REQUIEM POR RONNIE JAMES DIO

The Voice of Heavy Metal

“Ahora ha sido arrancado por un Dios enfurecido y lanzado al infierno…” Así remataba la Iglesia Bautista de Westboro, una agrupación protestante extremista de derecha, al invitar al público a realizar una manifestación durante las exequias de Ronald James Padavona, mejor conocido como Ronnie James Dio, The Voice of Heavy Metal.

“Holy diver, you’r the star of the masquerade…”, podría contestarle el segundo vocalista, y el mejor sin duda, de la legendaria banda madre del heavy metal, Black Sabbath. Ese menudo frontman de la agrupación —ideada y sostenida hasta la fecha, sin importar grupos católicos y protestantes, sharons y ozzys osbournes, por Tony Iommi— falleció la mañana del 16 de mayo pasado, a los 67 años, en medio de la fama que retomó con el proyecto Heaven and Hell.

En julio de 2007, el día 30 para ser precisos, la sala del Auditorio Nacional se convirtió en bosque oscuro para la celebración del aquelarre, el shabat negro. Sin necesidad de una miríada de efectos especiales, rayos lásers, superpantallas de leds, pirotecnia, explosiones y churriguerías de parafernalia pop (a lo U2: “No podemos ir a México porque no cabe nuestro escenario en sus estadios”), el cuarteto iniciado en Birmingham, Inglaterra, en los setenta, desgarraba gargantas de unas 15 mil almas perdidas y condenadas al sulfuroso camino recorrido por Dante y Virgilio.

Con apenas un escenario de telones simulando la entrada de un castillo medieval, Tonny Iommi, Geezer Butler, Vinny Appice y Ronnie James Dio combinaron el cielo y el infierno en dos horas de metal puro. Sin poder ostentar el nombre de Black Sabbath, de por medio el eterno lío legal con Sharon Osbourne, la gira Heaven and Hell tocaba México y sacudía los cimientos del recinto, quizá llegando hasta los huesos ahora removidos de los Héroes Patrios, al pie la Victoria Alada que todos llamamos El Ángel en la avenida Reforma.

La secuencia de guitarra de “The Mob Rules” nos atrapó a un servidor y a los dos Alex, miembros fundadores de la IKISSA Band, a la mitad del pasillo corriendo a buscar los asientos en los que jamás descansaríamos durante el recital. Los resabios de sangre adolescente inundaban y mutaban los hematocitos restándoles sus treintañeros y desmadrosos desgastes.

Las vértebras cervicales crujían como bisagras oxidadas, sin cerveza que hiciera las veces de WD40, preparándose para el headbanging que acompañaría a los gritos y coreos de canciones a lo largo del canto oscuro de la banda que también catapultó al dipsómano-mandilón más famoso de la TV, al madman redimido y redomado: Ozzy Ozbourne.

Úrsula y Amaya, iniciáticas poco convencidas del metal, observaban con similar impresión el virtuosismo del cuarteto diabólico en el escenario y la transformación de un periodista, un administrador y un yuppie en metalfans sin freno.

Ronnie James Dio desgarraba la voz sin alterar un mínimo el desempeño de las cuerdas vocales, jugaba a la semi-capela haciendo a un lado el micrófono al rematar en “Voodoo” y sonreía echándose el pelo más atrás de la creciente frente cuando pronunciaba los estribillos de “Lady Evil”.

Entornaba los ojos para simular la “mirada del mal” o “maligna”, que por décadas se ha escrito desperdiciando tinta en críticas extremistas al heavy metal, y que atribuyen a personajes como Rob Halford, Ozzy, Dio y hasta ¿Bruce Dickinson?, o más bien el icono por antonomasia, Eddie (originalmente Eddie The Head).

Un par de adolescentes, con la edad respectiva en el cuerpo y no en la mente, caía en la confusión clásica coreando ¡Da-io, Da-io! en referencia a James Padavona, cuyo apelativo se pronuncia simplemente Dio, tal cual, dado el origen italiano del vocablo.

El error no importaba, ni tampoco que apenas supieran la mitad de las letras de las canciones y confundieran algunos coros, su ánimo superaba el hecho de que cuando Ronnie James grababa su primer disco con Black Sabbath, en 1980, ellos ni siquiera habían nacido.

Con el proyecto Heaven and Hell Dio retomaría una carrera solista sin altibajos, con una constante de éxitos en el mercado del metal y entre los seguidores de esa corriente derivada de la estridencia mezclada con el rock psicodélico y cargada de mensajes apocalípticos, de esoteria, paganismo y terror.

Cincuenta años antes de esa presentación en el Auditorio Nacional James Padavona cantó y tocó la trompeta en bandas rocanroleras como Red Cap y Ronnie and the Prophets. Después vendrían The Elves o ELF.

En 1971 Ian Pace y Roger Glover, de Deep Purple, conocieron a Elf y decidieron producirlo y llevarlo de gira con su banda. Ritche Blackmore, en ese entonces guitarrista de Purple, decidió crear Rainbow reclutando la potente voz de Dio. En el 75 correrían sus primeras aventuras a la salida de Blackmore de Deep Purple.

Unos tres años después Dio dejaría Rainbow, Blackmore llevaría el grupo por otro sendero y Ronnie James entraría a la oscura mente de Tony Iommi, que luchaba por encontrar a un frontman que no sólo sustituyera a Ozzy, retirado por fuerza a raíz de su problema de adicciones, sino le diera a Sabbath la posibilidad de continuar sin comparaciones. El mismo Ozzy amenazó a Dio de matarlo si llegaba a cantar “Paranoid”.

En los ochenta Dio dejó Black Sabbath para buscar su propio escenario y concretó uno de los álbumes que lo convirtió en esos años en la personificación misma del demonio, a decir de los grupos extremistas católicos y protestantes. La portada del Holy Diver, en la que un demonio con la clásica señal de cuernos en la mano sostiene en la otra a un sacerdote encadenado a punto de hundirse en el agua, fue uno de los instrumentos más queridos por Tipper Gore y la PMRC para atacar al heavy metal.

Como solista no paró durante casi dos décadas, produciendo doce discos y retomando Black Sabbath en 1992 para grabar el Dehumanizer, con el que Iommi vería por fin regresar la gloria perdida en los ochenta sin Ozzy y sin Dio.

En 2007 Iommi lo convocaría de nuevo para participar en la gira que estuvo a punto de truncarse por el pleito legal por la propiedad de los derechos intelectuales de Black Sabbath, lo cual solucionaron con simplemente usar el nombre del primer disco que grabaran con Dio: Heaven and Hell.

Para todos en aquella gira de dos años, incluyendo los que asistimos al Auditorio Nacional, valía madre lo dicho por Sharon Osbourne. En el escenario estaba Black Sabbath, con Dio al frente. ®

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Publicado en: Junio 2010, Música


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