El autor explora en este ensayo los mecanismos del terror abstracto —en la música de Górecki, en Sade, en la violencia cotidiana mexicana— y cómo ese terror terminó transformando la tercera parte de su reciente novela Seis dardos.

El sonido tiene el poder de transportarnos a mundos extraños, a otros portales, y hacernos traspasarlos, como si fuéramos gatos.
El terror más incontrolable que he sentido en mi vida me lo produjo una sinfonía: la Cuarta de Górecki, que se publicó tras su muerte.
Al inicio del segundo movimiento, mis músculos estaban tensos y me faltaba aire.
Hacia fuera, estuve sentado, contemplando a través de la ventana gotas de lluvia caer en la jardinera.
Hacia dentro, casi me asfixio sin darme cuenta.
Ahí está el peligro de los miedos abstractos:
No podemos verlos.
Aunque lo intentemos.
* * *
El Conde de Gernande encierra a su esposa en un cuarto.
Cada noche entra borracho y le corta los muslos con un cuchillo.
Tres hombres la violan.
Él se masturba mirando.
Así hasta que la matan.
Entonces se casa otra vez y desangra a su nueva esposa.
El Marqués de Sade narra los horrores que ocurren en un cuarto de un castillo europeo del siglo XVIII… mientras en la habitación de arriba suena la transparente, ilustrada y chispeante música de Mozart.
* * *
Cuando llegué a la tercera parte de mi novela Seis dardos desapareció una calandria de la jardinera de mi cabaña en Nepantla.
Había estado ahí, cantando cerca de mí, cada tarde de abril.
Dejé de escribir.
Tres días después, por la mañana, su cadáver flotaba en el agua de la fuente con las alas desgarradas.
Retomé la escritura.
Pero el sentido del libro ya había cambiado para siempre.
* * *
- En algunas ciudades mexicanas te encarcelan si lastimas a un perro.
- Cuando era niño, recuerdo a un hombre presumir haber atropellado a un chihuahua por diversión y a sus amigos celebrarlo.
- En enero, una adolescente de trece años denunció a su madre por maltrato. Ahora vive con su tía y lleva seis meses sin magulladuras en las piernas.
- Antes de junio de 2011, cuando el Interés Superior de la Niñez se hizo constitucional en México, las infancias estaban legalmente desamparadas si nacían de personas violentas.
Así que para mí había sido muy fácil pensar:
Vivo en la época más justa y segura de la humanidad. Qué alivio ser un mexicano del siglo XXI y no un europeo dieciochesco.
* * *
Seis dardos (Dharma Books, 2026) la narra Lucas, un hombre que sufre tristeza clitoridiana y se derrumba ante la idea de ya nunca más poder lamer los genitales de la mujer que ama.
Funda el primer equipo performático en la historia del futbol.
En las playeras, los jugadores llevan escritos sus miedos.
Se llama La Santa Realidad F.C.
Para meterle gol, el rival debe:
Bloquear a la Asfixia.
Superar a la Amargura.
Confundir a la Barbarie.
Driblar al Olvido.
Vencer a la Indecisión, la portera.
Lucas es Vicio, entrenador.
Y el futbol iba a salvarlo… pero su miedo terminó por devorarlo.
* * *
Si acumulamos miedos abstractos, nos convertimos en seres temblorosos y manipulables.
Con el sonido no hay nada que hacer.
Pero sí con estos terribles días mexicanos.
* * *
Cuando comencé la tercera parte de Seis dardos ya no sentía ningún tipo de alivio contemporáneo.
Cargué el cadáver mojado de la calandria y lo enterré en la jardinera.
Se le fueron cayendo pedazos de alas durante el trayecto de la fuente al lodo.
Las dejé tiradas para que se secaran y el aire las levantara.
Desplacé mi rutina de escritura: de la tarde a la madrugada.
Recuerdo el momento exacto: durante el conticinio de un sábado.
Ni siquiera sonaban las cigarras.
Fue entonces cuando decidí convertir la Santa Realidad en un grupo terrorista.
* * *
Nos rodea el terror, así como nos rodea la belleza.
Mi amiga Patricia:
“Sí, quizá a través de mi celular me entero de que aparecieron cabezas colgadas en puentes o en esas hieleras de unicel que se usan en las fiestas para enfriar las cervezas. Pero, dime, ¿qué hago con eso? A la 1:30 de la tarde recojo a mi hija de la escuela. La escucho hablar sobre las guerreras K–pop y llegando a la casa me pongo a lavar su lonchera mientras pienso en qué hace falta para comer mañana”.
* * *
Entro a X y busco las interacciones que reciben los comentaristas de futbol más famosos de México.
La mayoría fluyen normalmente: coincidencias, reclamaciones y carrilla.
Pero aquí y allá, se filtra el terror: amenazas con violarlos, torturarlos públicamente y decapitarlos.
* * *
Le quité a Lucas/Vicio el futbol, su última posibilidad de salvación, y lo dejé vacío, de cara al terror, como parte de un grupo terrorista que secuestra a los cuatro comentaristas de futbol más famosos de México.
Vicio es el encargado de componer la amenaza:
“El futbol mexicano es corrupto y violento. En él, nuestras infancias no encuentran poesía, sino una razón para el odio y la mentira. Si México juega el Mundial, después de cada partido, un comentarista será decapitado”.
* * *
Escribí la tercera parte de Seis dardos a deshoras.
Caminaba las horas del día: de mi cabaña a la pulquería La Morra y del monte a la cascada.
Pensaba en los mecanismos del terror.
Recordé a Sparafucile, una gata que amé.
A veces me visitaba y permanecía sobre mis piernas mientras yo leía en la mesa del patio.
Cuando yo me iba se convertía en una máquina de torturar lagartijas.
Vi la escena en una grabación de las cámaras de seguridad:
Una lagartija en el patio.
Sparafucile saltó sobre ella y le arrancó una pata.
Luego, se escondió.
Al sentirse segura, la lagartija corrió.
Sparafucile saltó sobre ella y le arrancó otra pata.
Ilusionó a la lagartija con la idea de libertad para luego mutilársela.
* * *
México juega el Mundial.
Después de cada partido, las cabezas de los comentaristas aparecen envueltas en banderas mexicanas en el Ángel de la Independencia.
El ambiente nacional, sin embargo, es festivo.
En algún momento del delirio, Vicio comienza a hablar con un mimo de porcelana, al que le confiesa cosas como:
Sísifo,
tuve un sueño.
Mira,
te lo dibujo:

Soñé con esto,
Sísifo: que una espina
me atravesaba
las venas,
y yo gritaba,
Sísifo,
el mundo era
rojo
y yo gritaba.
* * *
Para hacernos sentir terror, Górecki, en su Cuarta, utiliza el mismo siniestro procedimiento que Sparafucile con las lagartijas.
Cuatro acordes brutales.
Luego, comienza a construir suaves panoramas lindos y sutiles.
Cuando en esos panoramas se traza algo parecido a una esperanza… suelta los cuatro acordes brutales.
Así una y otra vez.
* * *
Sparafucile se fue del patio una tarde de hace ocho años y no ha regresado.
En Seis dardos, Lucas hace algo que a mí me hubiera gustado:
Enterrar su cadáver en la jardinera.
Decirle:
Adiós, te amé.
E intentar acercarme hacia su energía reencarnable.
* * *
En Érase una vez en Hollywood Tarantino habita el terror para permitirle a Sharon Tate seguir viva.
Mirar el terror de frente para imaginar que lo desvanecemos.
Narrar la brutalidad para sembrarle por dentro la posibilidad de la esperanza.
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En Seis dardos Vicio introduce la posibilidad de que no haya mayores consecuencias:
No vamos a decirlo públicamente, pero existe una posibilidad de que, incluso si México juega el Mundial, nuestro proyecto terrorista no termine en asesinato. Existe la posibilidad de que no haya mayores consecuencias.
Los prisioneros ahora ya saben que buscamos financiar una utopía. Si alguno de ellos nos ofrece ayuda, todos serán liberados.

* * *
Sólo que a veces sólo hay muerte, muerte únicamente. ®
Página oficial de Seis dardos.
