La saga de los gamborreanos

Zopencos, de Antonio Calera-Grobet

En este relato generacional encontraremos algo más que a “los gamborreanos” (“paiger”, “pato”, “veiporrub”, “mundo”) y sus vicios y defectos: las primeras borracheras, esas peleas clandestinas, los trabajos de verano como pelmazos oficiales, así como noviazgos fallidos.

Calera-Grobet.

Calera-Grobet.

Homenaje sin rasgaduras a la pandilla póstuma, en Zopencos [Ficticia, 2012] el narrador (“eugenio” o “geno” a.k.a. “mato”) recopila, libreta en mano, una serie de memorias y fricciones en torno a las desventuras adolescentes en los suburbios mexiquenses (atinadamente llamados “ciudad zooburbia”) hasta el punto en que el recuento del pasado se convierte en reiteración y dislate cómico, a la manera de un cartoon ácido que parece dar cuenta de una época en que el entorno se hace más chico ante la ambición de experimentarlo todo. Una época en que los personajes comienzan a ver el mundo intoxicados con una mezcla de ginebra, vodka y ron.

Sobre esta novela de Antonio Calera-Grobet (1973) se ha comentado mucho y llama la atención que no sea la problemática retratada lo que aturde. De Zopencos se resalta mucho más esa prosa en la que se ha castellanizado todo (incluso los nombres de las bandas de rock and pop, títulos de películas y actores) y que funciona como una especie de monólogo maniaco, desmesurado. La jerga por encima de la trama.

En este relato generacional encontraremos algo más que a “los gamborreanos” (“paiger”, “pato”, “veiporrub”, “mundo”) y sus vicios y defectos: las primeras borracheras, esas peleas clandestinas, los trabajos de verano como pelmazos oficiales, así como noviazgos fallidos. Todo eso que se puede leer como entretenimiento y que en la literatura y el cine ya se han ofrecido bastantes muestras.

La saga gamborreana.

La saga gamborreana.

Lo que parece un relato grácil y nostálgico llega un punto en que se torna escabroso. Calera-Grobet ha escrito bajo la máscara de “comedia de serie B” sobre el devenir del ciclo vital de una pandilla territorial (adicciones, narcomenudeo, madrizas y venganzas), que conlleva una escalada de violencia que degenera en la muerte del líder gamborreano.

(“ya nada es así. fin de la fiesta.”)

Entre eructos, flatulencias y cierto cinismo, el narrador asume una postura: los padres estaban ahí, sólo que todo mundo se hizo de la vista gorda. Justo como en la vida real. ®

Publicado en: Junio 2013, Libros y autores

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