Las luchas de Pasión Kristal

El luchador que quería una Barbie

Los entrenamientos se hicieron cada día más pesados. Sus compañeros de gimnasio lo discriminaban por ser gay: “Hicieron que me dieran duro, para que yo no regresara”. Le dejaron el cuerpo lleno de hematomas pero no claudicó.

Frente al espejo. Fotografía © Leonardo Diego González.

Las manos de Gabriel Zentella son grandes, pero no gruesas o anchas como las de un luchador. La raíz oscura sobresale de su corto y rizado cabello rubio oxigenado. Para nuestro encuentro no tuvo tiempo suficiente para pintarse la uñas, se quedó dormido. Se lavó la boca de prisa y antes de saludarnos aún hace buches con el enjuague bucal.

La pequeña habitación que renta está repleta de repisas: para el televisor, para la fotografía de sus exóticas compañeras, para los peluches, los trofeos, las flores y las imágenes de yeso de la virgen de Guadalupe.

La compañera de habitación de Gabriel se está bañando. Arriba del ring la llaman “Diva Salvaje”; al salir del baño lleva puesta una sudadera y una camiseta negra. Trae el pelo suelto. La sombra azul de la barba le ha salido impasible.

Dentro del clóset de Gabriel están los atuendos ceñidos del luchador exótico Pasión Kristal, dentro del clóset hay botas largas, botas rojas, botas de lentejuelas. Afuera del clóset está aquel hombre en revelado.

El niño quería una Barbie

La homosexualidad de Gabriel en nada tuvo que ver con las “maldades” que le hacían sus primos. Desde muy pequeño supo que le interesaban cosas distintas que a la mayoría de niños: Hello! Sandybell, Heidi y Candy Candy eran sus programas favoritos. Además, anhelaba tener una Barbie.

“Mis primillos también que me hacían maldades, no me violaban, pero me ponían la mano a que yo les agarrara y todo, y como eran mayores, y eso a mí me agradaba… pero ése no fue motivo, yo ya antes tenía esa tendencia”, dice Gabriel, que se ha puesto unos lentes de contacto verdes enmarcados entre un par de cejas delineadas.

Juan Gabriel nació en Villahermosa, Tabasco, el 9 de enero de 1976 y fue criado en un hogar de clase media, tuvo buena educación y juguetes nunca le faltaron, aunque no consiguió de sus padres la muñeca que quería.

“Mis primillos también que me hacían maldades, no me violaban, pero me ponían la mano a que yo les agarrara y todo, y como eran mayores, y eso a mí me agradaba… pero ése no fue motivo, yo ya antes tenía esa tendencia”.

Fue el consentido de sus abuelos hasta que nacieron sus otros dos hermanos. A los ocho años su papá decidió abandonarlos para hacer un nuevo hogar, así Georgina Damián se convirtió en mamá y papá. Gabriel tuvo que madurar cuidando de sus hermanos menores mientras su madre se rebuscaba el sustento en una empresa de cosméticos.

“Fue algo padre mi niñez”, dice recordando el pasado. Sin olvidar con rencor que su padre lo golpeaba —con cables y cinturones— con la excusa de su rebeldía, pero ahora entiende que lo agredía por ser afeminado.

“Él quería quizás a fuerza volverme hombrecito, como dicen, pero pues no, no se pudo”, dice el luchador, quien a causa de las golpizas creció apretando entre las entrañas su homosexualidad.

Al quedarse sola, la profesora Georgina esquivaba el tema de la sexualidad de su hijo que ya espiaba a los trabajadores de las construcciones aledañas para verlos desnudos y no mostraba interés alguno por el sexo opuesto.

¡Ven a ver cómo se están dando!

En la década de los noventa la lucha libre resurgió y convirtió a la madre solitaria en una fanática frenética de los enmascarados. Todos los sábados se ponía enfrente de su televisor para ver cómo los luchadores arriesgaban el físico.

—Oye, ven a ver acá cómo se están dando —le gritaba Georgina, encantada por la sangre— a Gabriel para que la acompañara en su plan de fin de semana.

Con uno de sus trajes de batalla. Fotografía © Diego Leonardo González.

Un día de camino a la universidad vio un letrero que anunciaba un evento en el que lucharía Atlantis. Esta vez no quería ser un espectador televisivo y compró dos boletos para ir en compañía de su madre. Una vez adentro de la arena y viendo en vivo y en directo el show, entendió de qué se trataba, le llamó la atención, le gustó el espectáculo, la adrenalina, escuchar los gritos de desahogo de los espectadores. Le pareció padre.

Una función fue suficiente para descubrir su nueva pasión. Bajo la condición de no abandonar sus estudios en educación especial, Georgina le dio permiso a Gabriel de entrenar a diario.

Dejando de ser un cualquiera

Conforme los entrenamientos transcurrían, su entrenador, Yin Kata, se iba dando cuenta del potencial de Gabriel: la facilidad al hacer las maromas.

Los entrenamientos se hicieron cada día más pesados. Sus compañeros de gimnasio lo discriminaban por ser gay: “Hicieron que me dieran duro, para que yo no regresara”. Le dejaron el cuerpo lleno de hematomas pero no claudicó. Después de siete meses de aguantar golpes y prejuicios se presentó al examen final que lo acreditó como luchador profesional.

“Antes, para llegar a ser un luchador como que sí te costaba un poco más de trabajo, ya ahorita volteas a ver y ya cualquiera se puede decir que es luchador”. Acaso olvida que él también perteneció a esos que nadie quiere a su lado.

No sirves para una puta madre

A pesar de la fiebre que tenía superó el examen que lo acreditó como luchador profesional y se dio a la tarea de crear al personaje que caracterizaría, al que influenciado por un cómic llamó “Némesis 2000”.

Debutó en la Feria de Villahermosa en 1994, frente a diez mil espectadores y junto a cinco novatos más. De los seis ninguno brilló esa noche: “Fue la peor experiencia de mi vida”, recuerda.

“Hicieron que me dieran duro, para que yo no regresara”. Le dejaron el cuerpo lleno de hematomas pero no claudicó. Después de siete meses de aguantar golpes y prejuicios se presentó al examen final que lo acreditó como luchador profesional.

Cuando terminó el combate su paga fue una torta y un refresco, se le magulló el amor propio. Nada que las palabras de su madre no pudieran curar: “Sabes qué, dedícate a otra cosa porque no sirves para una puta madre”.

Llegó a su casa y mandó todo al infierno, pero Yin Kata no dejó que colgara la máscara. “Esto es un proceso, nadie nace sabiendo”, le dijo para animarlo.

Su segunda lucha fue en Palizada, Campeche. Llovía y la gente parecía no moverse. Aquel día le hizo frente al miedo escénico, mejoró un poco. “Me voy a tirar un lance a la tercera cuerda, se me resbala el pie y caigo así desde la tercera cuerda, planchadito pero en el vil piso de pavimento”, cuenta. Se lastimó la mano, la cadera y su madre lo reprochó con un “Ya te dije”.

Abandonó a Yin Kata por irse a entrenar con Rayo Vengador. Abandonó a Rayo Vengador por irse a entrenar con Torbellino.

Recubierto de nuevas técnicas, Némesis 2000 cosechó triunfos. Luego de ocho años de heridas y batallas se le reconoció la oportunidad de estelarizar un enfrentamiento en Campeche. La lucha fue espléndida y ese día entendió que nadie es profeta en su tierra.

Durante dos años continuó curtiendo las lonas y ganándose aplausos. Por los méritos alcanzados, en Villahermosa le dieron la oportunidad de luchar con los enmascarados que iban llegando de México.

Arriba del encordado rivales y compañeros lo incitaban con el “puto” al inicio o al final de cada frase. Zentella se comenzó a achicar cada vez que un luchador de la capital le espetaba un “golfa”.

—Tú si aquí no tomas, no vas a estar con los grandes —fue la opción que le ofreció un directivo para mejorar su situación con los colegas. La tomó y se ahogó en alcohol. “Me emborrachaba y me hicieron muchas cosas ya tomado, me quedaba yo dormido y ahí sí puedo yo decir que me violaban y todo ese tipo de cosas”, dice Gabriel, y deja en claro que lo agredían sexualmente por ser gay.

Orquídea Salem vs. Némesis 2000

Gabriel no sabía de la existencia de los luchadores afeminados. No sabía que algunos hombres subían al ring luciendo vestidos de baño, botas altas, pestañas postizas, labios, párpados y pómulos maquillados. “Yo no sabía que existían luchadores exóticos, yo en mi vida los había visto”.

Pasado el tiempo lo impensable se hizo realidad. Lo que antes para él era “denigrante, un mal ejemplo a seguir” fue convertido por el director de Triple AAA, Antonio Peña, en un espectáculo televisivo.

“Siempre respetaba a los luchadores exóticos”, pero Juan Gabriel no se sentía capaz de pararse en un ring vestido como uno de ellos porque trabajaba en una escuela como maestro y sentía que no era lo correcto.

Gabriel no sabía de la existencia de los luchadores afeminados. No sabía que algunos hombres subían al ring luciendo vestidos de baño, botas altas, pestañas postizas, labios, párpados y pómulos maquillados.

Gabriel temía que el público vociferara “cochinada y media” en su contra, temía que lo volvieran a herir diciéndole “puto” o “golfa”.

Ser homosexual le dio una oportunidad el día en que Pimpinela Escarlata se ausentó de un combate. Así May Flowers y Polvo de Estrellas lo alinearon en su equipo.

“Me maquillaron, fue como salir del clóset”, narra y hace hincapié en que cuando subió al ring eclipsó a la afición y nadie pareció extrañar a Pimpinela.

Sus compañeros lo bautizaron como Orquídea Selem, así subió al ring y demostró que, vestido de brillantes o enmascarado, era un luchador profesional.

—No sé qué haces luchando con esa máscara, estás desperdiciando totalmente tu carrera —le dijo Polvo de Estrellas al bajar del ring.

—Por qué no luchas como exótico en las periferias de Villahermosa y te respetamos Villahermosa —le propuso Carlos Baeza, su ex promotor.

Era la oportunidad que esperaba, se animó y salió del clóset junto con su hermano menor. Georgina, que sabía las tendencias de sus hijos, los aceptó. Zentella aprovechó para pedirle a su mamá que le hiciera un traje inspirado en la caricatura de She–Ra.

Cuando probaba suerte en un pueblo en las afueras de Villahermosa un cazatalentos de AAA lo animó a luchar en la Ciudad de México. No creyó en la propuesta del empresario hasta cuando un día, llegando de la Universidad, su mamá le avisó que lo habían llamado de la AAA. Siguió incrédulo, pero pasados diez minutos, Víctor Ramírez, encargado de programación de la empresa, le confirmó que lo había agendado para presentaciones de prueba en Puebla y Puerto Vallarta.

Metamorfosis: la inevitable fama

Para alcanzar el logro de convertirse en una estrella, Zentella sabía que tendría que aceptar ser parte de una empresa grande y que debía comenzar a faltar a su trabajo como profesor.

Sin dejarse de preocupar por el qué dirían los padres de sus alumnos, ocultó su pelo largo con pasadores y a estirones, “para que se me viera que traía yo corte de hombre normal”. Mimetizado con maquillaje creyó que su rostro no sería reconocido.

En una fiesta, y bajo la influencia del alcohol sus amigos le propusieron llamar a su personaje Pasión Kristal, “porque tienes pasión por la lucha y Kristal porque eres frágil”, le dijeron.

Superado el casting, en mayo de 2005 mostró que su personaje estaba hecho de vidrio templado. En 2006 debutó en una “Guerra de Sexos”: Exóticos vs. Mujeres.

Un beso para los lectores… Fotografía © Diego Leonardo González.

Habiendo superado el reto y con las felicitaciones de sus compañeros vinieron también muchas caras de “fuchi”; algunos de los que le habían dicho que fuera a probar suerte en México sentían envidia por su repentina fama.

Cada sábado o domingo sacaba del clóset su Pasión Kristal para irse a luchar a México. En Villahermosa se enmascaraba con su inseparable Némesis 2000.

La gran mayoría de sus alumnos eran de los municipios de Comalcalco y Paraíso, por eso le había pedido a su promotor que nunca le fuera a programar una lucha en ese par de lugares, pero… “¡Anda! Parece que le dije prográmame”, dice. Para no ser reconocido se tiñó el pelo de rojo y se pintó un antifaz. Vencido el temor escénico llegaron las felicitaciones, las fotografías y las ganas de huir al camerino. Ese mismo día se volvió a decolorar el pelo, “Yo no sé cómo no me quedé pelón, por obra de Dios”.

Su anonimato no duró mucho tiempo. “Maestro, lo vi en television”, lo saludaban algunos alumnus y amigos de la escuela al reconocerlo en los shows televisados por AAA. La lucha le ganó la riña a la docencia. Gabriel no quería desaprovechar las oportunidades ni sentirse como un viejo frustrado.

Pasaron meses para que Pasión Kristal lograra consolidarse. Tuvo que desenmascarar y cortarle la cabellera a varios rivales, además de consagrarse como Campeón Medio del Sureste.

Todos contra todos

Arriba del ring. Ganándose la atención del público logró hacerse de la enemistad de Pimpinela Escarlata. Los ánimos se tensaron entre los dos, los celos comenzaron a sisear dentro de los camerinos.

En medio de la grabación de un programa la envidia superó a la prudencia y Pimpinela le dio un golpe traicionero a Kristal. “Ella de los pelos jalándome y yo ni cómo agarrarla porque le acababan de quitar la cabellera”.

La presión las confrontó, la fama hizo el resto: “Llega un momento en que dices ¡ya basta! Como que ya es hora de sacar verdaderamente al hombre que llevo muy, muy por dentro de mí”.

No sólo Pimpinela es su antagonista. Adentro de la jaula Pasión Kristal deja salir sus más bajos instintos, pues aprendió que dentro del encordado todos son rivales: técnicos, payasos, mujeres, hombres, minis. “Lo que sea, nosotras les damos en la torre o de arañazos o de besos”. Esa ley incluye a sus más cercanas confidentes.

Tatuajes y pasiones. Los rivales de Pasión Kristal no se remiten sólo a los que tiene que enfrentar sobre el cuadrilátero, los camerinos o los sets de televisión. A algunos contrincantes los ha tenido como pareja dentro y fuera del gremio, de los que según ella “sacan el pie y lo vuelven a meter otra vez”. Uno de sus novios le pidió alguna vez que abandonara la lucha libre para que se pudiera hacer cargo de él. Pero Gabriel nunca ha aceptado ninguna propuesta porque siempre lo han hecho sufrir, porque siempre incumplen sus promesas y porque siempre deciden continuar con sus esposas o conseguirse una novia.

Sus candentes y traicioneros amores lo terminaron por deprimir tanto que una vez intentó quitarse la vida. Gabriel está marcado para siempre, o por lo menos hasta que decida quitarse los tatuajes con los nombres y las iniciales de quienes otrora forcejearan con él en el mismo equipo sentimental.

Los nombres sellados en su cuerpo son sinónimos de posesión y pertenencia: “Soy muy, muy celoso, eso es lo que más me hace, me ciega, me hace pensar cosas que no son. Y no escucho a veces razones. Muy impulsivo”, confiesa.

Su primer opositor. Durante su infancia su padre era el verdugo que lo enviaba a la escuela amoratado. Gracias al bienestar económico de Gabriel se volvieron a reconciliar, “Ahorita sí soy su hijo, ¿por qué?, porque pues soy famoso, salgo en televisión y todo eso, ahí sí, y no importa que yo sea homosexual, pero antes él me discriminaba totalmente”.

Un exótico pisando colas

“Quien no es homosexual es vicioso, pero yo creo que cada quien tiene una cola que le pisen o que nos pisen”. Por su experiencia como Némesis 2000, Orquídea Salem o Pasión Kristal, Gabriel cree que dentro de los camerinos de la lucha libre no hay moral. Además, cree que algunos luchadores son burdos y han hecho que el público los etiquete a todos del mismo modo: “Procuro que mis trajes sean elegantes, sexys pero no ofensivos para nadie, porque no voy a enseñar que se me vea hasta el hueco”.

Los luchadores de su género son para Zentella “una combinación entre algo exótico y bizarre”, pero para su gusto alguien que sea de su grupo y se deje la barba es grotesco.

Alguna vez en Villahermosa alguien le gritó: “Oye, puto”, y ni corto ni perezoso le respondió a puñetazos. “Eso sirvió pa’ que muchos vieran y no se volvieran a meter”, dice orgulloso.

A diferencia de May Flowers y Pimpinela Escarlata, que practicaron el travestismo, Pasión Kristal no se considera travesti, aunque si va a una fiesta intenta ir siempre un poco femenino.

No por ser afeminado Gabriel es un cobarde. Sabe que sus maniobras son amaneradas pero ha descubierto que él tiene la testosterona para enfrentar, someter y hasta asustar a sus rivales.

Alguna vez en Villahermosa alguien le gritó: “Oye, puto”, y ni corto ni perezoso le respondió a puñetazos. “Eso sirvió pa’ que muchos vieran y no se volvieran a meter”, dice orgulloso.

Pasión Kristal aprendió que no todo lo que el público le grita son vulgaridades. Desde las tribunas ha escuchado a mujeres clamar por un beso suyo, otras le han pedido que bese a uno que otro marido. Hombres y mujeres han reconocido el talento de ese luchador que de chico deseaba jugar con una muñeca y lo han premiado con la adulación que más le gusta: “¡Mamacita!” ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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