Un consejo de Pessoa

Para ser grande sé entero

Es de saber popular que Fernando Pessoa cultivó una serie de heterónimos que paseaban paralelamente, en dimensiones alternas, por las mismas calles de Lisboa. Sin embargo, poco se sabe sus biografías o las particularidades de su visión literaria. Aquí algunos apuntes sobre Ricardo Reis.

Nada en su vida es sorprendente
nada, excepto sus poemas
—Octavio Paz

El poeta es un fingidor. ¿Y qué fue lo que realizó Pessoa con sus versos? Fingir; ser otro, otros. En sus heterónimos descubrimos poetas reales, poetas coherentes, voces propias y seres independientes. Sus poemas extraordinarios los salvaron del anonimato. La poesía salvó a Fernando Pessoa de su vida gris y mediocre. Muchos conocen los poemas pessosianos desdoblados por Alberto Caerio, Álvaro de Campos y Ricardo Reis. Sólo algunos conocen la biografía y filosofía de cada heterónimo; pero solamente pocos conocen el estilo literario de sus personajes. Para José Saramago Reis fue el alter ego de Pessoa, o por lo menos así nos lo mostró en su novela El año de la muerte de Ricardo Reis.

Pero ¿quién fue el poeta heterónimo Ricardo Reis? Según el baúl de manuscritos de Pessoa, Ricardo nació en Oporto el 19 de septiembre de 1887 a las 4:05 de la tarde (aunque su fecha correcta es inexacta porque el mismo Fernando mencionaba varias). De piel morena mate, con 1.70 metros de estatura y médico de profesión. Según su creador, Reis fue educado con los jesuitas, aunque terminó aborreciendo el cristianismo. A Cristo lo veía como uno más en el Panteón y en el culto. Creyó en el poder de la monarquía y tuvo principios conservadores, motivo por el cual tuvo que exiliarse en Brasil.

Consideraba que nadie es dueño de la verdad absoluta y para él todo era relativo. Pudiera decirse que sus ideas coqueteaban con el epicureísmo y el estoicismo. Muchos de sus breves poemas están cargados del carpe diem horaciano: Dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

Poeta pagano, defensor de la disciplina literaria y la forma. Sin duda influido por los poetas latinos, neoclásico.

Misántropo, prefirió los géneros clásicos altamente elaborados como el epigrama, la elegía y la oda, en suma: Ricardo Reis creyó en la forma. Reis es el heterónimo que más se aproximaba a su creador, tanto en el aspecto físico —fue moreno, de estatura media, caminaba algo curvado, era magro y tenía apariencia de judío portugués (Fernando Pessoa tenía ascendencia judía)— tanto en la manera de ser como en el pensamiento.

Según Federico Reis, la filosofía en la obra de su hermano se resume en un epicureísmo triste. Reis, a diferencia de sus hermanos heterónimos, fue un ratón de biblioteca, conocedor de la mitología antigua, escribió en endecasílabos y heptasílabos.

Para muchos estudiosos de la obra de Pessoa, Ricardo Reis es solamente un heterónimo más, para otros, una realidad tan tangible, tan exacta en genio y figura, como el Juan de Mairena de Machado.

Para Octavio Paz la poesía de Reis es como un dibujo lineal, precisa y simple. Y para comprobar lo anterior analizaremos a continuación un poema de Pessoa, o mejor dicho, un poema de Ricardo Reis, su alter ego.

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.

Al vislumbrar este paisaje literario de Reis encontramos un poema breve de seis versos, con una media silábica de decasílabos. Poema sin título. Rozando los linderos del aforismo. Aforismo que abandona sus territorios y se muta en poesía por la imagen de remate.

Para ser grande, pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas. Sé entero.

Hasta aquí un aforismo impecable. No le sobra ni le falta ninguna frase. Redondo. Poema de formación. Por momentos esa sucinta lectura nos descubre la imagen de un gran maestro en el crepúsculo, a la orilla de un lago, con su discípulo, a quien el maestro predica:

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.

Pero aquel maestro para rematar su consejo da un ejemplo señalando la luna y exclamando:

Así la luna entera en cada lago
brilla, porque alta vive.

Así tenemos al fin por la imagen, ni un aforismo ni consejo, sino un epigrama, es decir; un poema de Pessoa. ®

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Publicado en: Blogs, Libros y autores, Octubre 2012

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