Navegar con bandera pirata

Para leer y ver cine toda la vida

Usted debería estar agradecido con el autor de esta columna —ya en su vigésimonovena entrega— pues es de las pocas personas que de veras saben buscar los más valiosos tesoros de la red y, generosamente, compartirlos. Libros, películas, conferencias, arte, belleza… perfectamente escogidos con buen gusto, sabiduría y sensualidad. Gracias, master.

Harvard, Berkeley y el Instituto Tecnológico de Massachusetts gratis por la red. Para sorpresa de propios y extraños, tres de las más refulgentes estrellas de la llamada Ivy League han puesto a disposición del público general una nutrida y variopinta selección de sus cursos on-line. Hay de chile, de mole y de manteca, con calidad asegurada. Aunque por el momento no hay titulaciones completas, quienes completen los cursos y demuestren que aprendieron —por examen o por trabajo final— recibirán un certificado de finalización del curso. La medida ha sido celebrada por algunos arguyendo que ésta es una prueba de los nuevos desafíos a los que se enfrenta la educación superior, apoyando el open access y los nuevos tiempos de la red. Otros, entre los que me incluyo, ven en este gesto una manera sutil de enganchar a un público mundial con capacidad de pagar su valioso contenido intelectual, pero sin asustarlos. Ya veremos en qué acaba todo y cómo reaccionan las universidades ante los nuevos paradigmas informáticos. Por lo pronto dale click y vuelve al salón de clases sin levantarte de la cama.

Libros gratis, muchos libros. Pocas cosas resultan tan estimulantes como burlar al burlador, máxime si se trata de grandes corporaciones abocadas a lucrar con el trabajo ajeno. Es muy probable que en unos años la red como la conocemos no sea sino una buena intención, otra más, triturada la mazmorra de los sueños libertarios. Pero en lo que llega ese momento, démonos gusto atesorando algunos libros. En esta ocasión, Stephen Jay Gould nos saluda con uno de sus mejores ensayos: La falsa medida del hombre. Luego viene Milan Kundera, que podrá no gustar a todos como novelista pero como ensayista es intachable: El arte de la novelauna obra luminosa. Seguimos con un clásico de clásicos: La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Continuamos con un libro fantástico —cuenta la leyenda que el libro fue corregido por Michel Foucault— de Richard Sennett: Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Carl Gustav Jung acude a la cita con Tipos psicológicos, una de sus obras torales, y Raymond Carver colabora con tres relatos.

Cierran esta tanda de maravillas dos libros fascinantes: Tapioca Inn de Francisco Tario y El antropólogo inocente de Nigel Bayley.

Porno antiguo. Si alguna vez te preguntaste cómo se hacía el porno a inicios del siglo XX, con películas mudas, este par de enlaces despejarán tus dudas. Por un lado, tenemos una producción francesa que representa la toma de La Bastilla o, más precisamente, lo que pasa en una prisión particularmente licenciosa. Por otro, una producción americana de un caballero que pasea por los campos y se topa a dos lindas muchachitas muy coquetas. Un par de tesoros venidos directamente del arcón de tu abuela.
Cuentos sin fin.
Una página extraordinaria con los cultores del género más fino de la prosa. Para pasarse la vida leyendo.

Days of Radio. Una de mis películas preferidas de Woody Allen.

Talkin like touching. Writing like punching somebody. Fragmentos del segundo tomo de los diarios de Susan Sontag.

The Radian Child. Un documental sobre esa centella atribulada que fue Jean-Michel Basquiat, patrono triste de los niños genios, suicidados.

La memoria amenazada. Un potente ensayo de Tzvetan Todorov.
Hiroshima mon amour.
No tengo palabras para describir este video. Resulta inconcebible que unas imágenes calladas sean capaces de transmitir tanta desgracia.

Índice de Desarrollo Humano 2010. La verdadera riqueza de los pueblos y las naciones.

International Union for Conservation of Nature. Y que no se les olvide, criminales: no somos sino una más de las especies que pueblan en este planeta, a todas luces no la más bella ni la más dichosa (pero sí la más cochina y despreciable). El planeta no nos pertenece.

Geoffroy Debois. Un artista poca madre con una página web que es una verdadera obra de arte.

Entrevista con Werner Herzog. Amplia, lúcida y recomendable. Para los clavados de hueso colorado, consigno también fragmentos de su conferencia mexicana Viaje en búsqueda de la rareza: “Deberían hacer cosas muy básicas como viajar a pie, recorrer México caminando porque el mundo se abre, el mundo se revela para aquellos que van a pie. Yo me identifico mucho con gente como Hemingway. Juan Rulfo viajó por todo México vendiendo llantas para autos. Él era un gran poeta y su novela Pedro Páramo, en mi opinión, es la mejor obra no sólo de la literatura mexicana sino de toda Latinoamérica. Para mí no hay nadie de su calibre, y su experiencia sobre el territorio, y esa experiencia es la poesía detrás de todo, una visión profunda y Pedro Páramo es un libro al que regreso y regreso todo el tiempo. Hay pasajes enteros que puedo recitar de corazón”. ®

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Publicado en: Agosto 2012, Wünderkammern


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  • Gracias por tus palabras, Carlos, me han hecho sonreír esta mañana. Desafortunadamente, sigo considerando necesarias mis palabras.
    ¡Un abrazo desde Tecamachalco, donde saludamos al sol con alegría!

  • Gracias por compartir, Rafael, pero, ¿era necesaria la simpleza de llamarnos la especie más cochina y despreciable? Revisando tu currícula me sorprende ese arrebato más digno de una practicante de yoga de Tecamachalco.