Poemas de la calle

© William Klein

La camisa

La camisa con que te rodeé
la única vez la llevaré al
cesto sin fondo del basurero.
Es la misma que me abriste
en aquella cama aérea
donde te invité una tarde.
Es la prenda que reposó
toda la noche en el respaldo
del Hotel Latino de dos estrellas.
Aquella que te dije me alcanzaras
al asomarnos al balcón, antes
de irnos juntos a ninguna parte.
Con el paso de los días
y los meses se ha deshilachado
sin que recuerdes las solapas.
Al igual que la boca pierde piezas
dentales la camisa se quedó
sin botones, sin codos, sin nosotros.

La fuente

Fui a la fuente de los deseos
sin un porqué; tiré
una moneda de baja denominación:
sólo tenía escrito tu nombre;
cuando tocó fondo
vi que flotaba un animal
inerte, de colmillos opacos
y una placa al cuello;
vi o imaginé tu nombre
o el mío por
la primera o la última
de las vocales borrosa, eclipsada;
al sentirme observado,
volteé a todas partes,
quise sacar al animal
del rabo pues ya se iba
río abajo, a otro precipicio;
luego desistí al ver que se alejaba
lento, como la noche,
como las hojas de nuestras vidas,
como la caja que desciende al fin.

La parada

Llegué a la parada de camiones
antes del oscurecer: la flaca
con tetas de cabra me dijo
que ella iba a La Abundancia.
Creí que no alcanzaría
la última corrida cuando
el tragafuegos me deletreó con labios
de gasolina y estopa que todavía no pasaba el mío.
Luego me tendió la bolsita
de polietileno para convidarme
las inhaladas que yo quisiera:
“Le comparto lo que tengo, don”.
Antes de regresarle el envoltorio
de sueños me confió que él iba
a la Colonia del Mono,
que si conocía por allá.
No soy de aquí —le respondí—,
¿Tu camión me deja en Animal Planet?
Cuando terminamos de reírnos, él
me contagió, me dijo que no era necesario agarrar transporte.

El calendario

cuando nací alguien en casa
decidió que me llamaría uriel.
pero nadie sino yo decidí
que me estrellaría contra el alcohol.
alguien en casa quiso calzarme
zapatos de estambre y babero bordado.
pero ninguno sino tú quiso
ensartarme púas de vudú y curare en ojos e ingles.
en casa creyeron que un día vestiría
corbata y mancuernillas pero no cartón/cobertor.
nací bajo el signo de los gemelos, el serio
y el atufado, el primitivo y el disminuido.
ahora que todos murieron floto a ras de tierra
y trato de recordar cómo fuiste de origen. ®

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Publicado en: Poesía, Septiembre 2012


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