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Cien años de Éditions Gallimard

Tal vez sea que en México hay mil librerías y más de un millón de iPads. Tal vez sea que las pornohistorietas son el producto editorial impreso de mayor éxito en este país. Tal vez sea que Francia es culturalmente superior a México y duele aceptarlo (uuuy, lo dije)… o tal vez sólo sea la depresión con la que coqueteo todas las mañanas. No sé por qué pero el centenario de Éditions Gallimard, la casa editorial francesa, me causa, sobre todo, una profunda amargura.

Michel Gallimard y Albert Camus

Corría el año de 1960, el primer año de aquella década en que la cultura subversiva tomó forma en los poemas, cuentos y novelas de nuestros héroes literarios. La década de la contracultura, el feminismo, los movimientos por los derechos civiles, las luchas estudiantiles. Fue un cuatro de enero de ese joven 1960 el día en que Albert Camus emprendió el regreso de Provence a París a bordo de un flamante Facel Vega piloteado por Michel Gallimard, sobrino de Gaston.

Fue el último día que Camus vio el sol, el antepenúltimo para Michel que murió tres días después del accidente que Camus tal vez atrajo al declarar que la forma más absurda de morir era en un choque automovilístico. En la cajuela del Facel Vega, el primer modelo producido por esta efímera pero legendaria marca, se encontró el manuscrito sin corregir de El primer hombre, la novela autobiográfica e incompleta de Camus.

Para el cuatro de enero de 1960 Francia tenía ya un monumento literario que había sido Premio Nobel a los cuarenta y cuatro años y que llevaba veinte adelantando un récord inimaginable: veintinueve millones de libros vendidos entre 1941 y 2011, sólo en sus ediciones francesas, incluyendo diez millones de ejemplares de El extranjero. El absurdista muriendo en un accidente absurdo es sólo una anécdota dentro del universo Gallimard, nacido en 1911 y poseedor a la fecha de un catálogo que incluye a treinta y seis escritores galardonados con el Nobel de Literatura, treinta y cinco con el premio Goncourt y diez con el Pulitzer.

París fue la más reciente parada en esta celebración nacional en la que se homenajean cien años de excelencia literaria con la muestra Gallimard, 1911-2011: un siècle d’édition.

El absurdo nos domina y las pequeñas editoriales esperan su turno, latentes debajo de los adoquines. Los franceses celebran. Celebramos por ellos y por la sola existencia de Gallimard. Para nosotros… faltan tal vez cien años.

(Apartado amargo: 1911 ¿saben qué hacía México en 1911? Bah… En 2011 el Consejo de la Comunicación nos “incita” a leer con mensajes en parabuses, espectaculares y otros nuevos y curiosamente enervantes medios (a.k.a. Televisión del Metrobús) en los que promueve mensajes como “Leer nos enloquece” (en palabras de los patéticamente infantiloides OV7), o “Leer es mi acto favorito” (en palabras de una Ana Claudia Talancón en sospechoso delirio histérico post-lectura de quiensabequé).

Además de esta primera muestra itinerante que cuenta con más de cincuenta paradas en todo el mundo (ninguna en México, sí en Afganistán, el Congo, Senegal, Argentina, Uruguay, Chile…) se exhibe una más de retratos y fotografías, Portraits pour un siècle–Gallimard, que revela jugosas minucias acerca de las relaciones entre autor y editor, además de documentos de archivo como la ficha de dictamen para los manuscritos de Marguerite Duras (veredicto: “Excellent”) y otros cientos de originales que seguramente nunca veremos en México, porque acá persiste la creencia de que la promoción de la lectura comienza en su celebración abstracta y su celebración abstracta consiste en la creación de abominables campañas publicitarias acerca de lo divertida y loca que es.

El absurdo nos domina y las pequeñas editoriales esperan su turno, latentes debajo de los adoquines. Los franceses celebran. Celebramos por ellos y por la sola existencia de Gallimard. Para nosotros… faltan tal vez cien años. ®

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Publicado en: Abril 2012, Libros y autores


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