Sin patria ni religión: Fernando Vallejo

Y en contra de todos los políticos

Esta es la versión estenográfica de la conferencia de prensa con Fernando Vallejo, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2011, en la que participaron los periodistas Carolina López, Mónica Maristain, Mayra Torres, Virginia Bautista, Mercedes Altamirano, Eduardo Castañeda y Myriam Guerrero, entre otros. Transcripción de Vanesa Robles.

—Carolina López Hidalgo, del Instituto Mexicano de la Radio. ¿Qué significa para usted este reconocimiento de la Feria del Libro?

—Pues ya te digo que estoy muy agradecido con él. Nunca he esperado que me den premios. Creo que me quedan muy grandes. Ya los utilizaré para una obra noble.

—Mónica Maristain, de la agencia alemana de prensa, para ver si en el cable que pongamos hoy ponemos “Escritor colombiano Fernando Vallejo…”

—Pues pongámoslo colombiano y mexicano, porque, pues yo soy de donde nací y de donde me voy a morir.

—Alberto [inaudible] de la agencia EFE, desde Guadalajara. Mi pregunta sería si Fernando Vallejo sigue escribiendo con la misma pasión que escribía cuando comenzó en esto de las letras. Hoy ha tocado muchos temas, ha provocado muchas polémicas. No sé si la escritura sigue teniendo el pálpito de la pasión aún hoy; si hay temas que le gustaría tocar. Háblenos un poco de su momento.

—Hombre, pues como ya me siento al final de la vida, quiero escribir un libro dejando en claro las conclusiones a las que he llegado. Como probablemente tampoco alcance a tener una tribuna tan importante como la que voy a tener en noviembre, en la Feria de Guadalajara, ya las diré allá resumidas.

—[…] ¿Cuáles han sido estos temas?

—Mira, pues varios. Primero, el idioma. Aquí, en México descubrí que en toda lengua hay dos; una la hablada y otra la escrita. La lengua española, como es un idioma que hablan veinte países, pues tenemos veinte lenguas habladas. Ese primer descubrimiento lo hice aquí, en México, al ver que aquí la gente habla mexicano y que yo lo que hablaba era colombiano. Es un descubrimiento interesante, porque si yo voy a escribir para el idioma, es como saber como que hay veinte variantes; veinte idiomas nacionales.

Después me dediqué a entender muchas cosas: de biología, de física; no para discutir con nadie ni para causar polémica, sino por el gusto de saber, de entender cómo es que funciona esto: el planeta y la vida.

Después, algún día se me quitó la venda moral que me habían puesto desde que nací y que me impedía ver. Me la puso mi país, Colombia, y mi religión, en la que me bautizaron: la cristiana, la católica, que me impedía ver con claridad que mis prójimos eran los animales también, no sólo era el hombre, y que me impedían sentir su sufrimiento. Entonces esto hizo que mis problemas personales pasaran a segundo orden, y esta claridad, quiero decirles que me amargó profundamente la vida. Cuando yo pensaba que podía ser feliz, esa ilusión se desplomó. Ahora el dolor de los animales es el mío.

Por supuesto, me di cuenta de que mi gran enemigo era la sociedad que no entendía eso, porque la habían educado igual que a mí, en una religión igual que la que me tocó a mí. Una religión ciega a ellos.

Entonces le declaré la guerra a esa religión. Escribí un libro, que todavía anda por ahí muy pirateado en muchos lados, de título impronunciable, pero que a lo mejor ustedes ya saben; para denunciar las infamias, la ceguera intelectual y moral de eso que se llama religión y que es en realidad una empresa criminal. A esa la considero mi gran enemiga.

—Mayra Torres, del periódico El Informador. Con esta crítica que usted hace de la religión, ¿cuáles son sus otros enemigos?

Todos los políticos, del presidente pa’ abajo. Los de aquí, los de España, los de Colombia, los de Italia, los de Francia, los de Estados Unidos. Toda esa partida de bribones que se las dan de servidores públicos, cuando en realidad son aprovechadores públicos. Los nadie que se apoderan del micrófono y del alma de sus países y que no dejan hablar por cuatro años o por seis… ésos también son los enemigos.

—Virginia Bautista, de Excélsior. ¿Qué le gusta y qué le disgusta de Colombia y de México?

Aquí, en México descubrí que en toda lengua hay dos; una la hablada y otra la escrita. La lengua española, como es un idioma que hablan veinte países, pues tenemos veinte lenguas habladas. Ese primer descubrimiento lo hice aquí, en México, al ver que aquí la gente habla mexicano y que yo lo que hablaba era colombiano. Es un descubrimiento interesante, porque si yo voy a escribir para el idioma, es como saber como que hay veinte variantes; veinte idiomas nacionales.

—Hombre, pues lo que pasa es que en realidad son la humanidad. Por donde uno vaya se encuentra gente de todo tipo: gente buena, gente mala, gente ambiciosa, gente noble, ricos, pobres. Los que me gusta un poco es gente que se ha quitado la venda igual que a mí, que me tomó buena parte de mi vida. Ya cada día hay más, y los hay siendo niños y jóvenes

Cuando yo nací eso era impensable. La gente que veía el dolor de los animales era gente vieja y muy pocos. Ahora hay muchos muchachos que protestan contra las corridas de toros o que son vegetarianos. Eso me da a mí una esperanza. Por lo menos una esperanza ingenua, porque, al final de cuentas, si vamos todos para la muerte: hombres y animales, ricos y pobres, y felices e infelices, estas esperanzas son poquita cosa.

—Mercedes Altamirano, de W Radio. Quiero preguntarle si la situación actual de nuestro país, de la narcoviolencia que usted ya vivió en Colombia, será motivo también de su escritura y qué puede decir al respecto de eso. Y de que en una encuesta reciente, parece que los jóvenes ven, ya que usted los mencionaba, como algo muy normal esta situación de la violencia.

—Ah, yo sobre eso no escribo más. Yo escribí La Virgen de los Sicarios en 1993. Entonces la palabra sicarios, que es una palabra del idioma, porque viene del latín sica, que quiere decir daga, puñal, no se usaba en el idioma, pero la tenía, estaba en el diccionario. Aquí en México nadie la conocía, ni en España. Después, un día vi que la palabra entraba en los periódicos. Y de pronto la empecé a ver en las primeras páginas. Y de aquí, de Argentina y de España. ¿Qué quería decir eso? Que estos países se estaban colombianizando. Que si Colombia fue la punta del desastre, la punta iban siendo todos ellos.

México está recorriendo un camino, en lo que a narcotráfico se refiere, que Colombia recorrió hace veinte años. Colombia está recorriendo un camino que recorrió México hace cincuenta o cien, que sigue recorriendo; el que recorrió el PRI; el de la corrupción política, el de la injusticia y el cinismo más descarado y más ladrón de la clase política vigente, de estos servidores públicos. ¿Qué quiere decir esto? Que México se está colombianizando o ya se colombianizó y que Colombia ya se mexicanizó. Nos repartimos los males. Somos países hermanos.

—Mónica Maristain. Fernando: vive usted en La Condesa, que es un lugar muy bueno para los perros, ¿pasea pos allí a su perro, camina solo o qué es lo que hace?

—Tengo un perro; tenía dos, se me murió mi perrita. Perros recogidos. Como una imposición de la vida, los recogí porque no podía no recogerlos. Tener un perro siempre es un sufrimiento, porque se me han muerto y pues yo no quiero morir y dejar a esta huérfana, a la que tengo ahora.

Y la colonia, cuando yo llegué acá, hace cuarenta años, y siempre he vivido acá en el mismo apartamento, era muy tranquila, muy calmada. Había muy pocos perros, por lo demás. Ahora es una colonia muy ruidosa, insoportable; el ruido está invadiendo todo; además toda la ciudad es ruidosa. El Estado desaparece en todos lados; desaparece para Monterrey y desaparece también para controlar el ruido y aquí estamos en plena ley de la jungla.

Yo he visto desaparecer el Estado en Colombia primero. Desapareció el campo, que quedó a merced de las pandillas de bandoleros. Después desapareció en las afueras de las ciudades, después en las ciudades. Después todos los negocios tenían que pagar extorsiones, como ahora en los negocios del norte de México. O sea, las extorsiones del gobierno dobles: extorsión de los impuestos, para sostener burócratas impúdicos, más la extorsión de la policía, más la extorsión de las mafias del lugar, o del barrio o de la cuadra. Es la desaparición del Estado y la entronización de la ley de la jungla. A ver cómo nos defendemos y a ver cómo nos va.

—Eduardo Castañeda, del diario El Informador. Se dice que la literatura hace más grande nuestra realidad. En el caso de la coyuntura por la que pasamos, ¿usted qué cree que hace falta? ¿Qué papel cumple la literatura en estos momentos?

—Lo que pasó es que la literatura la podríamos circunscribir ahora sólo a un género: a la novela, que es el gran género literario desde hace tres siglos. Antes fue la epopeya. Si uno escribe biografías, autobiografías, libros de memorias, ensayos, son géneros menores. El gran género es la novela. Entonces, con esa etiqueta abarcamos infinidad de libros e infinidad de posibilidades, pues una novela puede ser El Quijote o puede ser el Ulises de Joyce o puede ser Pedro Páramo. Abarca muchísimos tipos posibles de obra.

Yo he visto desaparecer el Estado en Colombia primero. Desapareció el campo, que quedó a merced de las pandillas de bandoleros. Después desapareció en las afueras de las ciudades, después en las ciudades. Después todos los negocios tenían que pagar extorsiones, como ahora en los negocios del norte de México.

La mayor parte de las novelas eran siempre novelas en tercera persona. Yo nunca quise escribir novelas así. Ésas son las novelas fáciles, que tienen las fórmulas que reconocemos. Las fórmulas choteadas, los lugares comunes. Escribir novelas de tercera persona es muy fácil y escribirla con las fórmulas que siempre han tenido éxito.

Yo decidí escribir siempre en primera persona mis novelas. Escribí también unas biografías y estoy presente en ellas. Yo escribo biografías noveladas o novelas biográficas. De todas maneras, la biografía es un género menor de la literatura. Y escribí también unos ensayos científicos, que al mismo tiempo eran literatura, porque la literatura también puede estar en ellos.

En fin. Lo triste de todo es que por más que uno se esfuerce los libros pasan. Duran ¿cuánto? Una semana, unos meses, no más, y se olvidan y la realidad los deja atrás y no puede ser de otra forma. La gente de hoy necesita un léxico y notas de pie de página para explicar las palabras y su sensibilidad de la vida y el mundo… El mundo va muy rápido y todo lo deja atrás: libros, película, granujas con poder, que esto sí me alegro que se queden atrás.

—Myriam Guerrero, de Medios UdeG. ¿Cuál es la fuerza que tiene la cultura ante las demandas que usted ha estado mencionando? ¿Contra la violencia y varios actos corruptos en todo el mundo?

—Esto no es un problema de cultura, es un problema de moral. Una personas puede ser moral y ser inculta. Es una inmoralidad generalizada en todo el mundo. Cuando usted ve lo que está pasando ahora… estamos en un momento donde esto no es mundo. Ante unos aprovechadores, unos vivos, unos vivos de la política. Estos tiranos monstruosos que estamos viendo ahora, que Occidente ha permitido, como son los que acaban de tumbar en Libia o como el de Siria o como el de Zimbabwe o como el de Corea del Norte o los dos hermanos de Cuba. Y el resto de la humanidad, impávido, viendo los crímenes y atropellos de éstos.

—Del periódico El Universal. Un par de preguntas: la primera tiene qué ver con su relación con la literatura; es decir, cómo llega a ella, si es una tarea difícil emprender una nueva historia o cuál es su dinámica. Y cómo va en este libro en el que está plasmando las conclusiones a las que ha llegado en este momento de su vida, y si es el único libro que está escribiendo hasta este momento.

—A mí me costó mucho trabajo mi primer libro, porque no sabía cómo hacerlo. Porque aunque yo había estudiado filosofía y letras y me había dedicado a estudiar gramática, pues ni la gramática enseña a escribir ni los profesores de filosofía y letras.

Hay un oficio de escribir, de saber hacer las frases, que suenen bien, que estén bien equilibradas. Es muy complicado, pero eso no se enseña en ningún lado. Se aprende o se aprendía y en el idioma hay pocos prosistas, pero muy muy pocos: Fernando del Paso, en México, de los que saben hacer las frases, saben que hay un oficio literario en México, un lenguaje literario que hay que aprender para esto.

A mí me costó mucho trabajo aprender a escribir. Cuando conocí esto ya se me hizo más fácil. Escribir es muy difícil, aunque puede ser espontáneo, es más lo que hay de trabajo y conocimiento y de malicia. Y uno no aprende a escribir en los libros. Uno se puede pasar todo el tiempo leyendo buena literatura y no ser capaz de escribir. Después de que aprendí a hacerlo ya llevo diecisiete libros y podría seguir escribiendo indefinidamente.

Ahora estoy escribiendo un libro que tiene mucho de biografía, sobre Rufino José Cuervo, el filósofo colombiano, el más grande que ha tenido nuestro idioma, de quien se está conmemorando en estos días el centenario de su muerte. Murió en 1911. Una figura para mí apasionante que me viene acompañando desde niño. Una biografía, la tercera, sabiendo que no voy a lograr lo que intenté con las otras y tampoco logré con ellas: hacer de una biografía un gran género literario. La biografía seguirá siendo un género menor de la literatura al lado de la novela. Nunca la desplazará. Creo que las biografías están llenas de citas, de un abrir y cerrar de comillas. Bueno, esto es lo que estoy escribiendo y después voy a pasar a escribir el libro que les digo, como haciendo el balance de mis convicciones.

—Mónica Maristain. Fernando ¿tiene claro de qué va a hablar en noviembre, cuando reciba el premio? ¿Hará mención, por ejemplo, de su renuncia a la nacionalidad colombiana, en 2010?

Hay un oficio de escribir, de saber hacer las frases, que suenen bien, que estén bien equilibradas. Es muy complicado, pero eso no se enseña en ningún lado. Se aprende o se aprendía y en el idioma hay pocos prosistas, pero muy muy pocos: Fernando del Paso, en México, de los que saben hacer las frases, saben que hay un oficio literario en México, un lenguaje literario que hay que aprender para esto.

—No, eso no tiene importancia. Las nacionalidades no tienen importancia, ni las patrias. Ésos son cuentos del pasado. Estamos en el mismo planeta, en el mismo barco que está naufragando. Cuáles patrias, cuales nacionalidades. Ésos son pasaportes, asuntos de burocracia. Yo no puedo perder el tiempo hablando de eso en Guadalajara. Tengo que hablar de cosas importantes.

—¿Cuáles son esas cosas importantes?

—En parte lo estoy diciendo, pero lo voy a decir mejor allá.

—[…]. No sé si todavía tenga algo que le falte concluir y la otra: ¿Usted cree que hay un político bueno?

—No, porque eso es una contradicción de los términos. Usted no me puede decir que hay un ladrón honrado. No puede ser. Y candidato: que palabra despreciable. Me saca de quicio la palabra candidato. Es una de las paradojas del idioma. Pensar que viene de cándido, que quiere decir blanco, viene del latín. Candidato es un aspirante a la infamia.

—Eduardo Castañeda. Su pasión por la música clásica, todo este conocimiento y amor, ¿de qué manera se ve reflejado en su obra?

—Pues, hombre, sacando cuentas a mí la verdad me gusta más José Alfredo que Mozart, y Chabela Vargas me gusta más que cualquier cantante de ópera, quitando a la Callas, porque tiene más personalidad, tiene más personalidad su voz. Las voces de la cantantes de ópera no la tienen. La Callas tenía un poquitito y yo creo que ninguna otra más.

Pero a mí la música que más me llega es la música latinoamericana que ya nadie oye: las rancheras, los tangos, las milongas, los boleros. Música del pasado. Música de fantasmas, eso ya no le interesa a nadie. Ésa es la música que me llega al corazón. La oigo muy de vez en cuando. Y siempre es una experiencia muy profunda, muy intensa. Y siempre me remite a mi pasado, a mi niñez y a mi juventud. Me ayuda como a no desintegrarme, a seguir sosteniendo el espejismo del yo soy el que fui. La música clásica es muy fría y la puedo reducir a muy pocos autores y a muy pocas obras. Por ahí alguien me regaló un iPod que tenía cuarenta días de música. Lo reduje a uno. Hay algunas piezas, pedacitos, movimientos, porque no lo puedo partir también, porque ahí no puede grabar uno sino lo que llaman canciones, pero si no, lo reduciría a cinco horas. ®

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Publicado en: Libros y autores, Septiembre 2011


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  • Mario Noel.

    GRACIAS FERNANDO POR SER EL GRAN FANTASMA DE ESTA VIDA QUE SE VA EN FUERTES GOTERONES. ESTOY TERMINANDO DE LEER “ENTRE FANTASMAS”. ESPERO ANSIOSO LOS DOS LIBROS MENCIONADOS EN LA ENTREVISTA.

    QUE BARBA JACOB LO BENDIGA.