El festival como una jungla

Cacería en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

La autora propone salir de cacería: ir a buscar la carne jugosa de especies desconocidas, los estrenos (dentro o fuera de competencia) de los que no sabemos nada. Es altamente probable que algunas especies sean venenosas, pero lo máximo que perderemos serán dos horas de nuestras vidas.

Pensemos un festival como una jungla. Ni yo ni la mayor parte de ustedes estuvimos jamás en una jungla, así que tendremos que imaginarla como la vimos en el cine o en los dibujos animados. Para no perdernos en la jungla del 28 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata debemos tomar decisiones: podemos dedicarnos a observar a los llamativos especímenes de directores y actores invitados o bien deleitarnos en los apacibles lagos de las reproyecciones de los clásicos que amamos, o podríamos adentrarnos en el camino coherente de las retrospectivas —temáticas, nacionales o de directores. Pero les propongo salir de cacería: ir a buscar la carne jugosa de especies desconocidas, los estrenos (dentro o fuera de competencia) de los que no sabemos nada. Es altamente probable que algunas especies sean venenosas, pero lo máximo que perderemos serán dos horas de nuestras vidas.

La serpiente

Escena de Día brillante.

Escena de Día brillante.

Lo primero que esperamos encontrar en una jungla es una serpiente. No sorprende, no nos detenemos demasiado en ella, pero es bonita y sacamos una foto para mostrar cuando estemos de regreso en la civilización. Día brillante (Rooz e Roshan) es una perfecta combinación de imagen, actuaciones, ritmo, guión y sentido. Un hombre ha sido injustamente acusado de homicidio y su “amiga” debe convencer de que se presenten en el juzgado a dos (como mínimo) de los múltiples testigos que hubo del hecho. Éste es el primer largometraje del director Hossein Shahabi, pero en su obra se ve el peso de una tradición de cine iraní: todos hemos visto esos filmes que son un recorrido, y en general una búsqueda (ejemplos que vimos todos: El sabor de las cerezas o El espejo), que desde la década de los noventa llegaron a América para mostrar el lenguaje de un cine nacional en el que varios directores dialogaban con sus poéticas. Hoy, Día brillante muestra un ritmo más ágil, uso del suspenso (quedan pocas horas disponibles para presentar a los testigos) y una explícita crítica a los poderes que rigen la sociedad: el caso gira alrededor de la muerte de un integrante de una poderosa familia, la cual busca venganza por lo que en realidad fue un accidente, pero nadie quiere testificar en contra de la opinión de la familia por temor a represalias. Aunque no sea una de esas experiencias que marcarán nuestras vidas, es imperdonable haberse internado en la jungla y no haber probado este espécimen impecable.

El cocodrilo

Casi inmóvil como un reptil al acecho, La utilidad de un revistero (de Adriano Salgado), tiene una cámara casi completamente fija y sin cortes (visibles), que muestra el interior de la casa de Ana, una escenógrafa que invitó a Miranda, a quien no conocía personalmente, para evaluar si la segunda podría ser su asistente. Con esta propuesta simple, La utilidad de un revistero es el filme argentino que innova con solidez, gracias a un guión impecable, a dos actrices que saben manejar el humor con sutileza y a un uso del espacio que convierte la cámara fija en un recurso más que en una limitación.

La utilidad de un revistero.

La utilidad de un revistero.

En esta película el encuadre es rey. La utilidad de un revistero juega con la curiosidad del espectador cuando los personajes se alejan, pero principalmente juega con la composición del plano: oscuridad con un haz de luz sobre una maqueta, cambios en la imagen que funciona como fondo, mayor o menor distancia con los personajes, plano dentro del plano gracias a un espejo, constantes apelaciones a diferentes fuera de campo. El guión se asegura de que todos estos cambios sean justificados por necesidades concretas de los personas y ver este filme doblar y desdoblar el espacio es como ver a alguien hacer pajaritos de origami: la maravilla es cómo se puede hacer tanto con tan poco.

El sapo

Durante este viaje hemos visto toda clase de sapos. Animales sin gracia que creen ser artísticos por el simple hecho de que no pasa nada, que no entienden que el gran cine no se hace de tiempos muertos aunque sí puede hacerse de tiempos cargados de sentido. Los sapos cansan y dan asco, aunque los toleramos con paciencia: a fin de cuentas, es inevitable encontrarlos en una jungla. Pero entre tanto aburrimiento logramos distinguirlo, el sapito perfecto, brillante, redondeado, incluso simpático, el sapo que es la causa de la existencia de todos los otros que quieren imitarlo. El eterno retorno de Antonis Paraskevas (I aionia epistrofi tou Antoni Paraskeua) es para la directora Elina Psykou una metáfora de Grecia, pero no es necesaria esa lectura para disfrutar de este fragmento de la vida de Antonis, un conductor de televisión que (por razones que apenas pueden deducirse) se oculta en un hotel desocupado, simulando su propio secuestro con ayuda de un amigo, y planificando un regreso triunfal. Durante 88 minutos compartimos la soledad del protagonista, pero su aburrimiento es retratado y nunca duplicado en la platea.

Este sapo no es comestible, es un espécimen que volveremos a revisar, luego del festín, para explorar esa desesperación que destila. Hemos enviado una cuadrilla a vigilar a Psykou, para recibir noticias de todas las nuevas especies que salgan de su laboratorio.

La gallina

Mujer conejo.

Mujer conejo.

Es esperable encontrar ciertas cosas en ciertos contextos, ni una gallina en la jungla ni Mujer conejo en el cine es lo esperable, y sin embargo este nuevo filme de Verónica Chen era esperado por muchos espectadores locales. Comenzando como un thriller con carga política, nos sumergimos en un mundo de mafias, trabajo forzado y corrupción en la ciudad de Buenos Aires. Pero de pronto la protagonista decide irse al campo, donde la esperan conejos asesinos y nuevos personajes que nunca llegan a desarrollarse. Este filme que mezcla filmación con animación y actores consagrados con una protagonista recién llegada al oficio, es algo difícil de odiar o amar, es incómodo pero atractivo, y aunque todavía no podamos sacar conclusiones seguras, es un ejemplar forzoso en nuestra colección.

El gorila

Todo en el gorila parece familiar, sus encuadres, sus actores, su estructura narrativa son tan seductores como los del cine comercial, pero no debemos confundirnos: Gerontofilia (Gerontophilia) es una bestia salvaje. Bruce LaBruce sabe bastante de transgresiones, y sabe que la mejor forma de convencer a alguien de un idea nueva es con una sonrisa. Así es como la hermosa sonrisa de Pier-Gabriel Lajoie nos lleva por el novedoso (para el cine) camino de la atracción sexual hacia los ancianos. Desde el punto de vista argumental, es una típica historia romántica que deriva en road movie: presentación del protagonista y de su conflicto, presentación de la otra mitad de la pareja, el rechazo del medio social, la complicidad de la amiga, la aventura del viaje, las discusiones, los celos, la reconciliación. En lo formal, cada imagen es perfecta pero más que nada es tradicional: ni un solo encuadre es inesperado. Incluso los actores (todos los actores) entran en los cánones tradicionales de belleza. Así, desde lo conocido y disimulando Gerontofilia introduce y propone la aceptación de lo marginal.

El león

Guerra narco.

Guerra narco.

Sin duda muchos de ustedes en este momento levantan una ceja y piensan: no hay leones en la jungla. No hay problema, porque ésta es una especie traída de otro ecosistema, el de los directores consagrados. Johnny To muestra su nueva criatura, Guerra Narco (Du zhan), que como toda fiera no se deja comer, sino que devora al espectador sin piedad. Un policial vertiginoso, con persecuciones automovilísticas, explosiones, tiroteos, planes perfectos, planes fallidos y mucha droga. Pero se vuelve más que perfecto por su pintoresca galería de personajes que giran alrededor de dos pivotes: el inescrupuloso traficante Timmy Choi y el implacable capitán Zhang Lei. El primero (obligado por el segundo) guiará a la policía hasta lo más alto de la cúpula narco de Hong Kong. Esta fiera merece más atención de la que ahora, como cazadores de novedades, podemos darle. Pero como exploradores tenemos el deber de señalarlo, anotarlo y avisar a quienes siguen nuestros pasos que hay peligro escondido en esa dirección.

La liana misteriosa

Exhaustos por la cacería, cerramos la expedición con una sustancia desconocida. Cosechada por Hélène Cattet y Bruno Forzani, El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo (L’étrange couleur des larmes de ton corps) es una película de terror que se atreve a hacer lo que casi ningún ejemplar del género: no explicar nada. El cine de terror es una de las formas de la cultura que nos acerca a aquello que escapa a nuestro raciocinio, lo que desafía nuestro apacible orden cotidiano. Pero como integrante de una industria que se sostiene por ese mismo orden, la mayor parte de ese cine incluye una tranquilizadora explicación para todo lo ocurrido, todos los cabos se atan o como máximo quedan apenas sueltos para permitir una secuela. Sin cumplir con esa regla, El extraño color… tiene sin embargo muchas otras marcas del género: mujeres que se atreven a traspasar puertas prohibidas, una casa embrujada (o algo parecido), el doble, el fantasma, los sueños, los pasadizos secretos y rostros que se ocultan en la oscuridad. Pero mientras que el terror relaciona subrepticiamente (y en general de manera retrógrada) sexo y muerte, las crueles y atractivas imágenes de este filme ponen en el centro del conflicto una equívoca relación entre placer y dolor, control y peligro, en fin: sexo y muerte. Pero nada queda claro. ¿Las mujeres atrevidas fueron castigadas? ¿Esa gente quería morir? ¿Quién se murió? ¿Quién es la mujer de rojo? Entre tanto desconcierto es imposible sacar la conclusión a la que obliga casi todo el género: todo desafío al orden establecido será castigado. En cualquier caso, algunos de estos personajes parecen bastante entusiasmados por el castigo. La cámara misma se regodea en mostrarlo.

Supongo que, como aficionada a placeres prohibidos, debería cerrar esta reflexión con una frase agresiva y desafiante, del estilo “hacen falta agallas para abandonarse a esta clase de cine”, o “si quieren entender todo, pueden ver comedias románticas de Hollywood”, pero esa actitud sería poco verosímil en esta exploradora.

Como suele ocurrir con otras drogas, El extraño color… no tiene el mismo efecto en todas las personas. Mientras yo me comía las uñas y anticipaba terribles pesadillas, un espectador de la misma fila se quedó dormido. Pero como también ocurre con las drogas, los aficionados nos volvemos vehementes en exceso. Por los “pasillos” del festival oí toda clase de críticas a este filme maravilloso, a las que respondo: El extraño color… no carece de argumento, sino que tiene uno complejo sobre el que se nos dan muy pocos datos para ser reconstruido. Es un laberinto que requiere mucha atención para ser transitado, pero al mismo tiempo distrae esa atención con toda clase de atracciones visuales y sonoras. Es un juego sádico dirigido a un espectador que esté dispuesto a un placer diferente, uno sobre el que no tiene ningún control. Supongo que, como aficionada a placeres prohibidos, debería cerrar esta reflexión con una frase agresiva y desafiante, del estilo “hacen falta agallas para abandonarse a esta clase de cine”, o “si quieren entender todo, pueden ver comedias románticas de Hollywood”, pero esa actitud sería poco verosímil en esta exploradora. Permítanme simplemente guiñarles un ojo e invitarlos a dejarse llevar por las perversas manos de Hélène y Bruno.

Un festival de cine es una cacería excesiva, un festín obsceno, pero tiene un tiempo limitado. Ahora que la expedición termina los invito a volver a revisar estos ejemplares en sus propias casas (o los festivales de sus ciudades). Mientras me despido, ustedes descubren que guardo en un acuario un exótico pez oscuro: Un toque de pecado (Tian zhu ding, Jia Zhang-ke) es una pieza que aún no me atrevo a sacrificar. Sospecho que este manjar requiere un ritual particular para degustarlo como es debido. ®

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Publicado en: Cine, Marzo 2014


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