YA SABEN DÓNDE SECUESTRARNOS

Mitología del crimen organizado

Las cruzadas por el poder entre los grupos delictivos de México están también en las redes sociales. Internet, es principio y fin de una campaña mediática de miedo generalizado. Es un campo idóneo para sembrar héroes y crear ídolos, para fundar mitos. La realidad está en que nadie es tan feo como en su foto de pasaporte, ni tan guapo como en su foto de perfil de Facebook, ni tan cool como en su Twitter. La realidad es tan cruel como caliente es la sangre derramada en el asfalto, formando imágenes de un tapete donde yacen cabezas y extremidades como floreros debajo de un anuncio con faltas de ortografía que señala un código territorial.

Al Capone

Dada la tecnificación y racionalización exacerbadas de la violencia como herramienta de enriquecimiento, la vida y el cuerpo, como continente de ésta, se colocan en el centro del problema del Capitalismo Gore. Es necesario hablar del cuerpo, de la violencia ejercida contra él, sufrida en él. La carne viva que se abre no es una metáfora melodramática, porque sobre todo, no es en ninguna instancia, una metáfora. La importancia de un cuerpo muerto no se reduce a una imagen de dos segundos en una tarde de zapping televisivo. La carne y sus heridas son reales[1], no podría ser de otra forma, el heroísmo tradicional está pasado de moda. Las gestas y los valerosos paladines se quedaron atorados en los libros de historia y en los cantares de la Edad Media. Desde el siglo XIX y principalmente en el siglo XX, el heroísmo no consistió en fundar naciones, sino en resistir el peso de la historia y mantenerse a flote.[2]

Sin embargo, y tal como lo declarase el académico Lou Forlayo, el mundo industrial del supercapitalismo sobrevive en la fantasía colectiva sin un solo héroe. Incluso se ha secado la más antigua fuente de mitos: de ambas guerras mundiales no ha salido una sola revelación que se concretase en figura mitológica.[3]

El caso es que cuanto menos progresa la mitología tanto más vehementes son los esfuerzos para producirla sintéticamente. De esta tarea se encarga la industria de coincidencias. La publicidad y la propaganda, los medios de comunicación de masas y el negocio del entertainment movilizan ingentes energías para crear mitos a escala industrial. Tanto más es destacar su fracaso. Ello se explica en primer lugar por su misión. La industria ha de suministrar mitos de uso diario, de hoy para mañana; su mercado exige un rápido lanzamiento de ídolos, sean estrellas de cine, deportistas o políticos; de aquí que la calidad del olvido forme parte, desde un principio, de la especificación del producto. Aquí existe una contradicción; pues lo esencial de la conciencia mitológica es la memoria. De aquí que la industria sólo pueda ya suministrar sucedáneos en la memoria colectiva. No obstante, su fracaso tiene causas aún más profundas. Pues en la tarea de crear mitos fracasa por completo el principio de la división del trabajo. Se trata de una misión que no puede delegarse en especialistas. Precisamente esto constituye un merito. En cada verdadero mitólogo se reconoce la sociedad en peso. Ésta descubre en él, sin saberlo, su propio retrato y lo acepta. A este retrato se otorga un crédito que no consigue ninguna image; su fuerza representativa llega más allá de cualquier publicidad.

Lo esencial de la conciencia mitológica es la memoria. De aquí que la industria sólo pueda ya suministrar sucedáneos en la memoria colectiva. No obstante, su fracaso tiene causas aún más profundas. Pues en la tarea de crear mitos fracasa por completo el principio de la división del trabajo.

Entre las figuras mitológicas extremadamente escasas del siglo XX el gángster ocupa un lugar descollante. La fuerza imaginativa del mundo entero se lo ha apropiado. Una descripción del gángster la puede hacer cualquier analfabeto turco y cualquier intelectual japonés, cualquier mercachifle birmano y cualquier obrero. Aunque sean los menos quienes pudieron tropezarse con él, todos están familiarizados con el gángster.[4]

Sin embargo, el gángster de hoy no tiene un sólo rostro, su rostro es muchos rostros y su tipología es polimorfa; lo mismo está viviendo high class en un yate por el mundo que ordeñando vacas en un rancho perdido de la sierra, lo mismo se encuentra estudiando en Harvard que merodeando un congal fronterizo ó construyendo una iglesia y organizando bailes populares de música grupera. Pero algo hay claro en todos estos iconos del capitalismo, ellos y ellas saben que el éxito está en la calle, entre algunos cadáveres. Y esto lo saben y lo alimentan los medios de comunicación y las redes sociales. No es el éxito, la fama o el dinero de los narcotraficantes los que los convierten en figuras extraordinarias. Por el contrario, estamos tan bombardeados de esta idea, que su éxito es el aspecto más normal y más corriente de su existencia: lo comparte con cualquier empresario o multimillonario[5], sin embargo, ningún empresario puebla los sueños colectivos de la humanidad como lo hace él. No hay hombre de negocios que sobreviva a sus omnipotentes fantasías, sólo los gángsters muertos, Fantomas y Superman, vuelan através de este mundo imaginario en el que todo es posible: un mundo sin hostilidad, violento y pueril.

Si quisiéramos realizarlo el parangón del México actual con la Sicilia del siglo XIX que dio origen a la Mafia sería atroz. El feudalismo en Sicilia, como el sistema priísta en México, sin duda incorporaron altos grados de injusticia. Pero ambos sistemas políticos garantizaban cauces reconocibles y estables para la resolución de conflictos. Y ambos, desde sus trincheras, mitificaron personajes. La corrupción puede ser un medio eficaz como cualquier otro para garantizar esta previsibilidad en las actividades económicas. Cuando el feudalismo quiebra con la incorporación de Sicilia a la recién creada unidad italiana, el estado liberal se muestra incapaz de arraigar como estructura para resolver conflictos, una función que es vital para el desarrollo económico, social y político. Los actores sociales entonces se vieron en la necesidad de adquirir una protección alternativa a sus relaciones económicas, sobre todo para garantizar los derechos de propiedad, sometidos a altas dosis de expropiación y fraude. La solución la encontraron en los mafiosos, cuyo origen no era otro que el aparato de violencia de los terratenientes feudales. Los grupos especializados en la violencia que han venido trabajando para la industria de las drogas pueden adquirir ese mismo rol porque han mostrado en el pasado un alto nivel de excelencia en la garantía de la propiedad privada de sus clientes y porque conocen los mecanismos para hacer eficaz esta protección.[6]

Pablo Escobar

El mismo tipo de equiparación con la actual situación en México puede realizarse con respecto a la Colombia de los años ochenta, con un estado debilitado por el conflicto con la versión violenta de la industria de las drogas eptomizada por Pablo Escobar. Los narcos no fueron entonces los protagonistas de la implosión del estado colombiano que se arrastra hasta la actualidad sino los catalizadores. La violencia desatada por la industria de las drogas erosionó la legitimidad del estado a los ojos de los ciudadanos-clientes e incrementó los costes de la resolución de conflictos. En esas circunstancias, la retirada del estado como mecanismo de resolución de conflictos fue sustituida por grupos que adquirieron ese rol a través de métodos violentos, ya fuesen éstos pandillas que habían colaborado con la industria de las drogas, los grupos paramilitares o las renacidas guerrillas.

El camino ideal de la democratización en México hubiese sido el tránsito del estado mafioso que caracterizó al sistema priísta, entendido éste como la venta indiscriminada de protección desde instancias públicas, al estado de derecho. Pero el camino es más complejo y pedregoso de lo que los modelos de transición política tienden siquiera a imaginar enfrascados en sus problemas de ajustes institucionales y de consensos estructurales.[7]

En México, la transición de los narcotraficantes al icono mitológico del gángster está relacionada intrínsicamente con esa urgente necesidad de diversificarse mediante la venta de protección y su entronación dentro de la pirámide social como entes paternalistas que suplantan al gobierno, creando cotos de poder que sirven como gobiernos alternos.

La historia del narcotráfico en México se ha caracterizado por dos tipos de organización: territorial, simbolizada por el Cártel del Golfo que en Tamaulipas creció con el contrabando de electrodomésticos y evolucionó a las drogas con la llegada de Juan García Ábrego al relevo de su tío, el legendario líder, Juan Nepomuceno Guerra; y transaccional, como el resto de los cárteles, dedicado a trasladar la droga colombiana hacia Estados Unidos. Todo cambió en 1996, cuando los colombianos empezaron a pagar en especie y no en efectivo, y los mexicanos tuvieron que crear un mercado interno. Pero la violencia llegó años después, con Los Zetas.

Así pues, esta transformación nos sitúa ante un modelo de estrategia de comunicación, de aprehensión y transformación de roles sociales; de resignificación y revaloración del tan acendrado dicho de la cultura popular mexicana: “la vida no vale nada”.

Los Zetas nacieron de un grupo de 33 desertores del Ejército reclutados por Osiel Cárdenas, jefe del Cártel del Golfo, como su brazo armado. Con ellos inició su extensión territorial y a disputar plazas en una quinta parte del país. En esa lógica, adhirieron en 2000 a “La Empresa”, un grupo michoacano que se decía preocupado por cómo las drogas, extorsiones y secuestros golpeaban a la sociedad, para expulsar a Los Valencia del estado. En realidad, “La Empresa” quería quedarse con el negocio, por lo cual comenzaron las fricciones con Los Zetas cinco años después.

“La Empresa” fue fundada por Nazario Moreno González, conocido como “El Chayo”, “El Pastor” o “El Más Loco”, quien encabezó la revuelta contra Los Zetas cuando comenzaron a cobrar el derecho de piso a los michoacanos en Lázaro Cárdenas, principal puerto de entrada de los precursores de las metanfetaminas…. “La Empresa” pasó a ser La Familia Michoacana, con la dirección bicéfala de Moreno González y de Jesús Méndez Vargas, “El Chango”. En cinco años, La Familia Michoacana se convirtió en el cártel más sanguinario y peligroso por su penetración social.[8]

Los Zetas y La Familia Michoacana son claros ejemplos de que el principal elemento de transición de gángster a mafioso está en la apariencia exterior, en estudiar la forma en que se dan a conocer a los demás, en cómo la desestructuración de la paz social puede realizarse a través de la construcción de una geografía del terror con signos reveladores de la ocupación de las plazas como cuerpos mutilados, decapitados, mantas, videos colgados en Internet y campañas mediáticas producto del hostigamiento, atentados terroristas y ejecución a periodistas.

Así pues, esta transformación nos sitúa ante un modelo de estrategia de comunicación, de aprehensión y transformación de roles sociales; de resignificación y revaloración del tan acendrado dicho de la cultura popular mexicana: “la vida no vale nada”. Pues no vale, en el sentido de que la cuantía que otorga el dinero, el poder y la presencia de la violencia como monedas de cambio en una guerra que mantiene diversos flancos: las organizaciones criminales, los otros cárteles, la policía federal, el ejercito y los marines.

Ante este panorama de promoción del mito del Gángster, ante un país cada vez más fatalista, podríamos preguntarnos: ¿cuántos muertos más habrá en México antes de que la violencia disminuya? La guerra contra el narcotráfico ya rebasa los 28 mil en los casi cuatro años de iniciada, y si se mantiene el ritmo de este año, para finales de diciembre es probable que la cifra supere los 32 mil. Hay 45 mil tropas y 5 mil policías federales desplegados en 18 estados bajo la lógica importada de Colombia de golpear sin cesar a los cárteles de la droga de arriba hacia abajo para atomizarlos y convertirlos en pequeños grupos que sean más fácilmente controlables. ¿Cuándo se dará el punto de inflexión?[9] ¿Quién será el primero en contestar esta pregunta? ¿Calderón? ¿ El Chapo Guzmán? ¿Heriberto Lazcano? ¿Servando Gómez Martínez?, de cualquier forma, quiénes pueden contestar esta pregunta ya saben dónde secuestrarnos. ®


[1] Valencia, Sayak. Capitalismo Gore. Ed. Melusina. 2010

[2] Córdova, Penélope. Héroes como bestias sonrientes, De culto: Bohumil Hrabal en Suplemento Laberinto de Milenio Diario, edición del 10 de septiembre de 2010

[3] Fragmento de un email enviado por Lou Forlayo a Hans Magnus Enzensberger y que me reenvió el poeta vallisoletano Ramón Egea.

[4] Enzensberger, Hans Magnus. La balada de Al Capone, Mafia y Capitalismo. Errata naturae (2009) Pág. 14

[5] Véase el listado de la revista Forbes de 2009 y 2010 donde Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, ha aparecido en el ranking 701 y 937, respectivamente, con una fortuna de más de mil millones de dólares y más recientemente en el lugar 60 de los hombres más poderosos del mundo.

[6]Resa Nestares, Carlos. Los Zetas: de narcos a Mafiosos. Notas de investigación. El comercio de drogas ilegales en México. Universidad Complutense de Madrid. Pág. 10.

[7]Resa Nestares, Carlos. Ídem.

[8] Rivapalacio, Raymundo. Historias de Familia. Diario digital Eje central. En http://columnas.ejecentral.com.mx/estrictamentepersonal/2010/10/20/historias-de-familia/

[9] Rivapalacio, Raymundo.¿Cuántos muertos más?. Diario digital Eje central. En http://columnas.ejecentral.com.mx/estrictamentepersonal/2010/11/10/%C2%BFcuantos-muertos-mas/

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Noviembre 2010


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  • alvaro

    SIN DUDA LA SERIE DE PENSAMIENTOS QUE DAN VIDA A LOS QUE ENCUENTRAN EN ESTE TERRITORIO UN MODO DE SUPERVIVENCIA, NOS HACE TEMBLAR A NOSOTROS COMO SOCIEDAD POR LA DIVERSIFICACIÓN DE NEGOCIOS. MIENTRAS EL GOBIERNO DECIDIÓ “TERMINAR” CON SUS GRUPOS OLIGÁRQUICOS DESDE EL PUNTO MAS ALTO AL MAS BAJO, DEJÁNDOLES COMO ÚNICAS OPCIONES PARA SALIR DEL PASO; EL SECUESTRO, LA CORRUPCIÓN, EL PAGO DE ADUANAS EN CARRETERAS, EL PAGO DE IMPUESTOS AL CRIMEN ORGANIZADO POR PARTE DE NEGOCIOS ATEMORIZADOS POR NO SER PARTE DE LAS LISTAS ROJAS Y MANCHADAS CON TERROR PSICOLÓGICO.
    TODA ESTA MEZCLA DE REALIDADES QUE SUPERAN LA MITOLOGÍA, QUE SUPERAN A LOS HÉROES DE UN INSTANTE Y QUE ESTÁN LISTOS PARA UN SÓLO CAMINO LA MUERTE EN CUALQUIER CONDICIÓN, SOLO ME OBLIGAN A RECORDAR PARA LIBRARME UN POCO DE LA INVASIÓN DE MALAS NOTICIAS, QUE LA ADOLESCENCIA APENAS HACE 15 O MÁS AÑOS EN MÉXICO, EN AÚN UN PUEBLO LLAMADO PACHUCA ESTUVO LLENA DE INOCENCIA, DE CALIDEZ, DE TONTERÍAS QUE SÓLO HACÍAN REIR Y PASAR UN BUEN RATO, DE OLVIDAR QUIEN ERA UN LÍDER DE OPINIÓN, DE DROGARTE CON UN DUVALIN, O EMBRIAGARTE CON UNA CERVEZA, DE FUMAR UN CIGARRO DE CHOCOLATE Y TAL VEZ DE INSULTAR A LOS JUGADORES DE FÚTBOL DE TU EQUIPO CONTRARIO.

    ¿CUÁNDO PODREMOS VOLVER A VER ESAS ÉPOCAS LLENAS DE TRANQUILIDAD SOCIAL?

    QUIZA NUESTOR HIJOS NO VEAN ESO, QUIZA EL MUNDO RECIBA LA LIMPIA HUMANA QUE EXIGE LA PAZ Y LA TRANQUILIDAD SOCIAL, Y QUIZAS EL HOMBRE EN SU ABSURDA CARRERA DE PODER SE ACOSTUMBRE A SÓLO MATAR PARA VENCER. ¨¿QUIEN PODRÁ SECUESTRAR SU MENTE PARA ALEJARLOS DE NOSOTROS?