Rodolfo Walsh, escritor y periodista argentino, fue asesinado y desaparecido en 1977. Él no habrá de leerme, no sabrá que escribo para recordarlo. No sabrá que yo habría querido leer aquel cuento que, tengo entendido, desapareció un día de marzo hace casi cincuenta años…

A Rogelio Villarreal
A Victoria† y Patricia Walsh
A ti, periodista
En el Manual de Zoología Fantástica (1954) Borges y Guerrero presentan dos versiones del unicornio. La primera describe a la criatura a partir de textos que van desde Ctesias (siglo V, a.C.) hasta Jung (1944), a los que agregaría el de Aristóteles (Libro III, Partes de los animales, siglo IV a.C.), curiosamente ausente. En general, es una fiera rara vez apresada viva que lo mismo enfrenta a un elefante que a un león, un símbolo (espíritu, mercurio) para la alquimia, un misterio cuya existencia no se comprueba, pero de la cual no se duda. La segunda presentación del unicornio se refiere a la versión de Oriente, en la que es un animal traído de otro planeta, un mensajero y, más interesante todavía: una criatura que “topaba a los culpables”, capaz de distinguir a los inocentes o señalar a quienes son juzgados de manera injusta, una herramienta poderosa para descubrir la verdad.
Consiga la novela Operación Masacre. No lea sobre ella, no vea la contraportada, no haga búsquedas mínimas ni extraordinarias acerca del libro, no lea el prólogo de la editorial, no lea el prólogo de Walsh, lea la novela, es así, sólo eso, una novela. Una vez que haya disfrutado esa inquietante construcción literaria sobre lo atroz lea el prólogo de Walsh y, de ser posible, el prólogo de Osvaldo Bayer.
Entre los libros hasta ahora escritos hay, indudablemente, algunos que se asemejan al unicornio. Es por los riesgos que aún viven quienes se atreven a escribir con veracidad que hoy urge recordar una de las obras más cercanas a uno: Operación Masacre. Sería irresponsable, luego de haber leído con cuidado gran parte de la obra literaria de Walsh, no enterar a los lectores respecto a que, tal como hay un camino para que les sea revelado el unicornio, hubo un camino para que pudiera ser escrito. La revelación fue una extraña casualidad personal que será descrita en breve. Por otro lado, redactarlo tuvo que ver con la historia del periodista como escritor, muy presente en sus publicaciones posteriores y previas. Aunque en 1957 el autor ya era visible en el panorama literario, la publicación de la novela lo posicionó tras otro tipo de mira. Rodolfo Jorge Walsh Gill, escritor y periodista argentino, fue asesinado y desaparecido en 1977. Él no habrá de leerme, no sabrá que escribo para recordarlo. No sabrá que yo habría querido leer aquel cuento que, tengo entendido, desapareció un día de marzo hace casi cincuenta años; que habría querido que después de ese escribiera un cuento más y luego otro.
Revelar a la criatura
La instrucción podría ser la siguiente: consiga la novela Operación Masacre. No lea sobre ella, no vea la contraportada, no haga búsquedas mínimas ni extraordinarias acerca del libro, no lea el prólogo de la editorial, no lea el prólogo de Walsh, lea la novela, es así, sólo eso, una novela. Una vez que haya disfrutado esa inquietante construcción literaria sobre lo atroz lea el prólogo de Walsh y, de ser posible, el prólogo de Osvaldo Bayer. Asómbrese. Luego lea más de Rodolfo Walsh y vuélvase a asombrar. ¿Funciona de otra manera? Di a leer Operación Masacre sin entender el efecto de este orden. Produce fascinación, sin duda va a producirla siempre, pero el efecto de asombro que causa hacerlo sin conocimiento previo quizá no. Leerlo sin conocer su naturaleza permite un raro optimismo, el golpe posterior y, sobre todo, la duda. Una duda que no aparece por encontrar fallas en la verosimilitud, sino por lo contrario. Yo no lo sabía, el orden fue una casualidad, una observación que extiendo aquí a quienes no lo han leído, junto con lo siguiente para quienes lo leyeron ya.
Escribir la criatura
La historia del autor se narra en documentales con entrevistas a conocidos, amigos y familiares (UNLZ, 2001; Zito, 2009; Cadoche, 2019, entre otros) e incluso, gracias a una entrevista ahora pública, es posible escuchar su voz (Lo Duca, 2025). Hay que saber que todavía no alcanzaba los dieciocho años cuando ya hacía labor en una imprenta. Antes del unicornio, Walsh fue corrector, traductor, auxiliar de edición, un muchacho que conocía el camino desde la ideación hasta la materialización de un libro, que además era aficionado al ajedrez y a los relatos policiales. Aunque sus primeros textos llaman notoriamente la atención (“Las tres noches de Isaías Bloom”, Revista Vea y Lea, 1950; “Los nutrieros”, Revista Leoplán, 1951), no es sino hasta su primer libro, Variaciones en rojo (1953), cuando un gran jurado corrobora públicamente lo innegable, la escritura de Rodolfo es excepcional. Ningún aficionado al cuento policial debe pasar por alto Variaciones en rojo, quizás ningún periodista tampoco porque en él se presenta al mundo a Daniel Hernández, un personaje que le hace honor tanto al trabajador de imprenta como al investigador —acaso él mismo— y cuyo nombre usará como seudónimo después.

Walsh escribió otras bestias extraordinarias, por ejemplo, sus cuentos. Aunque la cronología de su redacción es imprecisa, la de su publicación no lo es tanto como para procurarla. Respecto a sus relatos de crimen, en 1953 hace una selección de historias para Librería Hachette (Diez cuentos policiales argentinos, Evasión 29), con autores nacidos en el siglo previo, como Hurtado (1894) y Castellani (1899), hasta algunos más recientes, como Zelaschi (1920) y él mismo (1927). En el prólogo menciona a otros contemporáneos que debió omitir, es constante en sus trabajos tratar de no dejar a nadie fuera. El libro deja claro que en el hemisferio sur, Argentina y particularmente la ciudad de Buenos Aires, pueden ser escenario para relatos de crimen. Asunto que parece trivial pero no lo es, hasta entonces ese tipo de historias se ambientaban en otros lados. Ahí presenta “Cuento para tahúres” sobre un destino con dados del cubilete. Este texto breve, que mantiene la precisión de sus relatos más largos, volverá a publicarse en el conjunto Cuento para tahúres y otros relatos policiales (1951–1961), que tiene otras diez historias más con personajes bien calculados, en los que ni una palabra sobra, que invitan al lector a quedarse no sólo a la solución del misterio sino hasta el fin.
Los demás cuentos de Walsh serán igual o más espléndidos que los policiales. De la selección Los oficios terrestres (1961–1967) sobresalen “Esa mujer”, que aborda con horror elegante un pasaje de la historia argentina (dramatizado luego para la televisión; ATC, 1984), e “Irlandeses detrás de un gato”, ambientado en un internado para huérfanos, el primero de una triada que describirá su paso por el colegio en la infancia y adolescencia. El título del libro es de un cuento que, aclara, “no se dejó escribir”. Es por atenciones como ésta que sus preámbulos no se olvidan con facilidad. Un kilo de oro (1967) tiene algunas narraciones que continúan las del libro anterior, como “Cartas”, que coloca en el campo después del internado, además de contar con una muy ingeniosa oda al oficio de traductor en “Nota al pie”. Walsh no para de señalar justicias e injusticias e inmortalizar realidades mezcladas con atisbos de lo ocurrido antes y después de Operación Masacre. Pueblo, campo, prisión, fotografía, ingeniería, alude hasta a un gliptodonte que ha de recordar al de Adán Buenosayres de Marechal (1948) y también incursiona como dramaturgo. De sus obras La granada (1965) y La batalla (1965), sólo una se estrenó en vida del autor, pero ambas han sido puestas en escena a través de múltiples interpretaciones. Ya sea mediante un soldado que debe permanecer inmóvil o un gobernante autoritario que se inventa una guerra, reflexiona con profundidad, sarcasmo y gracia sobre la realidad castrense, una realidad que ha vigilado peligrosamente de cerca.
Con su trabajo crea lo que más tarde los expertos llamarán “novela de no–ficción” y lo hace casi una década antes de que se haga en el hemisferio norte (A sangre fría, Truman Capote, 1966) o acaso en el mundo.
Rodolfo no dejará nunca el periodismo, lo ejerció incluso fuera de su país. Muchas de sus notas (1955–1977), junto con algunas de la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) creada por él en 1976, pueden encontrarse en el compendio El violento oficio de escribir, que contiene su último texto, que es político epistolar.
Detalles que podrían ser alas
Hay quienes han sugerido que el periodista escribe para el olvido (Borges, Sábato, otros), que ese trabajo se concentra en lo fugaz en comparación con la inmortalidad que representaría un libro. A Walsh le avergüenza lo que ocurrió aquella madrugada, usa su habilidad narrativa para hacer del hecho, además de artículos periodísticos, una novela. Para entonces, la novela por definición era una “Obra literaria en que se narra una acción fingida en todo o en parte…” (1956, RAE), así que la obra que resulta es un poco otra cosa. Con su trabajo crea lo que más tarde los expertos llamarán “novela de no–ficción” y lo hace casi una década antes de que se haga en el hemisferio norte (A sangre fría, Truman Capote, 1966) o acaso en el mundo. Lo relevante es que la noticia ahora es novela y, como novela, no va a quedar en el olvido. Por otro lado, también hay quienes han sugerido que para ser buen escritor hay que saber mentir (Rulfo, Bioy, otros). Walsh es escritor, sabe mentir, lo demostró en sus cuentos, en al menos tres relatos policiales ya para entonces premiados. Con todo y eso, escribe una novela con líneas que, una tras otra, ocurrieron en la realidad. Su ficción está hecha de verdades, no de fragmentos de la verdad, no con base en una verdad; Walsh tiene testigos, tiene pruebas. Para que funcionara tal como funciona no podía inventarse nada en ella, no debían usarse supuestos ni decoraciones que pudieran dar pie a la duda. Así fue, no cambió los nombres siquiera. La novela fue la herramienta que perpetuó el suceso y que, como el unicornio, señaló a los inocentes, a los acusados injustamente, a los culpables. Ése fue el as bajo la manga. Y ese as bajo la manga es el que, desde ese momento, podrá usar el periodismo.

Publicar Operación Masacre no fue sencillo, noticia y novela daban motivo para que los involucrados corrieran el riesgo de ser perseguidos, torturados o asesinados. El autor agradeció en su prólogo a cada uno y dedicó el libro a la periodista que lo ayudó durante la investigación, Enriqueta Muñiz, cuyas notas personales se publicaron después (2019). En 1966 otra noticia lo lleva a escribir ¿Quién mató a Rosendo? (1969), un segundo relato de “no-ficción”. Conoce la herramienta, conoce en cierta forma la consecuencia e ironiza en su prólogo que “si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial, es cosa suya”.
Sin olvido
Obra de Walsh hay para varios gustos, se estudia cada vez con más detalle. Su unicornio, novedad para mí, no lo es para otros y es reconfortante que así sea. Walsh es más que la herramienta que dio al periodismo, ya describió Bayer cuán incómodo fue, cuán inclasificable y prodigioso. Quizás habríamos querido hoy, a setenta años de aquella helada noche de junio, decirle que ya no hay masacres, pero no es posible todavía. Se repiten en un doloroso bucle que, auguramos y pedimos, no sea infinito. Para muestra, esto se escribe desde un país con una grave crisis de desaparecidos (CIDH, 2026), que es además uno de los más peligrosos para ejercer periodismo (RSF, 2026). Por eso agrego, a Walsh, a quienes se atrevieron, a quienes todavía se atreven, a quienes han elegido escribir o investigar pese al peligro, o aun en las condiciones más adversas: gracias. Un “gracias” que, como homenaje, elegí escribir a máquina.
Haya existido o no, es importante tener presentes otros detalles de la segunda versión del unicornio que ofrece el Manual de zoología fantástica, como que es de mal agüero que alguien lo hiera. Hay una profunda paz en pensar que es verdad eso. El animal, incapaz de causar mal a alguna criatura, es también presagio del nacimiento de un virtuoso. Tal vez revisitar a Walsh deje ese detalle esclarecido. Por encima de todo, el unicornio es uno de cuatro animales que traen buenos augurios. Ojalá para todos sus lectores así sea. ®
Referencias
Aristóteles. 2008. Partes de los animales, Marcha de los animales, Movimiento de los animales. Biblioteca Clásica Gredos, 283. Editorial Gredos.
Borges, J. L. y Guerrero, M. 2007. Manual de zoología fantástica. Colección Breviarios, 125. Fondo de Cultura Económica.
Capote, T. 2004. A sangre fría. Compactos, 26. Anagrama.
Marechal, L. 1966. Adán Buenosayres. Colección Piragua, 112. Editorial Sudamericana.
Muñiz, E. 2019. Historia de una investigación, Operación Masacre de Rodolfo Walsh: una revolución de periodismo (y amor). Planeta.
Real Academia Española. 1956. Diccionario de la lengua española. Espasa–Calpe.
Walsh, R. (Comp.) 1953. Diez cuentos policiales argentinos. Colección Evasión 29, Librería Hachette.
Walsh, R. 1987. ¿Quién mató a Rosendo? Ediciones de la Flor.
Walsh, R. 2005. La granada, La batalla. Teatro. Ediciones de la Flor.
Walsh, R. 2007. Operación Masacre. Ediciones de la Flor.
Walsh, R. 2021. Variaciones en rojo. Ediciones de la Flor.
Walsh, R. 2022. Los oficios terrestres. Colección Narrativa. Ediciones de la Flor.
Walsh, R. 2022. Operación Masacre. Libros del Asteroide.
Walsh, R. 2024. El violento oficio de escribir. Biblioteca Rodolfo Walsh. Planeta.
Walsh, R. 2025. Cuento para tahúres y otros relatos policiales. Biblioteca Rodolfo Walsh. Planeta.
Walsh, R. 2025. Un kilo de oro. Biblioteca Rodolfo Walsh. Planeta.
Sobre periodismo (consulta a 20 de mayo 2026)
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 2026. Informe sobre desapariciones en México. OEA/Ser.L/V/II.doc.1/26.
Reporteros Sin Fronteras. 2026. México.
Multimedia y documentales (consulta a 20 de mayo 2026)
Argentina Televisora Color. 1984. AV–5297 Cuentos para ver. Capítulo: Esa mujer. Archivo Prisma.
Cadoche, E. 2019. Rodolfo Walsh, el documental. Estudio A Cine. República Argentina.
Universidad Nacional Lomas de Zamora. 2001. AV–6571 P4R + Operación Walsh. Laboratorio de Medios. Archivo Prisma.
Zito, L. 2009. Rodolfo Walsh, reconstrucción de un hombre. Lupa Films.
Voz de Walsh (consulta a 20 de mayo 2026)
Lo Duca, F. 2025. Rodolfo Walsh y la búsqueda de sus escritos ocultos. Ornitorrinco, historias en (ex)tensión.
Entrevista inédita a Rodolfo Walsh.
