LAS CABRAS DE CABRAL

A propósito (otra vez) de una carta de Nicolás Cabral

Aquí se recupera una discusión que no existió. Nicolás Cabral, coordinador editorial de la revista La Tempestad, mandó a título personal una carta a la redacción de Replicante (no. 17) en la que expresaba que sus “diferencias con las posiciones políticas de la revista son abismales”. ¿Y qué? Le responde ahora, porque es vigente, el autor de esta columna.

“El sofista no es mejor que el tirano” es una frase (¿sofisma? Piénsenlo, por favor) de Alain Badiou. Nicolás Cabral es un fan de Badiou, quien, efectivamente, tiene mucho de sofista (y retórica aparte, suele ser globalmente inconsistente; si leen esta entrevista y no ven más de cinco contradicciones fuertes de Badiou, léanla dos o más veces, o equípense para poder releerla haciendo análisis lógicos. Además, Badiou el sofista defiende tiranos, lo que no lo confirma como un sofista cualquiera sino que lo hace uno peor, pero tal defensa ¿lo hace igual o peor a un auténtico tirano? Piénsenlo, por favor). En 2008 Cabral que, hoy parece, lleva siempre en la bolsa del pantalón la frasecita badiouniana, no a manera de vacuna personal sino de dardo confundido y cínico, se dirigió a Replicante y, de cierto modo, apegándonos a la frase de Badiou, “no fue mejor que el tirano”; su carta, “agarrada” a un texto de Héctor Villarreal, puede verse aquí. Hubo entonces una respuesta mía. No por defender a Villarreal como “Héctor, la persona”, mucho menos por defender sectariamente a Replicante; sí por enfrentar con hechos y razones los no pocos argumentos aparentes (sofismas, según el DRAE) de Cabral y sus implicaciones y colocar las cosas en su lugar, incluidas las cosas de esta revista. Ahora hago de mi respuesta una entrega de esta columna no por algo nuevo o diferente contra Cabral, con quien no he tenido ni tengo disputas personales (ni las tendré, no por mi parte; ni siquiera lo conozco en persona, ni me interesa tal cosa), sino porque, en general, sus contenidos (de la respuesta) no tienen, al final del día, desde una perspectiva reflexiva, fecha de caducidad.

—Sólo por no dejar: consideré tratar explícitamente en mi respuesta las referencias de Cabral a Badiou, pero decidí no hacerlo, ya que a final de cuentas sólo son aderezos ideológicos en su carta, no el fondo real de ésta. En alguna medida arriba lo he hecho, y criticado al francés. Ahora bien, este tampoco es el espacio para escribir exclusivamente sobre Badiou. Pero también ahora puedo permitirme hacer una recomendación en ese sentido. Una crítica breve y accesible a Badiou (vuelto una “curiosidad” producto televisivo sin darse cuenta… o sin que le importe, como a algunas “vacas sagradas” de la literatura mexicana) es la de Fernando Escalante.

A propósito de la carta de Nicolás Cabral

1) Nicolás Cabral envía una carta a Replicante. Gracias. Informa que le desagrada un texto de Héctor Villarreal (“Las falacias de los apocalípticos”, Replicante 16). Bien. Pero no lo refuta. Jamás. Sólo pretende, “diciéndolo”, hacer parecer que el texto en cuestión se vuelve contra sí mismo. Fracasa. Aún más: en la carta de Cabral no hay un solo argumento, sobre el punto que sea, que la sustente o haga válida. Fracasó.
2) Cabral acusa a Villarreal de encerrarse en una taxonomía de Umberto Eco (sobre la actitud respecto a la cultura de masas y “de los sesenta”. NC) y de obviar, por tanto, “las transformaciones en el campo mediático en las últimas cuatro décadas” (NC). Pero, sorprendentemente, eso es lo que hace Cabral para llegar, convenientemente, a la pregunta: “¿Es Replicante una revista integrada?” (NC). Usa sin justificación ni sentido crítico-analítico (de hecho, aprovecha tramposamente) la misma clasificación para cuestionar —gratuitamente, entonces— toda una revista a partir de un texto, dejando a un lado los matices todos resultantes de los cambios en el mundo(s) de los medios y que, algunos, serían tanto editorialmente verificables como interpretativamente aplicables a Replicante. Villarreal operacionaliza una categoría de Eco (“los apocalípticos”) que, sin duda, sigue vigente, pues sus contenidos tienen correspondencia empírica con actores de hoy: precisamente es lo que muestra el texto, recogiendo ejemplos de una realidad que el de la carta no desmiente, ni puede desmentir. Lo que hace Cabral es otra cosa: instrumentalizar el par categorial de Eco, como el todo en el que se encerró solo, forzando conclusiones generales a partir de él. Por supuesto, en ello, en este “trabajo” de Cabral, de (buena) lógica nada hay en realidad. La pregunta del director editorial de la revista La Tempestad no es un producto lógico real (mi referencia es a un pensamiento lógico conectado con los hechos y el contexto) sino una simple manipulación.
El uso de las categorías de Eco es perfectamente posible y válido. Problema sería hacerlo como si hoy fuesen las dos únicas opciones o casilleros existentes, como si no existiesen algunas otras intermedias, como si se debiese usar el par sin más, a rajatabla, siempre y en todo lugar y en aislamiento. Villarreal no presenta este problema(s); Cabral se metió en él. De ahí que erróneamente implique que si se critica a “apocalípticos” es, y sólo puede ser, porque se es “integrado”. Acaso le pese a Cabral, o no caiga en la cuenta siquiera, pero se puede criticar a unos o a otros y no ser su antónimo por ello. Si no nos limitamos a la cultura de masas como realidad a tratar encontramos que se puede ser, por ejemplo, un crítico no apocalíptico (no todo es malo en sí, mucho menos sólo porque sí, y quien diga que todo es malo que también diga cómo conseguimos todo lo que es bueno o dice que lo es) o un realista inconforme (reconoce que la realidad es como es, la entiende, pero no la aprecia, no la acepta ni resignado ni gustoso), o un inconforme realista (la realidad no le agrada ni le satisface pero sabe que no puede desaparecerla a golpe de deseos o modificarla a su antojo, por lo que la asume enfrentándola en la medida de sus posibilidades).
3) Cabral ve en el texto de Villarreal, entre otras cosas, generalizaciones. ¿Sí? No. El que generaliza es Cabral. Y de la peor forma, la más desafortunada (y extraña). Desde su lectura de un texto llega a un juicio total (me atengo a su literalidad) sobre Replicante, su pasado y su presente: “parece articulada alrededor de una obsesión” (NC), “el significante López Obrador” (NC). Craso error. ¿Mala intención? ¿Y dónde dejó Cabral 17 números con decenas (o cientos) de colaboradores y temas? Si la revista le “parece” “obsesionada” con AMLO, el problema está en su mirada, que no es aguda ni fina (o no quiere serlo). Y en su memoria. De cualquier forma, como él mismo apunta, es su parecer; es sólo un parecer, y el de alguien que no está argumentando, un parecer que no tiene sustento más allá de la sentencia de que sus “diferencias con las posiciones políticas de la revista son abismales” (NC) (¿y qué?).
4) El “significante” López Obrador. Se le critica, sí. ¿Y? ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Acaso no se ha hecho con argumentos (en Replicante)? ¿Por qué no se han refutado efectivamente las críticas que se han publicado? Por lo demás, Cabral tal vez no entienda esto, manejando al Peje sólo como significante y no como significado también. De hecho, tal vez no entienda siquiera el significado real de López Obrador y su movimiento postelectoral ni el de la idea política de quienes pragmáticamente lo han rodeado —y que pragmáticamente (¡oh, poder!) él, AMLO, aceptó como consejeros y operadores principales. Cabral haría bien en leer bien lo que no le gusta (si puede). (¿Gente como Roger Bartra y Luis González de Alba nada dice, dice nada?) ¿Cabral acepta la consigna antiintelectual y autoritaria de que no hay que criticar, sin importar qué, a la (en este caso, supuesta) izquierda para no “hacerle el juego a la derecha”? Para él, sin más, ¿los enemigos de sus enemigos son sus amigos? ¿O el fin (cualquiera) justifica (todos) los medios? ¿Acaso no cree que haya que criticar públicamente todo lo que ocurre y se discurre en la esfera pública, más allá de sobornos del (dis)gusto a priori y en atención a las evidencias (algo plenamente posible, por cierto)?
5) ¿Es Replicante una revista “integrada”? Esta pregunta de Cabral no la tengo por honesta o sincera (ni siquiera justificada). En fin. Obviamente, con la palabra “integrada” Cabral no está haciendo referencia al ámbito de la cultura de masas. Y trasciende los años sesenta como espacio temporal. (Bien. La realidad de esa década no es la misma que la de hoy). Entonces, ¿integrada a qué? ¿A la globalización neoliberal y su cultura consumista? ¿La Tempestad lo estaría por incluir (mucha) publicidad de corporaciones mexicanas y extranjeras, de empresas transnacionales? ¿Integrada al “sistema” en México, entendido en este caso como la suma del gobierno (federal) y los factores reales de poder? ¿La Tempestad tiene que ser vista como “integrada” por tener publicidad del gobierno de Felipe Calderón? ¿Replicante por albergar críticas a López Obrador? Sólo un tonto, un ofuscado o un izquierdista derechizado (existen; por rumbos mexicanos no son pocos ya) se atrevería a afirmar algo así. Que AMLO tenga como adversarios, o enemigos, a “los de la derecha” no le quita lo criticable ni lleva a la conclusión de que no debe ser criticado. Y sólo los autoritarios y los débiles de pensamiento (y los grillos) igualan a dos no iguales por criticar a un mismo tercero. ¡Cuán conservador o ciego o deshonesto hay que ser para afirmar que las izquierdas no necesitan ni deben ser criticadas y que quienes las critican (todos, cualquiera) tienen que ser de derecha!
Como sea, permítaseme recordar que en las páginas de Replicante quien esto escribe ha criticado con argumentos a la ultraderecha, al secretario de Hacienda Carstens, al neoliberalismo, al PRI y al PAN, así como al obradorismo postelectoral, abundante en evidentes manipulaciones, simplificaciones, incongruencias, agresiones y errores (por el análisis politológico y con razones salidas y regresadas al diseño/contexto político-institucional, también negó, en la revista Este País, por ejemplo, que López Obrador pudiera ser un presidente “peligro para México”. Por las mismas razones tampoco habría sido el presidente que “salvara a la patria” y trajera “la alegría”. ¿Cómo podría serlo un político sin visión de Estado que además sería titular de la nueva presidencia débil, carente del control del Congreso de la Unión y las entidades federativas y rodeado de los mismos factores reales de poder? Y que en este momento estaría frente a la misma gran crisis internacional que Felipe Calderón). Hay archivos. A quien le interese todo este trabajo, que busque en ellos.
Si se busca una caracterización de Replicante, el terreno a explorar es el del realismo crítico, el de la crítica realista. Desde la pluralidad disciplinaria. ¿Cabral entenderá esto o debo explicarlo (para que no saque conclusiones caprichosas)? A ver(se).
6) Cabe preguntar: ¿a qué se debe la carta de Cabral? ¿Por qué y de dónde salió? Porque no hay mucha claridad al respecto. La crítica es bienvenida si se hace con datos y argumentos (reales, racionales). La carta en cuestión carece de ellos.
Si Cabral decide intentar (en la forma que sea) tratar estas preguntas, y las réplicas a su carta aquí vertidas, que desde ya cuente con que obtendrá, a su vez, respuesta (porque como en una primera ocasión no argumentó, en una segunda, si la hay, seguramente no faltarán los pretextos. Y lo espuriamente escrito, y lo ignorado, en su primera oportunidad, ahí está, ahí seguirá). ®

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Publicado en: Cratoscopio, Junio 2010

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