Encuentro cercano

© Jacques-Henri Lartigue

It won’t be long until you break/ ’cause I’m evil, ’cause I’m evil.
—Natasha Khan

No les digas que morí en tu cuerpo. No les platiques que mis brazos fueron gelatina derretida y mis ojos dos fósforos que se apagaron, dejando un olor a caramelo en tu recámara.

Detén tus labios con tus uñas si en algún momento se les ocurre pronunciarme. No quiero que sepan que esta carne es invisible y que mis pies se deslizan un par de centímetros por encima del cemento.

Que no sospechen de mi presencia en las cantinas cuando simulo beber güisqui sin hielo. Que no cuestionen mi mudez mientras estoy en el cine, rodeada de gente que no se habla con otra gente o que sólo platica de sí misma para impresionar al resto.

Que no cuchicheen mientras camino en el supermercado, cuando cojo las bolsas de plástico y las lleno de frutas y verduras, de comida que no puedo digerir porque estoy muerta.

Que no sospechen de mi presencia en las cantinas cuando simulo beber güisqui sin hielo. Que no cuestionen mi mudez mientras estoy en el cine, rodeada de gente que no se habla con otra gente o que sólo platica de sí misma para impresionar al resto.

No les digas que mi sangre se hizo nudos cuando salió disparada de mis venas. Que mis caderas se agitaron hasta quebrarse y mis pestañas volaron por la ventana para crear un arbusto de flores bajo tu estancia.

No cubras tu torso de negro ni olvides bañarte todas las mañanas. A mediodía enciende la radio y escucha metal y salsa y jazz y todos esos ritmos que solían acompañarme cuando sacaba mis cicatrices a tomar la lluvia.

Y si alguna vez me encuentras dormida en alguna banca sucia, con tacones de aguja, labios rojos y la melena cubriéndome la cara, destrózame con tu silencio y déjame morir de nuevo.

No busques mis retinas en la mirada de perros vagabundos ni mis manos en extremidades de ancianos. Quema con ácido mis fotografías y guarda las cenizas en el cesto de basura. Lava tus piernas con cloro para disolverme. Conserva nada de mí.

Y si me hallas bailando desnuda con los párpados hinchados, el cuello caído y la mente quebrada, repite que mis huesos son de polvo y mi lengua de espuma. Déjame tirada en un rincón de un barrio pobre y no regreses la vista.

Hazme homenaje con el olvido del viajero. Intégrame en tus palabras que nunca dirás y en los rincones perdidos. No cuentes que dejé mi último aliento en tu garganta, que te has ido conmigo, que desaparecimos en una habitación desconocida y nos volvimos niebla sin rumbo. Disimula nuestra ausencia con mi imagen de fantasma. ®

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Publicado en: Narrativa, Noviembre 2011


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