El rock y el arte

Las portadas de los grandes discos

Con un panorama general de las portadas de discos a la vista se demuestra que el rock es el género musical que se une al arte y toma riesgos con sus portadas. Los artistas que han realizado cubiertas memorables lo han hecho para el rock.

© Heinz Edelmann

En 1938 Columbia Records, con la genial aportación del diseñador Alex Steinweiss, comenzó la venta de LPs con portadas que hablaban del género musical del disco como una estrategia de ventas. Esto hizo que evolucionaran las portadas de papel craft, que sólo daban información con tipografía, a imágenes de diseño con color y estilo. El visionario Steinweiss revolucionó y abrió la puerta para que las portadas fueran en sí mismas obras autónomas, y soporte artístico, muchas veces mejores que la música que contenían.

Heinz Edelmann y el submarino amarillo

I want your horror, I want your design.
—Lady GaGa, “Bad Romance”

© Heinz Edelmann

Peter Max es el artista que ilustra las cubiertas de los directorios telefónicos de ATT con una versión a todo color del rostro de la estatua de la libertad, Liberty Head. Max hizo toda su carrera copiando el estilo y la paleta de color de Heinz Edelmann, hasta el grado de que la mayoría cree que él es el autor de los dibujos de la portada y película animada de Yellow Submarine, de los Beatles. Si algo definió el contenido de un material musical y lo implantó en la memoria fueron los dibujos de Edelmann. En el auge de las drogas psicodélicas, cuando la alucinación era más intensa en su mito que en la realidad, los dibujos de Edelmann dieron forma a la fantasía colectiva de lo que se suponía sería estar en otro plano de conciencia, o sea, súper drogado. Antonio Escohotado, investigador devoto de diversas sustancias, en su Historia general de las drogas dice sobre el LSD: “En una primera fase del vuelo se recorren paisajes visuales asombrosos, sin detenerse en ninguno, viéndose el sujeto desde dentro y desde fuera a la vez”. Edelmann dio forma y color a estos viajes sin asociación o sentido lógico, sembrando el estilo psicodélico. Las canciones de los Beatles ilustradas por el arte de Edelmann se convierten en una odisea, son un viaje iniciático que ilumina e inventa la leyenda de lo que todos querían ver, pájaros púrpuras, flores de arcoíris, agujeros que puedes levantar del piso. Dibujos planos como naipes, montajes sin perspectivas en la estética de los iconos medievales, colores primarios. En este Alice in Wonderland para adultos los cerebros de Lucy in the Sky with Diamonds se animan en una tomografía alucinatoria, banderas, nubes, gatos azules. Por primera vez se hace la asociación visual de las drogas y su acción en el cerebro. La obra de Edelmann es una de las minas del arte, no solo lo copió Peter Max, los animales fantásticos, los cocodrilos rosas, las manos con bocas dentadas, están hasta en el famoso zoológico de Francisco Toledo y todos los oaxaqueños que copian a su maestro. Desde el surrealismo, que hacía de las combinaciones arbitrarias e inconscientes un lenguaje psiquiátrico de ficción, Edelmann crea el lenguaje de ficción de las drogas y enlaza sus visiones con las canciones. La obra de Edelmann creó cánones y a pesar de eso no es recordado como el iniciador de un movimiento estético; en revancha su siempre exitante Yellow Submarine un día cumplirá los 64 sin preocuparse por “Will you still need me, will you still feed me, When I’m sixty-four?”

De la propaganda a la música, Shepard Fairey

The marriage of great art, great music and great ideas is an incredible powerful one.
—Shepard Fairey

Johnny Cash © Shepard Fairey

Led Zeppelin © Shepard Fairey

Blondie © Shepard Fairey

Neil Young © Shepard Fairey

La obra de Shepard Fairey está inspirada en la estética de la propaganda soviética y maoísta. Planos constructivistas, rostros como monumentos, perspectivas geométricas que lanzan la mirada a un futuro prometedor, la utilización del primer plano como glorificación del personaje. Hizo de los enemigos naturales del capitalismo, como Lenin y Mao, puños levantados, estrellas con ramas de trigo, un lenguaje estético que irrumpía en la calle en atentados guerrilleros del arte urbano. Entre los rostros que Fairey hizo en carteles están los de los músicos que él admira; en los conciertos en clubes buscaba a los músicos y les ofrecía hacerles sus pósters y los pegaba en donde le daba la gana. Esta invasión de la propiedad privada con esténciles, pegatinas, pósters gigantes que tomaban espacios publicitarios lo hizo un outsider con el que se identificaron otros músicos. Entonces buscaron a Fairey para las portadas de sus discos, los pósters de sus giras y conciertos. Esto era una declaración de principios, no querían la tapa que hace el departamento de marketing, querían la obra de un artista urbano que rompe las leyes y que ha sido detenido con su equipo de trabajo en varias ocasiones. Aplicó su estilo de propaganda con su austera paleta en colores rojo y negro, a veces amarillo y azul en carteles y portadas para los Sex Pistols, esténciles de Bob Marley y Ramones. Fairey es un gran impresor que combina técnicas en sus obras, inserta grecas de tapices chinos y distintos fondos. Los músicos entran en la estética de Fairey y aparecen como radicales, se incorporan a la calle como parte de la cultura popular. Uno de sus trabajos más elaborados es el póster de Jimmy Hendrix que le encargó guitarras Gibson para su tradicional concurso. En esta obra realiza una superposición de elementos de tapicería oriental, orillas de timbres postales, grecas de billetes, centrando a Hendrix con su guitarra en blanco y negro. Linkin Park, Iggy Pop, The Gems, Interpol, Blondie, Tom Petty y Bob Dylan, The Cult —con una bomba que estalla negra, amarilla y blanca sobre fondo rojo y una estrella soviética— y la última recopilación de Led Zeppelin, Mothership, con el arte de Fairey entran en conexión con el público que hace un ritual de la música en vivo. Estos carteles que son para conciertos y se pegan en todos los sitios, aunque sea ilegal hacerlo, hacen del concierto y la reunión de las masas una comunión. La música detona emociones, crea comunidades, alimenta fanáticos, el cartel debe ser algo más que marketing, debe ser una obra que esté a la altura del fenómeno. Si el auditorio va al estadio o al club para cantar una canción a gritos, el cartel debe ser una voz que alcance esos decibeles.

El arte fantástico de Roger Dean

There’s you, the time, the logic, or the reasons we don’t understand.
—Yes, “Close to the Edge”

© Roger Dean

© Roger Dean

© Roger Dean

Entre H. R. Giger y Magritte, las portadas que Dean realizó para el grupo Yes son inmensos espacios abiertos y silenciosos, en los que la voz de Jon Anderson viaja sin interrupciones. Dean es además el creador del logo de la banda, ese Yes inflado de curvas que se entrelazan por un camino interminable. Entre pósters y portadas de discos Dean vendió unos 60 millones de copias; para él este asunto tan exacerbado de la piratería es parte de la falta de evolución de las disqueras. En los tatuajes surgió el estilo Dean, con figuras que se enredaban entre líneas curvas y animales. La primer colaboración fue para el álbum Fragile, en el que un planeta es surcado por una nave que remite a las máquinas de Leonardo y la ruta es un trazo blanco por todo el globo, una esfera que flota en un firmamento morado. El mundo Yes acababa de ser descubierto. Cada álbum era una galería de la obra de Dean; en algunos, como Yessongs, incluía cuatro pinturas. La banda descubrió la obra de Dean en la portada para el grupo afro-británico pop Osibisa, en la que el estilo Dean ya estaba claro: elefantes rojos con alas de avispas mutados en dragones con los rostros de los músicos como quistes que brotan hasta de la trompa. Entonces lo que menos deseaba Yes para su imagen era la foto de grupo que usaba la mayoría de los músicos, querían que Dean inventara un mundo en el que podrían vivir sus fans. La música, dijo Nietzche, “es el único arte capaz de amarse a sí mismo” e invita a esa masturbación que es escuchar y cerrar los ojos para ver, gozar; la música entra al cuerpo, no lo podemos reprimir, lo inunda, por eso nos movemos cuando escuchamos, porque la música posee, coge. Para muchos fans las portadas de Dean eran un mundo postapocalíptico y ese sonido es el de los sobrevivientes. El continuo desarrollo de las portadas era un mapa que nos indicaría cómo llegar a ese mundo, Dean a esto sólo decía: “Es una forma de cómo yo creo que se ve la música de Yes”. La música se ve, ese es el hallazgo de las portadas de artistas. Peñascos flotantes, formas orgánicas, paisajes futuristas continuaban la narración de la música de Yes, y las promesas de sus canciones Dean las materializaba con acuarelas, tintas, pasteles en un hábitat milenarista y extraterrestre.

Masters: Stanley Mouse y Robert Crumb

Some people never go crazy. What truly horrible lives they must lead.
—Charles Bukowski

© Stanley Mouse

© Stanley Mouse

© Stanley Mouse

Influenciado por el art nouveau de Alphonse Mucha, Stanley Mouse ayudó a formar el mito de Grateful Dead. Creador —entre docenas de imágenes— de la calavera coronada de rosas para el álbum Skull and Roses, una acuarela y tinta china que se convirtió más tarde en serigrafía. Se fugó de la Escuela de Artes de Detroit para instalar su taller de carteles y camisetas en San Francisco. Inició su trabajo en los sesenta como el diseñador de pósters de los conciertos de rock que se celebraban en el Avalon Ball Room, en el 1268 de Sutter Street, y más tarde diseñador de las portadas de los grupos. Estos carteles crearon el mito de Avalon. Fascinado con los dibujos de cráneos y esqueletos, cuando le propusieron un póster para Grateful Dead se inspiró en un grabado antiguo que ilustraba un poema de Omar Khayyam. A partir de ahí hizo de su obra un sincretismo entre el barroquismo de estilos antiguos, su paleta de color y la psicodelia; él mismo reconoce que nunca se ha inspirado en los artistas actuales, que todo está en el arte del pasado. Una vez Janis Joplin audicionó en su estudio hasta que llegaba la policía porque los vecinos reportaban que una mujer estaba gritando ahí. Para uno de los carteles de Big Brother utilizó el rostro que aparecía en el papel para fumar Zigzag. Los miembros de la banda, convencidos de que eso los exponía, fueron al estudio de Mouse y lo limpiaron a fondo: ni una semilla, ni una brizna quedó, pero la policía nunca se apareció. Esperando también represalias por parte de los dueños de Zigzag, retiraron los carteles, pero meses más tarde se enteraron de que en Zigzag estaban encantados: fue una gran campaña publicitaria y no les costó un dólar.

© Robert Crumb

© Robert Crumb

© Robert Crumb

Robert Crumb impone en sus portadas una violenta acumulación de personajes delirantes que padecen la vida o la música como si vivieran presos día y noche en un poema de Charles Bukowski. Autor de la portada del clásico de Big Brother and the Holding Company, Cheap Thrills, de 1968, con su inimitable estilo hace retratos de cada uno de los miembros de la banda. Crumb, que además es músico, también realiza las portadas de sus propios discos, R. Crumb and His Cheap Suit Serenaders. Como artista de novela gráfica ha realizado la biografía de Charlie Patton y una colección de cartas con los retratos de los héroes del blues, R. Crumb’s Heroes of Blues. Crumb hace de su pasión por la música parte fundamental de su obra y liga un lenguaje visual truculento y obsesivo a la partitura del disco.

El arte hace al contexto. Una portada realizada con arte se convierte en un objeto de valor, crece y potencia a un soporte sencillo hasta hacerlo trascender, lo vuelve coleccionable. Si el rock es para siempre, unido al arte es eterno. Las portadas artísticas son el género que abrió la puerta al videoclip, al fenómeno de ilustrar la música con imágenes tan poderosas como las partituras. Las portadas por eso son consecuentes con el disco. Por lo general la música mala tiene portadas mediocres, aunque, como el talento escasea, muchos grandes músicos han tenido que sacar adelante discos buenos con pésimas portadas a cargo del departamento de marketing. Parece que en la industria ya es un canon: si dejas que la disquera haga la portada, esta será, en la mayoría de las veces, un asco, pero si los músicos se involucran, por lo menos quedará algo original. ®

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Publicado en: Destacados, La industria de la música, Mayo 2011

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