Las falacias de los apocalípticos

Discursos intelectuales contra los medios

¿Somos víctimas inermes de la manipulación que efectúan quienes dirigen los grandes medios de comunicación? ¿La producción superabundante de información oculta la censura para que no se conozcan sus siniestros intereses al servicio de Estados Unidos? ¿Amenaza este país a nuestra identidad con su imperialismo cultural? ¿De verdad? Este artículo argumenta que no es así.

Como “apocalípticos” se refirió Umberto Eco a los intelectuales que, como los de la Escuela de Frankfurt, han considerado que los medios masivos de comunicación son una calamidad, porque “destruyen las características culturales propias de cada grupo étnico”, “sugieren al público lo que debe desear”, “alientan una visión pasiva y acrítica del mundo” y “desarrollan la misma función que [...] ejercieron las ideologías religiosas”, entre otros males que causan [1995, pp. 56-60].

Actualmente, quien mejor o de manera más amplia y reconocida efectúa este tipo de crítica es Ignacio Ramonet. Las siguientes son algunas de sus principales falacias. Sólo algunas.

La falacia de la manipulación

Ignacio Ramonet

No tomo coca-cola porque algún anuncio publicitario me diga que lo haga. La tomo porque me gusta su sabor, tiene un precio relativamente bajo y hay muchos lugares a mi paso donde la puedo comprar. La publicidad sólo hace que tenga presente la marca cuando tengo que decidir entre una u otra, o que recuerde alguna cualidad objetiva o simbólica cuando veo el producto. En cambio, la teoría de la aguja hipodérmica, de origen o influencia conductista, sostiene que el televidente obedece a los mensajes televisivos acríticamente o que es seducido o conmovido para que se someta a la voluntad del productor tal como lo ordena o sugiere el mensaje: si me dicen “Toma coca-cola” entonces obedezco y tomo coca-cola, y si me dicen “vota por…”, entonces voto por el que más veces se me haya dicho.

Aunque es una teoría que por sus limitaciones fue superada hace décadas, en el discurso apocalíptico siempre está presente. Véase, por ejemplo, este elocuente párrafo de Ignacio Ramonet:

los nuevos amos de la manipulación se presentan ante nosotros con la apariencia seductora de los encantadores de siempre [...] para convertirnos en crédulos eufóricos y felices [...]

hoy sabemos, con espanto, que nuestra sumisión y el control de nuestros espíritus no serán conquistados por la fuerza sino a través de la seducción, no como acatamiento de una orden, sino por nuestro propio deseo, no mediante el castigo, sino por el ansia de placer [2000, p. 37].

Tampoco tomo coca-cola porque su publicidad me seduzca. No me gustan sus osos, ni sus desfiles, ni su chispa, ni su alegoría navideña, ni su tipografía, ni su diseño, ni su optimismo. Cuando la tomo, no creo que mi realidad se vaya a hacer semejante en modo alguno a sus anuncios. Ni me gustaría.

Es decir, esta falacia subestima al receptor o consumidor en tres aspectos: capacidad crítica, capacidad cognitiva o inteligencia y formación moral. Implica, a la vez, sobreestimación de la capacidad del productor para imponer el punto de vista, los valores o las creencias que quiera, y también implica atribuirle las cualidades del diablo: la maldad y la simulación. Entonces, el intelectual o crítico apocalíptico, puesto que es capaz de poner al descubierto la manipulación, se presenta como un sujeto con inteligencia y capacidad crítica superior a la de las masas de tontos que no se dan cuenta de ella, e insinúa que es moralmente superior a los malvados productores y a las masas de ingenuos: si se opone a los perversos, entonces personifica o encarna al bien y la verdad.

De modo que la televisión (o televisor, el objeto receptor) es a los apocalípticos lo que la ouija a los exorcistas: un instrumento del diablo para apoderarse de las almas y mentes de los incautos, maleficio que sólo sus libros —La Verdad— pueden conjurar, porque nos harán libres. Dice Ramonet que la televisión es “una distracción que puede convertirse en alienación y conducir al descerebramiento colectivo, al condicionamiento de las masas y a la manipulación de los espíritus” [2000, p. 21]. O no ve la televisión para salvaguardar sus neuronas y elevadísimo IQ, o es privilegiado poseedor de una capa refractaria en la corteza cerebral que le permite blindar su inteligencia contra el poder destructivo de los rayos catódicos.

La realidad es que el consumidor de texto, audio o video comúnmente tiende a simpatizar o estar de acuerdo con quien confirma su prejuicio, simpatía o punto de vista, y aversión contra los mensajes o comunicadores que se opongan a ellos. O también es capaz de cambiar de opinión razonablemente, sin ser manipulado. No es fácil de vencer la capacidad crítica de los consumidores o televidentes. Por ejemplo, nadie va a dejarse convencer por el narrador o comentarista de si fue o no penalti en una marcación dudosa del arbitro si resulta contraria a su juicio o simpatía, o si la repetición muestra claramente lo contrario. Nadie cambiaría de equipo favorito porque se lo dijera un narrador o comentarista. Y así es en la mayoría de las preferencias y gustos.

De modo que la manipulación no existe o todo discurso u opinión en el espacio público tiene una intención manipuladora, porque todos tratan de influir en simpatías o juicios sobre los asuntos que tratan. Así, manipulación también sería tratar de convencer de que hubo un fraude electoral o que el gobierno quiere privatizar Pemex.

La falacia del hegemonismo

El simplismo y la generalización son característicos del discurso apocalíptico. De modo que en su retórica se dice con mucha ligereza “los medios” o “los media”, “la televisión”, “la prensa”, etcétera, y sobre ellos profiere juicios de valor, adjetivos o les atribuye cualidades e intenciones sin distinguir las diferencias que hay entre ellos en la selección o producción de contenidos, en la jerarquía y el tratamiento que se les da. Asimismo, el discurso apocalíptico etiqueta o clasifica como “izquierda” o “derecha” a cada medio o empresa de la comunicación pública sin considerar la pluralidad o diversidad de opiniones que hay en cada uno. Por ejemplo, el discurso apocalíptico local tacha de “derecha” a Letras Libres, sin considerar que en ella escriben autores como Roger Bartra, y también a Reforma, con todo y las colaboraciones habituales de Carmen Aristegui y la máxima representante de la intelectualidad obradorista: Guadalupe Loaeza.

Tanto en las democracias consolidadas como en las incipientes las cadenas televisoras o corporativos de telecomunicaciones, como poderes fácticos, tienen intereses o convicciones que pueden coincidir o contraponerse respecto de los grupos del gobierno en turno y pueden entablar alianzas o acuerdos con algunos, pero no hay sumisión ni incondicionalidad de su parte.

También dice “Estados Unidos” como si fuera un señor con voluntad única y unívoca, cuando es un país de 300 millones de habitantes, plural y diverso, que como democracia avanzada tiene numerosos grupos de poder y de interés, en conflicto o en acuerdo en diferentes momentos y por distintos motivos. Entonces incurre en uno de sus errores más frecuentes, de origen marxista, que es suponer que la clase burguesa es orgánica y el gobierno es su instrumento de represión. Dicho de un modo no marxista: sobrevalora la cohesión de la élite e ignora o minusvalora las diferencias y conflictos en su seno.

No hay complicidad ni subordinación porque los medios de comunicación y las distintas y diversas agencias gubernamentales no tienen voluntad unívoca ni voz unísona. Que las cadenas televisoras más importantes de Estados Unidos no son instrumentos al servicio de la Casa Blanca ha sido evidente en numerosas ocasiones. Tal vez la más clara manifestación de las eventuales oposiciones que se dan entre estos poderes se dio cuando Richard Nixon pretendía ser reelegido. En México, recientemente, fue evidente la diferencia y el desacuerdo entre poderes fácticos y republicanos cuando se aprobó en el Senado la reforma electoral ante la animadversión de los miembros de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión.

Tanto en las democracias consolidadas como en las incipientes las cadenas televisoras o corporativos de telecomunicaciones, como poderes fácticos, tienen intereses o convicciones que pueden coincidir o contraponerse respecto de los grupos del gobierno en turno y pueden entablar alianzas o acuerdos con algunos, pero no hay sumisión ni incondicionalidad de su parte.

La falacia de la sobreinformación

“La información se oculta porque hay demasiada para consumir y, por lo tanto, no se percibe la que falta”, dice Ramonet [2002b, p. 43]. Absurdo, porque sería como decir que demasiadas ofertas de empleo ocultan el desempleo. En realidad, lo que existe es libertad de información y la consecuencia de ella es que haya una amplia oferta o puesta a disposición y su consumo diferenciado. Si “falta” información es porque alguien no la está produciendo, ofertando o poniendo a disposición, o propiciando que se haga.

Según Ramonet y otros apocalípticos, la superabundancia de información,además de ocultar “la que falta”, “ha desaparecido la visibilidad de la censura”. Dice: “la forma supermoderna de la censura consiste en superañadir y acumular información” [p. 56]. No. Lo que ha desaparecido es la censura. No hay censura invisible. Sería falaz decir que se conculca la libertad de expresión por el hecho de que todo mundo dice lo que piensa en público todo el tiempo. Al contrario, precisamente ésa es su muy posible consecuencia. Tampoco podemos decir que el exceso de libertad de expresión “oculta” expresiones que “faltan”, ni siquiera porque desde un juicio moral o intelectual se determine que 99 por ciento de esas conversaciones son pura babosada y que sólo lo erudito merecería ser pronunciado.

Lo que hay es un consumo diferenciado de información entre individuos. Aunque haya una oferta diaria de veinte periódicos, cuarenta noticieros de radio, quince de televisión y veinte sitios de noticias locales en Internet, nadie se va a sobreinformar leyéndolos, escuchándolos y viéndolos todos. Alguien leerá un periódico y escuchará un noticiero, otro sólo verá uno por televisión, etcétera, y muchos ni uno ni otro. Lo importante, en términos democráticos, es que precisamente haya una muy amplia oferta de medios de información con distintos criterios o líneas editoriales para que cada ciudadano, de acuerdo con sus gustos o posibilidades, pueda adquirirlos o disponer de ellos.

Si Ramonet y otros apocalípticos tienen algo que decir, escribir o cantar —como su amigui Manu Chao—, que lo hagan y ya. De hecho lo hacen porque nadie los está censurando visible o invisiblemente. Que lo sigan haciendo, que para eso gozan de las bondades del liberalismo de democracias como la francesa y la española, y también gracias a las bondades del libre mercado: nada ni nadie me ha impedido leerlos, escucharlos o verlos. No hay una conjura de los empresarios de la prensa del corazón y la FIFA para ocultar la existencia de Le Monde Diplomatique o de sus libros o videos que se venden en numerosos países, puesto que no les van a restar a un solo lector o televidente.

¿Cómo se puede ver en Ramonet a un enemigo o denunciante de la censura y la “falta” de información mientras hace apología de la dictadura en Cuba y ensalza al dictador Castro? ¿Qué credibilidad puede tener?

La falacia de la americanósfera

Como en el discurso apocalíptico Estados Unidos es el demonio, le atribuye la cualidad de la omnipresencia y casi también de la omnipotencia. Quiere encontrarlo en todos lados para exorcizarlo a cada paso y momento donde se encuentre.

Nos llegan una cantidad de discursos, de programas, de cadenas de televisión que se orientan en difundir un imaginario, una cultura de masas que no es forzosamente la mía, la de mi territorio, la de mi país, la de mi comunidad. Este fenómeno está ampliamente dominado, una vez más por los programas anglosajones, que están extendidos en Europa por todas partes. Y este fenómeno planetario produce una especie de homogeneidad cultural, con la tendencia cada vez más pronunciada a crear un mundo en el que las referencias culturales sean las mismas, y casi siempre con el mismo origen: Estados Unidos. Y esta homogeneización cultural favorece la producción de un imaginario común [2002a: p. 14].

Si bien Estados Unidos es una potencia en cuanto a industrias culturales, los flujos de producción, distribución y consumo cultural (masivo) no son unilaterales ni excluyentes. Cabe observar lo siguiente:

-Uno de los principales contenidos de televisión en el mundo son los partidos de fútbol y los programas que lo comentan o analizan, materia en la que Estados Unidos es irrelevante. La FIFA no tiene nada que ver con Estados Unidos, sino con Europa, así como los clubes y ligas más importantes e influyentes en el negocio.

-Las producciones de historietas, dibujos animados y videojuegos japonesas son tan importantes o más que las estadounidenses para el consumo cultural infantil y juvenil.

-El rock británico es tan importante e influyente, o más, que el estadounidense.

Los efectos más negativos de la globalización, que resultan en la quiebra de productores nacionales, tienen su origen (o fabricación) en China. Pero contra su piratería y prácticas capitalistas salvajes no hay manifestaciones globalifóbicas, porque en las cabecitas de sus activistas no cabe otro enemigo que Estados Unidos-McDonald’s. Padecen de resistencia al cambio, como dicen en administración de empresas.

-Las muy influyentes industrias de la moda son más de Francia e Italia que de Estados Unidos, de la cosmética y la perfumería al diseño, pasando por ropa, calzado, peinado…

-La mayoría del equipamiento para el consumo cultural y las telecomunicaciones que transforman las prácticas culturales y la socialización es de marcas que no son estadounidenses: Sony, Panasonic, Phillips, LG, Nokia, Ericsson, Motorola, Telefónica, Telmex…

-No hay una sola “americanización”. Son varias, de distinto signo ideológico y cultural. La organización no gubernamental de la sociedad, en forma de asociaciones, por ejemplo, tiene una muy fuerte influencia de experiencias estadounidenses en defensa y promoción de derechos humanos, el pacifismo y el ambientalismo. Otro ejemplo: la cultura hip hop de grafitti, rap y b-boys es completamente distinta a la de los pentecostales o mormones que vienen a México a abrir templos y reclutar feligreses.

-Los efectos más negativos de la globalización, que resultan en la quiebra de productores nacionales, tienen su origen (o fabricación) en China. Pero contra su piratería y prácticas capitalistas salvajes no hay manifestaciones globalifóbicas, porque en las cabecitas de sus activistas no cabe otro enemigo que Estados Unidos-McDonald’s. Padecen de resistencia al cambio, como dicen en administración de empresas.

-Los productos televisivos o programas más importantes para el público o consumidor mexicano son hechos en México por mexicanos y recientemente también por algún cubano y argentino (nunca por gringos), con formatos, historias o conducciones acordes con la idiosincrasia local: telenovelas —en primer lugar—, noticieros, comedia (humorísticos), espectáculos, fútbol, lucha libre, debate, cocina y autoayuda u orientación. Todo eso es producción nacional. Otros, como los reality shows (que también vienen de Europa, como Big Brother) y talk shows tienen que adaptarse a particularidades del mercado-audiencia local.

-México, como Brasil, Venezuela y Colombia, exporta telenovelas a Estados Unidos, Europa y Asia. Bety La Fea, producción colombiana, fue adaptada a México con el nombre de La Fea más Bella y durante 2007 tuvo el rating más alto de toda la programación, y su realización en Estados Unidos, por la mexicana Salma Hayek, fue un éxito con el nombre Ugly Betty.

-En la programación de televisión abierta en México no hay noticieros en inglés. Todos son producidos en México, por mexicanos, con noticias sobre México en su gran mayoría. En cambio, en Estados Unidos hay noticieros en español, así como numerosos programas de variedad, producidos y conducidos por mexicanos o mexicanoestadounidenses, así como de otros países hispanoparlantes.

-Los contenidos televisivos estadounidenses no están en los canales principales 2 y 13, sino en el 5 y el 7. Y todo está doblado al español.

¿Qué prácticas culturales vienen de Estados Unidos? El pasito duranguense viene de allá, de Chicago. ¿Se opone o anula la identidad de lo mexicano?

El error de esta falacia es la sobrevaloración de lo estadounidense sobre otras influencias culturales. Pero hay tantas evidencias de que no hay una “americanización” que inclusive Ramonet ha tenido que matizar sus afirmaciones:

Algunas empresas japonesas compraron grandes compañías norteamericanas de cine. Así, la Columbia fue absorbida por Sony, la Universal por Matshusita. También las empresas francesas se movieron en este sentido: el Crédit Lyonnais se hizo con la propiedad de empresas de producción de cine en Hollywood [2002b: p. 147].

Ante las evidencias, el discurso apocalíptico se resiste a cambiar de enemigo: le añade cómplices. Para ello hace un desliz ideológico adoptando el concepto geográfico “Norte” para referirse a condiciones y procesos económicos y culturales propios de la globalización. Los ricos malos están en el “Norte” y los pobres buenos en el “Sur”. No obstante lo equívoco del concepto, Ramonet dice de la compra de empresas en Estados Unidos por europeos y japoneses: “en cualquier caso seguía el control del norte”. Aceptando sin conceder esta operatividad conceptual, entonces los flujos culturales van del Sur hacia el Norte por medio de la emigración: la islamización de Europa, la hispanización de Estados Unidos, etcétera. Por eso autores estadounidenses como Samuel Huntington han reaccionado respecto del “desafío hispano”. Son “ellos” (algunos estadounidenses) los que sienten amenazada su identidad cultural y nacional dentro de su territorio.

La retórica falaz

Paul Virilio

¿Por qué tienen tanto éxito los apocalípticos? Éxito no como Slim o Gates, pero sí en tanto disponen de numerosos, amplios e importantes espacios en la prensa escrita, en la radio y algunos en televisión abierta, lo que les favorece para ser citados, recibir amplio reconocimiento y tener numerosos admiradores o entusiastas lectores y asistentes a conferencias. Pues tienen éxito no por la veracidad de sus tesis ni por su despliegue argumentativo, ni mucho menos por resultados de investigación. En realidad han ganado mucha atención por su estilo, por la seguridad con que afirman sus ideas, por echarle mucha crema a sus taquitos.

Uno de los más destacados es Paul Virilio. Por ejemplo, dice que “vamos insensiblemente hacia un verdadero crash de imágenes cuyos signos premonitorios son la multiplicación de flashes informativos y el creciente desinterés del público por las cadenas generalistas” [2000: p. 145]. ¿Qué es eso de “crash”? ¿Es un concepto, una teoría, una onomatopeya o qué? (Si Huntington dice “clash” a los apocalípticos les parece pésimo, y si uno de ellos dice “crash”, que es perfecto). ¿“Vamos insensiblemente” quiénes? ¿Todos, todos “insensiblemente” y por igual? ¿De verdad? Los apocalípticos repudian al futurismo, pero les encanta profetizar catástrofes, se regocijan en ello. Incluso su lenguaje es escatológico: “signos premonitorios”. Es puro rollo: no hay ningún “creciente desinterés del público por las cadenas generalistas” si con ello se refiere a canales de televisión con programación variada o no especializada en un género o tipo. En México, incluso hay quienes contratan cable o antena para sintonizar mejor Canal 2. ¿O cuáles son las “cadenas generalistas”? Es pura palabrería para apantallar; mucha forma y poco fondo. Nótese también el recurso de conjugar “nosotros” como oposición a “ellos”, que tanto gusta en las arengas ideológicas populistas. Por cierto, ser de izquierda o tener simpatías con alguna izquierda no implica ser apocalíptico ni es condición. Un caso muy destacado al respecto es el de Juan Luis Cebrián, autor de La red (1998).

El estilo de los apocalípticos es espectacular o, válgase la expresión, espectacularista. Está sobrecargado de superlativos, generalizaciones y adjetivos, de neologismos y recursos retóricos huecos. Sus libros tratan de supuestas revelaciones de tramas ocultas mundiales, historias de terror, intriga y suspenso verosímiles más que veraces. En conjunto son como una versión políticamente correcta de los protocolos de sión; una mala novela policiaca: ya sabemos quiénes son los malos (Estados Unidos, la televisión y los grandes capitalistas) y quiénes los buenos (los apocalípticos). Véase el siguiente párrafo de Virilio, que es como de los agentes de “Kaos” en la serie de El Superagente 86 o de película del Santo:

El gran crash de la ingeniería electrónica se abre paso oculto en su propia evidencia. En efecto, la sobreexposición es una necesidad de la competencia mundial y las múltiples live cameras son el gran retrovisor que tiende a eliminar los ángulos muertos de la tele…

La “red de redes” puesta en marcha por el Pentágono estadounidense para resistir los efectos electromagnéticos de una guerra nuclear no es más que un televisófono perfeccionado que proporciona datos ciertos, pero también puede transportar señales digitales (electroacústicas y electroópticas), una imaginería virtual en tiempo real capaz de cambiar el propio principio de la visión a distancia del viejo telescopio, o de la televisión.

¿Cómo algo puede abrirse “paso oculto en su propia evidencia”? Y no es cierto que lo virtual sea “capaz de cambiar el propio principio de la visión a distancia”. Esto es un cantinfleo elegante. Las relaciones que establece son desproporcionadas. Arpanet, creada con propósitos militares, no tiene nada que ver con posibles efectos, décadas después, del desarrollo de una de sus aplicaciones. Sería como decir que Carl Ferdinand Braun es responsable del zapping porque hizo el primer tubo de rayos catódicos.

No obstante que es falaz, la retórica apocalíptica como la de este ejemplo es sumamente sobrevalorada o sobrevaluada por académicos despistados, sólo porque simpatizan ideológicamente con sus autores. Pero no tiene mayor valor científico que los libros de Dan Brown: no prueba nada, no demuestra relaciones causales y no tiene fundamento en investigación empírica. En ocasiones ni siquiera coherencia o argumentación lógica. Eco deja ver el efecto verdaderamente seductor que tiene esta retórica:

El apocalíptico, en el fondo, consuela al lector porque le deja entrever, sobre el trasfondo de la catástrofe, la existencia de una comunidad de “superhombres” capaces de elevarse, aunque sólo sea mediante el rechazo, por encima de la banalidad media. Llevado al límite de la comunidad reducidísima —y elegida— del que escribe y del que lee, “nosotros dos, tú y yo, los únicos que hemos comprendido y que estamos a salvo: los únicos que no somos masa” [1995, p. 29].

Además de falaces son soberbios. Allá sus fans que les aplaudan su vedetismo, su esnobismo de rebelde marca Harley-Davidson. Así se refiere Ramonet de sí mismo y sus afines: “con un pensamiento radicalmente subversivo tratamos de pensar lo que nadie se atreve a pensar” [2003, p. 7]. Se creen los desconectados de la Matrix y así se ostentan, que combaten poderes en la sombra, denuncian poderes fácticos, descubren conspiraciones, resisten a oligarquías, a las corporaciones, al imperio… bla, bla, bla.

Epílogo

“No te dejes manipular, porque hay una campaña en los medios de comunicación… No nos dejemos engañar… el futuro es defender a la patria.” Andrés Manuel López Obrador, en la campaña en que se presenta como defensor de la patria.

“La ‘comunidad internacional’ y las habituales ‘organizaciones de defensa de las libertades’ [...] permanecen mudas, por así decirlo, ante el ‘golpe de Estado electoral’ que se comete ante nuestros ojos en México”. Ignacio Ramonet, en su artículo “México fragmentado”. ®

—Publicado originalmente en Replicante no. 16, “Medios y democracia”, agosto–octubre de 2008.

Referencias
Umberto Eco (1995), Apocalípticos e integrados, México: Tusquets.

Ignacio Ramonet (2000), La golosina visual, Barcelona: Debate.

__________ (2002a), La post-televisión, Barcelona: Icaria.

__________ (2002b), La tiranía de la comunicación. El papel actual de la comunicación, Barcelona: Debate.

__________ (2003), El mundo en la nueva era imperial. Conversaciones con Jorge Halperin, Santiago de Chile: Editorial Aún Creemos en los Sueños. Le Monde Diplomatique.

Paul Virilio (2002), “El crash visual”, en Ramonet (ed.), La post-televisión. Barcelona: Icaria, pp. 143-150.

Archivado en Julio 2012, Medios

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Comentarios

9 Respuestas a “Las falacias de los apocalípticos”
  1. María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas dice:

    Supongo que de eso se trata, que podamos ver ambos lados de la moneda. En ese sentido el texto es muy valioso. Y si bien es cierto que para las personas que además de la TV tienen periódicos y otras lecturas eso no quiere decir, necesariamente, que su capacidad será más crítica o más sagaz., porque es muy común que se informen en publicaciones o posiciones análogas. Ejemplo: los seguidores de Javier Sicilia, tan críticos e informados sobre el acontecer nacional, se quedaron en los años 80 reivindicando la Teología de la Liberación, aunque la teologia no libere. Pero se dan el lujo de publicar, en blogs, “estudios cientjíficos” que omiten el nombre de los integrantes del los supuestos investigadores: “El “Equipo Bourbaki” es un grupo de investigadores de diversa proveniencia geográfica y profesional, interesados en conocer qué pasa en México, teniendo como herramienta básica la construcción de conocimiento que permita contribuir a la humanización de nuestro mundo.” (sic) Ssegún eso ” nuestro mundo” está poblado por otras especies animales y uno que otro primate y Neanderthal. Cfr. El monopolio del monopolio del narcotráfico en México (ignoran el significado de oligopolio) Informe Bourbaki en: redporlapazyjusticia.org/directorioinfo/InformeBourbaki.pdf. Y lo de Bourbaki es una verdadera estupidez.
    Que leen queda claro, pero eso no lo hizo ni más agudos ni más críticos.
    Les vendría bien, como sucedió conmigo, leer este trabajo.

  2. Eric List dice:

    HEctor, no seas simple. Las oposiciones a tu escrito no afirman que todos sean manipulables. Muy a manudo se mueven ustedes por los polos. Nosotros no decimos que todos sean manipulables, eres tu quién parece implicar que nadie es manipulable, que no hay efectividad en los medios como formas de alienación. En esta realidad caracterizada por la diversidad, Insisten en polarizar todo. Raramente contra argumentan, siempre adjetivizan.
    Ahora, la realidad es que por naturaleza una persona manipulada no sabe que está siendo manipulada. La consciencia es la medicina contra la manipulación. ¿Estas seguro de no estar siendo manipulado?

  3. Héctor Villarreal dice:

    Airedus: gracias por tu recomendación

  4. Héctor Villarreal dice:

    lavín: contigo aquí ya somos tres a los que no nos manipulan. (Creo que Karla cuenta como la número 4, aunque ella lo atribuye a su superioridad cultural e intelectual.)
    Felicidades por tus cojones y te deseo mucho éxito en tu lucha contra la oligarquía

  5. v. lavin dice:

    Honestamente este artículo me parece lleno de sofismas, si hubiera sido publicado en los 80s te la compro, pero a estas alturas del partido?? Por favor!! hay evidencias de todo tipo a nivel científico incluso que hablan de la manipulación por medio de los medios audiovisuales.. Tan solo recordemos el caso de los suicidios y el caos en Norteamércia cuando Orson Wells narró La Guerra de los Mundos omitiendo el pequeñísimo detalle de que.. era ficción lo que estaba transmitiendo por la radio.. Y bueno, de eso ya hace sus buenos añitos.. hoy x hoy hay sistemas mucho mas sofisticados para ir moldeando a las masas, sobre todo en lugares donde hay muchas carencias e ignorancia, y sobre todo con personas que han crecido alimentandose solo de la telebasura. Apoyo la libertad de expresión y la pluralidad, pero creo que ya hay muchos medios dedicandose a difundir este tipo de falacias que tratan de desacreditar a la opsición de la oligarquía en el poder como para que tambien en este, que hasta hace poco me parecía muy bueno, hasta que me he encontrado con varios artículos de este corte, que francamente descepcionan.. creo que un medio debe tomar un camino, porque la tibieza intelectual es lo que nos ha llevado a vivir lo que hoy estamos viviendo en nuestro país.. hacen falta cojones para decir soy de aqui o soy de alla, y no permitir que se infiltren los tentáculos del monstruo monopólico de los medios en los pocos lugares libres para decir y conocer la verdad de lo que está pasando y ha pasado en México.

  6. Aelredus dice:

    Un libro altamente recomendable, que abunda sobre los tópicos señalados magistralmente en este artículo es Rebelarse Vende. Aquí una reseña en el Catoblepas http://nodulo.org/ec/2005/n040p23.htm

  7. Karla SS dice:

    Creo que esto es aplicable solo a personas con cierto nivel cultural e intelectual, la verdad es que la ignorancia y falta de criterio son nuestros peores enemigos y por eso somos sujetos de manipulación… a medida que venzamos estas barreras este articulo será una realidad… mientras tanto es un pecado generalizar.

    “La educación resulta en un pueblo fácil de dirigir, pero difícil de obligar; fácil de gobernar, pero imposible de esclavizar.” -Lord Brougham.

  8. Héctor Villarreal dice:

    Me dices que estoy equivocado y al mismo tiempo vienes a dar testimonio de que a ti no te manipulan. Aquí ya somos dos. ¿Cuántos más seremos?

  9. Eric List Crespo dice:

    Debo iniciar mi comentario alrededor de este artículo de Hector Villareal, reconociendo ante esta comunidad la evidente apertura de Rogelio a opiniones que son antitéticas a las suyas. En la red se ha multiplicado la polarización y la reacción más común de ambos lados es la de “bloquear” los comentarios que no les gustan. La relación epistolar, o tal vez sería mejor decir e”post”olar, entre ambos, pero en el espacio de Replicante, ha sido ríspida y sin embargo, como anfitrión Rogelio ha permanecido en la apertura. Eso lo agradezco.
    Quiero dejar el día de hoy, algunos puntos de vista contrarios a algunos expuestos en este artículo compartido por Replicante.
    El artículo que se basa primordialmente en lso términos propuestos en “Apocalípticos e integrados” de Eco. Creo que la premisa básica de ese escrito de Héctor Villareal, es que la idea de que los medios pueden manipular las mentalidades de las personas es histérica, subestima a las personas, su pensamiento crítico y sobrestima el poder de los medios. El articulo usa la dura palabra “falacia” contra los teóricos de lo “apocalíptico”. Incluso se atreve a afirmar que las tesis de aquellos que ven un peligro de manipulación de los medios están superadas hace tiempo.
    El argumento es interesante y creo que digno de tomar en cuenta. El condenar de manera maniquea a los medios suena banal y simplista. Afirmar que la tele es un instrumento del diablo es pueril sin duda.
    Sin embargo el otro extremo suena igualmente obtuso. Una y otra vez nos movemos en un intento de reducir la realidad a una dualidad polar.
    Hector Villareal recurre a ejemplos muy malos como el de la adicción al consumo de la Coca-cola:
    “No tomo coca-cola porque algún anuncio publicitario me diga que lo haga. La tomo porque me gusta su sabor, tiene un precio relativamente bajo y hay muchos lugares a mi paso donde la puedo comprar”.
    El argumento es tan falaz y simplista que asombra. ¿Por qué entonces la Coca Cola gasta tantos millones de dólares al año en publicidad? La publicidad es uno de los rubros en los que está marca y todas las demás, invierten más dinero. Los anuncios son brillantes; yo adoro la estética y el ingenio y creo que sin duda una parte de mi se ve seducida por ese encanto. También acepto desde luego que el sabor me encanta y que no bebería algo horrible solo por efecto de la publicidad.
    Negar el poder de la publicidad, la propaganda y la mercadotecnia, los tres lenguajes inherentes a los medios masivos, es querer tapar el sol con un dedo. ¿Por qué, si es un asunto neutro, los partidos gastan tantos recursos en propaganda? ¿Por qué es una tragedia para los medios que se legisle para que los partidos no inviertan más que en tiempos oficiales? ¿Por qué cada año crece el gasto en “comunicación social de los gobiernos?
    Héctor olvida, por ejemplo, el impacto de la propaganda durante la segunda guerra mundial y sus efectos masivos, por ejemplo en Alemania. Claro que por sí sola la propaganda no hubiera sido efectiva si no hubiera existido un caldo de cultivo multifactorial previo. Pero Goebbels existió e impactó profundamente a otros líderes y gobiernos (creo que en la guerra fría hablamos de ambos bandos… ¡carajo, Stalin!).
    Otro gran argumento del articulista es que los “apocalípticos” desdeñan a la gente, la presentan como boba e incapaz de un pensamiento crítico. Pareciera que este argumento parte de lo “políticamente correcto”. Es una incorrección decir que una persona o grupo de personas carezca de las cualidades humanas inherentes al pensamiento crítico, supongo que lo ve como discriminatorio.
    Detrás de esta idea está una noción ampliamente superada (ésta si): la de que todo ser humano está dotado de un coeficiente intelectual endógeno que lo dota de la capacidad de ejercer procesos mentales que podríamos englobar en la palabra inteligencia.
    Si bien todos los teóricos contemporáneos aceptan la idea del potencial innato de ser inteligente (no hay una sola persona en el mundo que no posea inteligencia, también, en general se acepta que la inteligencia está sujeta a un proceso de desarrollo, afectado por factores exógenos al sujeto como el aprendizaje, la tradición, la familia, la religión, las relaciones sociales, etc.
    Ya desde Lev Vigotsky se aceptaba la idea estructural del desarrollo mental, el hablaba de “andamiajes” que se van creando y facilitando a partir de la interacción humana y que son desarrollantes. Después Piaget, desde luego, por mencionar antecedentes obvios, demostraba que la capacidad de aprendizaje es secuencial, por etapas. Esto conlleva la conclusión de que si estas etapas no se cumplen o ejercitan en plenitud, el desarrollo resultante será diferencial.
    Particularmente Reuven Feuerstein, sintetizando lo anterior, desarrolla su famosa “Teoría de la Modificabilidad Cognoscitiva Estructural”, que se opone de manera muy contundente a la idea del desarrollo como un factor monolítico, constante y exclusivamente innato (el famoso C.I.). Para este pensador educativo, el nivel de desarrollo que alcanzamos tiene que ver directamente con la calidad, cantidad y riqueza de las experiencias que vivimos en la vida. Pero también demuestra científica y contundentemente que la privación de experiencias desarrollantes, llamada “deprivación cultural” impacta negativamente en el potencial de desarrollo de las personas.
    Siendo el pensamiento crítico un proceso mental de muchísima complejidad, que involucra una diversidad de procesos mentales más básicos (como el análisis, la síntesis, la comparación y el manejo de información), podríamos afirmar que si el andamiaje estructural en los prerrequisitos para el pensamiento crítico es deficiente o débil, la capacidad crítica de un individuo es igualmente pobre.
    Es por esto que las sociedades educan a las personas. La educación es una constante preocupación en todas las culturas. Aun en tribus de cazadores recolectores, los papás transmiten el mayor conocimiento y práctica posibles a sus hijos, para que tengan las mejores herramientas para enfrentarse a la vida. Es por eso que la sociedad mexicana pide un cambio educativo. En la falta de oportunidades educativas está la verdadera discriminación.
    Además, particularmente para ejercer el pensamiento crítico, hay que tener información. Es en estos factores que la televisión por ejemplo puede ser un factor de manipulación. Si los noticieros, que son la gran fuente informativa para la mayoría de los mexicanos, ocultan partes sutantivas de la información, deprivando culturalmente a las personas ¿Qué capacidad crítica pueden tener? Nadie puede criticar con profundidad algo que desconoce.
    Como muestra un botón: En Televisa prácticamente no se informó de la batalla campal que se vivía en las cámaras ante la famosa Ley Televisa. La gente no tenía los elementos para hacer un juicio crítico sobre este tema, a menos que consultaran fuentes alternas (que también desconocen mayoritariamente) de información.
    El impacto de los medios es diferente para una persona que solo tiene la televisión, que para una persona que tiene la tele mas los periódicos, más un historial de visiones diferentes de la realidad proveidas por ejemplo de otras lecturas. Si el individuo crítico posee además un desarrollo ejercitado en operaciones mentales diversas, su capacidad crítica será más aguda y sagaz.
    Esta defensa de los medios, que descalifica la crítica a los mismos, acusando de histéricos a los que no están conformes, me recuerda Nerón, (que más que emperador se sentía artista). Este famoso diletante que odiaba a los barrios sucios y pobres, de Roma decía: “los poetas deberían ser tuertos, para solo ver con el ojo que les queda la belleza del mundo”. La verdad es que en estos momentos pareciera que todos cerramos un ojo a lo que no queremos ver; todos somos un poco Nerón.
    Si, somos apocalípticos e integrados, inconformes o conformistas. Seguramente también hay gente equilibrada que, con perspectiva ve ambos lados de la moneda.

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