Steve Jobs, inventor, empresario

El Gengis Khan de la tecnología

Con la muerte de Steve Jobs perdemos al primer gran genio de la era digital. Jobs fue un visionario y revolucionario que ha sido comparado con Newton, Ford y Einstein, pero al que igualmente podríamos comparar con Gengis Khan, por su singular estilo administrativo y sus brillantes decisiones estratégicas, despiadadas y afortunadas en igual medida. La dureza de sus críticas y las decisiones (a veces impredecibles) de Jobs causaban terror entre sus subalternos pero a la vez era un hombre con una personalidad carismática que era capaz de despertar en la gente una intensa devoción y lealtad cercanas al culto.

La madre biológica de Jobs lo dio en adopción al nacer (aparentemente por presión de su padre, que no soportó que su hija hubiera tenido relaciones extramaritales con un sirio). Jobs no se tituló, abandonó la universidad y sobrevivió muy modestamente durante muchos años. Tras sus éxitos iniciales en Apple fue expulsado de la compañía en medio de un conflicto de poder. A su regreso no sólo salvó a la empresa que comenzaba a desplomarse sino que la convirtió en una de las más ricas (350 mil millones de dólares), poderosas e influyentes de la historia.

Jobs y su amigo Stephen Wozniak participaron en el Homebrew Computer Club de Lee Felstein, en Berkeley, donde conocieron al Captain Crunch, John Draper, el programador que se hizo famoso entre otras cosas por crear las Little Blue Boxes, un dispositivo generador de tonos que permitían burlar los sistemas de ATT para poder hacer llamadas internacionales sin costo —esta práctica se denominó phone phreaking y fue un antecedente del hackeo—, durante un tiempo Jobs y Wozniak vendieron esas cajas azules. En 1976 Jobs y Wozniak fundan Apple y un año después construyen la primera computadora personal viable: la legendaria Apple II. Pero si bien soñaban con el éxito comercial, lo que realmente los motivaba era el ideal de que la computación podía ser una gran fuerza democratizadora que daría a los individuos el poder para expresarse. La computadora personal fue concebida como una herramienta de liberación. Hoy, que literalmente hay una computadora en cada escritorio y en cada bolsillo, difícilmente podemos creer que esta herramienta nos ha liberado, pero sin duda ha creado un mundo nuevo en el que nos relacionamos, vivimos la comunicación, la información y el entretenimiento con una intensidad sin precedentes.

Jobs y otros innovadores de su generación tenían en común que eran herederos de la contracultura californiana de la década de los sesenta. En gran medida eran tecno-hippies que descubrieron el prodigioso catálogo contracultural publicado por Stewart Brand entre 1968 y 1972, The Whole Earth Catalogue, el cual reunía información e ideas acerca de productos y herramientas informativas que podían ser ordenadas directamente a los fabricantes y creadores. Este catálogo fue fundamental para desarrollar la actitud del “hágalo usted mismo” que propició innumerables invenciones que transformaron la cultura popular y el underground planetario y dieron lugar, además, al hackeo. Jobs, como otros pioneros de esa generación, creía que el LSD no era realmente una droga sino una herramienta para abrir las puertas de la percepción, y su experimentación con esa sustancia fue una de las cosas más importantes en su vida.

Jobs y otros innovadores de su generación tenían en común que eran herederos de la contracultura californiana de la década de los sesenta. En gran medida eran tecno-hippies que descubrieron el prodigioso catálogo contracultural publicado por Stewart Brand entre 1968 y 1972, The Whole Earth Catalogue, el cual reunía información e ideas acerca de productos y herramientas informativas que podían ser ordenadas directamente a los fabricantes y creadores.

Jobs nunca fue parte de la cultura corporativa, siempre usaba pantalones de mezclilla y a menudo caminaba descalzo por los pasillos de una empresa que ya en 1981 alcanzaba ventas por 600 millones de dólares. Pero, a pesar de su estilo, Jobs no tenía problema alguno con el hecho de acumular millones de dólares. De hecho, cuando su rival Bill Gates donó varios miles de millones de dólares a la caridad él optó por invertir en Pixar y hacerse aún más rico. El estilo desparpajado de Jobs iba de la mano de su estricto autoritarismo, su brutalidad para criticar a subalternos, competidores, colegas y hasta consumidores. Jobs era un apasionado que realmente creía en lo que hacía, una cualidad muy poco común en el mundo corporativo.

Su influencia en el diseño de una identidad fue gigantesca, así como lo fue su certeza en la necesidad de reinventar nuestra relación con las tecnologías que nos rodean para hacerlas no sólo más eficientes sino también agradables y amables, de ahí que se convirtiera en un gurú del estilo de vida digital, en un severo juez no solamente de la funcionalidad de sus productos sino también de su apariencia y de su gusto. Nunca empleó grupos de enfoque para evaluar el impacto de sus productos en el público (“El trabajo del consumidor no es saber lo que quiere”). La guía creativa de la empresa en sus mejores años dependía siempre de su sensibilidad e intuición.

Jobs registró 317 patentes que iban desde computadoras y iPhones hasta interfaces gráficos, monitores, clips y empaques. Sin embargo, más que un gran inventor era un fabuloso analista de las ideas de otros, su talento radicaba en reconocer las ideas geniales y desechar las que no lo eran tanto. Uno de los momentos determinantes en su carrera fue la visita que realizó a los laboratorios de Xerox PARC en 1979, donde vio por primera vez un interfaz gráfico para una computadora y un dispositivo semejante a un mouse. Ahí tuvo una revelación, pues supo que en el futuro todas las computadoras utilizarían ese tipo de sistemas.

Job fue el Gengis Khan de Silicon Valley, un formidable conquistador que como el líder mongol creó un imponente imperio con millones de fervorosos seguidores (¿qué otra marca hace que la gente acampe varios días afuera de las tiendas en espera del lanzamiento de un nuevo producto?). Gengis Khan fue un líder generoso y cruel que iba inventando las reglas (de combate, organización, relaciones públicas) a medida que se apropiaba de las tierras, los bienes, animales, mujeres y cultura de otros pueblos. Jobs a su vez inventó e impuso las reglas en la computación, el cine de animación digital, el mundo de la música y la telefonía celular retomando lo que otros habían creado pero reinventándolo a su voluntad. Jobs no sólo transformó las vidas de miles de millones de personas al someternos al yugo de sus delirios y sus gusto, también nos enseñó nuevos rituales tecnológicos que hemos aprendido, aceptado y asimilado con pocos reparos. Steve Jobs es al mundo wi-fi del siglo XXI lo que Gengis Khan fue a las estepas, bosques, glaciares y desiertos que se extienden desde los Urales hasta Manchuria y Corea. ®

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Publicado en: Ciencia y tecnología, Octubre 2011

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