La muerte infanta

1

Si me vence el sueño
con el cirio encendido
no preguntes por mí,
pregunta por la flama.
Si abdico a la vigilia
con la lámpara abierta
no me llames ni me silbes,
imagina que sueñas.
Si me ves que voy hasta
el fondo del pasillo
y no respondo a tus llamadas
es que me fui en un hilo tenue.
Pero si regreso como el carrete
que responde a la presión
del índice, dime
que atendí a la huella impresa.

2

Tan sencillo como encender
un cirio, tan rutinario
como el párpado que abre
y apaga el día;
tan simple como cruzar el río,
atravesar la calle en la esquina,
levantarle la mano al taxi
o preguntar por un domicilio;
tan voraz como la boca
que engulle labios vacíos,
tan innegable como los pliegues
tersos del infante,
tan denso como un mediodía
a solas, un domingo, al fondo
de ninguna parte;
tan otoñal como la cicatriz
que atraviesa el alma,
como negros nubarrones
a la distancia, como la cuchara
que espera aquella boca,
como el dedo que señala
aquí, en el cuadril, la vaga
dolencia, la muerte niña.

3

Avanzada la noche y gastada
la vida bebes por prescripción
las obleas las cápsulas y las gotas
en agua, una a una.
Pasado cierto tiempo llega un
aire lejano de playas, de música
un olor a humedad jamás
sospechado, un viento suave.
Las palmeras no se inclinan
a tu paso, simplemente dejas
que el viento llene los huecos
de tu camisa, botones.
Caminas apoyado en el bastón
que te ofrece aplomo, seguridad
a la vista venida a menos,
a tus rodillas afianzadas en arena.
Sabes que te encaminas al mausoleo
donde nadie espera, a la tierra
firme ubicada más allá del mar,
las gaviotas, el viento. Pero no lo celebras.

4

Rodeado de recuerdos
como mausoleos, de fotos
como lejanas tumbas,
te dejas caer de boca.
De bruces y sobre tu eje
propio, ingieres suplementos
alimenticios como se ceba
un animal en dirección al matadero:
Obleas para no olvidarlo
Cápsulas en polvo de reptiles
Vitaminas para la fiebre
Jeringas líquidas de insomnio.
Eres el merolico que nadie ve
que ninguno escucha la esquina
sin aristas, ni bajo el sol
ni en sombra general.
Si te vistieses de luces, si
te desnudases de luto, si de blanco
los martes, si de negro los viernes,
nunca jamás quién sabe. ®

Archivado en Agosto 2012, Poesía

Comentarios

1 Respuesta a “La muerte infanta”
  1. H. Barrero dice:

    Timor mortis conturbat me.
    Sobreacogedor.

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