Ruedan las cabezas en el quirófano

La comemadre, de Roque Larraquy

Se sabe que una cabeza, tras ser cortada en la forma correcta, permanece consciente durante nueve segundos. ¿Qué implica esto para nuestros conocimientos del alma y la conciencia?

Roque Larraquy. Foto © Pablo Garcia/Agencia Paco Urondo.

Hay algo muy valiente en las historias que no necesitan excusarse por lo extrañas que son ni justificarse en el contexto inmediato. Son y ya, su significado está allí para quien lo busque. Para mí, al menos, son de las mejores cosas que puede dar la narrativa: un libro que es su propia clase de historia.

La comemadre (Turner), del argentino Roque Larraquy, fue publicada en el 2010. Es una novela macabra en dos segmentos desiguales. El primero se titula “1907” y trata sobre los menesteres de un hospital psiquiátrico en Temperley, en las afueras de Buenos Aires. Quintana, uno de sus psiquiatras, está locamente enamorado de Menéndez, una fría enfermera y quiere “ganársela” a sus pretendientes a como dé lugar. En lo que encuentra la manera, él y los demás doctores del lugar realizan un experimento descabellado para conseguir fama clínica. Se sabe que una cabeza, tras ser cortada en la forma correcta, permanece consciente durante nueve segundos. ¿Qué implica esto para nuestros conocimientos del alma y la conciencia? Los médicos de Temperley ansían saberlo y para ello muchas cabezas tendrán que rodar por el suelo.

La segunda parte se titula “2009” y trata de la vida de un célebre artista argentino que busca “dar vida al monstruo” con su arte, usando el cuerpo como mercancía y exposición. Al responder a la tesis de una seguidora, empieza a contar su vida, pasando por los traumas de la adolescencia, su relación con otro artista que le ayudó en sus proyectos y, claro, sus exposiciones. Esta parte es más grotesca y cruel, en vez de la frialdad clínica de la primera. Ambas historias están unidas sólo por detalles menores y la presencia de un nieto en la segunda parte.

En medio de experimentos letales y manipulaciones a gente moribunda, los psiquiatras patinan en una pista de hielo mientras se pelean por el amor de una enfermera.

Los narradores dicen cosas horrendas en la forma más impersonal posible. Hay un poco de todo: masculinidad tóxica, abusos de poder, indiferencia ante el sufrimiento humano, y la lista continúa. Hay, sin embargo, algo juguetón en la forma en que se nos presentan estas cosas, sobre todo en la primera parte. En medio de experimentos letales y manipulaciones a gente moribunda, los psiquiatras patinan en una pista de hielo mientras se pelean por el amor de una enfermera. Su prosa crea un ambiente apropiado para un manicomio antiguo, ridículo e inhumano. Nada parece ser demasiado horrendo para que Quintana o los demás doctores reaccionen con el más mínimo sobresalto, pero nada es motivo tampoco para que dejen atrás su elegancia pretenciosa de hombres de ciencia antiguos, y hay muchas referencias a situaciones cuestionables en la historia de la medicina, mezcladas con sólo un poco de fantasía (una planta que se come los huesos por dentro, por ejemplo).

Hay que decir que la primera parte opaca a la segunda. La historia del manicomio es muy memorable y original. La segunda parte sobre el artista conceptual es buena, pero es más vista y carece de la perfección de estilo de la primera.

Larraquy logra hacer algo muy difícil y camina por ambos lados: es una historia horrible y chistosa; es humor negro. “Humor negro” es un concepto que ha quedado desacreditado en los tiempos del internet. Por un lado, hay gente que lo usa para excusar un humor mediocre y, por el otro, están los que odian cualquier cosa que se atreva a tratar con humor temas así de serios y fuertes, como el dolor humano.

La crueldad de la historia sería insoportable si no tuviera ese “algo” excéntrico para aceptarla, y no tendría sentido si no entendemos la misma falta de empatía de sus personajes. Y esa falta de empatía termina siendo cómica. Larraquy confía en que el lector haga sus juicios y por su parte se dedica a escribir una gran historia. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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