El mundo real y el sobrenatural

The Medium en el Teatro de las Artes

Sus clientes le pagan para que a través de ella puedan comunicarse con sus muertos y Baba los engaña; su hija Mónica se disfraza de fantasma y finge todo tipo de voces, y Toby, un niño mudo que dice haber recogido de las calles de Budapest, mueve cosas en la oscuridad.

Christian Gohmer. Foto © RM / Conaculta.

Christian Gohmer. Foto © RM / Conaculta.

Christian Gohmer protagonizó en la Ciudad de México, del 30 de mayo al 2 de junio, un fin de semana operístico de ofertas modernas y contemporáneas al frente de su ensamble Tempus Fugit.

Dirigió dos funciones del estreno mexicano de Las cartas de Frida (2012), de Marcela Rodríguez, y tres de The Medium (1946),de Gian Carlo Menotti (1911-2007).

Esta última, por su intensidad dramática, teatralidad, dirección musical y desempeño vocal, es una de las producciones operísticas más interesante (y de más alta calidad artística) que he visto en México, lo cual resultó sorprendente tomando en cuenta el contexto: escasa publicidad, tres funciones gratuitas en el Teatro de las Artes (31 de mayo, 1 y 2 de junio) y un elenco sin nombres famosos.

Amelia Sierra (otrora soprano cuya voz se ha oscurecido) cantó el protagónico de Madama Flora (escrito para contralto), una médium farsante y alcohólica con el sobrenombre de “Baba” en quien recae el peso dramático de la historia.

Sus clientes le pagan para que a través de ella puedan comunicarse con sus muertos y Baba los engaña; su hija Mónica se disfraza de fantasma y finge todo tipo de voces, y Toby, un niño mudo que dice haber recogido de las calles de Budapest, mueve cosas en la oscuridad.

Baba sufre porque, en palabras de Menotti, “está atrapada entre dos mundos: uno real que no comprende del todo y uno sobrenatural en el que no puede creer”, y Baba bebe para evadir el conflicto.

Sus clientes le pagan para que a través de ella puedan comunicarse con sus muertos y Baba los engaña; su hija Mónica se disfraza de fantasma y finge todo tipo de voces.

Una noche durante la sesión siente una mano helada apretando su garganta y se desmorona; el miedo se le desborda y su corazón enloquecido comienza a temer cada sombra; pierde el contacto con la realidad y comienza a alucinar con voces sobrenaturales que la acechan para matarla.

Sin una cantante capaz de actuar convincentemente esta transformación en donde Baba, de mujer fuerte y segura, se convierte en furiosa lunática, The Medium resulta sosa, incluso aburrida, pero Amelia Sierra construyó extraordinariamente, con su voz y cuerpo, con su canto y pantomima, esta espiral destructiva.

Transmitió terror y la sentimos caer sin regreso por sentimientos frenéticos de religiosidad, odio voraz, amor maternal, nostalgia por el pasado y culpa, hasta que, al borde del delirium tremens, descarga todo su dolor en el silencio de Toby, a quien acusa de esconder malignamente, en su boca sin palabras, la respuesta a sus tormentos: “Tú me tocaste, ¿verdad?, ¡contesta maldito!, fuiste tú quien me tocó en la sesión, ¿verdad?”, le grita una y otra vez.

Una escena de The medium. Foto © FSM Conaculta.

Una escena de The medium. Foto © FSM Conaculta.

Como Santuzza hace dos años (en Ciudad Juárez y en Bellas Artes), Amelia Sierra estuvo bien, aunque lejos de hacer lo que hizo en The Medium; ¿será que el suyo es el repertorio moderno y contemporáneo, las obras líricas que se escribieron con el teatro como elemento inherente?

Su caso, el de una cantante simplemente solvente en el repertorio hasta el cansancio repetido pero brillante en obras escritas de 1920 hacia delante, parece ser el mismo de Adriana Valdés, quien en papeles tradicionales (como Lauretta en Gianni Schicchi o Adele en Die Fledermaus) cumple, pero como Mónica en The Medium se apasiona y ofrece arte palpitante.

Por su edad y características físicas, de mujer grande e imponente, Amelia Sierra es una Baba perfecta y Adriana Valdés, joven y de cuerpo pequeño, resulta ideal para Mónica. Esta preocupación por la verosimilitud es de agradecerse; la trama corrió sin obstáculos visuales, como suele suceder constantemente en el mundo de la ópera (baste recordar la reciente decisión del MET de sacar a la veteranísima Deborah Voight como la juvenil valquiria Brünnhilde).

La dirección de escena a cargo de Roberto Fiesco y Julián Hernández evitó el protagonismo y se dedicó a encadenar las escenas fluidamente, así como se suceden dentro de la partitura —aunque la lectura del personaje de Toby fue burda y poco imaginativa: se la pasó arrastrándose y dando brincos por el escenario; por momentos parecía más un chango asustado que un joven enamorado, y es una pena, porque la presencia de este personaje mudo puede utilizarse para enriquecer el contenido si, por ejemplo, se le encomiendan a un bailarín que traduzcan pasajes melódicos de un lenguaje meramente abstracto a uno coreográfico.

Durante toda la ópera, la inocente esperanza del amor entre Mónica y Toby contrasta con el oscuro laberinto de locura y aniquilación en que se convierte la vida de Baba; por ello es poco creíble lo que sucedió en la última escena: el joven regresa a casa de Baba únicamente para robar y no intenta entrar al cuarto de Mónica y escaparse con ella.

La dirección de escena a cargo de Roberto Fiesco y Julián Hernández evitó el protagonismo y se dedicó a encadenar las escenas fluidamente, así como se suceden dentro de la partitura —aunque la lectura del personaje de Toby fue burda y poco imaginativa: se la pasó arrastrándose y dando brincos por el escenario.

De acuerdo con el libreto, obra del mismo Menotti, la ópera termina así: Baba mata a Toby (le dispara varias veces porque cree que es el fantasma), Mónica se abalanza sobre el cadáver y sale de la casa para pedir auxilio; luego Baba se tiende al lado del muchacho muerto y pregunta: “Fuiste tú, ¿verdad?”

En esta puesta en escena se propuso otro final sumamente interesante y eficaz (tomando en cuenta en cuenta la brutalidad de esta Baba de Amelia Sierra): Mónica se abalanza sobre el cadáver y Baba se pone detrás de ella y le apunta a la cabeza; el telón se cierra y el público queda con la certeza de que esa mujer diabólica también asesina a su hija. ®

Reparto completo

Dirección musical: Christian Gohmer.

Dirección escénica: Roberto Fiesco y Julián Hernández.

Escenografía e iluminación: David Eduardo Ocampo.

Madame Flora “Baba”: Amelia Sierra.

Mónica: Adriana Valdés.

Toby: Baltilore Beltrán.

Sr. Gonineau Josué Cerón (1 de junio) y Vladimir Rueda (31 de mayo y 2 de junio).

Sra Nolan: Frida Portillo McNally.

Archivado en Artes escénicas, Julio 2013

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