Manuel Felguérez

El narco en casa

Integrante de la Generación de la Ruptura, el pintor zacatecano Manuel Felguérez vive ahora el autoexilio en Colorado, Estados Unidos. Desde allá mira con pesar y nostalgia el país deshecho que es México.

Manuel Felguérez

El pintor y escultor Manuel Felguérez (Valparaíso, Zacatecas, 1928) a una edad temprana emigró con la familia a la Ciudad de México, a raíz del reparto agrario y el consecuente desmantelamiento de las grandes haciendas por parte del general Lázaro Cárdenas. Sin él saberlo, el futuro artista, identificado con la llamada Generación de la Ruptura, iba al encuentro de su vocación y destino. En la capital del país realiza estudios en La Esmeralda —escuela de pintura, escultura y grabado—, en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el extranjero. Junto con Vicente Rojo, Rodolfo Nieto, José Luis Cuevas, Alberto Gironella, Lilia Carrillo, Francisco Corzas, Fernando García Ponce y Arnaldo Coen, Felguérez integra la camada de artistas que rompen con la pintura figurativa y persiguen una expresión y un estilo de carácter abstracto, en oposición a los muralistas que, en el pasado reciente, habían afirmado: “No hay más ruta que la nuestra”.

Según Carlos Monsiváis,* para la década de 1950 ya aparecían en periódicos, revistas y suplementos culturales notas que se ocupaban de analizar estilos y tendencias de este puñado de pintores, ya había pequeñas galerías que se “atrevían” a montar exposiciones de este grupo de “disidentes”, sin apoyo oficial y que habían desafiado la estética predominante e impuesta por los muralistas Diego Rivera y José Clemente Orozco, principalmente, bajo la tutela del entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos. Como siempre, no faltó quien acusara a los abstractos de ser representantes del “imperialismo” —acusación de moda en los círculos oficiales, pese a que su arte era radical para el momento que se vivía, el nacionalismo. Para el autor de Días de guardar, la expresión abstracta no se inicia con ellos, sino anteriormente la habían abordado Carlos Mérida, Cordelia Urueta, Günther Gerzso y Juan Soriano, pero es al grupo de Felguérez al que se le estigmatiza con la doble incomprensión: la política y la artística.

En 1958 Manuel Felguérez presenta su primera exposición individual, no como una promesa sino como un real pintor abstracto. “Nada era nuevo y todo era nuevo”, observa Juan García Ponce,** hermano de Fernando, identificado con el grupo de la Generación de la Ruptura. Obras que no fincaban su valor en cualquier modelo anterior a la existencia de sus obras, la invención de formas, texturas y colores, no, sino en el orden, la frescura y la espontaneidad que Felguérez empleó u organizó para expresarse. “La gran exposición retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes demostró que una actividad incesante había conducido la necesidad de expresión de Felguérez como pintor, como escultor”.

Ya transcurrieron cincuenta años de los primeros éxitos del pintor Felguérez. Actualmente, 2011, vive y tiene su taller en algún punto de Colorado, Estados Unidos, mientras el país se desangra con 40 mil muertos producto de la guerra de Felipe Calderón Hinojosa. México es un “desastre”, le dice el artista a Diego Enrique Osorno,*** “ha sido mal gobernado”, la sobreexplotación de los recursos naturales ha dejado secuela en Catemaco, Veracruz, que antes era una selva; ahora la Lacandona, en Chiapas, conserva una tercera parte de lo que era; los talabosques en Michoacán han eliminado a la mariposa monarca. Eso por un lado, por el otro está la calidad educativa y el movimiento de los profesores de Oaxaca, que paralizaron seis meses las escuelas y, para colmo, “aparece el terror del narcotráfico”, los descabezados, las fosas clandestinas, la matanza de indocumentados provenientes de Centro y Sudamérica, de Brasil y otros países. Para Felguérez, es una lucha “desigual” por donde se le vea, con una policía corrupta y un Ejército que no da una.

Para Felguérez, existe la certeza de que el narcotráfico “no se soluciona combatiéndolo”, aunque tampoco puede pactarse, sino hacerse de la “vista gorda”, como hacen en Estados Unidos, donde el Ejército y la Guardia Nacional se “hacen tontos” para no crear más problemas.

Ante el periodista, Felguérez acepta que la presencia del crimen organizado en Zacatecas es “reciente”. Quizá él no lo sepa, pero es del dominio público que en el municipio de Valparaíso —colindante con puntos de Jalisco y Durango—, su lugar de origen, existen campos de entrenamiento de sicarios; que hace ocho meses no hay nadie al frente de la Dirección de Seguridad Pública, vacío que necesariamente es “llenado” por los malandros que han impuesto el terror y la violencia. Situación que no es privativa sólo en ese punto sino que se repite en otros. Ejemplo de la crispación social que priva en toda la entidad es el pánico desatado el viernes santo durante el recorrido del víacrucis por las principales calles del Centro Histórico, luego que alguien hizo estallar, en un callejón aledaño al recorrido, una o varias “palomas” de pólvora. Pánico que se ha atizado con la noticia del hallazgo, recientemente, de quince tambos con resto humanos; con la desaparición, en diciembre pasado, de ocho cazadores que llegaron de Guanajuato; con la “alerta” emitida por Estados Unidos, en semana santa apenas, a sus habitantes para que no viajen a Zacatecas por la “violencia e inseguridad” imperantes.

Para Felguérez, existe la certeza de que el narcotráfico “no se soluciona combatiéndolo”, aunque tampoco puede pactarse, sino hacerse de la “vista gorda”, como hacen en Estados Unidos, donde el Ejército y la Guardia Nacional se “hacen tontos” para no crear más problemas. Desde su punto de vista, podría legalizarse el consumo de mariguana, “pues es tan inocua”, a diferencia de la heroína, la cocaína y otras drogas “duras”. Admite en seguida que en su juventud probó la yerba, tan usual en el medio artístico. Hace treinta años, cuando empezó a viajar a Puerto Vallarta, Jalisco, en cada casa tenían macetas de esa planta, que se preparaba en repostería y sopas. “Todo era verde, y no pasaba nada”. Aunque aclara que en su generación había más alcohólicos y artistas que murieron de cirrosis. ®

Notas
* Carlos Monsiváis, La cultura mexicana en el siglo XX, México: El Colegio de México, col. Historia Mínima, 1a. ed. 2010.
** Juan García Ponce, De viejos y nuevos amores, Vol. I, México: Joaquín Mortiz, col. Arte, 1998.
*** Diego Enrique Osorno, “La violencia y el narco no afectan a la cultura: Manuel Felguérez”, Milenio Semanal, 19 de abril de 2011.

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Julio 2011

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