Piedra, papel o aerosol, IV

Dan Witz y la nueva libertad

“Estoy habituado a usar los espacios públicos porque son libres, en toda la extensión de la palabra. Puesto que el arte urbano no está hecho para venderse, puede existir independiente de cualquier compromiso comercial o político.”

Para Dan Witz la historia de apropiación del espacio urbano como soporte para su arte comenzó en 1979, cuando pintó unos cuarenta colibríes en distintos puntos del bajo Manhattan.

Aunque lleva tres décadas de intervenir la urbe plásticamente, como queda asentado en el libro Dan Witz: In Plain View. 30 Years of Artwork Illegal and Otherwise [Gingko Press], de reciente publicación, cita aquellas aves como una experiencia de la que no se ha repuesto.

“Cada año hago otro proyecto para la calle, pero creo que no volveré a alcanzar las posibilidades con las que me topé con aquellos pájaros”, dice.

Para referirse a aquel proyecto dice que fue un diálogo con la calle del tipo “mensaje en la botella”. Hoy Dan dice haber llegado a territorios renovados con el reciente impulso energético que ha cobrado el arte urbano.

Hace unos tres años puso a circular en Williamsburg, Brooklyn, una serie de carteles que funcionan a manera de trompe l’oeil: se trata de falsas rejas y ventilas en las que pareciera haber gente atrapada.

“Los personajes detrás de las rejillas tenían que ser suficientemente sutiles para que las piezas no fueran tapadas o removidas de inmediato”, explica.

Desde su perspectiva, entre más furtiva e integrada al entorno sea una imagen, más durará, aunque mucho menos gente lo verá. He ahí uno de los dilemas de artista urbano.

“Luego de ver a tanta gente pasar sonámbula junto a mis cosas por tanto tiempo, decidí tocar el tema directamente con mis últimas piezas de las series Dark Doings y What The Fuck. Estoy explorando nuestros actos sonámbulos y cometiendo actos vergonzosos a la vista de todos y que, al mismo tiempo, son prácticamente invisibles”.

Su objetivo es poner en evidencia la falta de atención con que la gente se desplaza por sus ciudades.

“Espero que tarde o temprano, cuando se topen con alguna de las piezas o las descubran, empiecen a preguntarse qué han estado perdiéndose”.

Estoy habituado a usar los espacios públicos porque son libres, en toda la extensión de la palabra. Puesto que el arte urbano no está hecho para venderse, puede existir independiente de cualquier compromiso comercial o político. Así que estamos ante un tipo totalmente nuevo de libertad para el arte.

Me gustaría saber tu opinión de la apropiación de los espacios públicos a manera de lienzo…

Estoy habituado a usar los espacios públicos porque son libres, en toda la extensión de la palabra. Puesto que el arte urbano no está hecho para venderse, puede existir independiente de cualquier compromiso comercial o político. Así que estamos ante un tipo totalmente nuevo de libertad para el arte. En mi opinión, la idea de una forma artística que no esté bajo la influencia de ningún tipo de dependencia o patrocinio es un concepto verdaderamente revolucionario, un cambio de paradigma en la historia del arte tan audaz como el cubismo o el expresionismo abstracto. Así que para mí ha sido muy liberador creativa, política y estéticamente. Cuando la gente descubre que he estado haciendo arte urbano desde finales de los setenta la reacción suele ser: “¡Guau, qué interesante! ¿Pero cómo te mantienes?” Y cuando les respondo que también expongo arte “real” en galerías, parecen un poco decepcionados. Como que esperan que sea tatuador, ventrílocuo o algo así.

Platícame un poco de tu serie Ugly New Buildings

—Es la última parte de la serie Kilroy Variations. Forma parte de una exploración de cuatro años de la imagen del graffiti “Kilroy was here”, que comenzó a aparecer desde la II Guerra Mundial por todos lados donde pasaba el Ejército estadounidense. La frase y la caricatura que con frecuencia le acompañaba comenzó a representar la presencia estadounidense por todo el mundo. Fue el primer graffiti al que recuerdo haberle puesto atención cuando era niño. La idea de dibujar una línea horizontal que cree de manera mágica un espacio y se convierta en una pared hoy todavía me asombra.

¿Qué buscas estimular en nuestras cabezas con tu serie Ugly New Buildings?

La privación de los derechos y la pérdida son temas recurrentes en mi vida y mi obra. En los últimos años, aquí en Brooklyn la mayoría de mis vecinos de clase trabajadora ha sido desplazada para abrirle camino al alojamiento de lujo. Para bien o para mal, la calle tiene un nuevo aspecto aquí. Personalmente, no me interesa mucho la arquitectura moderna que están desplegando: es estéril y tan arrogantemente desconectada del espíritu de vecindario que parecen naves espaciales llegadas la noche anterior. Pero la gentrificación es una realidad brutal en la vida de Nueva York. Aquí, los inmuebles son una fuerza de la naturaleza, un gigante despiadado que controla a los políticos y que no tiene compasión ni le interesa nada más que la ganancia. Para sobrevivir, lidiamos con ello como gente en otras partes del mundo lidia con sus desgracias locales, resistimos y hacemos las cosas lo mejor que podemos. Pero tiene sus ventajas: hay un montón de nuevas superficies para trabajar con ellas. Como mi serie, que es una serie de calcomanías montadas en plástico, basadas en fotografías y adheridas a los muros de los Nuevos y Feos Edificios (Ugly New Buildings). Las he diseminado en el Lower East Side y el East Village de Manhattan; Long Island City, en Queens, y Bushwick, Dumbo, Greenpoint y Williamsburg, aquí en Brooklyn.

¿Qué sugerirías a quien quisiera cambiar la forma en que se relaciona con la ciudad y los espacios públicos?

¡No tengo idea! Mi única sugerencia vendría de mi propia experiencia, que es la de hacer arte urbano. Una sugerencia que sinceramente espero no tomen en cuenta. Ya está bastante saturado allá afuera.< /p>
¿Cómo podemos ser más creativos con la ciudad, con el paisaje urbano?

—El mejoramiento urbano no es uno de mis intereses. Me veo más como el portador clandestino de un mensaje que nos dice que nada es lo que parece. La verdad es que si la vida urbana fuera sana, abrigadora y positiva, nunca habría sentido la necesidad de hacer arte urbano. ®

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Publicado en: Arte, Noviembre 2011

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