Religioso o ateo

¿Qué es mejor?

Recientemente se realizó una encuesta sobre los niveles de religiosidad y la felicidad en el mundo y se encontró que los efectos positivos de la religión van a depender de en qué país del mundo se viva: las personas religiosas son más felices en países muy religiosos.

Durante mucho tiempo se ha considerado que las personas ateas son inmorales e indignas de confianza. En el caso particular de los Estados Unidos, la mayoría de las personas no votaría por un candidato que fuera ateo; a diferencia de nuestros vecinos del norte, en México ya tuvimos a un presidente, Ernesto Zedillo, que se declaró explícitamente ateo.

Pero las malas notas para los ateos no terminan ahí; hay muchos estudios que dicen que las personas sin creencias religiosas, comparadas con las que sí las tienen, son menos saludables, menos felices y que, inclusive, viven entre uno y siete años menos, dependiendo del estudio del que estemos hablando.

Si en el plano mundial se estima que hay entre 500 y 750 millones de ateos, y que en México hay un poco más de cinco millones de ellos, estaríamos hablando de un buen porcentaje de la población que estaría en un riesgo de salud. Pero, ¿es cierto que los ateos son un grupo de riesgo?

El diablo está en los detalles

Sucede que no todos los estudios han encontrado eso. Mochon y Ariely publicaron un estudio en 2011 en el que hallaron que los ateos confesos son más felices que aquellos que viven su vida con un nivel de apego mínimo a su credo religioso.

Hay otros estudios que nos pueden dar más luz al respecto. Recientemente se realizó una encuesta sobre los niveles de religiosidad y la felicidad en el mundo y se encontró que los efectos positivos de la religión van a depender de en qué país del mundo se viva: las personas religiosas son más felices en países muy religiosos. http://www.gallup.com/poll/116449/Religion-Provides-Emotional-Boost-World-Poor.aspx.

Este dato se interpreta en el sentido de que lo que hace felices a las personas es vivir en una comunidad que comparta sus valores; si éstos son religiosos o no, no importa tanto como que sean ideas compartidas.

De aquí se desprende que si los ateos tienen problemas de salud no se debe tanto a que los creyentes sean más felices porque hay un evento supernatural que los afecte, sino porque hay un mecanismo sociológico que hace que las personas se sientan bien por percibir un ambiente de soporte.

Comunidades de apoyo

La idea de que es la creencia compartida lo que hace a las personas más felices tiene más evidencia de apoyo en otros estudios. En una serie de encuestas realizadas en los Estados Unidos por el Centro Nacional de Opinión Pública entre 1972 y 2008 se encontró consistentemente que aquellos sujetos que se describían a sí mismos como más felices iban regularmente a misa (48% de los encuestados, comparado con 26% de los que no asistían a servicios religiosos).

Quisiera hacer más énfasis en la idea de que la religión ofrece una visión coherente del mundo. Uno de los aspectos más curiosos de esas encuestas Gallup citadas antes es que entre más pobre sea un país más religioso es; mientras más dinero tiene un país menos importancia le dan a la religión.

En 2010 se publicó una encuesta en la que se encontró que la variable que más importaba para predecir si las personas son felices es simplemente la cantidad de veces que van a misa. Pero sobre todo encontraron que las personas que más felices son aquellas que pertenecían a grupos religiosos y que tienen amigos más cercanos en esos grupos [Lim y cols., 2010].

Pero la religión en sí no es lo importante, ya que aquellos que van mucho a misa pero no pertenecen a los grupos y no tienen amigos religiosos obtuvieron peores puntajes en sus niveles de felicidad, comparados con aquellos que no van nunca a misa. Lo que hace a la religión importante para generar felicidad es que provee relaciones sociales, oportunidades de ser generoso y ofrece una visión del mundo coherente.

Religión y pobreza

Quisiera hacer más énfasis en la idea de que la religión ofrece una visión coherente del mundo. Uno de los aspectos más curiosos de esas encuestas Gallup citadas antes es que entre más pobre sea un país más religioso es; mientras más dinero tiene un país menos importancia le dan a la religión (dato tomado de la esta dirección).

Si el ingreso per cápita es menor a dos mil dólares anuales, la religión es importante en 92%; pero si vives en un país que gana 25 mil dólares o más al año entonces la importancia de la religión baja a 42%. Estas encuestas se realizaron en 154 países con más de tres mil personas entrevistadas.

La religión puede ser vista como un paliativo a una vida dura de pobreza. Si se vive en un país en el que la existencia diaria es difícil el nivel de satisfacción bajará; pero si se es muy religioso se va a ser más feliz que los vecinos que son menos creyentes. Si se vive en un país rico donde la vida es más fácil, tanto religiosos como no religiosos tienen el mismo nivel subjetivo de felicidad.

Se pueden interpretar estos datos en el sentido de que la religión hace a las personas más felices porque permite interpretar las condiciones difíciles de la vida; le da sentido al dolor y al sufrimiento.

El ateo feliz

Tomando en cuenta todos estos datos podríamos decir que lo peor que nos podría pasar es ser pobre en un país pobre y además no tener creencias religiosas. La solución para estas personas es formar parte de comunidades de no creyentes, porque lo que importa es convivir con gente que piensa lo mismo que uno.

Para ser feliz, pues, no es necesario ser creyente en entidades supernaturales. Para tener una existencia agradable es mucho más importante convivir con quienes tienen las mismas creencias. También ayuda mucho vivir en una sociedad cooperativa. A ver para cuándo podemos lograr eso, no sólo en México, sino en todo el mundo.

Tomemos como ejemplo a Dinamarca, el país que menos iglesias de cualquier credo tiene en el mundo. Ellos no necesitan ir a misa para sentirse parte de una comunidad. Ellos, por el puro hecho de ser daneses, ya se sienten parte de una comunidad. Contribuye a ello el que sean solamente seis millones de personas, con casi cero inmigración, con una lengua que sólo ellos hablan y mínimas desigualdades sociales.

Para ser feliz, pues, no es necesario ser creyente en entidades supernaturales. Para tener una existencia agradable es mucho más importante convivir con quienes tienen las mismas creencias. También ayuda mucho vivir en una sociedad cooperativa. A ver para cuándo podemos lograr eso, no sólo en México, sino en todo el mundo. ®

Bibliografía
Mochon, D., Norton, M.I. y Ariely, D., (2011), “Who benefits from religion?,” Social Indicators Research, 101(1), 1-15.

Lim, Chaeyoon, Carol Ann MacGregor y Robert D. Putnam, “Secular and Liminal: Discovering Heterogeneity Among Religious Nones”, Journal for the Scientific Study of Religion 49.4, diciembre de 2010): 596–618.

Publicado en: Agosto 2012, Ciencia y tecnología

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