Humanista y mediador

Las influencias expuestas, de Raúl Olvera Mijares

Las influencias expuestas contiene setenta reseñas de libros ordenadas en diez bloques, agrupadas unas veces por temas, otras por géneros o por disciplinas del conocimiento que revela el empeño del autor por hacer una taxonomía de los textos que pueda ponerse con facilidad a disposición del lector para un enriquecimiento integral.

Las influencias expuestas.

Las influencias expuestas.

Afirma Raúl Olvera Mijares, en el primer capítulo del libro que funciona a modo de introducción, que “las lecturas que uno hace son fenómenos afectivos, de amor u odio, sentimientos que no pueden ser neutros”. Confieso sentirme desconcertado a la hora de afrontar la reseña de un libro de recensiones, una suerte de meta-recensión que no sé si el autor alguna vez haya practicado; en mi caso es la primera y debe aspirar además a estar al menos a la altura de las que contiene el presente libro, algo que para ser honestos y anticipar la valoración de la obra, no es nada fácil. Las influencias expuestas [Querétaro: Calygramma-INBA-Conaculta-SEP] contiene setenta reseñas de libros ordenadas en diez bloques, agrupadas unas veces por temas, otras por géneros o, en ocasiones, por disciplinas del conocimiento que, de cualquier manera, revela el empeño del autor por hacer una taxonomía de los textos que pueda ponerse con facilidad a disposición del lector para un enriquecimiento integral.

El conocimiento que Olvera Mijares exhibe es profundo en múltiples disciplinas, las cuales no sólo tienen que ver con la literatura sino también con la filosofía, la ciencia, la biología. Ésta es una de las reivindicaciones que el propio autor hace de la cultura: “Ya basta de que la Cultura con mayúscula siga identificándose en exclusividad con las Bellas Artes”, porque esa cultura debe ser “todo lo relacionado con el ser humano”. Olvera Mijares, ya en la introducción, se califica como “humanista”, casi por encima de todo lo demás, y no tarda en ser consecuente con esa toma de postura. A medida que avanzamos en el libro podemos observar que el autor no tiene el empeño de situarse en un plano distinto al de lector, el único papel que asume es precisamente el de mediador entre la obra que aborda y el lector de la suya. Persigue lo que él mismo afirma en su texto “Antropología cultural hecha carne”: comprender al hombre por su obra. Porque aunque la apariencia es que Olvera Mijares tiene una marcada tendencia hacia la erudición respecto de ciertos temas, la realidad es que esa erudición le supone un reto intelectual a la hora de afrontar la lectura y el papel posterior de mediador con otros lectores que, en realidad, son representación del lector promedio actual cuyo drama, como en el libro de Fadanelli, radica en encontrarse precisamente en el ocaso del humanismo. Por eso, la labor principal que asume el autor de Las influencias expuestas es que la lectura no acabe en la última página sino que sea un aliciente para que el lector encuentre en ella numerosos caminos; por eso recomienda La Independencia de Antonio Annino y Rafael Rojas, de la que dice que es “una obra fácil de ilustrativa lectura, pues abre un abanico enorme de perspectivas posibles”. Al lector de Las influencias expuestas se le abrirán numerosos caminos: en una gran parte de las reseñas el título es suficiente por sí mismo para revelar el contenido de la reflexión. Personalmente elegí el camino que pasa por la novela La creación de Agustín Yáñez, el análisis de la visión que realiza González Crussí o la reflexión en torno de la visión que tuvo acerca del hombre el último Scheler, como dividido entre el espíritu (Hegel) y los impulsos (Nietzsche), en un debate que hoy no logramos superar. Porque buscando nuestra propia lectura de las lecturas personales de Olvera Mijares, también encontramos el valor profundo que el autor otorga a esta “aventura de la imaginación”; especialmente indicativo de esta concepción es lo que afirma a la hora de comentar Imdinb, una novela del conocido poeta Gerardo Deniz: “Huelga decir que, como en el caso de la mejor narrativa desde Flaubert, el tema es lo de menos: todo principia y termina con el lenguaje”.

El conocimiento que Olvera Mijares exhibe es profundo en múltiples disciplinas, las cuales no sólo tienen que ver con la literatura sino también con la filosofía, la ciencia, la biología. Ésta es una de las reivindicaciones que el propio autor hace de la cultura.

El lenguaje se constituye en uno de los centros gravitatorios en el que prácticamente descansa cada una de las reseñas de Las influencias expuestas. El autor a veces se detiene en la reflexión respecto del origen de las palabras, en la medida en que éstas tienen como punto de partida el ser humano. Las palabras entonces se asemejan a las criaturas fantásticas de las que habla el libro de Heinz Mode, Animales fabulosos y demonios, ya que el autor quiere llegar con determinación a resolver aspectos que pertenecerían a una suerte de ontología de la lectura, es decir, ¿por qué creamos? o bien, ¿con qué afán el hombre se pone a imaginar más allá de lo ya conocido, más allá de lo ya nombrado? Esta centralidad del lenguaje, a la hora de analizar textos, conduce a Olvera Mijares a dispensar atención particular a los errores tipográficos que va encontrando al paso de las lecturas pero, sobre todo, a polemizar con las traducciones que algunos han hecho de textos extranjeros; en el fondo de este proceder está el gusto por la edición perfecta, por la palabra exacta, por la transmisión justa al lector. Siempre que Olvera Mijares hace una crítica de ciertos aspectos de cómo debe escribirse una reseña lo hace formulando ejemplos concretos que lo sostengan. Podemos destacar la que realiza en el texto “Historia francesa de las recámaras”, donde el hecho de que un traductor peninsular traduzca chambre por alcoba da paso a una larga pero ágil digresión por parte del autor sobre otras posibilidades de las que goza el español para traducir el término. Lo maravilloso es que, lejos de aburrir al lector con un texto en apariencia técnico, lo que está haciendo Olvera Mijares es precisamente ahondar en el término recámara, alcoba, cuarto, el cual es a su vez el tema central del propio libro de Michelle Perrot, Histoire de chambres. Olvera Mijares no se apiada de los textos que no cumplen la calidad de traducción que merecen por sí mismos como obras literarias, como Cuento italiano del siglo XX. Breve antología, del que dice: “Esta segunda edición, que ostenta la insólita leyenda de corregida y aumentada, con una serie de erratas (en español y en italiano), careció de un necesario cotejo con los originales y una elemental corrección de estilo”.

El autor, Olvera Mijares.

El autor, Olvera Mijares.

En esa búsqueda constante de la precisión del lenguaje el autor encuentra extraordinarias coincidencias que rebasan las barreras que pueden marcar las diversas lenguas, así, es causa de regocijo la aliteración que se produce entre el nombre de la novela de Banana Yoshimoto, Amrita, y el nombre de su traductor, Giorgio Amitrano. Muchos de los autores que Olvera Mijares selecciona para llevar a cabo su lectura combinan su respectiva labor de escritores con aquella de traductores, como es el caso de Fernando del Paso, Hans Magnus Enzensberger o Tomás Segovia. Otra de las constantes de Olvera Mijares, a la hora de ejecutar una recensión de los libros, es aprovechar el marco incomparable que ofrece el pensamiento clásico grecolatino a fin de iluminar ciertas reflexiones de los autores de las obras abordadas. De esta forma, acude a la cultura helena para hablar de un libro de Jacques Soustelle sobre el universo azteca. O, por ejemplo, emparenta el Popol Vuh con la Teogonía hesiódica, más bien de con los poemas homéricos. Con frecuencia el peso teórico o de la historia cede de manera incuestionable ante el peso de la trama de los libros que reseña. Hay reseñas donde una gran parte del contenido se encamina a ofrecer el argumento de la historia al lector, para que éste sea el que decida si da el paso de sumergirse en esa nueva aventura que se propone ante él.

Olvera Mijares no escatima la ocasión de hacer valoraciones acerca de la actualidad del mercado editorial mexicano. Así, cumple con el atrevimiento de confesar qué cosa cree que no va a quedar para la posteridad como, por ejemplo, el Crack mexicano y otras supuestas vanguardias de Argentina y Chile.

Raúl Olvera Mijares tiene claro que se dirige a un lector mexicano, al que en muchas ocasiones, sobre todo con los libros de antropología, exhorta a conocer su historia. Las reseñas, que se aglutinan alrededor del bloque “Antropología de México”, constituyen un llamado urgente, persuasivo y directo al mexicano para acceder a las raíces remotas como clave para llegar a conocerse a sí mismo hoy, lo cual se realiza por medio de la persuasión: “Es mucho lo que hay que seguir explorando de este pueblo magnífico y misterioso [en referencia a los mayas], uno de los más brillantes en la historia de Mesoamérica y, ciertamente, en la historia de la civilización humana en su conjunto”. Pero ese hoy de México también forma parte del canon analizado por el autor. Olvera Mijares no escatima la ocasión de hacer valoraciones acerca de la actualidad del mercado editorial mexicano. Así, cumple con el atrevimiento de confesar qué cosa cree que no va a quedar para la posteridad como, por ejemplo, el Crack mexicano y otras supuestas vanguardias de Argentina y Chile. O bien mira hacia Letras Libres para afirmar: “Que un crítico literario tenga pretensiones como autor de ficción no es una cosa rara, entre el staff de Letras Libres, en varias voces (Sheridan, Bradu, Domínguez y Lemus) es frecuente hallar con distintos alcances tal anhelo”. A Monsiváis, a quien el autor conocía y quien le recomendaba que fuera a estudiar a la gran ciudad, le reserva una crítica especial: tras destacar las bondades de su libro Escribir por ejemplo, confiesa que no entiende cómo siempre se ha destacado por luchar contra las verdades oficiales y, sin embargo, en su libro se aferra a la oficialidad de la muerte de Rosario Castellanos, sin siquiera mostrar sus dudas. Tampoco entiende el empeño por parte de Monsiváis por hacer de Novo un paladín en defensa de los intereses de las minorías sexuales, cuando el propio Novo nunca se atrevió a publicar en vida sus escandalosas memorias mostrándose dócil con los poderosos.

Olvera Mijares cree que las lecturas deben tener hoy una finalidad para el hombre, cualquier lectura que se haga ahora, por más remota que se encuentre de su tiempo de creación, debe ser aplicable empíricamente por el lector.

El otro pasado literario de México, el de la literatura española, también tiene una presencia destacada en Las influencias expuestas. Aclara el autor en una de las reseñas que eligió Letras Españolas como materia auxiliar mientras estudiaba Filosofía como principal, de ahí tal inclinación. Y de ésta le ha preocupado en especial el exilio, el caso de los transterrados, la sensación de sentirse fuera o dentro del sistema literario español o del mexicano, o ser doblemente inclusivo con el término que algunos ya han empleado de hispanomexicano. Aborda el caso de Luis Rius, también de Tomás Segovia o el de Gerardo Deniz, con el que el propio Olvera Mijares encuentra una identificación que podemos detectar cuando habla de su biografía: “Su celo por el idioma, la terminología de las ciencias, los neologismos grecolatinos, la grafía de voces extranjeras y su incorporación en la lengua”. Cuando se refiere a los españoles jamás pierde la oportunidad de vincularlos con Latinoamérica, como en una especie de espejo enfrentado, así habla de Ana María Matute como de la generación posterior a aquellos autores que partían del realismo social) y que se atrincheraron para constituirse en respuesta ante el Boom latinoamericano (Juan Benet y José María Guelbenzu serían un ejemplo). En una de las reseñas afirma Raúl Olvera Mijares que “los aztecas alentaban —bajo el símbolo de Huitzilopochtli— el ánimo bélico en sus colegios de élite por medio de tradiciones y mitos (hoy sería el papel que desempeña Hollywood y los videojuegos sembrando el ansia de combate)”. Olvera Mijares cree que las lecturas deben tener hoy una finalidad para el hombre, cualquier lectura que se haga ahora, por más remota que se encuentre de su tiempo de creación, debe ser aplicable empíricamente por el lector. Por eso, todos los sujetos que nos encontramos girando en torno de ella, el propio recensor que escribe el presente libro, el recensor del libro de recensiones e incluso el editor de esta obra, nos diluimos en la enorme y privilegiada condición de lectores sin más. ®

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Publicado en: Libros y autores, Octubre 2013


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