La infamia del secuestro y un fusilamiento anunciado

Los asesinatos de las FARC

Las FARC no dan señales de conmoverse o de arrepentirse ni siquiera de sus peores crímenes. Continuarán en su alocada carrera hacia el precipicio sin retorno de la infamia universal, donde se juntarán con los estalinistas, los nazis y los neronianos.

Haga usted, apreciado lector, el ejercicio de trasladar su memoria hasta 1997, 1998 y 1999. Piense en todo lo que ha ocurrido en el mundo y en su país, en su familia y con usted mismo. Es un lapso considerable: en doce o catorce años, si ha dejado de ver a su esposa o a sus hijos o a sus padres, es casi seguro que tendrá una imagen borrosa de ellos. ¡Ah! Y lo mismo sucede en sentido inverso. Perderse la infancia de los hijos, privarse de las caricias de los seres amados. Dejar de ver la luz de las ciudades, no tener con quién conversar, jugar, comer, divertirse. ¿Cuántos verbos entran en desuso en la selva profunda y pantanosa? Lo que hicieron las FARC con los militares secuestrados no tiene parangón en la historia de los conflictos armados o guerras, aunque ellos en su cinismo se empeñen en decir que igual o peor viven sus guerrilleros encarcelados, como si éstos no tuvieran derecho a la asistencia de un abogado, a la visita de sus familiares, a la realización de un juicio, a estar bajo un techo así sea el de la cárcel, a tener asistencia médica.

Haga el ejercicio de la memoria para que dimensione la crueldad de mantener a unos seres humanos encadenados, maltratados y humillados tanto tiempo, sin una cama, a la intemperie, forzados a largas caminatas, enfermos del cuerpo y del alma. Sometidos al doble criminal designio: el secuestro (récord mundial en tiempo de retención ilegal) y el fusilamiento en caso de enfrentamiento con las tropas oficiales.

No hay disculpa, es parte de una política adoptada conscientemente. Por culpa de ella perdieron la vida los diputados del Valle del Cauca, todo un genocidio y un atentado contra la democracia. Por la que mataron a los concejales de Rivera, Tolima e hicieron explotar un club social repleto de civiles en Bogotá y mataron a más de 120 civiles resguardados en una iglesia en Bojayá, Chocó.

Esta matanza ha de tener consecuencias graves en las perspectivas del conflicto y de la paz en Colombia. Se aborta la probable búsqueda de un acercamiento con las FARC en que al parecer estaba empeñado el propio presidente Santos cuando clamaba una y otra vez por “gestos de buena fe” de la guerrilla. Al parecer, el presidente estaba dispuesto a iniciar diálogos a cambio de la liberación de un grupo de militares secuestrados, un precio muy bajo después de tantos horrores. Quizás por vez primera importantes ONG, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, así como el juez español Baltazar Garzón junto a la delegación de las Naciones Unidas en Colombia, condenan tajantemente y sin atenuantes a las FARC y aceptan que la Fuerza Pública está en el derecho legítimo y en el deber de patrullar todo el territorio en defensa de todos los asociados. Garzón fue más lejos y afirmó que no le queda otra salida a las FARC que la renuncia incondicional a la lucha armada tal como hizo ETA. De otra parte, cobra fuerza y legitimidad la idea de que es válido el triunfo militar y la victoria del Estado sin que ello signifique aniquilamiento o humillación de las guerrillas o su derrota en una batalla final, sino que la estrategia estatal no les dé otra salida que la desmovilización y la renuncia a la lucha armada, caso en el cual se justificaría la aplicación de medidas de justicia alternativa.

No hay disculpa, es parte de una política adoptada conscientemente. Por culpa de ella perdieron la vida los diputados del Valle del Cauca, todo un genocidio y un atentado contra la democracia. Por la que mataron a los concejales de Rivera, Tolima e hicieron explotar un club social repleto de civiles en Bogotá y mataron a más de 120 civiles resguardados en una iglesia en Bojayá, Chocó.

En esta ocasión, como en muchas otras del pasado, de nuevo fueron las FARC las responsables del fracaso de todo intento de diálogo, y ello tiene que ver más que con acciones incidentales o accidentales con una actitud dogmática, de rigidez política y de militarismo hirsuto que nace de la convicción de que representan el anhelo de justicia y equidad de los colombianos y que son los llamados a tomar el poder por las armas, como lo acaba de reiterar el nuevo jefe de las FARC, alias Timochenko. Finalmente, quienes les hacen eco en la vida civil a sus propuestas de intercambio humanitario y de “salida negociada del conflicto” quedan bastante maltrechos y con pocas posibilidades de ser escuchados y seguidos por la opinión pública, a pesar de las forzadas explicaciones, a manera de justificación, con las que tratan de minimizar los crímenes de la guerrilla.

Considero de sumo interés hacer una muy breve reseña de algunas reacciones que se produjeron en torno a esta masacre para que el lector se dote de mayores elementos de juicio.

—La única guerrillera que fue detenida en el operativo, a la que el Comando del Ejército Nacional le respetó su integridad y su vida, dijo lo siguiente ante los jueces que legalizaron su detención: “No tuve nada que ver, pero la orden ya estaba dada” (El Tiempo, nov. 28/11,). El colectivo de Colombiano(a)s por la Paz (CCP) colocó en el mismo lugar el fusilamiento a mansalva, fuera de combate de Libio José, Edgar Yesid, Alvaro José y Elkin, con la muerte de alias “Alfonso Cano”, máximo jefe de las FARC, el mismo que trató de hacer un montaje para que la muerte de los diputados del Valle fuera atribuida al Ejército colombiano, el mismo que como miembro del Secretariado dio la orden de fusilar a los secuestrados en caso de intento de rescate. Esto es lo que dijo el CCP:

Colombianas y Colombianos por la Paz expresa nuestra solidaridad a la familia del coronel Édgar Yesid Duarte Valero; del mayor Elkín Hernández Rivas; del sargento José Libio Martínez Estrada y del intendente Álvaro Moreno, que se encontraban en poder de la guerrilla de las FARC… Estas muertes violentas y la de Guillermo León Sáenz “Alfonso Cano”, y los dolorosos hechos que vivimos día a día, muchos de ellos silenciados, los que vive la población y millares de personas combatientes en ambos bandos, nos motivan desde la conmoción que generan, a insistir en la necesidad urgente de abrir espacios humanitarios y el diálogo político.

Nótese que evitan responsabilizar a las FARC por el crimen. Es el tipo de vocería que se niega a reconocer la pérdida de razón de la lucha subversiva, que considera impropio llamar a la guerrilla a abandonar la lucha armada y que nos quiere vender la idea de que ella quiere hacer gestos de paz. Despierta curiosidad que cuando dieron de baja a Cano protestaron porque éste supuestamente era el que representaba la línea del diálogo en las FARC. Y, ahora que matan a los cuatro suboficiales, exhiben, como por arte de magia, una carta en la que las FARC anuncian la liberación de seis rehenes. Una carta que por su cuidada escritura pudo haber sido escrita en la tranquilidad de una oficina o residencia de una gran ciudad de Colombia o de un país vecino.

El representante en Colombia del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Christian Salazar, dijo: “Éstos son crímenes de guerra que podrían constituir crímenes de lesa humanidad”. Y agregó que “Son el producto de la deshumanización progresiva del conflicto armado interno” (El Tiempo, nov. 28/11), igualando al Ejército colombiano con esta guerrilla en vez de decir que la degradación y deshumanización es de las FARC. En Colombia, cuando un militar incurre en un delito de guerra no lo hace en cumplimiento de orden o disposición o directriz del gobierno o de los mandos centrales; en cambio, la orden de matar a los secuestrados sí había sido dada y anunciada por el Secretariado de las FARC; hay una sutil pero clara diferencia que el doctor Salazar omite. Claridad que sí tuvo el editorial del diario El Tiempo: “Esta masacre, cometida contra unos militares en completo estado de indefensión, constituye un recuerdo doloroso para el país del degradado estado de deshumanización al que han caído estos grupos subversivos” (El Tiempo, nov. 28/2011).

El obispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, no tuvo reato en sugerir que los objetivos de la programada marcha contra las FARC (el pasado 6 de diciembre) fuesen reconsiderados pues “Es inútil intentar poner toda la responsabilidad en esa organización, olvidando que su naturaleza criminal, su terquedad ideológica y su situación de acorralamiento, las hace incapaces de responder como esperaríamos”. Además pidió al gobierno reconsiderar el rescate armado de los secuestrados; mientras el Episcopado Colombiano declaraba que “La Conferencia Episcopal Colombiana lamenta y rechaza el asesinato cometido por la guerrilla de las FARC de cuatro miembros de la Fuerza Pública secuestrados durante largos años en hechos de profunda inhumanidad” (www.caracolradio.com.co y El Tiempo, nov. 29 /2011).

Las rápidas reacciones de los epígonos, simpatizantes y militantes clandestinos de las FARC para tratar de justificar la masacre de los soldados y policías da para pensar que el frente más organizado de esta guerrilla, el más complicado de combatir porque se camufla en la legalidad y en un supuesto diálogo humanitario y adelanta la guerra jurídica y política y una ingente labor de propaganda, es el frente civil. El mismo que salió a hacer bulla, a quejarse y hasta dolerse cuando fue dado de baja el “intelectual” de las guerrillas. Leamos lo afirmado por una de estas organizaciones con fachada humanitaria, reproducido en el portal de los comunistas ortodoxos de Estados Unidos en su revista Rebelión, donde además escriben los ideólogos del neocomunismo dinosáurico mundial James Petras y Noam Chomski:

La verdad se sabrá con el tiempo, con mucho tiempo probablemente. Cabe la duda y preguntarse si no es factible que los haya ejecutado el mismo régimen a quien le interesaban más muertos para su macabra propaganda contra la insurgencia, que vivos. Más aún cuando ya las FARC-EP habían enviado en un comunicado a Piedad Córdoba el anuncio de la liberación de 6 presos de guerra de manera inminente… Parece que para el ejército lo importante es frustrar las liberaciones de sus propios presos de guerra, así sea causando la muerte de éstos [Colectivo por la Paz con Justicia Social, Portal web Rebelión].

Las FARC, pues, no dan señales de conmoverse o de arrepentirse ni siquiera de sus peores crímenes. Continuarán en su alocada carrera hacia el precipicio sin retorno de la infamia universal, donde se juntarán con los estalinistas, los nazis y los neronianos.

Es evidente la estrecha sincronización con el Colectivo CPP, Piedad Córdoba, el Partido Comunista Colombiano y otras fuerzas que hacen parte del Movimiento Continental Bolivariano, el mismo que se reunió en Quito días antes de la baja de alias Raúl Reyes y acordó una plataforma continental de lucha y de apoyo a la lucha armada en Colombia.

Las FARC, pues, no dan señales de conmoverse o de arrepentirse ni siquiera de sus peores crímenes. Continuarán en su alocada carrera hacia el precipicio sin retorno de la infamia universal, donde se juntarán con los estalinistas, los nazis y los neronianos. Leamos al columnista español Alfonso Ussía en el diario La Razón, de Madrid, que se refirió a las FARC como “la banda más cruel y asesina del mundo” y cuestionó a los partidos políticos de izquierda europea por no rechazar tajantemente los hechos violentos cometidos por el grupo ilegal. “Muchos idiotas insisten en bautizar a sus salvajes componentes como ‘guerrilleros’. La épica y el romanticismo de la guerrilla vistiendo a quienes no son otra cosa que repugnantes criminales”. El texto culmina resaltando a Colombia como “la nación más culta de América”, que vive la guerra en solitario por cuenta de lo que él califica como “la insufrible indiferencia de la puta Europa” (El Tiempo, nov. 28/11).

Sólo cabe añadir que lo dicho por Ussía aplica a la perfección a los timoratos gobiernos de las democracias latinoamericanas, unos de centro, pocos de derecha y los más de izquierda, que no han querido entender que estas guerrillas son tan peligrosas para la democracia como lo fueron Sendero Luminoso en Perú y Pol Pot en Cambodia, y que se han negado a solidarizarse efectivamente con la nación colombiana en su lucha heroica contra el terrorismo. ®

[Medellín, 29 de noviembre de 2011]

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Publicado en: Diciembre 2011, Política y sociedad


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