El teatro de Mario Santizo

El hombre es el lobo del hombre

La obra de Santizo podría referirse al concepto freudiano del Unheimliche: lo que debe permanecer oculto en términos simples. La extraña familiaridad o los demonios familiares corresponden a una situación de ansiedad, de terror; un secreto que sale de las sombras pero que debe permanecer en el ámbito de la confidencialidad.

Cuando nos encontramos por primera vez con Mario Santizo nos llama la atención su fragilidad, su discreción y su timidez. Al ver por primera vez la obra de Mario Santizo nos llama la atención por su violencia, su desmesura, su cinismo.

Este joven artista de treinta años, hijo de un arquitecto, estudió en la Escuela de Bellas Artes. Al principio de su carrera se concentró en la pintura hasta que ya no sintió esa necesidad. Sufría de trastorno obsesivo–compulsivo y su forma de ver el mundo había cambiado.

En 2006 Mario Santizo (Guatemala, 1984) comenzó a experimentar con la fotografía. También había estudiado teatro y, con un carácter introvertido, le pareció natural combinar la fotografía con la puesta en escena.

El trabajo de Santizo se inspira en el teatro del absurdo, en el trastocamiento de las convenciones. Ionesco y otros autores han influido en sus obras. En la serie “La entrega”, por ejemplo, reduce a los hombres a la condición de títeres, como el payaso que vive enraizado en una tradición que muestra la existencia irracional del mundo en el que se pierde la humanidad; una mirada que se encuentra con otras miradas, una mirada cómplice que se extiende en un cuerpo poético que dibuja actitudes humanas involucradas en lo político y lo social protestando contra la violencia de la razón moral.

Mario Santizo destruye toda lógica convencional y conformista para enriquecer una conciencia contemporánea. Demuestra con ello la insensatez del mundo en el que se pierde la humanidad. Su obra se caracteriza por los efectos dramáticos, la tensión, la exuberancia y la grandeza de “un mundo donde todos los opuestos están en armonía posible”.

Santizo destruye toda lógica convencional y conformista para enriquecer una conciencia contemporánea. Demuestra con ello la insensatez del mundo en el que se pierde la humanidad. Su obra se caracteriza por los efectos dramáticos, la tensión, la exuberancia y la grandeza de “un mundo donde todos los opuestos están en armonía posible”.

Las obras de Santizo discurren sobre la religión, la violencia, la sexualidad; sobre experiencias traumáticas en las esferas pública y privada de la sociedad. Es una reflexión casi filosófica, política y artística en torno a la sociedad guatemalteca contemporánea. Los montajes digitales provocan un malestar que perturba la tranquilidad de la vida cotidiana.

En la serie “Desnudo ultramasculino” Santizo habla de un cuerpo estereotipado, musculoso, que es sólo un traje artificial, un disfraz de lo que es el cuerpo real. Nos habla de nuestra relación ambigua con la desnudez en el ámbito publico y social, pero también con nuestra propia desnudez y con la desnudez del otro. Presenta con humor las cuestiones sexuales como temas políticos, como la homosexualidad o actos tan íntimos como el sexo oral o la sodomía.

Santizo encuentra la mayoría de sus temas en la literatura; halla reflexiones que pueden tomar años para desarrollarse o bien puede dejarlas a un lado y esperar el tiempo necesario para encontrar una solución creativa que le dé forma a sus cuestiones personales o colectivas. Quiere que su obra tenga la fuerza que se merece, nada parece simple, como en la serie “Comunidad”. En esta serie Santizo interpreta de manera ingenua el acto macabro de la muerte cotidiana en una Guatemala que muchas veces se queda indiferente.

La obra de Santizo podría referirse al concepto freudiano del Unheimliche: lo que debe permanecer oculto en términos simples. La extraña familiaridad o los demonios familiares corresponden a una situación de ansiedad, de terror; un secreto que sale de las sombras pero que debe permanecer en el ámbito de la confidencialidad.

“El arte es una forma de expresar algo cuando uno no entiende el mundo en el que se encuentra”, dice Santizo. “Todo tiene que salir. Es una manera de interpretar el mundo”. En su trabajo “El fantasma de postguerra visitando el Museo de la Historia de Guatemala”, el artista da a conocer la imagen de la postguerra imaginaria de manera vaga e incompleta, en la que sólo quedan símbolos colectivos. Esta ilusión también la encontramos en “Burócratas”, donde las personalidades públicas se convierten en imágenes cotidianas que, aun invisibles, siguen presentes y se convierten en una identificación general.

Hoy Mario Santizo se ocupa de otros temas, como el deporte o la cuestión del ego del artista. Al ver el trabajo de Mario Santizo es inevitable pensar en la sentencia “El hombre es el lobo del hombre”. ®

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Publicado en: Arte

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