Dinero bueno al malo

El Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo

Ahora resulta que, no conformes con haber despojado a los tapatíos —y en particular a los vecinos del norte de la ciudad— de un parque público, las nuevas autoridades de Guadalajara planean entregar quince millones de pesos, del presupuesto municipal 2013, para el llamado “Proyecto Barranca de Huentitán”.

El fallido proyecto del Guggenheim Guadalajara

Ahora resulta que, contra lo que se había dicho, el Ayuntamiento de Guadalajara [México] aportará una suma en metálico para la construcción del presunto museo de arte contemporáneo que un grupo de empresarios de la localidad promueve en el borde de la barranca de Huentitán.

Cuando en 2007 la administración del panista Alfonso Petersen Farah donó el terreno que desde principios de los setenta había venido ocupando el parque Mirador Independencia a la asociación civil Guadalajara Capital Cultural (primero para la pretendida sede mexicana del Museo Guggenheim y, al fracaso de este proyecto, para el llamado Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo), se dijo con todas sus letras que aquella iba a ser la única aportación que el gobierno municipal haría para el proyecto de recambio del fallido Guggenheim tapatío. Y ese mismo “ya no habrá más” se repitió tres años después, cuando el entonces alcalde priista, Aristóteles Sandoval, reconfirmó la donación del terreno del desahuciado parque.

Pero ahora resulta que, no conformes con haber despojado a los tapatíos —y en particular a los vecinos del norte de la ciudad— de un parque público, las nuevas autoridades de Guadalajara planean entregar quince millones de pesos, del presupuesto municipal 2013, para el llamado “Proyecto Barranca de Huentitán”.

Quince millones de pesos que habrán de sumarse a los otros varios millones que se tomaron de las arcas municipales, durante la alcaldía de Emilio González Márquez (específicamente de la partida para uniformes, armamento y equipo de la Policía) para costear el estudio de factibilidad del fallido Guggenheim local. Y, por supuesto, también a los más de mil millones de pesos que cuesta el terreno de lo que, hasta fines del año pasado, era el parque Mirador Independencia: el de mejor vista en toda la zona metropolitana de Guadalajara.

Vale decir que, con un mínimo de sensatez, esa ingente suma podría haber sido empleada por las autoridades tapatías en obras socialmente útiles. Por ejemplo, en reparar las incontables calles llenas de hoyancos en los cuatro sectores del municipio, donde se hace preciso no sólo tapar baches, sino repavimentar esas deterioradas rúas.

Sin embargo, entre las prioridades de las últimas administraciones del municipio no parece estar el servicio público, sino cumplirles ocurrencias y caprichos a ciertos empresarios y poderes fácticos de la comarca.

Así, por ejemplo, altos funcionarios tapatíos del PAN, del PRI y de otros partidos políticos han doblado dócilmente las manos ante la petición de los señores y señoras asociados en Guadalajara Capital Cultural, quienes desde hace tiempo vienen jugando al mecenas.

La apuesta de los promotores del quimérico museo barranqueño es el de perseguir un bien incierto a cambio de un mal cierto. El bien incierto sería la supuesta derrama económica que dejarían en la capital jalisciense los turistas que en proporciones multitudinarias vendrían a visitar el Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

“Juegan” al mecenas porque, aparte de quimérico, su proyecto de museo en la barranca de Huentitán no es ni muy serio ni muy racional. Y otra cosa más: quien tendría el compromiso de pagar el pato sería papá gobierno, es decir, los contribuyentes.

La principal quimera de este descocado proyecto, ideado por los empresarios de Guadalajara Capital Cultural, consiste en un fantasioso cálculo: en legiones de turistas que presuntamente llegarían a Guadalajara, atraídas por la proyectada casa de la musas de nombre sintácticamente retorcido: Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

Pero ¿qué es lo que lleva a los empresarios promotores y a nuestras autoridades a creer que el turismo nacional e internacional se desbordaría hacia el valle de Atemajac, cuando el soñado museo ni siquiera tendría una colección propia, pues está concebido para exhibir obras traídas de otros sitios? Y para que esto sea posible no sólo se debe pagar el traslado, sino los seguros de esas piezas. Todo lo cual, lo mismo que el costo de construcción del nonato museo, así como los gastos de mantenimiento, sería pagado con el dinero de los contribuyentes, pues el plan de los fementidos mecenas empresariales es manejar, a sus anchas, un museo financiado por papá gobierno.

La apuesta de los promotores del quimérico museo barranqueño es el de perseguir un bien incierto a cambio de un mal cierto. El bien incierto sería la supuesta derrama económica que dejarían en la capital jalisciense los turistas que en proporciones multitudinarias vendrían a visitar el Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

Y el mal cierto es la grosera mutilación de un parque público, así como los miles de millones de pesos del erario que tendrían que gastarse no sólo en la construcción del museo de marras, sino en su mantenimiento, en el traslado de las obras a exhibirse y en el pago de seguros, como hemos anotado.

Todo hace pensar que en éste, como en otros casos, se le va a meter dinero bueno al malo como, de hecho, lamentablemente ya ha venido ocurriendo. ®

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Publicado en: Arte, Diciembre 2012


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