La mano y el vacío de uno

Las disquisiciones geométrico-alucinadas de Gabriel Orozco

Aquí se trata sobre la inquietud del artista por el vacío y sus tentativas por llenarlo de algo. No importa que ese algo, en este caso sus escritos, sean confusos, incomprensibles, chabacanos, contradictorios, dizque poéticos, quesque filosóficos, chocarrero-involuntarios, ideático-políticos y hermético-místico-sin-querer-queriendo.

A fin de cuentas si existen y triunfan artistas sin crítica, el ensayo nos regala la posibilidad de concebir una crítica sin artistas.
—Iván de la Nuez

Cats and Watermelons, Gabriel Orozco

Ordenando un librero encontré números atrasados de revistas contemporáneas. Lo que me condujo, invariablemente, a descubrir una fuente inagotable de perlas y luego a colmarme de los vacíos discursivos en las disquisiciones geométrico-alucinadas del artista Gabriel Orozco. “Argumentaciones”, así lo dice la publicación, formuladas en su texto “La mano de uno”, publicado en el número 57 de la revista La Tempestad.

Ardua labor tratar de dilucidar algo de este ensayo de ensayo entre tanta palabrería desmañada y pretenciosa. Puras filigranas de aire, espejitos, galimatías con vuelos poéticos. Y es aun más ardua la labor de leerlo-entenderlo por lo impenetrable-intencionado-apantallante del mamotreto publicado, además, en letra pequeña, ilegible, sobre un fondo gris de la sección Cuaderno para invenciones de la mencionada revista La Tempestad. Reconozco las sanas controversias que se han generado en esa publicación sobre las muy pertinentes revisiones de la literatura latinoamericana. Desenmascaramientos que develaron trucajes estilo “fórmulas mágicas” de cierta literatura sudamericana, tanto del Boom-Gabo como de cierto “análisis paciano”. Pero si la mencionada revista logra desatar esas tempestades al publicar puntuales críticas a grandes nombresde las letras del siglo pasado, no alcanzan esos mismos aciertos al juzgar y promover a vacas sagradas presentes, constantes, sonantes y visuales. Supongo que es por falta de visión, perspectiva y distancia, pues la revista no ejerce la crítica visual mexicana con similar puntería como lo hace en lo literario. Carencia que sin embargo comparten muchas de las publicaciones culturales del país. La evidencia señala que carecemos de una crítica de arte plausible en nuestro querido y enjundioso México.

Ardua labor tratar de dilucidar algo de este ensayo de ensayo entre tanta palabrería desmañada y pretenciosa. Puras filigranas de aire, espejitos, galimatías con vuelos poéticos.

Regresemos al texto de Gabriel Orozco. Es de notarse la inquietud del artista por el vacío y sus tentativas por llenarlo de algo. No importa que ese algo, en este caso sus escritos, sean confusos, incomprensibles, chabacanos, contradictorios, dizque poéticos, quesque filosóficos, chocarrero-involuntarios, ideático-políticos, hermético-místico-sin-querer-queriendo. Es de notarse, también, que Gabriel Orozco está obsesionado por la geometría a la que le concede poderes metafísicos, sobrenaturales, espirituales, ideológicos, sublimes:

la geometría puede ser una forma que nos libere de cualquier forma de monoteísmo, […] que libere nuestras acciones, que evite la dependencia de las fuerzas en las que no creemos […] que nos permita desear sin culpa, experimentar eso que llamamos realidad.

Aunque luego, paradójicamente, aclara:

la geometría se convirtió en una forma de monoteísmo en muchos artistas del siglo XX; ahora sólo es profesado por los arquitectos.

Y por él mismo, se le olvidó señalar. Pues geométricamente simples son algunas de sus creaciones y argumentaciones. Es de notarse, asimismo, que al artista le gusta andarse por las ramas con frases como las siguientes:

la matemática ilusoria de los cubos blancos; […] experimentarlo [el arte] a través de desarrollos geométricos existenciales, entre los charcos, entre los coches y los pianos, entre las líneas de las piedras; […] en este país de pintores místico-cromáticos…

¿Pintores “místico-cromáticos”? De los que no menciona sus nombres. ¿Se referirá acaso a Tamayo o Toledo o la Escuela Oaxaqueña o, tal vez, a Aceves Navarro y a su Academia de “La Mancha Sensible”? Luego se pregunta:

¿Cuál es la preparación requerida para encontrar o provocar, y así realizar una experiencia en lo real imprevisible?

Y se responde el mismo ingenio jalapeño:

Es la preparación para el estado de vacuidad.

A este artista mexicano lo embriaga algo más que la geometría y el vacío, algo así como la poética:

La mirada es el punto, el cuerpo es el círculo, la conciencia es la esfera. /El dedo es el punto, la mano es el círculo, el cuerpo es la esfera. /La mano, el cuerpo y es paisaje. /La mano se proyecta en el espacio como las ondas de una piedra en el agua. /La estela después de la acción. La turbulencia y el vacío. La estela de un barco, la estela de un abrazo.

…la estela de Estela, se podría añadir también.A este autor le encantan, asimismo, las elucubraciones pachecas:

El individuo es lo que sucede en el colapso entre dos unidades, el espacio de turbulencia de esa dualidad en fricción… Erosionado por la nación y sus pequeñas religiones, por la religión y sus pequeñas naciones, atemorizado por los medios, exiliado, nos recuerda los reflejos posibles de los charcos, abre las puertas y las ventanas de nuestros edificios en ruinas, hace rodar las piedras de nuestros monumentos.

¿Cuál espacio, cuál colapso, cuál turbulencia, cuáles dos unidades, cuál fricción? ¿Cuáles naciones, cuáles religiones? ¿Cuál es el chingado símil, que no logro entender, del “individuo” con “los posibles charcos” y de éstos con “abrir las puertas y las ventanas de nuestros edificios en ruinas” o con “rodar las piedras de nuestros monumentos”? Y prosigue tan campante Gabriel Orozco en un re-cuento de lo realizado por él, por su excelentísima persona, durante el periodo 2000-2005. Dice, como si nada, que intentó:

Recrear con espuma expansiva la historia del universo…

Sí, así lo dice. Y, además, trata de definir una postura estético-moral-económica:

Me inquieta que algo salga demasiado caro… No querer gastar mucho al hacer arte es una postura moral.

“Postura moral” desmentida por la realidad. Su pasada exposición retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes “ocasionó gastos por 3 millones 836 mil 748 pesos —información otorgada por el INBA a través del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública”. Pero al gran público incondicional de Gabriel Orozco y de la vanguardia, público instalado en la fiesta del éxito ajeno como propio; deslumbrado por la pompa y circunstancia de la dimensión de la apariencia de vanguardia; obnubilado con los espejitos de “sabiduría” de sus escritos y además embebido por el amplio reconocimiento que tiene este artista, “uno de los más influyentes del panorama internacional” (pues ubica a Mexicalpan de las Tunas en el firmamento de las estrellas… fugaces y visuales). A todo ese gran auditorio, epígonos incluidos, le parecerán —por supuesto— nimiedades mis cuestionamientos y hasta los desvaríos pergeñados por su Gran Tlatoani. Pero, en fin, las perlas y las pedrerías de esos “fragmentos” del ingenio jalapeño publicados en La Tempestad y titulados “La mano de uno”son tantas, tan diversas y divertidas que en sólo cuatro saturadas páginas en letra minúscula e ilegible “permite”, según la misma revista, “comprender mejor el pensamiento a la vez político y estético del artista mexicano”. Pregunto, ¿cuál pensamiento, cuál político, cuál estético? Por lo que invito al curioso lector a que le eche una ojeada a ese legajo de la mencionada revista. Nomás para pasar una velada sonriente pero distante y precavida de cualquier embeleso en el jolgorio inagotable de las vanguardias y de los geniecillos, curadores, sanadores, Tlatoanis agoreros que la promueven con bombo y platillo, sonajas, trompetillas, tambora y teponascle en medio de plazas, tianguis y templos del arte con “limpias”, sacrificios y ofrendas, incienso y mirra, danzas, cánticos y alabanzas entre serpentinas, confeti, globos, cohetones y “espantasuegras”. ®

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Publicado en: Arte, Febrero 2011

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