Estamos cambiando al mundo

#LeccionesParaSobrevivirEnElFerozMundoDeLaInternet

Si usted entra a Sopitas podrá encontrar lo más importante del día en política, música, deportes, sexy ladies, objetos del deseo y otras madres: el video de un pulpo que se sale del agua y camina sobre sus tentáculos por la tierra; las fotos de Kim Kardashian en la playa; la galería de la última masacre en Siria; links para ver el fut.

La internet cambiará el mundo.
—El Yorch

La primera vez que navegué por internet tenía trece años, vivía en Durango y estaba en la secundaria. Mi amigo el Gogo pasaba por mí en las tardes y caminábamos media hora por la sombrita hasta la casa del Yorch. El Gogo escupía en los parabrisas de los carros y hablábamos del clima (pinche sol), la escuela (pinche escuela) o las leyes de la física en vigencia (pinche Einstein).

En la ciudad de Durango el Yorch era la única persona que tenía una computadora con internet. En realidad no era la única pero sí la única que conocíamos, así que para el caso es lo mismo. Su papá se la compró cuando entró en la secundaria.

El papá del Yorch —según él— era el líder de un grupo de astrofísicos duranguenses que buscaban el origen del universo en un laboratorio ultrasecreto del gobierno en colaboración con los rusos y un superordenador capaz de calcular desde la temperatura exacta a la que conviene hervir un huevo hasta la posibilidad de que usted sea albino si su tía, la hermana de su padre, es albina (por cierto, mucho más alta que si la albina es la hermana de su madre).

Al Gogo los superordenadores y los albinos le valían tanta verga como a las vacas el clima en Copenhague, pero escuchábamos con atención, por cortesía, mientras el Yorch encendía el módem y cerraba la puerta pa’ que no fuera a entrar su padre por sorpresa. “La internet cambiará el mundo”, decía y se sentaba en su silla con su short y una playera de los Power Rangers.

Lección número uno del feroz mundo de la internet: el internet es pa’ ver porno

Veíamos porno toda la tarde hasta que se hacía de noche. Porno gratis. Negros contra negras. Negras contra negras. Negras contra enanos. Enanos contra pelirrojas. Pelirrojas contra pelirrojas. Pelirrojas con boas. Pelirrojas sin boas. Boas contra Boas. El Yorch nos imprimía una selección de las mejores fotos en blanco y negro. La impresora del Yorch era del tamaño exacto de un tractor y utilizaba de ese papel folio con cuadritos en las orillas. Una foto se tardaba en imprimir una hora y si se lo pensaba con calma no tenía mucho sentido imprimir fotos de pelirrojas porque el color del cabello ni se les notaba. De regreso a casa las poníamos en los parabrisas de los autos. Estábamos cambiando el mundo.

Lección número dos del feroz mundo de la internet: la rubia de piel nívea al otro lado del mundo de cualquier forma siempre es un gordo

Un día el porno nos aburrió, descubrimos el Latin Chat y en casa del Yorch yo conocí a mi primera novia extranjera. Era bielorrusa, se llamaba Ekaterina y, según decía, era rubia como el sol y tenía la piel blanca como la nieve. La relación terminó cuando el papá del Yorch murió en la explosión del superordenador ruso en el que buscaba el origen del universo.

Somos copypasters, coolhunters, trendsearchers, somethingalgo. Jalamos información de otros sitios, la inventamos si es necesario y la subimos a la mayor velocidad posible. Lo hacemos tan bien que tenemos más de dos millones y medio de visitas al mes y en tres años trabajando allí me han subido el sueldo dos veces.

¡Pum! Ekaterina y yo terminamos. El Gogo que me dijo que así era el amor posmoderno y el Yorch se mudó con su madre a un rancho. Nunca más volvimos a verlo.

Los años siguientes son confusos. Michael Jordan dejó el básquetbol y se dedicó al beis; Lady Di murió en un accidente de auto; una computadora predijo que las computadoras se volverían locas en el 2000; Britney Spears se casó, se divorció y se rapó la cabeza (y eso que no era una computadora); yo embaracé a mi novia duranguense y mi mamá lloró toda la noche; en Harvard unos niños crearon el Facebook; escribí una obra de teatro sobre unos hermanitos que se comen a su madre y mi mamá volvió a llorar toda la noche; Fox ganó las elecciones; a Édgar lo tiraron de un tronco y la Fundación para las Letras Mexicanas me dio una beca para escribir más obras de teatro. No en ese preciso orden. La beca me obligaba a vivir en la Ciudad de México, así que me mudé a la sala de mi tía en Satélite. Cuando terminó, me quedé a vivir acá.

Lección número tres del feroz mundo de la internet: sea cool

Sopitas.com es el blog de un par que se hacen llamar Sopitas y Don Krusty, o no se hacen llamar pero la gente así los llama. Sopitas tiene el cabello rubio y le gusta peinarse de lado. Don Krusty usa lentes y tiene un hijo llamado Kilovatito. Un día Don Krusty le dijo a Sopitas: “Deberías de tener un blog”, y así empezó Sopitas.

El día que los conocí fui a una entrevista de trabajo con la Gerber y el Balbi. Los tres necesitábamos trabajo y básicamente no sabíamos hacer mucho más que cobrar el cheque que nos daba la beca para escritores. Alguien nos había conseguido la cita y no sé por qué decidimos que ir los tres al mismo tiempo era una buena idea. La Gerber llevaba su currículum impreso en dos juegos perfectamente engrapados y con fotografía a color, habló durante las dos horas de la entrevista, contestó a todas las preguntas y preguntó por el sueldo y el seguro social, las prestaciones y los permisos, las vacaciones y las políticas de despido. El Balbi y yo no dijimos nada de nada. A la semana Balbi y yo entramos a trabajar como redactores y la Gerber se enojó mucho. A los dos meses yo me convertí en editor de contenidos y a Balbi dejaron de pedirle notas. Balbi no se enojó tanto.

Lección número cuatro del feroz mundo de la internet: hay que ser un poco esquizoide, por decir lo menos

Si usted entra a Sopitas podrá encontrar lo más importante del día en política, música, deportes, sexy ladies, objetos del deseo y otras madres: el video de un pulpo que se sale del agua y camina sobre sus tentáculos por la tierra; las fotos de Kim Kardashian en la playa; la galería de la última masacre en Siria; links para ver el fut; la extrañísima historia del señor que encontraron en Los Ángeles desnudo comiéndose un brazo que no era suyo o la subasta del sarcófago donde enterraron a Elvis.

Somos copypasters, coolhunters, trendsearchers, somethingalgo. Jalamos información de otros sitios, la inventamos si es necesario y la subimos a la mayor velocidad posible. Lo hacemos tan bien que tenemos más de dos millones y medio de visitas al mes y en tres años trabajando allí me han subido el sueldo dos veces. Ya no soy redactor ni editor de contenidos sino editor en jefe y coordinador de la sección de política, nomás voy tres días a la semana y tenemos un refri con paletas que nos regala una importante compañía de helados.

Le pregunté que si él trabajaba y me dijo que tenía un hotel y una compañía productora de porno casero. El Yorch filmaba a las parejas cogiendo y luego vendía las cintas en su página. Sin actores ni contratos, sin intermediarios y hasta la comodidad del hogar. “Estamos cambiando el mundo, Yorch”, le dije y me fui a dormir tranquilo.

Tan bien lo hacemos que un día me hablaron por teléfono de otra agencia, quesque la más importante del país, con tres elevadores y cafetería para empleados. La oferta de trabajo era extraña: queremos que seas un yogur. El día en que fui a la entrevista de trabajo para ser un yogur mi entrevistadora me preguntó: ¿Tú eres Sopitas? Le respondí que no. “¿Pero trabajas en Sopitas?” “Aja”, le dije. “Entonces tú eres Sopitas”, dijo alegre y me dio el trabajo. “Ahora serás un yogur”.

Yo no soy Sopitas, quiero aclarar, soy un yogur a lo más y eso a veces. Sopitas es mi jefe, o el lugar donde trabajo, y eso también a veces porque luego me tomó el día libre para pensar y ser un yogur todo el día.

Siendo un yogur he aprendido que la mejor hora para subir un post en Facebook, si usted quiere tener éxito en las redes, es entre nueve y once de la noche, de preferencia los lunes, la hora más activa en Twitter es a las once de la mañana y el mejor horario para crear un trending topic es los jueves a las siete de la noche.

No es fácil ser un yogur: ¿sabe un yogur que es un yogur? ¿Tiene conciencia un yogur de sí mismo? ¿Qué tiene que decir un yogur? ¿No es extraño que un yogur hable? ¿No es extraño hablarle a un yogur? ¿No es aterrador que un yogur le de a uno los buenos días? ¿Si usted se levantara por la noche y abriera el refri no le daría un infarto si un yogur le da las buenas noches?

Soy un yogur y es importante, por salud mental, no hacerse muchas preguntas. La renta no se va a pagar sola. Si una noche llega a despertarse angustiado preguntándose si no será peligroso andar por la vida siendo un yogur, respire profundo y abra la computadora.

Lección número cinco del feroz mundo de la internet: el internet es pa’ ver porno

La otra vez el Yorch me mandó invitación pa’ ser amigos en Facebook. Lo acepté y nos hicimos amigos. No “amigos” porque uno no es “amigo” de sus amigos en Facebook, pero hablamos. Me preguntó por la familia y los niños y yo hice lo mismo. Me preguntó por el trabajo y le dije que no era un “trabajo, trabajo”. “Soy un yogur”, le dije y él no dijo nada. Le pregunté que si él trabajaba y me dijo que tenía un hotel y una compañía productora de porno casero. El Yorch filmaba a las parejas cogiendo y luego vendía las cintas en su página. Sin actores ni contratos, sin intermediarios y hasta la comodidad del hogar. “Estamos cambiando el mundo, Yorch”, le dije y me fui a dormir tranquilo. ®

Este texto se escribió en marzo del 2012 a petición de Tierra Adentro. Al final decidieron no publicarlo, pero igual me lo pagaron. No les guardo rencor.

Publicado en: Diciembre 2012, Medios

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  • Andrés

    Yo también vi esa película de la pelirroja con la boa.

  • A.S.

    ¡Hazme el chingado favor! jajajaja me alegro por ti, aunque lo lamento por todos mis compañeros en la facultad, ansiosos de oportunidades así. Ni modo.