RETRATO DE UN ESCRITOR MUERTO

Verano, de J.M. Coetzee

J.M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), en su más reciente novela, Verano (México: Mondadori, 2010), traza a modo de corpus vivencial el retrato de sí mismo contado por distintos personajes que damos por supuesto conocieron o tuvieron algún tipo de relación con el entonces joven escritor sudafricano a principios de la década de los setenta del siglo pasado. Con la salvedad de que Coetzee está muerto.

Un joven biógrafo inglés, el señor Vincent, estudioso del autor de Vida y época de Michael K., Desgracia y El maestro de Petersburgo, entre otras obras notables, será el encargado de hallar algunas pistas que lo conduzcan a conocer y comprender mejor a su personaje. Para ello realiza entrevistas y conversaciones con personas que mantuvieron una “cercanía” con quien más adelante habría de ser reconocido con el Nobel de Literatura.

Pero lo que encuentra, quizá fuera de sus pronósticos, la mayor parte de las veces, es un territorio desolado. Una Sudáfrica interior, por así llamarle, de un hombre serio, esquivo, monótono, un tanto extravagante a su manera y algo torpe con las mujeres, que escribe sin que en realidad nadie a su alrededor repare en su necesidad de escribir.

¿Qué se propuso Coetzee con esta novela? Esta pregunta nos asalta casi de inmediato al iniciar la lectura de Verano. ¿Abrirnos su corazón por medio de personajes que realmente vivieron y lo trataron de alguna u otra forma? O por el contrario, ¿crear una ficción a partir de personajes imaginarios? Es evidente que Coetzee está inventando, pero no sabemos hasta qué punto…

Si en Infancia y Juventud Coetzee narra sus peripecias emocionales y existenciales, con un sobrio sentido del humor en ambas, ¿qué nos quiere decir en esta su última novela? Hay en Verano un humor más amargo, más frío, más vuelto a la ironía y al sarcasmo, aunque, simultáneamente, menos trágico que en sus dos obras anteriores. Un hacer escarnio de sí mismo, si se me permite la expresión.

El escarnio es elaborado desde otra perspectiva, desde la visión de los entrevistados, quienes refieren historias en apariencia intrascendentes, a veces grotescas, otras más divertidas (las menos), pero siempre casuales (con excepción de la prima Margot, aunque esto también sea cuestionable), sobre su relación con el magro hombre treintañero de John Coetzee.

¿Qué se propuso Coetzee con esta novela? Esta pregunta nos asalta casi de inmediato al iniciar la lectura de Verano. ¿Abrirnos su corazón por medio de personajes que realmente vivieron y lo trataron de alguna u otra forma? O por el contrario, ¿crear una ficción a partir de personajes imaginarios?

Por lo demás, Coetzee se pasea en la vida de los personajes ―que en general se muestran reacios a participar en una biografía que no les interesa en lo más mínimo― como un espectro, un fantasma. No como un ser tangible, palpable, sino como una difusa y molesta presencia que, cuanto más pronto disolverla, mucho mejor.La relación con su padre, ya viejo, es las más de las veces lo único o lo más digno a resaltarse, pero esta relación la sabemos a través de los fragmentos de diario de Coetzee, que aparecen al principio y al final del libro.

Vincent detecta algo en sus entrevistados que, quiero creer, detecta asimismo el lector: una especie de encono hacia ese ser marginal, un tanto o por momentos indefenso, y sumamente infranqueable. Julia, por ejemplo, con quien abre la serie de entrevistas, es una mujer joven, práctica y bella, que vive una relación corrompida por la infidelidad y el status que le brinda su matrimonio. Decide entonces probar con un amante, y es como conoce y seduce al joven Coetzee. Éste, sin embargo, no es el amante ideal, ni mucho menos, y le parece más bien un tipo con poca sal y mucha filosofía, excesiva para su gusto.

Al narrar su historia al tenaz biógrafo, a quien inevitablemente relacionamos con el propio Coetzee, percibimos un dejo de conmiseración, mofa, incluso desprecio, y curiosamente una especie de agradecimiento, muy forzado y particular, por cierto, hacia su antiguo pero nada entrañable amante. ¿Por qué? ¿Por qué expresarse así de los muertos? ¿Porque es mejor romper con el pasado de una vez y para siempre?

Es probable que por lo trunco de los episodios y las cosas que quedaron sin contar, Verano nos deje una sensación creciente (conforme vamos adentrándonos en la novela y finalmente al concluirla) de que se nos está narrando una historia que, no obstante, es ninguna historia, y que nos lleva, de igual manera, a distintas y a ninguna parte. ®

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Publicado en: Diciembre 2010, Libros y autores


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