Lecciones de periodismo para días inhábiles

Ocho consejos de supervivencia

En la aparente calma de Campeche, en esa tranquilidad de tríptico turístico con la que hemos crecido, hay tan poca materia prima para la prensa que sólo es noticia lo que está a punto de acontecer. En una ciudad donde los medios locales se dedican a cronometrar el inicio de la temporada de pulpo, cualquier muerte o declaración política parecen las últimas referencias de un mundo donde todavía suceden cosas.

Sin embargo, en esa misma apatía de acontecimientos, existen los casos extremos, ¿qué hacer en los días inhábiles?, ¿en esas fechas de asueto obligatorio que el periódico donde trabajamos no nos concede bajo la consigna de que “la noticia nunca se detiene”?, ¿cómo cumplir la dosis mínima de caracteres en las mañanas de resaca?, ¿qué puede acontecer el 1 y 2 de noviembre, el 25 de diciembre o el 1 de enero en una ciudad donde generalmente nada sucede y los diarios explotan para esas fechas reportajes sobre el colapso de las pensiones y lo caro que saldrá este año la cena de Navidad o la comida del Día de Muertos?

© Marc Riboud

Imprácticas como la mayoría de las cosas que nos enseñan en las aulas, las clases de periodismo no son aplicables a ciudades como Campeche, donde hay pocas novedades y a veces los políticos no tienen nada que declarar. Peter Parker descubrió que era más fácil fungir de superhéroe que de periodista y si bien es cierto que para muchos la vida no vale nada, para un reportero reditúa mucho menos cuando la ciudad no alcanza para satisfacer la cuota impuesta por el jefe de redacción.

Por ello, como una especie de material didáctico adicional para las nuevas generaciones de comunicadores, hemos diseñado 8 consejos de supervivencia para los días inhábiles.

1. Invente la noticia. Accidentes inverificables, robos que la Secretaría de Seguridad Pública nunca se entera, un muerto de nombre curioso (el santoral de ese día es de mucha utilidad), atropellados, dos automóviles que colisionan, un macheteado en un ejido. Arremetió contra su compañero de juerga; fue detenido por abandono de hijos y cónyuge. Además, seamos honestos: cambiando lugares y modificando levemente algunas circunstancias, posiblemente todo haya ocurrido tal cual.

2. Sea vocero de algún funcionario. Los servidores públicos están siempre en campaña porque su auténtica función no es servir sino escalar. Cada dos días mandan comunicados donde destacan su decidida intervención para lograr el tope de una calle o la poda de árboles en un parque. Lo bueno es que sus logros, la mayoría de ellos imperceptibles, no tienen fecha de caducidad.

Imprácticas como la mayoría de las cosas que nos enseñan en las aulas, las clases de periodismo no son aplicables a ciudades como Campeche, donde hay pocas novedades y a veces los políticos no tienen nada que declarar.

3. Las notas de color nunca fallan. Salga a la calle. No le llevará muchos minutos describir la prisa de la gente en Navidad, los negocios abarrotados el 14 de Febrero o la desértica ciudad el primer día del año. Pregunte en dos o tres comercios cómo ha ido la venta, qué artículos son los más solicitados. Seguramente en Fieles Difuntos subió la demanda de flores o ya nos invadieron las costumbres extranjeras. En días absolutamente despoblados destaque el número de turistas que recorrieron el centro en busca de artesanías.

4. Gran fuente de información: el “Pedro Sáinz de Baranda”. Inmiscuidos, como estamos, en una economía de mercados, a nadie debe extrañar que el Mercado Principal sea el mejor termómetro financiero de la ciudad (el precio del tomate define con más precisión el estado del país que la cotización del dólar). Asimismo, “nuestro principal centro de abastos” (escríbalo así para ocupar más espacio) representa como nadie al Campeche contemporáneo: luchas de grupos, filtraciones de agua, problemas con salubridad, los yucatecos nos quitan los clientes, etcétera.

5. Use, guarde y recicle. En su libro autobiográfico Ecce homo, Federico Nietzsche cuenta que concibió el Eterno Retorno después de haber leído un periódico campechano. De ahí le provino la idea de que “todo tiende a repetirse un número infinito de veces”: El malecón tiene basura, los locatarios se quejan del Subdirector de Mercados, los choferes no respetan a los adultos mayores. Todo está aconteciendo de nuevo, día tras día, sección tras sección. De algo tendría que servir la falta de memoria histórica de los mexicanos.

6. Haga historias de gente como usted. Las personas aparentemente comunes tienen cosas que contar: la Virgen se la aparece en la humedad de su pared, aún juega la lotería campechana, es campeón de danzón para la tercera edad, se rehabilitó de las drogas y el alcohol. Un poco de sentimentalismo nunca está de más en los diarios.

7. Coleccione trípticos. La Profeco hace todo el tiempo recomendaciones para no ser estafados, la Sedesol posee algún programa del que nadie se ha enterado todavía, hay Semanas de Salud cada semana. Todo sirve a pequeña escala: una nota donde una dependencia “alerta”, otra donde una Secretaría de Estado “advierte” y una más donde una dirección municipal “invita”.

8. Los colonos siempre tienen algo de qué quejarse. Las patrullas no pasan, ya robaron en dos casas, tenemos miedo de salir después de las diez de la noche, la maleza de un baldío podría propiciar un brote de dengue, en tiempos de lluvia se llena todo de agua, no le hemos visto la cara al diputado, pero qué tal cuando nos pedía el voto, ya avisamos de los baches al Ayuntamiento pero nadie viene, nos falta luz, urge un módulo de seguridad, se están cayendo los postes, nuestros niños piden un parque, hay basura, hay tristeza, hay abandono. ®

(Gracias a Ana Rosa Morales por su colaboración)

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Publicado en: Abril 2011, Apuntes y crónicas


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