LA MALDICIÓN DE NIKE

Profecfías de la mercadotecnia

Hasta hace poco más de semana y media, a mi chica ni le daba ni le quitaba el fútbol. Me importa una miarda, decía. Pobre ingenua. Entonces comenzó la Copa del Mundo y no para de repetir todos los días que no le hago caso, que no le meto mano, que me importa más el Mundial que su compañía, bla, bla, bla.

Dejo a mi chica en su casa a las 12 de la noche. Debo descansar, dormir al menos 6 horas y media para poder ver con los ojos a media asta el Portugal contra Corea del Norte. Al regresar a casa recuerdo que el partido es en exclusiva por SKY. Me echo una rabieta estilo Dunga que me espanta el sueño. Abro mi laptop. Entro a FutbolSapiens para ver las reflexiones del día 10 del Mundial. Grave error: el corazón se me paraliza, la sangre se me hiela, los ojos se me ponen como huevos duros al leer el último post que subió Barak Fever:

La maldición del comercial de Nike no deja títere con cabeza: Ronaldinho marginado, Drogba lesionado, Rooney apagado, Ribery deprimido y Cannavaro arrastrando el prestigio. Vamos: ¡hasta Federer perdió prematuramente en un Grand Slam por primera vez en 700 años! Yo que Cristiano ni salía a jugar mañana.


¿Qué? ¿Federer perdió? ¿En primera ronda? ¿En el césped sagrado de Wimbledon? ¿Lo eliminó el colombiano Alejandro Falla? ¿Acaso en Colombia juegan tenis?

-¡No puede ser, noooooooooo! –grito poniéndome de pie y me sujeto la cabeza como Delfín Quishpe en el video Torres Gemelas– ¡Por el amor de Dios, pero si el único colombiano que juega tenis es mi amigo Juan Carlos Cuenca, que acabó su carrera antes de ser profesional al destrozarse los ligamentos cruzados de la rodilla en una cascarita de fútbol, y de eso hace más de una década!

Corro al baño y del puro coraje cago cien mil litros de diarrea. Al borde del desmayo por deshidratación, pienso: un momento, ¿no será que Barak se refiere a la eliminación “prematura” de Federer en los cuartos de final de Roland Garros frente al sueco Soderling?

-¡Síííííííííí! –exclamó de placer con el puño levantado a lo Rafael Nadal al tiempo que me pico el culo con singular alegría (también a lo Rafa Nadal) porque recuerdo que Wimbledon comienza hoy a las 7 de la mañana.

Voy a la cocina, me preparo dos litros de café, espero paciente la salida del sol y el inicio del torneo más bonito del mundo, claro, solo por detrás del Mundial, la Euro y la Champions.

Mis ojos vuelven a quedar como huevos duros. En pantalla Roger juega como nunca. O sea, comete doscientas mil dobles faltas, le rompen el servicio en dos ocasiones, la gordita de su esposa se come las uñas en la tribuna y en la cancha un colombiano le gana los dos primeros sets.

Enseguida, es inevitable, me vienen a la cabeza las palabras de Barak, la maldición del nuevo comercial de Nike. Mientras se juega el tercer set, pienso en Drogba cuchareando la pelota sobre el arquero italiano (un tal Palermo, no Bufón, presagio de que Bufón solo vería 45 minutos de acción en el Mundial), el carnaval que se gesta en las calles de Yamusukro, los negritos bebiéndose hasta la última gota de cerveza de las cantinas en Abiyán, disparando al cielo ráfagas de fuego con sus cuernos de chivo (eso no sale en el comercial pero en la vida real estoy seguro que así celebran en Costa de Marfil), y luego, un japonés tirándole una patada voladora y rompiéndole el cúbito del brazo derecho al pobre de Didier a una semana del Mundial.

0 – 40 abajo Roger Federer en el noveno juego del tercer set, todo parece indicar que el colombiano se llevará el partido en sets corridos, los narradores están estupefactos, es inminente la caída del suizo, aparece en pantalla una estadística donde muestran a los campeones de un Grand Slam que al año siguiente han sido eliminados en la primera ronda: ¡Solo cinco! (Rafter, Hewitt, Becker, y dos gringos que no recuerdo sus apellidos).

-¡No puede ser, noooooooooo! –vuelvo a gritar como Delfín Quishpe, me sujeto la cabeza con ambas manos y pienso en Cannavaro rescatando el balón de la línea de gol como si sus piernas fueran las mismas de Alemania 2006, su risa de golfo irresponsable, de rey de los puteros mientras unas bailarinas flotan sobre su cabeza abriéndole las piernas, luego, veo al pobre de Fabio, reducido a un hombrecillo junto a las torres Neocelandesas, entregando la bola para que fusilen no a Bufón ni a Palermo pero sí a Marchetti, el portero italiano que tiene tatuada a la Virgen María en el torso luego de sobrevivir a un accidente de tránsito en el 2005 que cegó la vida de dos amigos.

Fin del tercer set. La Virgen María parece tener clara predilección por los europeos, la sangre llama, ella es blanca y de cabellos dorados, podría pasar por helvética. De milagro veremos un cuarto set y entonces pienso en Rooney, minuto 89 con 17 segundos, tremenda gambeta que desparrama a un franchute, pase largo, flotado, Ribéry lo intercepta de pecho, llenándose de gloria, desparramando ingleses en el césped, uno, dos, tres, uno, dos, pero goles los que el Chicharito y un jorobado como el que habitaba en la Catedral de Notre Dame de la novela de Victor Hugo, también amante de las bailarinas exóticas, les clavan en el segundo tiempo desencadenando una telenovela en la selección francesa donde terminan por expulsar al goleador Anelka gracias a su “Domenech: vete a tomar por culo, sucio hijo de puta” y por renunciar el director delegado de los franceses, además de los jaloneos y gritos por parte del preparador físico y el capitán Evra, o sea, un desmadre total, muy a la mexicana.

Cuarto set. Primer juego. Rompimiento de servicio a favor del sudamericano.

-¡No puede ser, noooooooooo! –grito por tercera vez en la mañana.

Barak Fever tenía razón. La maldición de Nike existe. Puedo olerla, palparla. Pienso de nuevo en Wayne, ese Cuasimodo inglés, barriéndose como loco, siga siga, dice el arbitro al ver caer al césped a Ribéry, Rooney es nombrado Sir por la Reina, cientos de niños, futuras basuras blancas, son bautizadas bajo su nombre, cientos de tocayos tendrá Wayne mientras Iniesta, Fábregas y Piqué avientan furiosos los periódico donde relatan las hazañas de Sir Rooney, ¿o es que acaso el periódico que arrugaron, hicieron bolita y luego aventaron fúricos los seleccionados españoles decía que enfrentarían a los amigos poco famosos de Ronaldinho en octavos de final, o acaso es porque leyeron alguna predicción de Walter Mercado donde auguraba que uno de ellos se lesionaría en el primer partido, el otro calentaría la banca y al último le romperían la ceja y luego la boca, dejándolo vendado como una momia de Guanajuato?

5 juegos a 4 en el cuarto set. El colombiano saca para partido. Eso es todo. La confirmación rotunda, absoluta, inobjetable de que la teoría de Barak es cierta. El comercial de Nike está maldito. Todos los involucrados están destinados al fracaso en Sudáfrica 2010. Incluso Wayne, el goleador infalible de la Premier Ligue, autentico fantasma ante los gringos y argelinos.

-¡No puede ser, noooooooooo! –gritó como un desadaptado, cuarta vez- ¿Por qué Federer aceptó dejarse perder en un partidito de ping pong contra Wayne Rooney? ¿Por qué? –me pregunto sujetándome la nuca- ¿Qué no ve que igualito lo trae el colombiano, de un lado para el otro de la cancha, como autentico calzón de puta?

Pero entonces, en mitad de mis enloquecidos reclamos de subnormal, ocurre algo. En el cintillo al fondo de la pantalla del televisor, los chicos de ESPN informan que Portugal acaba de marcar una de las mayores goleadas de los Mundiales: 7 a 0. Me callo la boca y pienso: ¿acaso Cristiano Ronaldo no salía en el comercial de Nike?

Quinto y último set. Roger ha emparejado el partido. Pienso: ¿no fue Gael García el único mexicano en aparecer en el comercial? ¿No fue el director mexicano González Iñárritu quien filmó la supuesta maldición? ¿No está México con pie y medio en los octavos de final?

6 a 0. Federer barre el quinto y último set. El mundo ha vuelto a la normalidad. Suspiro exhausto. Voy a la cama, cierro los ojos y en mis sueños aparece Lionel Messi con sus flamantes y ultraligeros zapatos Adidas metiéndole cuatro goles al Conejo Pérez.

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Publicado en: Barra brava, Junio 2010

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