El mal en Los Simpsons

Un villano de segunda clase

En Los Simpsons los únicos villanos son el señor Burns y Bob Patiño. En el caso del primero no creo que pueda reducirse a su condición de malvado, porque los guionistas de la serie siempre lo han tratado como una suerte de ciudadano Kane, como ese despreciable pero finalmente necesario capitalista con corazón de hierro que sostiene el progreso de Estados Unidos.

Bob Patiño

Aunque un tanto alicaída en las últimas temporadas, especialmente en Latinoamérica, luego del incidente que llevó a la renuncia masiva de los actores de doblaje —quienes le habían dado una personalidad inconfundible a los personajes—, es innegable que Los Simpsons (Fox, 1989–sigue…) ocupa ya un sitial de honor entre los mejores programas que se han concebido para la televisión.

Parte del éxito que ha sostenido al show durante 22 años en pantalla es la cantidad de sólidos personajes secundarios que tiene. En Los Simpsons el núcleo de la serie está en la familia protagonista, pero la historia puede prescindir de ellos y pasar a ocuparse de cualquiera de los muchos personajes no-protagonistas, debido a que cada uno está escrito con gran oficio y, aunque todos son arquetipos, ninguno es un lugar común. Algo notable es que de estos personajes casi ninguno puede tildarse de “villano”. Los Simpsons es una de las pocas series de televisión con más de veinte temporadas al aire que se ha mantenido sin la existencia de un antagonista.

Hay, claro, varios personajes intrínsecamente “malos” en el programa: Tony el Gordo, el jefe de la mafia. Artie, el primer novio de Marge. Kodos y Kang, los marcianos que aparecen en los especiales de Halloween. Y Snake, un criminal de poca monta. Pero éstos no son los personajes más interesantes de la serie, y aunque protagonizan algunos episodios, difícilmente tienen material suficiente para sostener una trama continuada y atractiva.

Hay, claro, varios personajes intrínsecamente “malos” en el programa: Tony el Gordo, el jefe de la mafia. Artie, el primer novio de Marge. Kodos y Kang, los marcianos que aparecen en los especiales de Halloween. Y Snake, un criminal de poca monta. Pero éstos no son los personajes más interesantes de la serie, y aunque protagonizan algunos episodios, difícilmente tienen material suficiente para sostener una trama continuada y atractiva.

Los personajes que sí tienen la fuerza para sostener muchos capítulos no son villanos, al contrario, se trata de fieles representantes de actitudes humanas muy reconocibles: el morboso de tendencias suicidas: Moe. El niño inadaptado, condenado a ver desde sus enormes gafas cómo los demás abusan de él: Milhouse. El inmigrante pobre y de costumbres toscas, que limpia los pisos del país que lo recibió: Willie. El otro inmigrante, que sí pudo insertarse exitosamente en la economía estadounidense: Apu. Los americanos rurales e ignorantes, totalmente ajenos a la Norteamérica boyante: Cletus y su esposa. Las autoridades ineptas: el jefe Górgory y sus dos torpes ayudantes. El subempleado mediocre, constantemente caído en desgracia aunque se crea emprendedor: Gil. La solterona fracasada que ha perdido toda ilusión real de vivir y acepta gustosa llevar una vida mediocre: la señorita Krabappel. El pusilánime negado a cortar el cordón umbilical con su madre y hacerse respetar de su jefe o de sus subordinados, aunque éstos sean niños: el director Skinner. El niño nerd, siempre presto a congraciarse con las autoridades de su escuela, perdedor en la infancia pero presumiblemente exitoso cuando sea grande: Martin. El actor de tono optimista y grandilocuente, pero en realidad insignificante: Troy McClure. Las solteronas amargadas y solitarias que ocultan debajo del desprecio que sienten por su cuñado una profunda admiración por ser éste la encarnación de la vida que ellas quisieron tener: Patty y Selma. El sacerdote que ejerce su oficio de manera rutinaria, porque en el fondo sabe que a sus fieles los motiva la costumbre y no la fe: el reverendo Alegría. El niño cuya mala conducta se debe a que es pobre y maltratado: Nelson. El empleado lambiscón, gay de clóset, dispuesto a renunciar a toda su dignidad personal con tal de satisfacer a su jefe, del cual está secretamente enamorado: Smithers. Otros gays de clóset: Lenny y Carl. El entertainent egocéntrico, desencantado con la vida, llevando una existencia vacía a pesar de su fama y fortuna: Krusty. El periodista sensacionalista: Kent Brockman. Y por supuesto, ese personaje tan genuinamente estadounidense llamado Ned Flanders; el gringo conservador, patriotero, fanático religioso y conformista, aunque en el fondo de buen corazón.

Estos secundarios, y otros que ahorita se me escapan, son la clave del éxito sostenido de Los Simpsons. Y ya que estamos, esto explica también por qué Futurama, la serie que Matt Groening creó en 1999, no alcanzó nunca ni el éxito ni el carácter de culto de la familia de Springfield. En Futurama los personajes principales como Fry, Bender, Leela y el profesor Farnsworth eran geniales, pero los secundarios no lo eran. La serie nunca pudo salir del núcleo de los personajes centrales y terminó aburriendo.

En Los Simpsons los únicos villanos, en el sentido más literal del término, son: el señor Burns y Bob Patiño. En el caso del primero no creo que pueda reducirse a su condición de malvado, porque los guionistas de la serie siempre lo han tratado como una suerte de ciudadano Kane, como ese despreciable pero finalmente necesario capitalista con corazón de hierro que sostiene el progreso de Estados Unidos.

Bob Patiño: retrato de un villano

Roberto Zabaleta era un hombre brillante y algo presumido que odiaba la televisión. Un día acompaña a su hermano Cecilio, un payaso profesional, a una audición para un programa cómico. En la audición el hermano lo hace bien, hace todo lo que se espera de un payaso profesional. Hace trucos con globos, se echa pastelazos en la cara y sonríe. Pero el director del casting, que a su vez es el conductor del programa al que espera entrar Cecilio, se cansa, toma uno de los pasteles y se lo lanza en la cara a Roberto. Éste se indigna, mientras todos los presentes ríen. El dueño del show le dice al payaso profesional: “Los pasteles en la cara sólo son graciosos si quien los recibe tiene dignidad”. Zabaleta escucha las risas y cesa su indignación, le gusta lo que oye y empieza a reírse con los presentes. El contrato que esperaba Cecilio se lo ofrecen a él, y lo acepta. Así, Roberto Zabaleta se convierte en Bob Patiño, despertando la eterna ira de su hermano, quién intentará vengarse años después.

El tiempo pasa, y ya inserto en el programa de Krusty, Patiño deberá soportar toda clase de humillaciones, ser el Sideshow —nombre del personaje en su versión original, cuya voz corre por cuenta de Kelsey Grammer— de un tipo al que odia. Krusty es un déspota, un ególatra que maltrata a sus empleados y que en el fondo odia a los niños.

¿Cuál es el problema de Bob Patiño? Simple: se cree un genio, pero en realidad es un payaso. Por eso es tan gracioso. Cuando alguien sobredimensiona su talento se cree más que los demás y encima cree ser algo que no es: sólo puede provocar risa. El otro problema de Bob es su inteligencia.

Un día Krusty lo lanza a través de un cañón, y en venganza Patiño ideará un plan perfecto: aprovechando el gusto de Krusty por salir a medianoche a buscar pornografía, lo incriminará en el robo a una tienda, la de Apu. Todo sale bien a no ser porque un niño de ocho años llamado Bart Simpson, quien es fanático a muerte del programa de Krusty, encuentra una fisura en la historia que incrimina a su ídolo y descubre la verdad, llevando a Patiño a la cárcel y despertando en éste una ira infinita.

Ahí comienza un bucle narrativo en la serie: cada cierto tiempo Bob encuentra la forma de escapar de prisión e intenta matar a Bart. Nunca lo logra, porque a pesar de que sus planes son brillantes, Bart conoce su punto débil: ¡el ego! Patiño siempre cae por la fuerza de su egocentrismo.

¿Cuál es el problema de Bob Patiño? Simple: se cree un genio, pero en realidad es un payaso. Por eso es tan gracioso. Cuando alguien sobredimensiona su talento se cree más que los demás y encima cree ser algo que no es: sólo puede provocar risa. El otro problema de Bob es su inteligencia. Ciertamente era un hombre culto, antes de acompañar a su hermano a la audición era un estudiante brillante, pudo llegar muy lejos. Además, es agudo. Constantemente se le oye haciendo sesudas observaciones sobre el mundo del entretenimiento y la sociedad contemporánea. Pero eso de nada sirve porque es un mediocre condenado a ser un payaso, y ni siquiera el payaso principal, sino uno secundario.

El mensaje que se extrae de Bob Patiño es simple: de nada sirve ser inteligente y talentoso si no haces algo con tu talento e inteligencia,; si tienes frente a ti un camino fácil de mediocridad y lo tomas a pesar de que decías despreciarlo terminarás convertido en un payaso. Tienes dos opciones: asumirlo o contrariarlo. Si lo asumes, perfecto. En caso contrario, serás un Bob Patiño cualquiera y pasarás la vida planeando cosas geniales que al final serán arruinadas por un niño de ocho años que a diferencia de ti no se cree un genio porque sólo es un niño con ganas de divertirse.

¿Crees tener talento? Úsalo. ¿Crees que eres un genio? Demuéstralo. ¿De verdad te crees mejor que los demás? Entonces termina de hacer eso que tienes en tu cabeza y deja de justificarte y ocultar tu mediocridad con una supuesta superioridad intelectual, que podrás tener, pero que es como si no existiera porque allá afuera unos que son menos talentosos que tú están esforzándose y demostrando lo poco que son, mientras tú insistes en no hacer nada y pasarte la vida con tus “geniales planes”. Puesto así, suena a mensaje de autoayuda.

Siempre he pensado que Bob es el personaje más brillante de la serie, cosa difícil en un programa de televisión prolífico en personajes interesantes. Pero a mí me parece que Bob Patiño, habiendo salido en unos quince episodios, es incluso más genial que Homero, porque es difícil conocer a un Homero Simpson tan decididamente torpe, tan presto a arruinarlo todo con su estupidez, pero conocer a payasos que se creen genios es algo común. ®

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Publicado en: Destacados, El mal, Octubre 2011


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  • bob

    Muy interesante. realmente cuando empeze a leerlo no puede dejar de hacer otra cosa sino esperar que la lectura no acabase en un buen ratooo…. ciertamente es un buen atino literario y una critica realista la de los simpson en la que nos muestra paradojas de la vida real…..

  • Katalina Avalos

    Me encanta los simpson! Gracias por el artículo, interesante y divertido a la vez; nunca había pensado en Bob Patiño como un personaje secundario de tal magnitud, siempre es interesante ver las formas en las que regresa para acabar con BART. Espero algún día llegue lo suficientemente lejos como para darnos un final de temporada estilo “Quien mato al Sr. Burns part. 1”

  • alejandromr

    ME PARECIO MUY BUENO,NUNCA HABIA PENSADO ESO DE BOB PATIÑO O BOB ACTOR SECUNDARIO.
    EN EFECTO TODOS TIENEN SU LADO MALO PERO TERMINAN EL CAPITULO SIENDO BUENOS. ESTO EN LAS PRIMERAS TEMPORADAS QUE SON LAS QUE VEO, LAS ULTIMAS TEMPORADAS NO ME GUSTAN PARA NADA.