La maldita vida

Sudor añejo y sardina, de Enrique Blanc

Enrique Blanc es un autor que repite título en este selectivo y peculiar catálogo hogar de muchos representantes con talento del underground mexicano, aquellos que sobrevivieron y que ahora ya pintan canas.

La editorial Moho sigue su andadura fiel a sus principios. Una editorial que camina poco a poco pero con paso firme, sumando títulos y con un catálogo de autores que obedece al gusto de los editores (Guillermo Fadanelli y Yolanda Guadarrama) y a la idea de la literatura que ha conformado por años, ya un par de décadas, el inconfundible sello de la editorial.

La literatura que publica Moho es de autores en general poco conocidos (en el ámbito literario), marginales de algún modo, cuyos escritos encuentran acomodo en esta editorial independiente que se guía por criterios nada convencionales y que surfea en las antípodas de la categoría de lo comercial, ese adjetivo que vuelve homogénea, predecible, a la mayoría de la literatura que se publica en estos días.

Enrique Blanc es un autor que repite título en este selectivo y peculiar catálogo hogar de muchos representantes con talento del underground mexicano, aquellos que sobrevivieron y que ahora ya pintan canas. Después de No todos los ángeles caen del cielo, uno de los primeros libros publicados por la editorial en los ya lejanos noventa, Blanc ahora vuelve a la carga con otro libro de relatos titulado Sudor añejo y sardina [2012], que suma el título 23 de los publicados por Moho.

La atmósfera de los relatos, muchos de ellos escritos en primera persona, es ligeramente opresiva, y en ellos reina la desesperanza de la cruda realidad descrita en sus pasajes. Siendo Blanc un escritor arraigado en Guadalajara —aunque nacido en la Ciudad de México—, que ha vivido y viajado frecuentemente a California, en los relatos se alternan ambas locaciones, donde los personajes viven sumidos en singulares peripecias de supervivencia.

Algunas historias transcurren en moteles, bares de mala muerte y los personajes son prostitutas o dealers de drogas, o simplemente adictos, que deambulan con el único objetivo de procurarse unos suspiros de placer con la siguiente dosis. Sin excluir los favores sexuales para conseguirla.

Este libro de relatos de Enrique Blanc aborda temas propios de la literatura underground pero desde una mirada serena y con una escritura madura, pausada y perfectamente calibrada. Aunque las temáticas no obedecen a un afán de malditismo. Enrique Blanc como habitante y observador de la noche sabe perfectamente que la realidad es así, sucia y maloliente, y que no necesita de mayores adornos para que huela peor.

Otras tienen un carácter más doméstico y se cuentan desde la perspectiva de un escritor y su relación de pareja, siempre incompleta, con tendencia a la devastación emocional, amenazada por el deseo que se alberga en otra parte, en otro cuerpo.

Otras historias transcurren en la morgue o en departamentos donde la chica del aseo, de nombre común, se enamora de la voz de un locutor de radio y decide cambiarse el nombre para parecer más interesante, para dotar de misterio una vida plana, achatada por la falta de perspectivas, llena de sueños que jamás se cumplirán. Y quienes albergan esos sueños saben perfectamente que no se cumplirán pero se rebelan a vivir una existencia todavía peor, una vida sin fantasías.

Los personajes que desfilan por los relatos de Sudor añejo y sardina destilan un ligero tufo a perdedores. Seres derrotados por la vida y resignados a sus tristes destinos. Born to lose, como dice la leyenda de una de las ilustraciones realizadas para este libro por Enrique Oroz, talentoso pintor sonorense arraigado también en Guadalajara.

La prosa de Blanc es diáfana, sin estridencias: clara y contundente. Un fluido cauce de situaciones y pensamientos que describen los presentes de unos personajes sin grandes ambiciones, sin grandes sueños, atrapados por sus destinos. Personajes que viven con absoluta y casi desesperante normalidad situaciones que se podrían tildar de extrañas: perder una oreja de un mordisco, pagarle a una puta para en el momento de la fornicación abandonar la idea (ahí me acuerdo de John Fante) u obsesionarse por encontrar al dueño de un viejo Mercedes Benz, que huele a sudor añejo y sardina, precisamente, al encontrar en la guantera una vieja foto del dueño al que le falta una pierna…

Enrique Blanc © E. Barrera

Este libro de relatos de Enrique Blanc aborda temas propios de la literatura underground pero desde una mirada serena y con una escritura madura, pausada y perfectamente calibrada. Aunque las temáticas no obedecen a un afán de malditismo. Enrique Blanc como habitante y observador de la noche sabe perfectamente que la realidad es así, sucia y maloliente, y que no necesita de mayores adornos para que huela peor.

Los relatos de Sudor añejo y sardina están poblados de putas, perdedores, personajes estrambóticos, gente que consume cocaína y que en realidad no sabe a qué diablos ha venido a este mundo.

Como la mayoría de nosotros. ®

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Publicado en: Libros y autores, Octubre 2012


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