Topografía de lo inasible

Una lectura a Incierto sentir, de Karina Lizeth Chávez Rojas

Existen obras poéticas cuya virtud fundamental no radica en el intento de pacificar el conflicto interior ni en ofrecer explicaciones consoladoras frente a las fracturas de la existencia, sino en su rigor para habitar el pliegue de la grieta.

Karina Lizeth Chávez Rojas, poeta. Foto: cortesía

Incierto sentir (Colección Pippa Passes, Buenos Aires Poetry, 2025), entrega lírica de la poeta, ensayista e investigadora michoacana Karina Lizeth Chávez Rojas, pertenece a esta estirpe de libros que se distancian del simulacro.

Frente a una época anestesiada por la inmediatez y el consumo acelerado de certezas, la poesía de Chávez Rojas propone una resistencia silenciosa: la valentía de permanecer en el territorio de lo indeterminado.

El cuerpo no es un refugio infranqueable, sino una superficie expuesta a la inclemencia del entorno, al salitre, al barro y al desgaste de la memoria.

Como acertadamente ha señalado la escritora y poeta Guillermina Murillo en un agudo ejercicio de recepción crítica, el poemario no busca resolver el dolor, la pulsión del deseo ni la melancolía, sino que los asume como espacios habitables. En palabras de Murillo Barriga, la lírica de Chávez Rojas “no ofrece certezas, sino la valentía de permanecer en la pregunta”, reconociendo ese impulso universal —y tantas veces infructuoso— de intentar despojarnos de aquello que ya constituye la materia misma de nuestra subjetividad.

Geografía del desamparo
La poética de Chávez Rojas se sostiene sobre una tensión constante entre la encarnadura del cuerpo y la abstracción del sentimiento. Lejos de concebir el afecto como una entidad incorpórea, en Incierto sentir la experiencia emocional se encarna con una densidad física casi mineral y biológica. Textos como “Derrota” dejan ver esta articulación: “Entierro las uñas y los talones de pájaro cuarteados / en lo más profundo del pantano… / Sería distinto si mis pies fueran de acero templado, / si mi cara fuera suave como la cera…”. Hay en la escritura de la autora una conciencia doliente sobre la fragilidad del soporte físico. El cuerpo no es un refugio infranqueable, sino una superficie expuesta a la inclemencia del entorno, al salitre, al barro y al desgaste de la memoria.

Esta formulación establece un diálogo explícito con la tradición poética latinoamericana que ha hecho de la herida un lugar de auscultación. La presencia del pantano, el fango y la intemperie en Chávez Rojas remite a la contundencia física de Enriqueta Ochoa, para quien el cuerpo es también el sitio del juicio y la prueba, un territorio donde el espíritu no flota, sino que padece la gravedad de la materia.

La presencia del paisaje —el bosque frío, las brasas, la lluvia o la marea— no opera como un adorno escenográfico, sino como un correlato analógico de los estados interiores. En este universo, la intimidad se revela como un espacio atravesado por el naufragio y el fuego.

Asimismo, la insistencia en la erosión de la carne y en la imposibilidad de que el rostro sea “suave como la cera” dialoga intertextualmente con la poética del despojo de Chantal Maillard. Como en la autora hispano–belga, en Chávez Rojas la observación del dolor no busca el patetismo, sino el registro anatómico de la pérdida: el cuerpo es el lugar donde ocurre la violencia muda de la existencia. La presencia del paisaje —el bosque frío, las brasas, la lluvia o la marea— no opera como un adorno escenográfico, sino como un correlato analógico de los estados interiores. En este universo, la intimidad se revela como un espacio atravesado por el naufragio y el fuego.

Genealogías del desencanto
Otro de los ejes estructurantes del poemario es el abordaje de la alteridad y el erotismo. En el poema “Nocturno” la voz poética interroga las distancias infranqueables que median entre dos cuerpos: “Qué me aleja de la hoguera de tus tardes / cuando tu olor tiembla. / Por qué en las noches el viento de mis manos […] no penetra tu cuerpo. / Cuándo se juntarán tus labios, mi lengua, mi sosiego…”.

El deseo en Incierto sentir se formula desde la falta y la pregunta imprecisa. No es la celebración de la posesión ni el idilio pleno, sino la constatación de la fractura: la imposibilidad de que el movimiento de la voz alcance la orilla del otro. Esta imposibilidad del encuentro vincula a Chávez Rojas con la línea sombría de Alejandra Pizarnik, donde la noche, la distancia y la insuficiencia del lenguaje son los límites infranqueables del sujeto amoroso. Sin embargo, mientras en Pizarnik la imposibilidad suele desembocar en el silencio absoluto o el repliegue definitivo hacia la sombra, en Chávez Rojas persiste un impulso de indagación que rehúsa el mutismo.

Incierto sentir…

Por otra parte, poemas como “Recetario” muestran la faceta más amarga y corrosiva de la autora frente al devenir. Al repasar las instrucciones acumuladas a lo largo de los años para encarar “tantos años de frustraciones, de condescendencias toleradas”, la voz poética evidencia la inutilidad de los esquemas preconcebidos para domesticar la vivencia. Este gesto irónico y desengañado resuena con la poesía de Olga Orozco, particularmente en su modo de conjurar el tiempo y los rituales domésticos para descubrir, al final de la ceremonia, que la memoria sigue intacta en su centro de sombra. La autora nos enfrenta a la verdad fundamental que da título al volumen: el sentir es siempre ingobernable ante cualquier tentativa de sistematización racional.

Resiliencia de la forma
La relectura crítica de Murillo acierta de manera fundamental al identificar la resiliencia como el rasgo distintivo de este libro. Sin embargo, se trata de una resiliencia desprovista de triunfalismos pedagógicos. No hay en la obra de Karina Lizeth Chávez Rojas la promesa de un puerto seguro tras el vendaval, ni la ilusión de una catarsis definitiva.

Su formación en la teoría crítica y los estudios culturales se trasluce no como una carga académica sobre el poema, sino como un rigor estructural: una negativa tajante a ceder ante la sensiblería facilista o el lugar común del lamento.

La resiliencia poética que aquí se despliega consiste en la capacidad de mirar de frente al vacío, nombrar las ausencias sin maquillaje verbal y aceptar la convivencia con lo inacabado. Su formación en la teoría crítica y los estudios culturales se trasluce no como una carga académica sobre el poema, sino como un rigor estructural: una negativa tajante a ceder ante la sensiblería facilista o el lugar común del lamento.

En última instancia, Incierto sentir se consolida como una entrega de notable madurez formal e intensidad conceptual dentro de la poesía mexicana contemporánea. Con un lenguaje medido, austero y exento de pirotecnias inútiles, Chávez Rojas entrega una cartografía de la vulnerabilidad humana. Es un libro que exige una lectura demorada: la invitación a detenerse, a reconocer en el propio naufragio las huellas de un mapa colectivo y a admitir que, acaso, la única forma legítima de habitar el presente sea precisamente esa: sostener la mirada ahí donde las respuestas han dejado de existir. ®

Compartir:

Publicado en: Libros y autores

Apóyanos:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *