Sátira de Semana Santa

Chilangos en Acapulco

El zócalo de Acapulco invadido por retumbantes batallas de sonideros en la cancha de básquetbol del Malecón. Nunca antes supe del Sonido La Changa en Acapulco. Escandalosas carretadas de cumbia atiborraron y aporrearon toda la colonia Centro durante tres noches más allá de la madrugada.

Acapulco © ElNorte.com

Acapulco © ElNorte.com

Por lo que se ve claramente, Acapulco ha tenido que adaptarse a otro género y calidad de turismo por carecer ya de competitividad, mas no de atractivo. Admitamos que el Acapulco de hoy es un viejo edificio turístico dado al remate. Antes por lo menos el roce con el visitante gringo, la presencia extranjera en general propiciaba ambientes distintos, otros aires, entonces sí, propiamente cosmopolitas. En términos llanos digo que el turismo, nuestro escaparate moderno al mundo y modo de vida acapulqueño (según dicen) se ha convertido en una ventana para el encuentro y el roce masivo con los hermanos chilangos de todas las categorías, desde hordas de pópulo tamalero hasta pequeños ejércitos de mirreyes buscando la perfecta realización de las imágenes de “Náutica”. Ocupación, ésa es la idea. Las visiones de Acapulco en Semana Santa de 2013 son dignas de señalarse como indicadores de los nuevos tiempos. Imagine usted una aglomeración cotidiana de la Ciudad de México, sea tianguis o embotellamiento, y póngalo en la playa de Hornitos o Bonfil, listo. Lo que digo es que la consecuencia elemental de sobrevivir del turismo particularmente chilango es que trae consigo la experiencia misma del ser chilango: la híper concentración demográfica, la disolución histérica y un automatismo rampante que da miedo.

Nuevas postales turístico-bizarras

El zócalo de Acapulco, por ejemplo, invadido por retumbantes batallas de sonideros en la cancha de básquetbol del Malecón. Nunca antes supe del Sonido La Changa en Acapulco. Escandalosas carretadas de cumbia atiborraron y aporrearon toda la colonia Centro durante tres noches más allá de la madrugada, cual encerrona en la delegación Iztapalapa o en Ciudad Neza. Luchando por dormir me receté rola tras rola el pathos de la cumbia peruana colombiana y mexicana, saludos tras saludos, efecto de sonido tras efecto. Las tiendas Oxxo convertidas en fuentes inagotables de cerveza y lonchibones. Creí haber visto un botón en la casaca amarillo roja de un empleado que decía: “Gracias, Oxxo, eres mi Semana Santa”.

Las visiones de Acapulco en Semana Santa de 2013 son dignas de señalarse como indicadores de los nuevos tiempos. Imagine usted una aglomeración cotidiana de la Ciudad de México, sea tianguis o embotellamiento, y póngalo en la playa de Hornitos o Bonfil, listo.

La televisión Azteca de cadena nacional reporta como noticia de Semana Santa a una familia defeña cuya situación extraordinaria consiste en habérselas arreglado para trasladar a más de sesenta miembros del clan a este balneario del sur. En entrevista, el orgulloso patriarca informa cortado entre lágrimas que rentaron tres habitaciones por tres mil quinientos pesos, nomás para guardar las cosas y vámonos todos a pasarla sabroso al mar, y el hecho de tenerlos aquí en la playa de Papagayo, en perspectiva y en suma es el triunfo en la vida de este señor a quien se le quiebra la voz de emoción al reconocerlo ante la cámara y el micrófono de la televisión que promueve los abonos chiquitos.

Voy manejando por la avenida Escénica para dirigirme a playa Bonfil, es temprano y me sorprendo al encontrar el tránsito estancado. Recuerdo que a nuestro gobierno municipal se le ocurrió suspender las multas de tránsito durante los días vacacionales. Pienso en la combinación mortal que podría implicar un mirrey prepotente y alcoholizado saliendo a las siete de la mañana de las discotecas de la Escénica, todo eufórico y cruzándose a gran velocidad en el camino de un taxi colectivo acapulqueño, uno de los consabidos amarillos, o viceversa, da igual porque ambos constituyen pináculos de irresponsabilidad e inconsciencia. Afortunadamente sólo se trataba de uno de esos llamados cuellos de botella, que lentamente van desahogándose. Al final saqué una conclusión mucho más difícil de asimilar: cómo el estrés forma parte ya de todo en la vida, hasta de la diversión, porque si uno quiere ocupar un buen sitio para pasarla bien, entonces tiene que madrugar, ya que, sea en días santos o vacacionales, persiste una sobredemanda de espacio libre y una sobreoferta de insensatez.

Postal acapulqueña.

Postal acapulqueña.

El resultado de toda fiesta siempre es un gasto, como dice el teórico Bajtín, pueden ser fugas de dinero o de energía. Ochenta toneladas más o menos de basura diarias dejadas en las playas por nuestros visitantes. La celebración marimbera mediática porque la ocupación hotelera es casi total; aunque su impacto económico siempre es invisible. El chamagoso y resacado éxodo capitalino, coches atiborrados, a vuelta de rueda a la tortuosa realidad del día siguiente. La imagen de salida: una muchachilla sola, descalza, dando tumbos, con el semblante en franco extravío, va ansiosa, el cabello echado sobre su rostro. Adviene el morbo de especular los motivos que llevaron a la muchacha a ese estado, uno de los efectos de mutación ocasional de la Semana Santa en Acapulco. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Mayo 2013


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