Antes de la gloria y luego de la asfixia en el Ángel, I

Cuatro aficionados murieron después del juego de México contra Ecuador

El jueves 1 de julio aún no se sabía que Inglaterra se convertiría en el próximo rival en octavos el inminente domingo 5 de julio en el Estado Azteca. Tampoco nadie imaginó que la muerte tendría permiso de campear a sus anchas entre el millón 400 mil mexicanos que celebraron el triunfo del equipo nacional en torno a El Ángel de la Independencia.


El imán de la mexicanidad está en el Ángel de la Independencia, pues allí hay restos, efigies y nombres de héroes que nos dieron patria. Allí convergen en círculos de sangre y enjundia Ignacio López Rayón, Miguel Ramos Arizpe, Ramón Corona, Hermenegildo Galeana, Francisco Primo de Verdad y Ramos, Leonardo Bravo, José María Morelos, Andrés Quintana Roo y lo que quedó en huesos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, José María Morelos y Leona Vicario.

La dorada victoria alada que los guarece a todos ellos y sus heredades de 130 millones de almas, se yergue a 50 metros de altura gracias al cincel del escultor italiano Enrique Alciati y el tino del general Porfirio Díaz de conmemorar el primer siglo de la Independencia de México con este mausoleo en septiembre de 1910.

Fanáticos de la política y el deporte, mercaderes insaciables, rebeldes permanentes de la sociedad civil, se reúnen aquí para gritar su enfado o su alegría. La lluviosa y gélida tarde del miércoles de todos los rincones de la rosa de los vientos del país llegaron hasta aquí los herederos de sangrientos chichimecas, avaros españoles y esperanzados refugiados de cuanta latitud se pueda imaginar. Todos unidos por un deseo de victoria, todos hambrientos de gol, ilusionados por una noticia buena para celebrar a todo lo que da.

La limousine anarajanda que recorre las entrañas del Mictlán chilango se ha colmado de guerreros esmeraldas. Sobresale un chiva, ya que el Rebaño Sagrado de las Chivas de Guadalajara aportó cinco estiletes a la selección mexicana de futbol: Raúl “Tala” Rangel (portero), Luis Romo (mediocampista), Roberto “Piojo” Alvarado (mediocampista), Brian Gutiérrez (mediocampista) y Armando “Hormiga” González (delantero). El poder tapatío ya está aquí, en el Metro Balderas, con ardiente paciencia. Foto de Arturo Mendoza Mociño.
Para llegar hasta el epicentro de los festejos futbolísticos miles que se convirtieron en más de un millón ensayaron sus coros en el metro capitalino. Divertido fue escuchar que toda arenga externa fuera respondida por un coro interno desde el vagón. Nada dejados los canijos. Video Arturo Mendoza Mociño.
Apenas respiran doce años y han descendido desde Coacalco, al norte de la Ciudad de México. Vienen tan ellos, sin sombrilla, sin un abrigo adicional aunque se han pronosticado tormentas de granizo para esta tarde. Son diez en total, hermanos, amigos del barrio. Putean a los de adentro del vagón, a todos los que se crucen en su camino. Foto de Arturo Mendoza Mociño.
Los tradicionales pollitos traviesos coronan a centenares de festejantes que, en tiernos ojos, pequeñas estaturas, están aquí baile y baile. En esta sosegada marea verde también hay ondulantes elotitos, brujitas, “bob esponjas” y todas esas señas de identidad que muestran la edad de quien pronto, en un tris, tendrá una puberta explosión hormonal. Foto de Arturo Mendoza Mociño.
A las cinco de la tarde los concurrentes bailan “Sexy Chick”, de David Guetta. Hay harta humanidad, pero todo mundo cuenta con libre movilidad. Se ríe, se baila, se fajonea que da gusto. Todos están expectantes. Todos esperan que ya sean las siete de la noche. Video Arturo Mendoza Mociño.
Hay 19 grados de temperatura y una eclosión de chubasqueros y sombrillas porque ya llueve a las seis de la tarde. Los que traen chillones chubasqueros amarillos y bolsas negras son trabajadores de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México. Son doscientos. Portan, además chalecos de “Siervos de la Nación” y están apostados en cada esquina, de norte a sur, desde el Cine Diana hasta la Torre Mayor. Ellos sonríen, no como el hierático blanquiazul que porta máscara de Blue Panther. Bromeo que si es panista y, seco, dice que sí. Fin de la conversación.

En las treinta megapantallas del corredor que va desde el Monumento a la Revolución hasta la glorieta de la Diana Cazadora ya se anuncia que no cabe ni un alfiler en el Ángel. Pero hay todavía áreas libres por doquier, a pesar de la pertinaz lluvia y el cielo plomizo. Foto Arturo Mendoza Mociño.
En la cafetería Starbucks de la Torre Mayor Luis, Esmeralda, Fátima y Rodrigo se refugian del entorno húmedo que los sorprendió sin ropa repelente a la lluvia terca que cae. Celebran los goles del ariete francés Kylian Mbappé que saca a Costa de Marfil del Mundial 2026 y, como buenos narvarteños despreocupados del costo, comprarán unos chubasqueros para acercarse lo más posible al Ángel, ese monumento que tiene ahora una serpiente de flores de cempasúchil intactas e hipnóticas. Que se mantengan así, no se vaya a enojar si las pisotean la Ajolota Mayor que es Clara Brugada, jefa de gobierno de la capital. Foto Arturo Mendoza Mociño.
Pícaras y coquetas estas artesanas venden las últimas ristras del colorado chile nacional. Al grito de “Lleve su chile, lleve su chile” dicen, entre carcajadas, que ya se les acabaron los de medida Zague y que ahora sólo tienen, por 50 pesos, los rinconeros o chile piquín. ¿Cuál vas a probar?, alburean abiertamente. Ni hablar mujer, traes picor… Foto Arturo Mendoza Mociño.
Quinientos pesos cuesta el pase directo para volver al planeta de donde son originarios los mexicanos, porque cada vez se extiende más entre ellos “el efecto botarga” y les da por recuperar su apariencia real. O marciano, o tiburón, con piel repelente a la lluvia y hasta con añeja música incluida… “Los marcianos llegaron ya y llegaron bailando ricachá” cuando vieron a un “tiburón, tiburón, tiburón a la vista, bañista”. Foto Arturo Mendoza Mociño.
A la lluvia que cae del cielo hay que sumar las tormentas de espuma que se fraguan en incontables batallas que se dan por doquier. A esta pequeña derrotada le brota la alegría aunque parezca una nube y aunque ahora su chubasquero sea un argentino cielo albiceleste. Foto Arturo Mendoza Mociño.
Ya cayó la noche a las seis cuarenta y cinco, y por doquier brotan los vendedores de todo. Chubasqueros y paraguas de 50 pesos, latas de espuma de 30, las banderas que trae este héroe son a 100 y las vende con rapidez gracias al oleaje patriotero que no cesa. Foto Arturo Mendoza Mociño.
Al Diablo lo representan siempre con una pata de cabra y otra de gallo cuando en realidad es un ciempiés o hasta milpiés, porque por doquier le están quemando sus patitas. Sí, el México pacheco está presente y está triste porque se anuncia que, por lluvia y relámpagos al sur de la Ciudad de México, el juego se demora una hora hasta que pase el infierno líquido que azota el Estadio Azteca. Tanque, pulmón, rol y a esperar. Foto Arturo Mendoza Mociño.
Las rechiflas contra el himno de Ecuador contrastan con el ardor con el que cantaron los mexicanos al grito de guerra en todo el país hacia las 7:55 pm, hora centro del país, de la noche. Foto Arturo Mendoza Mociño. ®

Continuará…

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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