta entidad viva hacen como que apagan el fuego a soplidos avivándolo aún más, y es que la vida de dichos órganos naturalmente depende de la vida de la entidad que forman.

Habíamos dicho que los neurotransmisores ya mencionados crean ideas, pensamientos, sentimientos y sensaciones, que por ello influyen directamente en la idea que se tiene de sí mismo y en la conducta y acciones proyectadas hacia los demás, es decir, estamos hablando de la esencia del ser y, sin lugar a dudas, del alma. No es por otra cosa que muchas culturas han atribuido valores religiosos y divinos a los estados alterados de conciencia, que afectan precisamente a estos preciados neurotransmisores. Je pense, donc je suis, Pienso, por lo tanto soy, dijo Descartes; por lo tanto soy como pienso, y pienso como mi sustancia modificadora de niveles de neurotransmisores me dice que piense. Como en el mundo feliz de Huxley, la identidad y valores individuales están dados por la sustancia que cada quien se meta, pensará y será Alfa-coca, Beta-tacha, Gamma-mota, Delta-Prozac®, Épsilon-tonchito, identidades de catálogo que categorizan. El anuncio comercial “Vive sin Drogas®” va seguido por el de “Red Bull® te da alas”; o sea: Vive con Drogas, y claro: es el último mensaje el que rifa mientras que el primero sólo es un pretexto evasor de impuestos, requisito “empresa sustentable”, o ambos. La otra parte, la de la ansiedad, inquietud, irritabilidad, insomnio, paranoia, agresividad, pánico, dificultad para coordinar, depresión severa, pérdida de libido, letargo, mareo, inestabilidad anímica, náusea, deficiencia hepática, falta de juicio, confusión mental, pereza, pérdida de la memoria, esquizofrenia paranoide, maniaco-depresión, ideas suicidas, etc., provocada por el uso de estimulantes, estupefacientes y “medicamentos”; es la parte de los detalles que habrá que ajustar, los laboratorios ya conocidos de los países ricos ya conocidos, atienden el mercado para subir; y el mercado para bajar, respectivo peaje ida y vuelta, el establishment tiene siempre boleto para el avión de Jefferson: “one pill makes you larger, the other makes you small, and the ones that mother gives you don`t do anything at all. Go ask Alice…”. El narco ilegal resulta ser finalmente la plataforma de lanzamiento para provocar el desajuste vitalicio en los estados de conciencia, desajuste del que se hará cargo tarde o temprano, el narco legal con sus drogas de mejor calidad y efectos controlados -porque habrá que reconocer que no se sabe de laboratorios prestigiados que usen gasolina de la verde como aglutinante en sus pastillas. Pensando un poco como Huxley, no tardará en salir al mercado un monitor montable en la frente de las personas que lea el estado de los neurotransmisores de cada individuo, que esté conectado vía internet a las bases de datos de Facebook®:

“–Metiéndome una tacha y dos de Rivo. (enviado desde mi oficina móvil Blackberry® de Telcel®)
-Me gusta
-Yiiiiijajaja”

Con el cerebro domiciliado a la tarjeta de crédito de Palacio de Hierro® y la de HSBC®, por una cuota mensual desde $499.00 (*aplican restricciones) el monitorcito nos informará a quienes estemos parados frente al usuario qué nivel de atasque de serotonina, dopamina o noradrenalina se carga. De manera que podremos entender la mala jeta de la cajera de Bancomer® por la falta de Asenlix®, o el acelere del baboso del BMW® que nos pisa la fascia trasera en el periférico, por el uso concomitante de coca, Paxil® y unas cuantas de Viagra®, o disfrutar la corporativa sonrisa Starbucks® hecha posible cortesía de un antidepresivo IMAO como Nardil®, y sabremos que la pereza característica del burócrata podrá ser causa de una sobredosis de las gotitas de la felicidad de Rivotril® y lo que queda del gallo de anoche. Así se crearán nuevos códigos de conducta y socialización, como áreas separadas en las salas de los aeropuertos para usuarios de antidepres, antipsicóticos, o ansiolíticos, y por medio de efectivas campañas publicitarias se hará saber que es un naco, de mal gusto, pasado de moda y piojo asalariado todo aquel que no porte su monitor neurotransmisional equipado con GPS, ATM, NPI o XY o Z, y con los últimos juegos neurofeedback incluidos *sólo para clientes Premiere®, (prepagos abstenerse). Este monitor podrá recibir por banda ancha y costo por megabit, señales auditivas de ondas binaurales de audio, que sintonizarán la conciencia al Hz preciso que se desee (*no disponible en su área, si es tercermundista). Entonces estará perfectamente controlado todo aquel que piense y sea, cómo piense y cómo sea; evidentemente con sus poderosos efectos en lo productivo y económico para los corporativos líderes de los países líderes.

El aparato, sistema o entidad creado por las drogas, el narco y las adicciones tiene vida propia y no quiere cambiar: productores, distribuidores, autoridades, políticos, usuarios y adictos, como órganos vitales de esta entidad viva hacen como que apagan el fuego a soplidos avivándolo aún más, y es que la vida de dichos órganos naturalmente depende de la vida de la entidad que forman. Guerras dirigidas por autoridades coludidas, leyes, reformas, regulaciones, marchas por la paz con el churro en alto, vistosos y populares logos del tipo NO + SANGRE probablemente diseñados post-atasque de tacha y Red Bull®, acuerdos Mérida entre un país proveedor de armas y otro productor-distribuidor- consumidor, cero tolerancias, penalizaciones, despenalizaciones, ajustes de cuentas en bajos niveles; arreglos de alto nivel, ejecuciones de soldaditos de a pata. Estas bestias humanas no harán nada para exterminar a una criatura comunitaria que no se quiere exterminar, porque tal criatura es los humanos mismos. Nadie se autoamputa una pierna o se autoextirpa un riñón aunque su vida esté en ello.

Visto que las drogas, estimulantes, estupefacientes y modificadores mentales en general, son y seguirán siendo, porque se quiere que sean, y se seguirá queriendo que sean, que la pérdida de algunos cerebros y algunas vidas no son cosa de preocupar. Visto que los anexos y hospitales mentales pueden ser finalmente funcionales almacenes de manteca encéfala, que en algún momento servirían como materia experimental para encontrar la manera de regresar a esas pobres criaturas drogadas del Señor al camino del consumismo funcional, habrá entonces que aflojar las carnes y neuronas y dejarse penetrar por las maravillas de los estados alterados de conciencia, perseguir alucinados de curiosidad al conejo blanco y estimularse con la idea de la caricia de su blanco peluche. Han llegado los anestésicos perfectos para aliviar el dolor de no ser lo que se quiere ser, de no tener lo que se quiere tener, de querer y no poder; dolor directamente proporcional al ofrecimiento inalcanzable mercadológico, dolor del moderno y del progreso, génesis de la depresión, pandemia mundial. El sabio aparato mercadológico se cura a sí mismo creando el elixir bendito expiatorio del pecado original, el que lava desde la profundidad de la neurona del alma, paliativo de la patética, decadente, agónica, incurable y mortal enfermedad que es la vida.

No más será necesaria la sobredosis de masoquismo para vivir feliz. La curiosidad de la ciencia matará el aburrimiento, irá al fondo de la madriguera, atenderá los consejos del gato de Cheshire, beberá y comerá de botellas, setas y panecillos mágicos, habrá tal vez alguna lágrima, pero también fiesta, sinsentido, diversión y alucinaciones.

No sé si ya será la hora pero entre más pronto Alicia aprenda cuándo si y cuando no, cómo y cuánto, más pronto podrá decir que tiene los hongos bajo control. Cuando el profundamente subjetivo tema de las drogas se toque de manera profundamente objetiva, cuando antes de Matemáticas, Ciencias Naturales, o Geografía se enseñe Drogas I, II y III, entonces se iniciará el camino a la desintoxicación de la humanidad. Así como la toma de consciencia es el primer paso para la rehabilitación del adicto, la educación neta es el primer paso al consumo “controlado” de drogas, o mejor aún; del no consumo -que sería el nirvana de la responsabilidad. Desde luego considerando que siempre habrá un margen junkie, porque eso si, el uso de drogas desaparecerá cuando desaparezca la humanidad.

Cuando por tanto crecer y achicarse, se haya perdido la identidad y no se sepa responder ante la pregunta de la oruga azul ¿quién eres tu? se tendrá que aprender de una vez por todas, a comer del hongo controlador que a base de prueba y error ajusta el tamaño adecuado en el que cada quién se reconoce y es reconocido. La reina de corazones rojos cortará algunas cabezas, pero Alicia no será decapitada -no por este motivo- salvará el cuello, acabará el sueño y volverá al mundo de los lúcidos, con la experiencia de su viaje de alucines y sensaciones, absurdos y sinsentidos. Pensará, y si pensar es ser, pensará mejor y será mejor. Habrá Un Mundo Feliz. ®

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Publicado en: agosto 2013, Apuntes y crónicas


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  • En realidad los únicos criterios para decider a favor o en contra de la prohibición tienen que ver con criterios de mercadeo. Si una sustancia puede ser consumida de forma discreta reúne una condición básica para que sea destinada al Mercado negro que es lo único que garantiza que su precio se mantenga alto!

  • Cecilia Magaña

    Me ha gustado mucho el estilo del autor, el punto de vista original. Gracias por publicar material como este. ¿Controversial? Sí, pero ¿qué no de eso se trata también ensayar?

  • Mauricio Vaca

    Saludos Pablo Santiago. No quise hacer el texto pesado con referencias y cuestiones formales. Mi intención es más bien provocar cuestionamientos. Es muy interesante el artículo que citas, pero si googleas “psychedelic brain damage” encontrarás justamente la información contraria. A veces es más confiable el testimonio de un consumidor, que un artículo científico, porque en la información “oficial” tienden mucho a protegerse, o a decir lo que el cliente quiere. Bueno, en parte de eso va el texto que escribí: moralinas, satanismos, leyes, etc. ¿A quién hacerle caso? ¿al conejo blanco? ¿a Alicia?….

    Traté de ver el tema por varios ángulos, así que investigué testimonios en http://www.drugs-forum.com en este link hay 71 documentales sobre drogas, muchos de ellos amarillos, pero hay otros que valen la pena http://topdocumentaryfilms.com/category/drugs/ este documental es de los que me parecieron buenos, al menos es muy pragmático http://topdocumentaryfilms.com/the-20-most-dangerous-drugs/ también leí varios PDFs que en resumen traen la misma información algo tendenciosa. Hablo también por casos que conozco de cerca en grupos de autoayuda de personas con enfermedades mentales mayores.

  • Juan Heladio Ríos Ortega

    Por favor pidan que los autores incluyan la bibliografía, máxime cuando los textos son tan polémicos.
    En el caso de las drogas, los juicios de valor, más la ideología del autor, producen cocteles bastante complejos, la bibliografía nos puede mostrar un panorama más completo del asunto.

  • Fabyio

    No sé, te amo.

  • Pablo Santiago

    Justo estaba leyendo este estudio http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0063972 según el cual

    “Conclusion

    We did not find use of psychedelics to be an independent risk factor for mental health problems”

    cuando llegué a este largo pero interesantísimo artículo. Es una pena que no hayas puesto algo de bibliografía, pero felicitaciones por el enfoque ameno y la explicación rigurosa sobre lo que proporcionan las drogas a nuestro cerebro.