El predicar y la fe

Cincuenta años del cine de Pasolini, III

En 1964 Pasolini estrena El Evangelio según San Mateo (Il Vangelo secondo Matteo), que dedica a Juan XXIII (la principal figura de la Doctrina Social de la Iglesia Católica) quien acababa de morir. Dos años después la evangelización vuelve a ser tema del film Pajaritos y pajarracos (Uccellacci e uccellini) pero en este caso con el cómico Totò en el papel de un fraile franciscano que debe transmitir la palabra de Dios a los pájaros, y por otro lado un cuervo que quiere transmitir la palabra de Marx a los humanos.

Cuántas cosas hubiera dicho en su contra un día. Hoy quizá ya no valga la pena, o quizá estoy acabado.

—El cuervo, en Pajaritos y pajarracos

Uno solemne y otro caricaturesco, uno esperanzado y otro pesimista, estos dos filmes comparten sin embargo el tema de la transmisión de la ideología como un proceso complejo que no depende sólo de quien enuncia la prédica.

El Evangelio según San Mateo

Los apóstoles no sólo fueron testigos de la obra milagrosa de Cristo, sino que también se les ha encomendado la misión de enseñar a todos los pueblos lo que él les enseñó (Mateo 28, 19), por eso los evangelios, además de contar la vida de Jesús, principalmente reproducen sus palabras. El Evangelio… de Pasolini también cumple en parte esta función y la gran mayoría de los parlamentos pertenecen al protagonista. Un segmento específico del filme muestra sólo el rostro de Jesús cuando predica, con el cielo como única escenografía. Sin embargo, en general se incluye a los destinatarios de esa prédica de diferentes maneras. Una de ellas es la elección de planos en las que Jesús está rodeado de sus silenciosos oyentes. Si bien varía la composición de cada uno de estos planos logrando una gran riqueza visual a lo largo de todo el filme, el sentido es el mismo, y la saturación del plano con figuras humanas aumenta cuando Jesús llega a Jerusalén. La presencia de la multitud y el clamor que la acompaña cuando Jesús ha dejado de hablar convierte al protagonista en la figura que concentra el poder de una posible revuelta, dándole un sentido social y político a la decisión de los fariseos de planear su asesinato.

Otra manera de incluir a los oyentes es un uso del montaje utilizado habitualmente para el diálogo: el corte campo/contracampo. Aunque los apóstoles no hablan la cámara se detiene en ellos, su reacción es la respuesta a la palabra de Jesús, sus expresiones de admiración, de reflexión o de duda. Contrario a lo que podría esperarse, en la primera predicación de Jesús no es su rostro el que se muestra de frente, sino el de los apóstoles, cada uno de los cuales es nombrado por su maestro. El contraplano es la imagen de lo que ellos ven: Jesús de espaldas, que camina frente a ellos, y gira de vez en cuando para mirarlos.

Una de las acepciones de la palabra predicar es “pronunciar un sermón”. Pero éste no es el sentido que interesa en el filme, sino la relación entre el predicador y su auditorio, por lo que serían más apropiadas las acepciones “extender o defender una doctrina o unas ideas” [WordReference] o “publicar, hacer patente y claro algo” [DRAE], que implican un receptor de esas ideas, un público al que están dirigidas. Incluso cuando están solos observamos imágenes de los apóstoles en sus momentos de reflexión o de plegaria, porque ya han oído la palabra de Jesús y sus sentimientos y acciones son una consecuencia de ella.

La segunda escena en que el silencio resalta por contraste es la de la cura de los endemoniados. Cuando Jesús y sus discípulos se acercan a la casa se contraponen planos generales de los primeros con planos medios de gran movimiento interno (los endemoniados se revuelcan en el suelo mientras otras figuras se mueven de pie) del interior de la casa, mientras se oyen gemidos, palabras incomprensibles y llanto.

En El Evangelio… la respuesta de los que creen en la prédica de Jesús es el silencio. Esto no debe confundirse con un silencio pasivo, lo cual se hace evidente en el caso de María. Tanto niña como anciana, el personaje permanece en silencio durante todo el filme y sin embargo comunica intensas emociones: la resignación ante la desconfianza de José, la alegría junto a su niño, la anticipación de los males que vendrán al dejar Belén, y principalmente el dolor ante el destino de su hijo y la fe ante sus palabras. Como vemos, el silencio no sólo es una respuesta a la predicación, sino que tiene peso propio. Si se destaca por contraste ante la palabra de Jesús, también se destaca en otras dos situaciones. La primera es con la llegada de los Magos. Cuando llegan a Jerusalén, la multitud del mercado produce un bullicio constante (semejante al de los niños que acompañan la posterior llegada a Belén) y luego Herodes les habla con palabras que sabemos engañosas. Sin embargo, cuando los Magos se encuentran con María, José y su hijo, no hay diálogos y el bullicio de los niños ha cesado. Sólo se oyen los pájaros y la música extradiegética del negro spiritual “Sometimes I feel like a motherless child”. Se alternan primeros planos de los padres, de los magos, de Jesús y de algunos niños, con planos más amplios de conjunto. Los personajes se dirigen miradas entre sí, pero no palabras, ni siquiera el Ángel del Señor (que en todas sus otras apariciones comunica un mensaje verbalmente) las precisa para hacer que los Magos lo sigan.

La segunda escena en que el silencio resalta por contraste es la de la cura de los endemoniados. Cuando Jesús y sus discípulos se acercan a la casa se contraponen planos generales de los primeros con planos medios de gran movimiento interno (los endemoniados se revuelcan en el suelo mientras otras figuras se mueven de pie) del interior de la casa, mientras se oyen gemidos, palabras incomprensibles y llanto. Jesús logra la curación sin palabras y ésta se hace evidente en el silencio que reina, incluso la música ha cesado. Luego se ven primeros planos de los hombres en el interior quienes ahora, inmóviles, sonríen a Jesús.

Si pensamos qué tienen en común el silencio de quienes oyen las enseñanzas de Jesús, por un lado, por otro el de María, José y los Magos, y por último de los endemoniados que fueron librados de su mal, podemos concluir que el silencio es la forma que toma la fe en este filme.

Pajaritos y pajarracos

Si bien Pasolini suele elegir a los mismos actores para sus filmes, en este caso la presencia de Rosanna Di Rocco (que ha encarnado al Ángel del Señor) es una clara cita a El Evangelio… ya que aparece disfrazada de ángel para una representación teatral. La breve escena en la que participa condensa el cambio de tono que implica este filme con respecto al anterior: al verla con sus alas blancas Ninetto le dice que parece un aeroplano, y luego negocian una cita a un baile sólo si él la pasa a buscar en auto, aunque ella termina por negarse. El aura de solemnidad que podía tener la imagen del Ángel del Señor termina por romperse cuando Ninetto cree verla por todas partes y en su última aparición ella le hace mueca burlona e infantil. Como si se tratara de un prólogo, este encuentro anticipa que las figuras de la fe serán desacralizadas. Incluso la gran figura del progreso, la autopista, se desnuda cuando los protagonistas inician su camino por una autopista en construcción. Ninetto y su padre, Marcelo, se encuentran con un cuervo que les cuenta la historia de los frailes Cicillo y Ninetto (representados por los mismos actores) a quienes san Francisco les encarga la predicación a los pájaros, específicamente a los halcones y a los gorriones. Cuando encuentra unas ruinas donde habitan halcones, Cicillo hace el voto de no moverse del sitio donde se ha arrodillado hasta poder comunicarse con ellos. Si bien debe pasar por situaciones ridículas (hasta el punto que terminan creciendo tomates junto a su rostro), no por eso la figura de Cicillo es menos admirable: como sabe que no le alcanza con la fe, utiliza su inteligencia para comprender el lenguaje de los halcones, luego de un año de perseverancia logra comunicarse con ellos, y un año después con los gorriones. En los dos casos (como ocurría con los apóstoles en El Evangelio…) las imágenes se detienen sobre la respuesta de las aves ante el mensaje de amor que comunica Cicillo, y se subtitula el diálogo entre ellos, y el momento en que las aves adoptan la fe. Si bien las aves no expresan su fe con silencio, tampoco lo hacen en un lenguaje humano.

Sin embargo, la evangelización no es completa. Aunque cada especie de pájaros adora a Dios, los frailes son testigos de cómo se matan entre ellos. Su tarea no ha terminado y san Francisco les ordena continuar. Aquí termina la historia de los frailes, con su tarea inconclusa. Pero en cuanto termina de contarla, el cuervo comienza su propia predicación. La metáfora de clases sociales representadas por los halcones y los gorriones se hace evidente cuando san Francisco profetiza el discurso de Pablo VI de 1965, y la forma en que unos se matan a otros vuelve a mostrarse cuando Marcelo amenaza a una mujer que le debe el dinero de la renta, para luego ser amenazado a su vez por un ingeniero a quien él también debe dinero. El cuervo intenta mostrarles la similitud de las situaciones mientras continúa un largo monólogo sobre los esfuerzos de la clase obrera. Si los apóstoles y las multitudes escucharon a Jesús maravillados, si los halcones y los gorriones respondieron a Cicillo repitiendo su mensaje de amor, ahora Marcelo y Ninetto oyen al cuervo con hastío y no son en lo más mínimo modificados por sus palabras. El discurso del cuervo es estéril y no logra construir el otro polo (la audiencia que cree en su palabra) necesario para que la prédica exista como tal.

Podríamos decir que en Pajaritos… la predicación ha fallado, pero el filme nos sorprende con las imágenes documentales del funeral de Palmiro Togliatti (secretario general del Partido Comunista Italiano). Como las multitudes que oían a Jesús, las multitudes que despiden a Togliatti presentan un silencio lleno de sentido, en el llanto y en el puño cerrado en alto. Pero Togliatti no es el ser puro que Dios señala desde el cielo como fue Jesús: Togliatti es una figura polémica por muchas razones, entre ellas el no haber condenado la intervención soviética en Hungría como sí lo hizo Pasolini en La Rabbia en 1963. Togliatti tampoco resucitará tres días después de su muerte. Pajaritos… muestra una fe por algo que quizá ha muerto para siempre.

Luego de quejarse porque ha pasado su hora, el cuervo dice: “Estoy seguro de que alguien aparecerá para recoger mi bandera y llevarla adelante”. Con el fin que Pasolini, autor del guión, le da al cuervo, el cineasta no parece tan seguro. Pero cuatro años después estrenará Apuntes para una Orestíada africana. En África sí parece quedar vivo lo que ha muerto en Europa. ®

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Publicado en: Agosto 2011, Cine

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