La Caperucita Roja va a comprar cocaína

Una carta desde el Cerro de la Cruz, Torreón

El cronista Alejandro Almazán estuvo tres días en la colonia Cerro de la Cruz, de Torreón, Coahuila, y escribió una crónica tremendista de ese lugar que publicó en la revista Gatopardo y que fue premiada por la FNPI. Aquí, la reacción de los habitantes del barrio de esa ciudad norteña.

La colonia del Cerro de la Cruz, al poniente de Torreón. Foto © Jesús Flores.

La colonia del Cerro de la Cruz, al poniente de Torreón. Foto © Jesús Flores.

En noviembre del año 2013 la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) le otorgó a Alejandro Almazán el Premio Gabriel García Márquez, en la categoría de Crónica, por su trabajo “Carta desde la Laguna”, publicado en la revista Gatopardo. Desde su publicación, en marzo del mismo año, esa crónica causó la inconformidad de los vecinos de la colonia Cerro de la Cruz, quienes cuestionaron al periodista la legitimidad de sus fuentes así como la manera en que describía el territorio donde años antes se padeció en carne viva la llamada guerra contra el narco.

Aquel reclamo epistolar ha sido ignorado hasta la fecha por Alejandro Almazán y por el consejo editorial de la revista que le publicó la crónica galardonada.

“La pus de La Laguna”

La mañana del 30 de marzo de 2013 vi una publicación en Facebook de la revista Gatopardo en la que se hablaba de Torreón. El texto se titulaba “Carta desde La Laguna” y lo firmaba el periodista Alejandro Almazán. Luego de leerlo y releerlo, y de ver la manera en la que el cronista se expresaba de la colonia Cerro de la Cruz le escribí por inbox:

2 de abril 2013, 10:20 am
Hola Alejandro: Mi nombre es Jesús Flores y hace unos días leí un texto de tu autoría en el blog de la revista Gatopardo, un escrito acerca de la violencia en la Comarca Lagunera, en especial de la colonia Cerro de la Cruz, barrio donde tengo familia y gente a la que aprecio mucho. Me gustó tu manera de narrar los acontecimientos, el detalle en la forma que describes al sector, es verdad que hace años se vivieron tiroteos y enfrentamientos en esta parte de la ciudad pero ahora las cosas han cambiado, todo ha vuelto a su vida habitual. Por lo anterior, amigos, familiares y colonos te extendemos una cordial invitación para que vengas al cerro en tu próxima visita a La Laguna, te garantizamos tu seguridad y una buena carne asada. Sólo queremos que convivas una tarde por estos rumbos para poder mostrarte el lado positivo de sus habitantes, gente que se parte el lomo día con día para poder subsistir y que no tienen nada que ver con el crimen organizado. Estamos hartos del turismo bélico y una de las formas de “combatirlo” es darle voz a los que tienen otras cosas que decir, la otra cara de la moneda. Es cierto que aún sigue el conflicto pero es en toda la Comarca, no nada más aquí, ya estamos cansados de la gente que habla de este problema sin haberlo vivido en carne propia y que lo hace a través de lo que le cuentan los azorados, puro chisme de señoras gordas y con vidas aburridas. Torreón es más que sangre y balas, pero si ustedes los escritores se empeñan en reafirmarlo a cada momento jamás nos quitaremos este estigma de violencia del cual, te repito, ya estamos hartos. Celebramos tus buenas intenciones de ser portavoz de una guerra que parece no acabar y nos ponemos de pie por el valor que tienes para hacerlo. Quedamos a tus órdenes para cualquier duda y ya lo sabes, eres bienvenido el día que decidas visitarnos. Saludos afectuosos, Jesús Flores
Pd. El viernes 3 de mayo es el día de la Santa Cruz y es un pretexto más que razonable para que, si puedes, vengas y veas a esta comunidad en toda su efervescencia popular.

Un poco más tarde me contestó Almazán:

2 de abril, 11:47 am
Jesús: tu mensaje me ha puesto a reflexionar. Te lo digo en serio. Me parece que cometí el error de generalizar. No dudo de tus palabras al decirme que están hartos, que se parten el lomo, que luchan. Yo tengo parientes en la sierra de Sinaloa y pasan por los mismos estigmas. Si puedes, dile a tus vecinos, amigos y familiares que les ofrezco una disculpa por generalizar. Yo también creo que Torreón es más grande que sus penas. Créeme, ya veré cómo resarcirlo. Agradezco tu invitación y seguro la tomaré la próxima vez que visite La Laguna. Gracias por escribir y espero que muy pronto La Laguna retome su tranquilidad que siempre la ha caracterizado.
Pd: no dudes en escribirme si los vecinos tienen más quejas sobre el texto. Un abrazo.

“Ok. Por aquí andamos”, le contesté un rato después.

Al leer la parca respuesta de Alejandro Almazán decidí dar lectura a su “Carta desde La Laguna” en las canchas de la colonia Cerro de la Cruz frente a varios vecinos.

Una familia del peligrosísimo barrio del Cerro de la Cruz. Foto © Jesús Flores.

Una familia del peligrosísimo barrio del Cerro de la Cruz. Foto © Jesús Flores.

Después de leerles la crónica y el inbox enviado a Almazán, así como su respuesta, los vecinos me pidieron que escribiera una réplica a los responsables de la publicación. Les parecía inadmisible que una persona ajena al conflicto, al barrio y a la ciudad escribiera la historia del narcotráfico en Torreón con tal ligereza, con una “investigación” hecha en tan sólo tres días y una sola subida al cerro, y peor aún, por la manera en la que el periodista se refería a la colonia como “el infierno” y “la pus de La Laguna”. Un ejemplar de la revista estuvo circulando por el Cerro de la Cruz durante varios días hasta que se llegó el momento de redactar la contestación al directorio de Gatopardo en México y Colombia: al director editorial en México, Guillermo Osorno Covarrubias y a la coordinadora editorial en Cono Sur, Leila Guerriero, así como a los coeditores, redactores, editores gráficos y demás colaboradores en ambos países. Tomamos los correos de las páginas de la revista y buscamos la manera de llegar al consejo editorial pero fue inútil, sus contactos no aparecían en la publicación. La respuesta que había dado Alejandro Almazán por inbox resultó ser muy simple en comparación con el tamaño de su invención; fue tomada como una burla para el Cerro de la Cruz y por eso se decidió transmitir la queja a los verdaderos responsables de lo que se había publicado: a los editores que encargan y pagan por ese tipo de trabajos.

Como ya se vio, el primer mensaje que le envié por inbox a Almazán fue cordial y respetuoso, dándole la pauta para que respondiera con ese mismo “entusiasmo” con el que había escrito la “Carta…”, pero su respuesta fue muy escueta y los vecinos del Cerro creyeron advertir un rasgo de ironía en su postdata, donde Almazán me pide que le haga saber si hay más quejas de los vecinos sobre su texto. Uno de ellos, Carlos Avitia Camarena, un joven de 27 años que ha vivido toda su vida en el Cerro, me pidió que la réplica esta vez fuera agresiva y que no descartara dos cosas fundamentales: “Una honesta mentada de madre para todos ellos y recalcarles que no eran bienvenidos en Torreón, mucho menos en el Cerro de la Cruz”. Era un último recurso para lograr la atención de los editores y su pronta respuesta. En seguida, la carta que les enviamos.

Carta desde el Poniente. Toda una vida en La Laguna

Nunca has caminado por el Cerro de la Cruz, pero por la manera en que el guía llama al lugar, “la Pus de La Laguna”, sabes que inspira miedo el mero hecho de nombrarlo. Apenas subas, te darás cuenta de que, en vez de trepar hacia el cielo, bajarás hacia el infierno. Pronto verás que los barrios son casuchas apeñuscadas en las laderas del cerro, reproduciéndose obscenamente como las cucarachas. Y pronto, también, caminarás por callejuelas empinadas, gatearás escalinatas hechas sin ninguna planeación, no sabrás si hay más basureros que callejones sin salida, te toparás con teléfonos públicos destrozados, con perros vagabundos y observarás paredes pintarrajeadas y agujereadas que te harán entender que, por estos rumbos, la única que tiene paso libre es la muerte” [Alejandro Almazán, “Carta desde La laguna”].

Ya nada más falta que salga el lobo feroz y asuste a la cándida reportera que mandan a cubrir con su canasta y caperuza la sangre derramada por y de los salvajes del norte. Con todo respeto y de corazón les decimos a todos ustedes que CHINGUEN A SU MADRE; Señores editores, coeditores, redactores y, por supuesto, al mandadero de noticias que escribió estas primeras líneas de una crónica que dista de ser un trabajo serio acerca de un tema que nuestro pueblo apenas está empezando a superar. El texto llamado “Carta desde La Laguna” y publicado en el mes de marzo de este año en su revista Gatopardo núm. 139, ha sido leído en voz alta en las canchas de la colonia Cerro de la Cruz a sus habitantes y a través de este medio exigimos una DISCULPA PÚBLICA por este reportaje, que más que un trabajo de investigación parecen las aventuras de una colegiala intrépida que se arriesga, “Uy”, a ir un día a comprar droga al punto y a partir de esa experiencia y de chismes de azorados y señoras escritoras con sobrepeso, hace un resumen de los hechos violentos en la Comarca Lagunera del año 2005 a la fecha. Por la manera en que describe a la colonia pareciera que Torreón, y más el Cerro, fueran los precursores de la decadencia en las ciudades. Por si no lo sabe este escritor imbécil, en todos los barrios populares hay bardas pintarrajeadas y servicios públicos destrozados, no es un paisaje exclusivo del Cerro, pero más que ahondar en discusiones acerca de la estética urbana, el texto no dice nada nuevo para los que han vivido de cerca el conflicto armado, sería mejor que la revista Proceso hiciera un especial de la Comarca con todo lo que ellos seriamente han informado, mismos episodios que se repiten en las páginas de su “Carta…” pero muy mal escritos. Independientemente de su labor de informadores y emisarios de la verdad, hemos encontrado en estas líneas una voz pendeja que escudada en la libertad de expresión manifiesta su profundo pensar como: “gente como él, necesita de mitos y mentiras para vivir”, o después de hacerle esta pregunta trascendental al guía: “¿qué esperas de esta vida?” y sabiamente el reportero se responde a sí mismo: “No soy psiquiatra pero creo que muy pronto no quedará nada en su cerebro”. Evidentemente este gato del amarillismo ya traía la intención con la que enmarcaría su texto, esta obsesión por el dolor ajeno y por el gore regional caricaturiza el horror que se ha vivido en los últimos años en La Laguna y frivoliza la disposición de la gente que le brindó la información y la confianza y que al final terminaron contándole lo que, repito, ya se había publicado en otros medios.

Ya nada más falta que salga el lobo feroz y asuste a la cándida reportera que mandan a cubrir con su canasta y caperuza la sangre derramada por y de los salvajes del norte. Con todo respeto y de corazón les decimos a todos ustedes que CHINGUEN A SU MADRE; Señores editores, coeditores, redactores y, por supuesto, al mandadero de noticias que escribió estas primeras líneas de una crónica que dista de ser un trabajo serio acerca de un tema que nuestro pueblo apenas está empezando a superar.

Con esa carta expresamos nuestro hartazgo del turismo bélico, de periodistas carroñeros que vienen a construir su nicho en la historia a base de cadáveres y sangre. La Laguna, y en especial el poniente de Torreón, ya estamos cansados de gente que viene a ver la problemática y tratar el tema como un picnic en zoológico. Para los días que estuvo aquí su batichica del “periodismo”, la colonia el Cerro de la Cruz ya se encontraba en su etapa de gracia. Es verdad que en años anteriores se vivió la ocupación de la contra que acabó con la tranquilidad del lugar y en eso sí coinciden con los datos publicados, pero en el mes de febrero de este año el Cerro ya había recuperado su efervescencia que continúa hasta ahora. El poniente de Torreón es el origen de la ciudad, están los asentamientos y la identidad de una región que resiste a los chingazos desde la Revolución; las colonias Durangueña y el Cerro de la Cruz, entre otras, fueron trincheras en las tomas de Pancho Villa, de ahí su estigma bélico, pero los años han demostrado que se puede recuperar y a pesar de que estuvo en manos ajenas ahora este sector está dispuesto a salir adelante y defender lo suyo. Es por eso que nos parece poco ético la manera en que se trata a una región que para ustedes es desconocida. Tres días no son suficientes para leer la historia de una ciudad a base de puros chismes, se tienen que vivir muchas cosas para emitir juicios tan directos. O quizá se confían demasiado en que sus publicaciones no llegan a los bajos estratos sociales y por eso mismo creen que jamás se darán cuenta de la forma en que son tratados, pero les informo que siempre habrá alguien con el tiempo disponible para hacérselos saber.

Vista del Cerro de la Cruz. Foto © Jesús Flores.

Vista del Cerro de la Cruz. Foto © Jesús Flores.

Luego de haber leído la “crónica” le escribí un inbox al autor externándole nuestra confusión y enojo y lo invitamos a dar una segunda vuelta al Cerro para que viera la otra parte de la vida, la que prevalece, la gente que se quedó y resistió y que no tiene nada que ver con el narcotráfico, que día a día sale a trabajar para ganarse honradamente el sustento y que son historias de supervivencia. Pero, claro, eso no vende. Fue una invitación abierta por parte de colonos y vecinos de la Alianza, y su respuesta fue que después. Ahora les decimos que NO, ni el autor ni nadie que venga de otros lados con extrañas intenciones es bienvenido a esta tierra. Gracias a ustedes abrimos los ojos y nos dimos cuenta del morbo estúpido que ha acarreado el dolor de mucha gente y no nos dejaremos embaucar con su labor de “informantes”, no nos hace falta su publicidad de carniceras fresas. Les adjunto una carpeta con fotos de lo que ahora es el Cerro de la Cruz: La Octava Maravilla del Mundo. Ustedes juzguen por sí solos si existe el peligro que dicen; si lo hubiera jamás habría tenido la libertad y seguridad de tomar fotos en la cima del Cerro a las tres de la mañana. Sólo un idiota puede ignorar la belleza del paisaje que se despliega cuando se sube a un cerro. Yo pienso que gente como él necesita de mitos y mentiras para vivir.
—Jesús Flores, hijo del Poniente.

PD. Los invitamos a publicar íntegra esta carta en su revista, dándole el espacio que se merece al derecho de réplica de una comunidad insultada por su labor informativa.

Retorno al Poniente

El día 3 de mayo de 2013 el periodista Mike O’Connor,† representante en México del Comité para la Protección de los Periodistas, dio una conferencia en el foyer del Teatro Nazas de Torreón. El tema fue el peligro de muerte que corren los periodistas en México. Al acabar la charla, un grupo de vecinos del Cerro y yo nos acercamos a O’Connor y le entregamos una carpeta con todo el expediente de lo que había publicado Alejandro Almazán en Gatopardo, así como nuestra carta de respuesta al consejo editorial de la revista. Al ver el contenido de la carpeta le sorprendió mucho lo que estaba pasando, ya que él conocía muy bien a Guillermo Osorno, entonces director de Gatopardo, y nos prometió hablar con él para aclarar la situación. Por ser ese día tres de mayo, precisamente el día de la Santa Cruz y motivo de fiesta patronal en el Cerro, lo invitamos a subir para que él mismo se cerciorara de que ya no existía el peligro que tanto mencionaba Almazán en su texto. O’Connor dijo estar muy cansado y descartó la invitación. A los dos días le mandé toda la información digitalizada a su correo, como él mismo lo sugirió. Jamás recibimos una respuesta de su parte.

Ese mismo día de la conferencia de O’Connor, 3 de mayo de 2013, registré en video la fiesta patronal del Cerro de la Cruz para que quedara asentado “el infierno” en el que vivía la comunidad que describió irresponsablemente Alejandro Almazán en su crónica.

Video “Día de la Santa Cruz”, 3 de mayo de 2013, colonia Cerro de la Cruz, Torreón, Coahuila.

En noviembre de ese mismo año Alejandro Almazán ganó el premio “Gabriel García Márquez” con su crónica “Carta desde La Laguna”.

Un año después de haber sido premiada esa crónica y en parte como respuesta a ella, el 23 de noviembre de 2014 inauguré una exposición fotográfica en doce diferentes espacios del centro viejo de Torreón. La intervención estuvo conformada por 78 imágenes que mostraban paisajes y retratos de los habitantes del poniente de la ciudad, sector donde se encuentran los barrios a los que Almazán alude despectivamente en su texto. En el año 2012 comencé el registro fotográfico en la colonia Polvorera movido por una mala experiencia que me había llevado a abandonar la ciudad un año antes, cuando la violencia en las calles estaba en su punto más álgido. Al ver que comenzó a bajar un poco la inseguridad, decidí regresar a Torreón y retratar el Poniente como una manera de sanar ese miedo que sentía hacia aquellos lugares que me vieron crecer, y así durante dos años fui elaborando la serie fotográfica que dio como resultado más de doscientas imágenes. Yo nací en la colonia Moderna, y por las escuelas en las que estuve caminé desde muy chico por San Joaquín, la Durangueña, la Compresora, el Cerro de la Cruz, la Martínez Adame, la Rosita, el Arenal, la 28, la Rinco, la Lupita, etc. Me tocó vivir el esplendor de una ciudad que se fue desmoronando poco a poco a partir de la llegada del crimen organizado. El objetivo de esa exposición fue hacer un retorno imaginario de los ausentes del Poniente, como si de repente regresaran los exiliados de su destierro, los cautivos de su encierro, los desaparecidos de la incertidumbre y los finados de la muerte. A través de las fotografías hice un paseo imaginario de cómo los ausentes se encontrarían a sus barrios y a su gente si ellos volvieran. Retraté a los sobrevivientes de la guerra y los imponentes paisajes que se despliegan al subir los únicos cerros de la desértica Laguna. Además de la exposición realicé videos y una colecta de archivos fotográficos de familias completas, los cuales les devolví digitalizados para procurar su conservación. A la fecha sigo trabajando en el proyecto pero bajo otras disciplinas plásticas.

Festejando en el día de la Santa Cruz. Torreón, Coah. Foto © Jesús Flores.

Festejando en el día de la Santa Cruz. Torreón, Coah. Foto © Jesús Flores.

A más de dos años de la publicación de la “Carta desde la Laguna”, y al ver que definitivamente no habrá respuesta de Alejandro Almazán ni de la revista Gatopardo, decidí publicar este expediente para manifestar que aún persiste la inconformidad de una comunidad que a la fecha no ha recibido disculpas públicas, a pesar de haber sido motivo de un premio con su tragedia. El Cerro de la Cruz fue tratado en la “Carta desde La Laguna” como si fuera culpable y mereciera haber vivido el conflicto bélico del que hasta ahora se siguen viviendo sus tristes consecuencias. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas


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